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ENTRETENIMIENTO

El proyecto lleva varios meses de trabajo y se acaba de conocer. Es la nueva puesta de El hombre inesperado, de Yasmina Reza, dramaturga francesa contemporánea y muy conocida en Buenos Aires por sus textos, como ART o Tres versiones de la vida y la última, estrenada el año pasado en el CTBA: James Brown usaba ruleros. En el año 2008 se conoció de la mano de Betiana Blum y Luis Brandoni, luego fue Luisa Kuliok quien continuó con las funciones, siempre con dirección de Luis Romero. Ahora la historia se inicia con un actor y director, Germán Palacios buscando un texto y convocando a una colega, Inés Estévez, el resultado se ve desde el 11 de abril los viernes y sábados a las 21 en el Teatro Maipo. Ambos, hasta hace muy poco estuvieron en los escenarios, cumpliendo distintos roles. Ella, Estévez acaba de terminar Matar a mamá, de Laura Oliva junto a Florencia Raggi y María Rosa Fugazot. Mientras que él, Palacios, fue codirector junto a Ricardo Darín de la última versión de ART con Pablo Echarri, Fernán Mirás y Mike Amigorena, primero y luego reemplazado por Martín Slipak. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. Inés Estévez además de actriz, cantante y directora es madre de dos niñas con discapacidad. Afirma: “Exponer una realidad nos habilita a tener un poco de alcance público, para aprovechar e intentar informar a la sociedad y naturalizar esas realidades que hay una cantidad de chicos y personas adultas con discapacidad. La gente no toma conciencia, que hay un chico con autismo cada treinta. Hay que sumar el síndrome de Down, parálisis cerebral, retrasos madurativos, discapacidades con problemas motrices. no videntes más hipoacúsico. Es hora de dejar de considerar la discapacidad como algo fenomenológico y aislado, para empezar a asumirla como una realidad circundante, permanente y abundante con la que tenemos que empezar a aprender a convivir.” A su lado, cuando se le pregunta a Germán Palacios por sus comienzos subraya: “Tuve un maestro concreto que fue Luis Rossini, director del Teatro del Centro que es donde estudié. Llegué ahí con quince años traumatizado por tener que dejar el deporte porque tuve una lesión. Jugaba en la selección de Argentina de handball de mi categoría. Mi vocación artística siempre estuvo ligada a la música desde muy niño, pero la actuación me acechaba”. —¿Todo se inició por tu pasión hacia los textos de Yasmina Reza? GERMÁN PALACIOS: Siempre estamos preguntando si hay obras argentinas y en un momento los productores me alcanzan El hombre inesperado, no la había visto en el 2008 cuando se estrenó con Luis Brandoni y Betiana Blum porque estábamos haciendo ART en España. Cuando la leí me volví loco. Hay algo del mundo de Yasmina (Reza) que nos pasa a Ricardo (Darín) y a mí, como que está en nuestro ADN. Dije este material lo quiero actuar, porque me identifico con todo lo que se dice. Sentí que era un espectáculo factible, porque son sólo dos personajes. Estuve un largo tiempo estudiando solo, hasta que sentí que me faltaba una compañera, una interlocutora y ahí apareció Inés. Compartimos lecturas de los roles, posibles puestas y coincidíamos. Inés es muy inteligente, culta y nos llevamos bien. INÉS ESTÉVEZ: Fue muy curioso el proceso porque Germán me llamó y me propuso este proyecto. En ese momento estaba por estrenar otra obra (Matar a mamá) y le dije que sí, porque había visto el espectáculo y me había fascinado, siempre la tuve presente. Nos reuníamos una vez por semana con la versión en francés, en inglés, en español y la adaptación en castellano. Cuando nos fuimos adentrándonos empezaron a surgir ideas de puesta, de dinámica, imágenes. En un momento teníamos todo tan claro y