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ENTRETENIMIENTO

Simpático, entrador, definido como "muy buen tipo" en un ambiente en el que los elogios no son fáciles. Alejandro Orlando no da vueltas, evita las frases hechas y cuando se le pregunta sobre si el Estado debe subvencionar a la cultura, responde con naturalidad: "Yo no le pedí nunca a un peso a ningún gobierno". Nació el 12 de marzo de 1969 y en diálogo con el programa Punto y Aparte de la emisora Radio Punto a Punto, contó que comenzó a hacer teatro a los 14 años, cuando estudiaba en las Escuelas Pías de barrio General Paz, en la ciudad de Córdoba. "Fue una casualidad hermosa. Me eligieron para ser protagonista de una obra en un festival escolar, y ahí descubrí mi vocación. Desde ese momento, supe que no podía hacer otra cosa". Javier Rodríguez: “Los premios agregan una presión que no es buscada y eso impacta” Hace 22 años que integra el grupo "Los Modernos", junto a Pedro Paiva. Alejandro Orlando y Pedro Paiva En el relato quedó claro que esa agrupación lo marcó de por vida, ya que pisó diferentes escenarios del mundo. Hace muy poco, él y Pedro hicieron una serie de presentaciones en Córdoba y finalmente cerraron el ciclo con una soberbia actuación en el Teatro del Libertador San Martín. "Es una sensación incomparable", comentó. Orlando destacó que su formación ha sido completamente autodidacta: "Nunca estudié formalmente, pero el escenario ha sido mi mejor escuela". Sobre su experiencia profesional, recordó: "En un momento de mi vida tuve que trabajar en otras cosas para pagar las cuentas. Tuve un negocio de ropa con mi hermano, pero sentía que estaba desperdiciando mi tiempo para convertirme en el actor que quería ser". El éxito llegó, pero no sin sacrificios. "En 2003, junto a Pedro (Paiva), vendimos casi 30.000 entradas con 'Los Modernos'. Fue un antes y un después". Sin embargo, aclaro que: "Todo lo que logramos fue a riesgo propio. Nunca pedimos ayuda al Estado. No estoy en contra de quién lo haga, pero me siento un artista realmente independiente". Alta Gracia: llega una nueva edición de Mionca en el Parque Sierras Pese a su independencia, valora los reconocimientos recibidos. "Cuando cumplimos 20 años con Los Modernos, Martín Llaryora, siendo intendente, nos honró con una placa y un brindis. También la Legislatura nos reconoció recientemente. Todo eso es lindo, pero no lo buscamos. Siempre cubrimos nuestras campañas y espectáculos con recursos propios". Actualmente, Orlando está presentando su "Trilogía de la Alegría" en el Teatro La Llave de Córdoba. "Son tres unipersonales que amo hacer: 'Mi vida con Robert', 'El oficio más hermoso del mundo' y 'La Mesías'. Esta última es muy especial para mí. Es un trabajo actoral profundo, con un texto hermoso". Sobre el futuro de Los Modernos, aseguró que "hay modernos para rato. Aunque ahora trabajamos de forma distinta, con Pedro viviendo en España, seguimos creando. Hemos envejecido bien artísticamente, y el público sigue disfrutando de lo que hacemos". Con la misma pasión que lo llevó a subirse a un escenario por primera vez, Alejandro Orlando concluye: "El teatro es todo para mí. No puedo hacer otra cosa. Voy a seguir actuando hasta el día en que me muera".
