“Me gusta cuando el reflejo que te devuelve la ficción te desafía”

0
6

Aemond
Targaryen
es
el
personaje
de
Ewan
Mitchell
en
House
of
the
Dragon,
la
famosa
precuela
de
Game
of
Thrones.
Mitchell
entiende
la
importancia
del
show
para
Max,
pero,
más
importante,
es
alguien
que
adora
a
su
personaje
y
que
adora
el
show.
El
actor
de
27
años,
fascinado
con
un
cine
diferente,
fue
parte
de
films
como
Saltburn
y
la
serie
El
último
reino.
Su
príncipe
Aemond
es
parte
de
las
delicias,
de
las
perfectas
criaturas
bífidas,
que
la
saga
creada
por
George
R.R.
Martin
posee.
Su
villano
de
parche,
complejo
y
tenso,
es
algo
que
él
define
como
“un
personaje
para
el
cual
me
inspiré
en
James
Gandolfini
en
Los
Soprano.
Él
hacía
algo
muy
puntual,
para
determinadas
escenas,
donde
quería
sentir
el
dolor
o
la
tensión
en
su
personaje:
se
ponía
una
piedra
en
el
zapato,
dentro
del
zapato.
Pensé
que
Aemond
podía
hacer
algo
similar,
quiero
decir,
pensé
que
ese
personaje
necesitaba
algo
parecido.
O
al
menos
a

me
funcionaba.
Me
gustaba
la
idea
de
deslizarle
una
moneda
dentro
de
sus
botas,
esa
sensación
de
la
moneda
perdida
allí.
Todo
lo
que
representa,
representa
que
estuvo
tan
cerca
de
matar
a
quien
quería
matar.
¿Tuvo
miedo?
¿No
entendió
qué
quería?
Esa
moneda
en
la
bota
me
hacía
sentir
ese
pensamiento
que
siempre
está
en
la
cabeza
de
Aemond,
el
hecho
de
que
no
haya
podido
hacer
lo
que
creía
que
tenía
que
hacer.
Desde
aquel
momento
en
adelante,
toda
su
vida
es
distinta”.
Mitchell,
como
buen
actor
de
la
saga,
se
cuida
de
no
spoilear,
de
no
decir
qué
ha
hecho
su
personaje
y
qué
no,
pero
lo
cierto
es
que
ha
hecho
mucho,
y
muy
al
estilo
fiel
de
la
serie.
Pero
su
pasión
por
los
relatos,
por
los
personajes
complejos,
viene
desde
siempre:
“Siempre
amé
las
películas.
Las
que
te
desafían,
las
que
te
tensan.
Películas
como
Ciudadano
Kane,
donde
es
difícil
entender
al
personaje
(mi
personaje
en
House
of
the
Dragon
es
difícil
de
leer
en
ese
sentido).
Películas
como
Taxi
Driver,
que
siguen
a
un
personaje,
que
sentís
te
representa
y
de
repente
eso
no
está
más,
eso
es
un
problema,
el
reflejo
que
te
devuelve
te
desafía.
Eso
me
gusta
mucho”. 

—¿Qué
sentís
que
marca
esa
relación
que
tu
personaje
tiene
con
Daemon?
¿Sentís
que
son
dos
caras
de
la
misma
moneda?

—Aemon
es…
Lo
explico
de
otra
manera:
yo
era
un
gran
fanático
de
Doctor
Who
mientras
crecía,
es
decir,
adoraba
a
Matt
Smith.
Tener
a
Matt
Smith
enfrente,
con
su
elegancia,
con
su
energía
accesible
era
un
sueño
hermoso.
Pero
no.
Ahora
me
impresiona
verlo
en
este
papel,
un
papel
que
le
calza
perfecto
en
este
momento
de
su
vida.
Es
muy
Targaryen.
En
el
mejor
sentido,
tiene
ese
corazón
que
lo
hace
perfecto
para
el
personaje
que
haga.
Entonces
entendí,
a
mi
manera,
que
tenía
que
mantener
una
distancia
de
Matt
Smith
en
el
set,
aunque
me
duela,
por
el
vínculo
de
nuestros
personajes.
Siempre
quiero
guardar
el
contacto
para
nuestras
escenas,
para
que
esa
distancia
entre
ellos
sea
real. 

Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios

El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.

—¿Cuál
fue
tu
acercamiento
al
rol?

—Como
actor,
mucho
del
trabajo
ya
está
hecho
para
vos
en
los
guiones,
en
la
preproducción.
La
escritura
buena
es
imposible
de
arruinar,
de
verdad.
Entonces,
la
primera
parada
para
agradecer
tiene
que
ver
con
eso.
Siento
que
este
show
es
realmente
bueno.
Me
dejan
poco
trabajo
que
hacer.
Pero
en
esta
temporada
fue
divertido
descubrir
las
dimensiones
de
mi
personaje,
su
entidad,
su
vulnerabilidad,
su
poder,
su
sensibilidad.
Aemon
siente
que
sabe
que
no
quiere
ser
rey.
Eso
sirve
mejor
a
su
función,
a
lo
que
quiere
hacer.
Tiene
unan
agenda,
tiene
ambición.
Pero
de
hecho,
es
más
difícil
de
controlar.
No
siento
que
sea
un
rey
fácil
de
controlar,
en
el
peor
sentido.

—¿Cuál
es
la
forma
en
que
sentís
que
el
personaje
llega
en
un
momento
justo
de
tu
carrera?

—Lo
primero:
me
traje
algunos
trucos
a
la
hora
de
usar
la
espada
de
un
trabajo
anterior,
The
Last
Kingdom.
Es
interesante
que
son
la
antítesis
uno
del
otro,
aquel
personaje
este,
la
misma
cara
de
una
moneda.
Lo
mismo
que
Daemon,
de
Matt
Smith
y
mi
Aemond.
Dos
destacados,
marginalizados,
pero
uno
lo
vio
como
una
motivación
para
venganza,
para
ponerse
a
la
par.
Me
gusta
desafiarme,
y
un
personaje
así
me
sorprende.
Por
ejemplo,
hay
gente
que
se
sorprende
que
no
haya
leído
los
libros.
Pero
la
idea
es
sorprenderse.

adónde
va
mi
personaje,
pero
no
quiero
avanzar
más.
No
quiero
ir
a
otros
episodios
con
nociones
preconcebidas.
Quiero
que
me
sorprenda.

—¿Cómo
lidiás
con
el
fanatismo,
que
puede
llegar
a
ser
tóxico?


No
estoy
en
las
redes
sociales,
que
permite
esa
toxicidad
de
la
que
hablas.
Entonces,
no
recibo
nada
eso,
lo
único
que
me
llega
es
articulado,
tranquilo,
fuera
de
contexto.
Leo
las
cartas
de
los
fans,
que
llegan
a
la
productora.
Suena
extraño,
pero
así
es.
Pero
lo
único
que
puedo
esperar
de
un
fan
es
respeto,
y
darle
todo
mi
cariño,
si
la
situación
se
presta
y
agradecerle
su
tiempo.

—¿Qué
tal
tu
vínculo
con
Alejandro
Martínez,
el
mexicano
que
hizo
fotografía
en
algunos
episodios
de
esta
temporada?

—Fue
genial.
El
equipo
detrás
de
cámara
es
equipo,
estamos
todos
en
el
mismo
barco.
Y
uno
aprende.
Entonces,
hablar
entre
nosotros,
entender
el
plano
que
quiere
hacer
es
muchísimo.
Es
increíble
el
tamaño
de
cada
episodio.
Era
algo
que
escuche
a
quienes
hacían
Game
of
Thrones,
y
no
es
que
no
les
creía,
pero
cuando
vas
al
set,
ves
ese
despliegue,
realmente
te
da
miedo
pero
también
te
da
ganas
de
hacer
todo
lo
mejor
posible. 

—¿Qué
te
enorgullece
de
tu
trabajo
esta
temporada?