tan coincidente que decidimos asumir también la dirección. —Ambos tienen experiencias anteriores en la dirección: ¿por qué eligieron dirigir? G.P: Con ART asumimos una codirección con Ricardo (Darín), él es un hermano de la vida y teníamos una lectura de ese material muy grabada en nuestro ADN que fue un placer poder compartirlo, aparte nos entendemos, porque somos complementarios. Siempre me gustó la dirección, así como no tengo vocación para la docencia. La dirección siempre estuvo en mí desde mi perspectiva actoral, la parte y el todo. Cuando empezás te apasiona realmente. Y estoy en un momento de la vida donde lo estoy disfrutando mucho. No se para de aprender. Hay algo de la experiencia actoral de uno que te lleva a no ser caprichoso. I.E: Debuté en el 2008 con Grabado como directora, pero creo que el hecho de haberme diversificado y ser madre en el 2011, más la publicación de mi primera novela, La Gracia hizo que tuviera menos tiempo para cada cosa. Hice varias direcciones para Microteatro. Me gusta mucho la dirección de actores, más que la puesta. Tengo un sentido arquitectónico y visual, pero más me interesa la dirección de actores. En un momento teníamos todo tan claro y estábamos tan de acuerdo que le dije que me parecía engorroso trasladarle todo a una tercera persona. Ahí me propuso la codirección y me entregué a ese proceso, que fue muy natural y no revistió mayores fuerzas. —La primera puesta fue bastante estática, todo ocurría en el vagón de un tren… I.E: Nosotros rompemos completamente con eso. Es una obra escrita bajo la noción del pensamiento interno de los personajes, que son mucho más descarnados porque no tienen el filtro de la voz hablada. Decidimos que todo lo que va sucediendo sobre el escenario es lo que sucede en la mente de los protagonistas. El ámbito, el vestuario, todo responde un poco al ideal de esas mentes. G.P: Justo vino Yasmina (Reza) a la Argentina y nos encontramos con ella, le contamos la idea que teníamos de puesta y nos dio su aprobación. Nos dijo que le parecía la mejor lectura, de las puestas que había visto por el mundo, la que estábamos haciendo. —¿Qué le dirían a los espectadores para que vengan a verlos? G.P: Jazmina Reza es una de las más importantes dramaturgas actuales. La obra habla de una cantidad de cosas que es muy necesario, lindo y hermoso contar hoy por hoy. Aparte veo que lo que habla metafóricamente es altamente aplicable a nuestra realidad social, actual. Para mí tener la oportunidad de hacer un personaje que a cierta altura de la vida está dispuesto a cuestionarse, a tener una mirada autocrítica y a deconstruirse no es poco. En definitiva es una comedia de amor. I.E: Son dos personas que coinciden en un viaje en tren y el espectador viaja con ellos. Son dos seres vinculándose consigo mismos. La obra ofrece al espectador para que decida si es producto del azar o del destino. Creo que el destino es algo prefijado. La vida ofrece oportunidades, pero depende mucho de que una accione o no, hacia ellas. —Imperan en la cartelera las comedias: ¿aquí encontrarán humor? I.E: Muchísimo. Un humor muy alto, fino, sofisticado, porque el hecho de ser testigos de los pensamientos de los personajes genera unas confesiones descarnadas que de otra manera no te enterarías. Entonces eso produce necesariamente mucho humor. G.P: Todo el humor que tiene es sutil, son capas de profundidad siempre con una excusa, un viaje en tren. Allí mete los grandes temas, con una habilidad y sensibilidad, que no se puede dejar pasar. Una vez nos dijo el director inglés Mick Gordon cuando vino a dirigirnos en ART: “Si nosotros tratamos al público como inteligente, el público va a ser inteligente.” La verdad es que frente a la pauperización de la Argentina me resisto.
