página
central
y
un
destacado
lugar
en
tapa
le
dedicó
Clarín
al
día
siguiente
a
la
tragedia.
Después
hubo
décadas
de
silencio
hasta
que
ese
dominó
fatal
fue
rescatado
por
las
redes
sociales
Hace
35
años,
en
la
esquina
de
Av.
Rivadavia
y
Morelos,
“Cachy”,
la
mascota
de
la
familia
Montoya,
se
precipitó
al
vacío
e
impactó
en
la
cabeza
de
una
mujer.
Minutos
después
en
medio
del
desolado
panorama,
se
produjeron
dos
muertes
más.
El
detrás
de
la
historia
que
se
viraliza
año
tras
año.
Según
detalla
Infobae,
en
Avenida Rivadavia
al
6.100, en
el
barrio
de Caballito
en
Buenos
Aires,
desde
uno
de
los
departamentos
del piso
13, un
caniche
se
desplomó
en
caída
libre.
El
tránsito
activo,
sobrecargado
de
autos
y
peatones
de
la
avenida,
aumentaba
las
probabilidades
de
que,
a
esa
hora,
pudiera
impactar
en
alguien.
Y
así
fue.
El
perro
cayó
de
lleno
en
la
cabeza
de
Marta
Fortunata
Espina,
una
vecina
del
barrio,
de
75
años,
que
había
salido
a
hacer
las
compras
en
el
almacén
y
la
carnicería.
Su
muerte
fue
instantánea.
Los
que
estaban
alrededor
tardaron
en
entender
qué
sucedía.
Todo
fue
demasiado
repentino
e
insólito.
Los
primeros
que
se
pudieron
recuperar
del
shock
o
los
que
recién
llegaban
a
la
escena
se
abalanzaron
sobre
la
mujer
para
intentar
reanimarla.
Apenas
llegaron
a
ella,
descubrieron
que
nada
podían
hacer. La
muerte
fue
inmediata.
El
informe
forense
determinó
que
se
debió
al
aplastamiento
de
las
vértebras
que
produjo
el
impacto
del
caniche
en
caída
libre
sobre
la
cabeza
de
la
señora.
Cachy
también
falleció
en
el
acto.
En
un
instante,
se
produce
un
estruendo
aún
más
intenso
que
el
anterior,
aullidos,
gritos
desesperados
y
llantos.
El
interno
15
de
la
línea
55
había
arrollado
a
una
mujer
que
se
había
acercado
a
lugar.
El
colectivo
arrastró
a
la
mujer
varios
metros.
Otra
muerte
más.
La
nueva
víctima
se
llamaba Edith
Sola y
tenía
47
años.
“Yo
trabajaba
a
tres
cuadras
de
ahí,
en
el
Colegio
Eccleston.
Era
justo
mi
horario
de
almuerzo
–le
explica
Hipólito
a
Infobae
35
años
después-.
Cuando
escuché
que
había
pasado
algo
y
cómo
nadie
podía
explicar
los
hechos,
me
acerqué
al
lugar.
Desde
lejos
se
veía
una
pequeña
multitud.
Había
colectivos
parados,
mucha
gente
en
la
calle,
varias
ambulancias,
Rivadavia
ya
estaba
cortada
y
ni
siquiera
nos
dejaron
cruzar
de
vereda”.
Faltaba,
aunque
resulte
inverosímil,
otra
muerte. Un
hombre
que
había
presenciado
los
dos
decesos
anteriores
empezó
a
sentirse
mal. Intentó
alejarse
del
lugar
de
los
hechos.
Llegó
a
cruzar
la
calle
Rivadavia,
pero
a
los
pocos
metros
no
pudo
más.
Ingresó
en
una
concesionaria
de
autos
que
había
en
la
vereda
de
los
números
pares
y
pidió
ayuda.
Mientras
los
vendedores
de
autos
llamaban
a
una
ambulancia,
el
hombre
se
desvaneció.Estaba
sufriendo
un
infarto.
Los
médicos
de
una
de
las
ambulancias
que
ya
estaban
ahí
por
los
siniestros
anteriores
lo
asistió
y
lo
llevó
al
hospital.
Los
policías
que
estaban
haciendo
un
cordón
en
la
zona,
cruzaron
corriendo
para
hacer
lugar
para
que
pudieran
llevarlo
a
un
hospital
cercano.
Pero
el
hombre no
resistió
la
crisis
cardíaca
y
murió antes
de
llegar.
Otro
testigo,
un
portero
que
todavía
trabaja
a
unos
50
metros
del
lugar
del
accidente,
cuenta
al
día
de
hoy
que
“no
podíamos
creer
lo
que
había
pasado.
Era
un
drama
absoluto.
Hoy
algunos
hacen
chistes
con
el
tema
pero
fue
una
tragedia.
A
la
señora
la
conocía,
la
veía
pasar
todos
los
días”.
En
uno
de
los
diarios
de
la
época,
un
vecino
relata
que
el
matrimonio
dueño
del
perro
estaba
devastado.
El
entonces
encargado
del
edificio
vecino
cuenta
que no
entendían
cómo
Cachy
se
había
caído.
Desde
la
calle,
en
la
actualidad,
se
ve
que
todas
las
unidades
del
piso
13
tienen
cerramientos
o
protecciones.
Según
las
crónicas
y
el
recuerdo
algo
difuso
de
uno
de
los
testigos,
el
sitio
tenía
unas
chapas
de
aluminio
y el
perro
persiguiendo
una
pelota,
pasó
por
un
agujero
que
había
entre
ellas y
cayó
al
vacío.
Pasaron
más
de
tres
décadas,
el
resto
lo
hicieron
Internet,
las
redes
sociales,
la
viralización
y,
por
supuesto,
la
potencia
irresistible
de
una
inverosímil
historia
real.
Cuando
ya
nadie
parecía
recordar
públicamente
aquella
escalada
fatal,
la
historia
regresó
para
ser
recordada
cada
21
de
octubre.
Más
allá
de
las
representaciones,
el
caniche
cayó
desde
el
piso
13
sobre
la
cabeza
de
la
señora
Espina
y
después,
muy
poco
después,
en
pocos
metros
de
distancia,
llegaron
las
otras
dos
muertes.
Fue
una
sucesión
de
eventos
desafortunados,
increíbles,
agobiantes
y
hasta
ridículos.
Desafió
toda
lógica.
Pero
sucedió
en
Argentina
y
fue
real.
Fuente
y
foto:
Infobae