—Va
a
sonar
superficial
pero
no
es
la
idea:
poner
mi
cuerpo
a
punto,
en
su
mejor
forma,
para
poder
responder
a
los
pedidos
de
producción.
Hay
episodios
que
piden
mucho,
que
desgastan,
que
realmente
incluye
crossfit,
boxeo,
espadas.
Poder
responderles
y
que
después
en
cámara
me
enorgullece.
Hay
que
entender
que
Aemon
debe
verse
como
una
persona
que
es
un
arma
letal,
que
es
peligroso,
que
puede
ser
tu
fin
en
cualquier
momento.
Proyectar
eso
no
es
fácil.
No
depende
solo
del
cuerpo,
pero
si
depende
de
lo
que
puede
en
parte
hacer
con
él.
Me
inspiré
mucho
en
una
pintura
que
se
llama
El
ángel
caído,
en
Brad
Pitt
en
El
club
de
la
pelea,
y
creo
que
lo
estamos
logrando.

—Cuando
“Game
of
Thrones”
se
proyectaba
no
había
guerra
en
Europa,
ahora
la
hay.
Esta
serie
trata
sobre
la
guerra.
¿Qué
sentís
dice
ahora?

—Hay
conflictos
en
todos
los
rincones
del
mundo.
Nuestro
show
explora
la
construcción
de
una
guerra,
desde
personajes,
desde
el
desarrollo
de
personajes.
Entonces
en
ese
sentido,
permite
entender
no
la
guerra,
ya
que
nadie
sería
tan
soberbio,
pero
si
permite
que
desde
el
entretenimiento
uno
pueda
entender
la
construcción
de
determinado
tipos
de
personalidades.
Pero
no
deja
de
ser
un
show,
uno
espectacular
y
sentido.
Entonces,
hay
que
tener
cuidado
con
esas
lecturas.

—Hablamos
de
Aemon,
su
personaje,
cuando
lo
ves
desde
afuera,
¿qué
consejo
le
darías?

—Relajate.
Ten
un
mejor
control
de
tu
dragón:
no
dejes
que
tus
emociones
te
ganen.
Creo
que
eso
es
muy
importante.
De
hecho
se
lo
han
dicho,
que
controle
sus
emociones.
Esa
sería
mi
respuesta
a
Aemon,
que
se
controle,
que
entienda
lo
que
hace,
que
se
frene
y
después
actúe.
Es
difícil,
pero
puede
hacerse.

—¿Quién
en
el
set
es
cercano
a
vos?

—Mi
compañero
de
rodaje
es
Tom
Glyn-Carney,
amó
la
dinámica
de
las
relaciones
que
creamos.
Antes
de
filmar
la
temporada
1,
nos
hicimos
muy
amigos,
intencionalmente,
siendo
muy
abiertos
el
uno
con
el
otro,
del
miedo
que
nos
daba
algo
así.
Tener
un
buen
vínculo
cuando
la
relación
se
verá
tanto
en
pantalla
es
una
buena
idea.
O
al
menos
así
lo
vivo.
Todo
con
él
se
siente
espontáneo.
Trabajar
con
él
es
una
bendición.

—“Game
of
Thrones”
mezclaba
acción
y
escenas
de
personajes,
¿qué
escenas
te
gustan
más?
¿Dónde
das
más
de
vos?

—Amo
los
silencios
en
las
escenas.
Esos
momentos
donde
si
eres
alguien
que
está
viendo,
tienes
que
frenarte,
donde
nada
es
tan
obvio,
donde
piensas
que
entiendes
qué
motiva
a
un
personaje,
qué
entiende
que
piensa
realmente.
¿Quiere
comer?¿O
quiere
comerse
a
alguien?
¿Quiere
guerra?
¿O
solo
está
enojado?
Esa
furia
detrás
de
sus
ojos,
que
no
descansa,
que
no
deja
de
calcular.
Hay
siempre
mucho
pasando
en
su
cabeza,
y
eso
es
algo
que
me
gusta
explorar.