Éramos un puñado de actores avivando el espacio. Éramos Hamlet, pero al mismo tiempo Ofelia o Gertrudis, a la vez que un gaucho, un sindicalista o la mismísima Eva. Era el Teatro-Estudio El Cuervo, y nosotros, cuerpos entrenando bajo la atenta mirada de Pompeyo Audivert. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. Así, entre Shakespeare, banderas argentinas, desvencijados mapas y palabras rotas que iban cobrando peculiares e insospechados sentidos surge el germen de Hamlet de Patagones. Así, durante una improvisación donde los territorios más disímiles podían encontrarse y fundirse en las situaciones más inesperadas se dispara la idea fundante de nuestro espectáculo: conjugar las energías de los personajes shakesperianos con nuestras tradiciones nacionales. Un Hamlet que es Hamlet pero, al mismo tiempo, un extranjero que llega a la única escuela viviente en el último rincón de la Patagonia. Hace años trabajo como docente en escuelas secundarias de la provincia de Buenos Aires y convivo día a día con los nuevos planteos pedagógicos que intentan implementarse y los vestigios de una tradición escolar decimonónica que aún flota en el aire. Una tensión entre dos polos donde se evidencia la lucha entre las reformulaciones necesarias y los rituales heredados que hoy solo conservan su forma, pero yacen vacíos de contenido. Fue así que, quizás persiguiendo algún impulso catártico, tomé la iniciativa como directora y dramaturga y les propuse a aquellos actores que avivaban el espacio de un teatro-estudio, que comenzaran a crear con sus cuerpos el mundo inquietante de una escuela anquilosada, estancada en un tiempo indefinido, pero arcaico. Así comenzó la primera instancia de este proceso de creación en un ida y vuelta entre la escritura y la investigación escénica, donde ambos tránsitos se retroalimentaron en un constante enriquecimiento. Fui tomando luego las improvisaciones para desarrollarlas, organizándolas en palabras puestas por escrito, dejando que las frases shakesperianas se combinasen tanto con mandamientos patrióticos de manuales escolares como con antiguos cantos chamánicos. Así fue creándose nuestro nuevo universo. Una escuela en donde el extranjero debe lidiar con el aleccionamiento en los saberes, las costumbres y la cultura nacional, pero, además, una escuela que vive atravesada por el espíritu de lo originario, lo ancestral y lo arrebatado por los colonizadores. Tomando al Hamlet de William Shakespeare como guía, como emblema, como excusa que dispara un mundo poético, nos sentimos habilitados a crear otro en el que están presentes nuestras más añejas tradiciones escolares, con sus rituales y decadencias que aún impregnan la realidad áulica actual. Está presente el trato hacia el diferente, el distinto, aquel que no encaja y al que hay que “normalizar”. Está presente el fantasma irredento de la colonización europea y las paradojas que la misma supuso para la construcción de la “identidad nacional”, una nacionalidad construida con tradiciones trasplantadas a espaldas de la tierra y regada por la sangre primigenia. Porque también está presente el espectro de lo más atávico, esa presencia que late bajo la superficie: la de los pueblos originarios, los ancestros que habitaron los paisajes patagónicos donde la acción se sitúa. Una presencia antigua e innegable que se cuela por las grietas más triviales y por las más profundas. Hoy, en un momento en el que la diversidad aparece nueva e increíblemente cuestionada, el teatro, como todo arte, debería atizar el interrogante, invitar a la reflexión, movilizar las conciencias para incitar al debate sobre aquello que vibra en nosotros y no podemos acallar. Nuestra obra no pretende traer respuesta alguna, más bien intenta poner a la luz algunos de los aspectos más grotescos de nuestra idiosincrasia. Esos que nos acechan una y otra vez y que, en los tiempos en que vivimos, amenazan inexplicablemente con resurgir sin escrúpulos. *Directora y autora de Hamlet de Patagones. La obra se puede ver los sábados a las 20.30 en el Complejo Teatral Ítaca.
Autorizo a KUARZO ARGENTINA S.A. y/o NET TV S.A., en adelante “LAS PRODUCTORAS” y sus respectivas casas matrices, afiliadas, subsidiarias, concesionarias, sucesores y asignatarias a hacer uso de mi presencia para cualquier Programa televisivo (el “Programa”) y en conexión con Kuarzo Argentina S.A. y/o NET TV S.A. u otros. ACEPTO EXPRESAMENTE QUE: 1. Autorizo expresa, irrevocable e incondicionalmente a la transmisión, retransmisión, reproducción o publicación de los Materiales en todos y cualquier medio de comunicación incluyendo, sin limitación alguna. 2. Se realicen grabaciones y se tomen fotografías de mi persona, graben mi voz, conversaciones, dichos, hechos y sonidos, durante y en conexión con mi participación en el Programa (en adelante, los “Materiales”), sin que deban pagarme compensación alguna. Autorizo a LAS PRODUCTORAS y/o al Canal a exhibir, reproducir o publicar en cualquier forma tales fotografías, filmaciones y/o grabaciones en cualquier y todos los medios de comunicación, inclusive en las promociones del Programa y presto conformidad para que se publique mi nombre. A tal efecto, otorgo mi consentimiento expreso para ser filmado, grabado y/o fotografiado y para que las filmaciones, grabaciones e imágenes resultantes sean exhibidas, reproducidas o publicadas por LAS PRODUCTORAS y/o el Canal. 3. Acepto que LAS PRODUCTORAS y/o el Canal serán los dueños exclusivos de los resultados y ganancias de los Materiales con el derecho al registro de propiedad intelectual, al uso y otorgamiento de permisos para que otros lo usen, en cualquier forma y mediante cualquier medio. En consecuencia, autorizo expresa, irrevocable e incondicionalmente a la transmisión, retransmisión, reproducción o publicación de los Materiales en todos y cualquier medio de comunicación incluyendo, sin limitación alguna, los servicios de televisión por aire, antena, cable o satélite, radio, medios gráficos, cine, Internet (incluyendo, sin limitación, “streaming”, descargas (“downloads”), “webcasting”, y video “on demand”) y servicios móviles y/o inalámbricos (incluyendo, sin limitación, “streaming”, descargas (“downloads”), “podcasting” y “wireless media”), en su totalidad o en una porción, con cualquier finalidad, sin límite de tiempo y no encontrándose dicha autorización limitada a la República Argentina y sin estar obligada LAS PRODUCTORAS y/o el Canal a realizar ningún tipo de pago adicional. ME COMPROMETO EXPRESAMENTE A: Guardar estricta confidencialidad acerca de toda la información que Uds. pongan en mi conocimiento que tenga algún tipo de relación con el Programa. No compartiré dicha información con terceras personas. Me obligo a realizar todos los actos razonablemente necesarios y adoptar todas las medidas conducentes para asegurar que la información recibida no sea utilizada por terceros, revelada o divulgada, total o parcialmente. No utilizaré la información para otro propósito que el de participar en el Programa. Acepto y comprendo que el incumplimiento por mi parte de lo anteriormente descripto traerá aparejadas consecuencias sumamente graves para Uds. y que, por lo tanto, deberé indemnizarlos por los daños y perjuicios que tal violación les ocasione. Por la presente renuncio a mi derecho de inspección o aprobación de mi presentación o los usos de que tal presentación se haga. Asimismo, acuerdo no presentar ningún reclamo de ninguna naturaleza en absoluto contra nadie en relación con el ejercicio del permiso otorgado por la presente.
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Aunque lleva en la sangre uno de los apellidos más ilustres de Europa, Andrea Casiraghi, el hijo mayor de la princesa Carolina de Mónaco y nieto de la inolvidable Grace Kelly, eligió un destino muy distinto al que podría haber dictado su linaje. A sus 40 años, y aún formando parte de la línea de sucesión al trono monegasco, Andrea decidió vivir lejos del protocolo, los palacios y los flashes. Su día a día transcurre en un pequeño y tranquilo pueblo suizo, donde lleva una vida sencilla junto a su familia. La actualidad de Andrea se enmarca en su dura historia personal, marcada por la muerte de su padre, Stefano Casiraghi, en un accidente náutico en 1990 cuando él apenas era un niño de 6 años. El dolor fue inmenso, tanto para él como para sus hermanos y su madre, la princesa Carolina. En un intento por alejar a sus hijos del escrutinio mediático, Carolina se mudó con ellos a una granja en la Provenza. En ese entorno, Andrea creció rodeado de naturaleza, algo que dejó una huella profunda en él y sembró las bases de su estilo de vida. Andrea Casiraghi, la royal rebelde que desafía las normas de la realeza Andrea se educó en algunos de los colegios más prestigiosos del mundo, como el internado suizo Collège Alpin Beau Soleil, y más adelante en la Universidad McGill de Canadá, donde se graduó en Artes Visuales y Política Internacional. Sin embargo, más allá de las aulas, lo que siempre destacó fue su fuerte compromiso con las causas humanitarias. Participó como voluntario en proyectos sociales en países como Filipinas, Níger, Senegal y Togo, muchas veces vinculado a iniciativas impulsadas por la Fundación Grace, creada en honor a su abuela. Durante su juventud, Andrea también supo ser protagonista de titulares poco formales. Amante de las fiestas exclusivas, se ganó el nombre de “el príncipe rebelde”. Pero esa etapa terminó con la llegada de Tatiana Santo Domingo, su gran amor, con quien tuvo a sus tres hijos: Sasha, India y Maximilian. En Suiza, la pareja lleva una vida completamente alejada del glamour que suele asociarse con la familia Grimaldi. Lejos de Montecarlo y de Londres, donde vivieron más de una década, Andrea y su esposa, disfrutan de la naturaleza y el anonimato, apostando por una vida sencilla que los convirtió en figuras atípicas de la realeza europea. VO
Andrea Casiraghi, hijo de la princesa Carolina de Mónaco, y Tatiana Santo Domingo, una joven de origen colombiano-estadounidense, tienen una historia de amor que conquistó al mundo de la realeza. La historia entre Andrea y Tatiana comenzó hace más de dos décadas, en donde Carlota Casiraghi, hermana de Andrea, ofició como celestina. Ambas compartieron estudios en París y se volvieron amigas inseparables. Con el tiempo, Carlota vio en Tatiana algo especial y decidió presentársela a su hermano. Pero el flechazo no fue inmediato. Pasaron un par de años hasta que, por esas casualidades del destino, volvieron a encontrarse en la Universidad Americana de Londres. Ahí fue donde la chispa finalmente se encendió. Tatiana estudiaba Historia del Arte y Andrea cursaba estudios internacionales. Compartían intereses, sensibilidad artística y una inclinación por el estilo de vida relajado, casi hippie, que con el tiempo se volvió parte de su identidad como pareja. La aprobación de la princesa Carolina, la clave de su unión El verdadero desafío no era enamorarse de Andrea, sino conquistar a Carolina de Mónaco, una figura respetada, exigente y muy celosa de la imagen de su familia. La princesa, que siempre fue considerada una de las mujeres más elegantes del siglo XX, no estaba dispuesta a permitir que cualquiera ingresara al círculo íntimo de los Grimaldi. Sin embargo, Tatiana tenía credenciales para impresionar. Hija del multimillonario colombiano Julio Mario Santo Domingo Jr., tenía una fortuna familiar, una formación académica impecable, modales refinados y un bajo perfil que contrastaba con el mundo mediático. Con el tiempo, no solo logró el visto bueno de Carolina, sino que se convirtió en una presencia habitual en los eventos oficiales del principado. Pese a pertenecer a una de las familias más glamorosas de Europa, Andrea y Tatiana siempre evitaron los flashes innecesarios. Vivieron juntos en París durante varios años, formando una pareja sólida, aunque no exenta de polémicas. Fueron fotografiados consumiendo marihuana y también circularon imágenes de Tatiana en topless durante unas vacaciones. La llegada de su primer hijo, Sacha Casiraghi, en marzo de 2013, marcó un punto de inflexión. Sin demasiados anuncios formales, la pareja recibió a su primogénito en Londres. Sacha no solo fue el primer nieto de Carolina de Mónaco, sino también el primero de la poderosa familia Santo Domingo, lo que reforzó aún más la alianza entre dos linajes con peso propio. Andrea Casiraghi y Tatiana Santo Domingo tuvieron una boda de ensueño pero con sello personal Con el nacimiento de Sacha, la boda tuvo que esperar. Finalmente, el 31 de agosto de ese mismo año, Andrea y Tatiana se casaron en una ceremonia íntima en el Palacio Real de Mónaco. La celebración fue fiel al estilo de la pareja: sencilla, elegante, con un marcado espíritu bohemio. El vestido de Tatiana, con detalles vintage, encajó a la perfección con el perfil "boho-chic" que ella lleva incluso en los eventos más formales. La pareja tuvo dos hijos más y actualmente viven en absoluta reserva en Suiza, donde disfrutan de sus días con total normalidad alejados de los flashes y sólo apareciendo en contados eventos protocolares. VO
En medio de una semana cargada de tensión en el mundo del espectáculo argentino, Lizy Tagliani volvió a ser noticia luego de que Viviana Canosa reflotara un viejo conflicto entre ambas. Las declaraciones de la periodista encendieron la polémica al tildar a la conductora de La Peña de Morfi de “ladrona” y “traidora”. Sin embargo, fiel a su estilo, Lizy no dejó pasar el asunto y eligió contestar públicamente desde sus redes sociales, con un mensaje breve pero contundente. “Hola a todos, paso por acá porque me llegan un montón de capturas y de mensajes acerca de lo que están diciendo de mí, y quiero decir que son todas mentiras”, expresó Lizy en un video que publicó en su cuenta de Instagram. Visiblemente molesta, aunque intentando mantener la calma, la humorista aclaró que no iba a quedarse de brazos cruzados: “Me pongo a disposición y, a partir de ahora, me voy a ocupar de ver cuáles son los pasos a seguir”. Lizy eligió no caer en una guerra de declaraciones y en su descargo, remarcó: “Quien quiera creerme, que me crea”. El descargo, aunque breve, fue suficiente para que miles de sus seguidores salieran a bancarla con mensajes de apoyo y muestras de cariño. En paralelo, su nombre se volvió tendencia en redes sociales, debido a la polémica desatada por Canosa. El inesperado escándalo entre Lizy Tagliani y Viviana Canosa El escándalo se desató cuando Canosa, en un mensaje enviado al periodista Pampito, recordó su antigua relación con Lizy, a quien conoció cuando esta aún trabajaba como peinadora. “Hice cosas por ella que no hice ni por mi mejor amiga, porque me generaba ternura y empatía”, comenzó diciendo la conductora de Viviana con Vos, para luego lanzar una acusación demoledora: “Usaba mi auto, entraba a mi casa y me afanaba”. En otro mensaje, Canosa redobló la apuesta y la calificó como “traidora”. Incluso hizo alusión a la bronca de Marcela Tauro, quien también habría tenido un enfrentamiento con Lizy por un tema sentimental: según se dijo, Tagliani habría intentado seducir al novio de la histórica panelista de Intrusos. Canosa además recurrió a Lucas Bertero, quien aseguró que fue testigo de cómo Viviana ayudó económicamente a Lizy. “Viviana le dio todos sus muebles de estilo y caros cuando se mudó. La cubrió en mil cosas”, afirmó. También sumó una crítica filosa: “Cuando Lizy no puede responder con humor, se le nota... y es porque algo esconde”. VO
Con 40 años, Andrea Casiraghi está alejado de los reflectores a pesar de pertenecer a una de las familias de la realeza más destacadas de Europa. El hijo mayor de Carolina de Mónaco y nieto de la icónica Grace Kelly eligió un camino alejado de las formalidades palaciegas, centrado en la vida familiar, los proyectos solidarios y la tranquilidad de un entorno rural. Actualmente, Andrea vive con su esposa, Tatiana Santo Domingo, y sus tres hijos en un pequeño pueblo suizo, muy lejos del glamour que marcó su juventud. La infancia trágica de Andrea Casiraghi La vida de Andrea estuvo marcada desde muy temprano por una profunda pérdida. En octubre de 1990, cuando tenía apenas seis años, su padre, Stefano Casiraghi, falleció en un accidente náutico en Montecarlo. El golpe fue devastador para toda la familia, pero en especial para Andrea. La princesa Carolina, decidida a proteger a sus hijos, se trasladó con ellos a una antigua granja en la Provenza francesa. Allí, llevando una vida sencilla, el heredero monegasco comenzó a construir su refugio lejos de los flashes. Andrea se educó en colegios prestigiosos como el internado suizo Collège Alpin Beau Soleil, donde compartió aulas con aristócratas y figuras destacadas de la realeza europea. Más tarde, continuó sus estudios en París y en la Universidad McGill de Canadá, donde cursó Artes Visuales y Política Internacional. A lo largo de su juventud, también se destacó por su espíritu solidario: trabajó como voluntario en Filipinas, Senegal, Togo y Níger, colaborando con organizaciones vinculadas a su abuela, la princesa Grace Kelly. Pese a su formación e inclinación por las causas humanitarias, durante un tiempo Andrea fue visto como el “príncipe rebelde” del clan Grimaldi. Las imágenes de su paso por Ibiza en los años 2000, con el pelo largo, fumando en yates y yendo a fiestas exclusivas, alimentaron la fascinación mediática. Sin embargo, esa etapa pronto quedó atrás. La vida de Andrea Casiraghi junto a Tatiana Santo Domingo en Suiza El punto de inflexión llegó en 2004, cuando su hermana Carlota le presentó a una amiga del colegio: Tatiana Santo Domingo. Hija del magnate colombiano Julio Mario Santo Domingo Jr. y de la modelo Vera Rechulski, Tatiana creció entre Suiza y París y estudió Bellas Artes en Londres. Tras años de relación, la pareja tuvo a su primer hijo, Sasha, en 2013. Ese mismo año, contrajeron matrimonio en una íntima ceremonia civil en el Palacio Grimaldi, en Mónaco. La gran fiesta se celebró meses después en Gstaad, la exclusiva estación de esquí suiza, donde amigos y familiares disfrutaron de un evento privado, fiel al estilo relajado y bohemio de los novios. Desde 2023, la familia Casiraghi-Santo Domingo se instaló definitivamente en Suiza, abandonando Londres tras más de una década. Andrea eligió participar cada vez menos en los actos oficiales de Mónaco. Su presencia en eventos como el Baile de la Rosa o el Día Nacional es esporádica, y no ocupa ningún cargo institucional, aunque permanece en la línea de sucesión al trono. Padre de tres hijos y apasionado de la naturaleza, Andrea disfruta de una rutina alejada del protocolo real. Se lo puede ver haciendo las compras en mercados locales, acompañando a sus hijos a la escuela o participando en proyectos de la Fundación Parálisis Cerebral, de la cual es padrino. VO
Pierre Casiraghi se destaca entre los hombres de la realeza europea. El hijo menor de Carolina de Mónaco y del fallecido Stéfano Casiraghi logró lo que pocos nobles pueden: construir una imagen sofisticada, relajada y absolutamente contemporánea sin perder su herencia aristocrática. Su presencia elegante pero sin rigidez lo convierte en uno de los íconos indiscutidos del estilo royal moderno. Pierre Casiraghi no es solo una cara bonita dentro del exclusivo Principado de Mónaco, sino que su estilo viene dado desde su abuela, la icónica Grace Kelly, pasando por su mamá, la princesa Carolina, quien siempre fue una referente de elegancia clásica, su hermana, Carlota Casiraghi, musa de Chanel. Además, su papá, amante del mar y empresario, le legó una actitud deportiva y aventurera. Este cruce de influencias se percibe en su vestuario: Pierre puede lucir impecable en un traje cruzado en el Gran Premio de Mónaco, y al día siguiente disfrutar del verano en Palma de Mallorca con una bandana, alpargatas y un look completamente relajado. El estilo de Pierre Casiraghi Una de las facetas más destacadas de Pierre Casiraghi es su amor por la navegación. Participante activo en regatas y competiciones de vela como la Copa del Rey en Mallorca, convirtió esta pasión en una muestra de su estilo. Pierre suele combinar atuendos náuticos con polos entallados, gafas espejo y pantalones cortos. Su capacidad para verse elegante aún en contextos informales es, sin duda, uno de sus mayores talentos estéticos. Desde su boda en 2015 con Beatrice Borromeo, otra figura glamorosa de la nobleza europea, Pierre consolidó una imagen de pareja ideal. Ambos, con una química visible y un gusto por la moda, se transformaron rápidamente en una de las duplas más chic del viejo continente. Aunque el estilo es su carta de presentación, Pierre Casiraghi también desempeña un papel activo en el mundo empresarial. Trabaja en la firma inmobiliaria de la familia Casiraghi, mostrando un perfil ejecutivo sin dejar de lado su compromiso con causas humanitarias y ambientales. Su presencia, siempre acertada en cuanto a estilo, lo convierte en un embajador natural del nuevo lujo europeo: sobrio y con una elegancia atemporal que desde hace años son el símbolo del principado de Mónaco. VO
En la Casa Real española, la polémica siempre está presente. En esta oportunidad, el programa se centra en la princesa Leonor y la infanta Sofía, y la gran preocupación de la reina Letizia por el futuro de ambas. La infanta Sofía, con apenas 17 años, comienza a marcar un camino propio, lejos de la sombra de su hermana mayor, la princesa Leonor. Y esa decisión está generando desconcierto en Zarzuela. La infanta Sofía busca vivir bajo sus propias reglas Desde chicas, Leonor y Sofía fueron presentadas al mundo como un dúo inseparable. Vestidas con el mismo estilo, educadas en los mismos colegios y compartiendo cada aparición pública, la imagen proyectada era la de dos hermanas unidas y complementarias. Pero esa armonía comenzó a romperse con el paso del tiempo, especialmente desde que Leonor dio el paso definitivo para convertirse en heredera al trono de España. Mientras Leonor se prepara con formación militar, una agenda pública en aumento y una presencia destacada en actos oficiales, Sofía eligió alejarse. Dijo no a seguir el mismo camino, rechazó la formación militar y optó por continuar sus estudios en el extranjero, con planes de estudiar ingeniería. La menor de las hijas de Letizia y Felipe VI busca su identidad y quiere alejarse del control que impone la Corona, especialmente su madre. El problema es que su creciente distancia genera una preocupación concreta: si Sofía renuncia a sus derechos, el único heredero alternativo después de Leonor sería Froilán, el hijo de la infanta Elena. Letizia Ortiz alarmada por el alejamiento de su hija Frente a este distanciamiento, Letizia, siempre cuidadosa y estratégica, reaccionó con una mezcla de preocupación maternal y gestos de carácter institucional que los expertos en realeza no dejaron pasar. El primero fue su aparición pública luciendo una prenda de Sofía que es todo un acercamiento simbólico y silencioso. El segundo gesto fue más evidente y muestra que Letizia no se rinde. Se confirmó que será la única en asistir a la graduación de Sofía en el UWC College de Gales, donde la joven finaliza su bachillerato. La presencia de la reina en ese acto también tiene una doble lectura: es un gesto de apoyo, pero también un intento desesperado por mantener cerca a su hija. Solo el tiempo dirá si la distancia creciente entre dos hermanas que, hasta hace poco, parecían inseparables, logra revertirse y afianzar el vínculo de cara a sus deberes institucionales. VO

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