Luis Ovsejevich es el creador de los Premios Konex. A su vez, en un nombre crucial en la cultura argentina de los últimos 40 años, que ha pisado con igual entusiasmo la gestión en el Teatro Colón, el hecho de dar clases con apenas 20 años, representar a Canon en Argentina y, claro, fundar un premio que sería insignia, faro y eco de los tiempos que corren (o una observación sobre lo mismo). ¿De dónde le nace la pasión a Ovsejevich, quién establece que a los 84 años que los premios lo hacen “sobrevivir”? Ovsejevich: “Mamé la cultura con mi mamá y mi papá. Cuando tenía tres años, había un piano vertical en mi casa. Mi mamá era profesora de piano pero no ejercía, tocaba para ella. Mientras mi mamá llamaba al ascensor, yo tocaba de memoria lo que estaba tocando mi mamá. Cuando hice mi autobiografía, la Argentina perdió un pianista de lujo pero ganó los Premios Konex”. Así, entre sonrisa y camino, el gestor se encandila en decir que los premios lo han llevadoa “conocer gente”. Esa “gente” que menciona Ovsejevich implica un real quién es quién en la Ciencia y Tecnología, Humanidad, Deportes y otras ternas que definen el horizonte anual de los premios. Cuenta: “En estos momentos estoy convocando a los jurados de los premios 2025, a la Música Popular. Lo que me dicen todos, uno por uno, es que es el único premio en Argentina que tiene prestigio. Mucha gente me dice que el único premio que valoran es el Premio Kónex. Tiene un valor que es el jurado, yo me preocupo en elegir un jurado y ese jurado es el que le da valor al premio. Son los jurados los que hacen al premio”. Y establece con claridad una misión de los Konex: “premiar es una forma de educar, de enseñar, de mostrar quienes son las personas más importantes de la Argentina”. —¿Por qué crees que logra ese título de premio más importante de Argentina? —Por la seriedad con que se hace. No hay ningún interés económico, ni comercial. La ideología: no es “si somos de derecha inventamos un premio para la derecha, si somos del otro lado, inventamos un premio para el otro lado”. Acá no. Los jurados y los premiados son de todas las ideologías, lo que se reconoce es el mérito de las personas.  Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. —¿Hay algún momento en la historia de los premios que te generó un orgullo particular? —Siempre me pone muy contento cuando hacemos los de Ciencia y Tecnología y los dedicados a Humanidades, porque son los menos reconocidos en la sociedad en general. El físico, el matemático, el químico, el biólogo: a veces son gente que solo los conocen injustamente sus pares. Si yo premio Espectáculos o Deportes, las figuras son públicas en general. En cambio los otros no. Darles un premio que ha recibido Maradona, Messi o Mercedes Sosa es ponerlos con justicia a todos bajo la misma luz, celebrar su existencia, igualarlos como corresponde a los ojos de la sociedad. Ayuda a destacar a esa personalidad, demostrar que la sociedad lo reconoce. —¿Cómo vivís hacer los premios en este momento de la Argentina? —¿En qué momento no fue difícil desde que inventé los premios en los años 80 a hoy? Siempre nos acordamos del día de hoy. Hoy está atacado. Y hace 10 años también. Y hace 20 también. 30 también y así siempre. Cambian los gobiernos… ¿habrá alguno con más interés por la cultura? Sí, es cierto que el gobierno de Alfonsín tuvo un poco más de inquietud hacía la cultura que otros. La Argentina es un manantial de personalidades interesantísimas. En la actividad que quieras hay gente de Argentina destacada. En la música clasica: ¿cuántos países tienen una Argerich, un Barenboim o Gelner? Así en todo.  —¿Hay algún premio puntual que te genera particular alegría al recordarlo?  —Cuando le dimose el premio a Fangio. Fue cuando recibió el premio, el primero, que fue sorpresa, no se sabía que el de él iba a ser el Brillante. Estaban todos en el Luna Park, una cena de 1.800 personas. Lo eligen a él, y él dice: “Espero que no me falle el de la zurda. Es la primera vez que me reconocen en Argentina”. Ese es uno de los recuerdos muy lindos.  —También lograste que Quino vuelva a dibujar a Mafalda como parte de tus ciclos en el Colón para niños. —Inventé un ciclo de música clásica para chicos. Se lo ofrecí a Renán, que dirigía el teatro Colón, y me dijo que no era para el Colón. Eso fue en el 90. Empezamos en el 91. Le dije a Ricardo Halac, que dirigía el Cervantes. Le dije que el sábado y domingo a la tarde no hacía nada, que me lo deje para espectáculos para chicos. Hicimos 54 veces El barbero de Sevilla y 12 veces La flauta mágica. Según Napoleón Cabrera, él decía que era un récord hacer 54 veces El barbero… Eso me dijo él. Dudo que así sea. Seguimos algunos años, y en el 93 me llama Renán y me lo pide para el Colón. Ahí se me ocurre pedirle a Quino que me haga unas imágenes para el ciclo. Hablé con Quino, que había sido premio Kónex en el 82 y 92, se las pedí y rescató a Mafalda, una de las pocas veces que la rescató. La repetimos todos los años esas imágenes de Mafalda. Él me autorizó e íbamos cambiando el globo. —¿Qué es la cultura popular para vos? —Lo que distingue a una sociedad civilizada de una que no lo es. Se la cuida rescatando los valores que tiene cada sociedad. Nosotro vivimos en la cultura occidental, diferente a la de otros rincones del mundo. Pero todas buscan rescatar lo mejor que tienen cada una de esas sociedades.  —¿Cuánto trabajo lleva cada entrega? —Eso hace a las características del premio. Nosotros seleccionamos a 20 jurados para 20 disciplinas que se adaptan a lo que sucedió desde la entrega anterior. Por ejemplo, este año aparecerán estilos musicales que aparecieron en los últimos años. Por ejemplo, 85, 95 y 05 estuvo más bien congelado, es decir, no cambiaron tanto las disciplinas. Este año hay un montón de nuevos estilos que aparecieron ahora. Recuerdo que en algún momento agregamos el cuarteto. Ahora es estable. Se verá que se suma ahora. Luego se hace una primera lista, en cada disciplina, donde se acumulan nombres para el Diploma al mérito y los jurados tienen que elegir. Se vota hasta que quedan cinco en cada una de las categorías, y se discute: es difícil que todos se pongan de acuerdo. Después hay que elegir uno de cada disciplina, de ahí se eligen los 20 que hacen a los Kónex de Platino, y se elige uno, que es el Kónex de Brillante. Una cosa que les decía cuando hacíamos las deliberaciones presenciales, antes de la pandemia, era que en 95% de los nombres van a estar de acuerdo. Van a pensar que faltan 5 o que sobran 5 pero en 95 están de acuerdo. Y siempre me decían que sí. En cada ceremonia, al final de la misma, me siento muy contento: se cumple con el cometido que me propusé y ya va a ser el año 46. En Argentina, 46 años de una cosa no existe. Fijate que los premios no son discutidos. Podrán decir que falta gente, pero nunca son discutidos.  —Hacen más cosas que los premios… —Va a ser la temporada 35 del ciclo de Vamos al Ballet. Te cuento una anécdota que me pasó hace un mes atrás: fui a la sala, y un matrimonio se me acerca. Me dicen: “Lo felicito, traemos a nuestro nieto. Hace 20 años veníamos con nuestra hija”. Eso hace bastante gráfico lo que hemos logrado. Esta es una forma de que muchas generaciones vean música clásica, que la conozcan desde el ballet - que es donde hemos hecho hincapié últimamente-. También hicimos ópera, en conjunto con Juventus Lyrica. Sumamos esfuerzos, que es algo que me gusta. Siempre quise llevar los premios a otros lugares. Una alternativa es en España. Otra es hacerlos en Miami para toda la comunidad latina en Estados Unidos, que cubre a más de 50 millones de personas.
Es un ciclo de películas recuperadas” dice Leandro Listorti, programador y archivista del Museo del Cine. Habla de Más Allá del Olvido, la primera Semana del Cine Recuperado, un evento generado por el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken y el Malba, un evento que pone a la luz el trabajo de ambas instituciones, fundamentales y gigantes a la hora del cine, de la exhibición, del cuidado de las películas para su existencia y visualización en el futuro. El ciclo tiene lugar del 15 al 19 de enero, tanto en el Museo como en el Malba, y suma Listorti: “Películas recuperadas es un término que costó mucho a la hora de definir lo que íbamos a mostrar. No son restauradas. Son recuperadas en el sentido de que son películas muy poco vistas o nada vistas. Algunas son restauraciones, otras son digitalizaciones, otras se proyectan directamente en su formato original. Hay muchos ejemplos de películas que nunca antes se vieron en formato original y que se pasan precisamente en 35 MM, en 16 MM”. Y suma: “La idea también era un poco visualizar el trabajo que hace el Museo del Cine durante todo el año, darle una forma que haga más fácil su llegada a la gente. De alguna manera eso echa luz sobre todo lo que se hace durante en el Museo del Cine con las exhibiciones, las proyecciones, las muestras, las restauraciones, los archivos y mucho más. La otra pata viene de Malba, claro”.  —¿Por qué deciden llevar a cabo juntos esta semana? —El Museo del Cine y el Malba son dos de las instituciones que más trabajan la recuperación de cierto material, cuando se podía restaurar y ahora un poco menos. De hecho una de las películas que pasamos es Historia de un Gaucho Viejo, que es de alguna manera una restauración que hizo el Museo, se digitaliza un nitrato que teníamos y se hizo un pequeño trabajo. Quizás no llegue a ser una restauración pero sí se hizo una mejora en la estabilidad y en los colores. Basicamente es eso, es juntar el trabajo de dos instituciones que están constantemente haciendo eso, y presentarlo. Por un lado también la idea también era reforzar que tanto el Museo del Cine y el Malba, en la figura de Fernando Martín Peña, tenemos relación con instituciones de otros páises y con otros festivales que también hacen lo mismo. Siempre de manera más desordenada, no tan orgánica, entonces un evento como este te obliga a tener un diálogo más regular, estar al tanto del trabajo que hacen las otras instituciones y aprender de cómo trabajan instituciones que en muchos casos son bastante similares a nosotros, pesé a que nosotros no tenemos una cinematica nacional (el Museo de alguna manera funciona de esa forma). A lo largo de todos estos años, se ha creado un diálogo con estas instituciones haciendo circular políticas, o por ejemplo este scanner que se armó en el museo es una copia exactamente igual de algo que hicieron en Uruguay, un compañero fue a Uruguay y aprendió cómo hacer el proceso. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. —¿Cómo eligieron las películas que hacen a la “Semana”? —Por un lado había una idea bastante clara: queríamos algo con una impronta bastante latinoamericana, se le dió bastante importancia a todas las películas y trabajos que venían con un trabajo de América Latina. Después, bueno, cosas como la exhibición de La gota escarlata de John Ford, que se consideraba pérdida hace casi un siglo, es una película muy importante, sin dudas, pero fue descubierta en Chile. Tenía una pata latinoamericana. Eso ordenó mucho el trabajo. En general no queríamos el funcionamiento de un festival de cine, más marcado por estrenos, si no cosas que no se hayan podido ver antes. Había cosas que ya se habían visto mucho acá, y por eso no la dimos. Eso más que nada porque es muy acotado: son cuatro días. Tampoco había mucha disponibilidad de horarios y fechas. No podíamos pasar todo lo que quisiéramos. Al ser una primera edición, se hizo con muy poca plata, solo con un Mecenazgo. Por ese lado, eso, cosas que no se habían podido ver antes y con una impronta latinoamericana.  —¿Cómo se compara con otros eventos similares en otros lugares del mundo? —Después por otro lado, tenía que ver con lo que nos pasa al estar acá: muchos de estos espacios, eventos, que funcionan en otros lugares del mundo, como To Save and Proyect del MoMA o Toda la memoria del mundo, de la Cinemateca Francesa, o Il Cinema Ritrovato Festival en Italia, tienen un estándar muy alto de calidad, que nosotros no llegamos. Y en general, en América Latina tampoco. Solemos tener películas que son muy valiosas y que nos parecen muy importantes, que queremos que circulen y se vean, pero nos resulta difícil llegar a esas ventanas que la hacen muy visibles, que permiten que las vean mucha gente y circulen a nivel mundial. Entonces, un criterio fue mostrar cosas que no estuvieran necesariamente en 8K, sin una raya, en un estado casi de perfección inmaculado, si no cosas que no se ven perfectas, como una manera de hacer gráfica nuestra situación: no tenemos una cinemateca, se perdió un montón de cine y estamos mal. Si queremos ver películas argentinas y latinoamericanas lo mejor es esto. De hecho en el Museo tenemos un ciclo que es Cine Argentino en VHS y proyectamos directamente en VHS, películas qu hasta donde sabemos solo existen en ese formato (no hay copias en fílmico, digital u otras). Es esto, la tenés que ver así, como una amable manera de llamar la atención sobre estos problemas. Eso ayudó mucho a ver cómo definiamos la programación. —La “Semana” se puede leer como una celebración del trabajo que han hecho, que siempre es mucho y notable. Y de quienes vienen a ver estas películas o están detrás de ellas. —Justamente. Es juntarse entre lo que hacemos, lo que ven y los que queremos que vengan a ver. Por eso también la idea también fue que no se superpongan las funciones entre el Museo del Cine y Malba. Por eso hay charlas programadas para que podamos discutir temas, para que podamos vernos la cara. Muchos sabíamos que ir detrás de un objetivo a veces se logran ver objetivos que no aparecen cuando todo está disipado, y es más difícil mostrar lo que interesa y lo que se discute. Tiene de celebración, de ver cine, de disfrutar de ver cine. Todas las películas son valiosas, sí, pero también son buenas. La película de Ford es un caso claro pero esa misma función se pasa el corto que estaba debajo de la estatua de Cristóbal Colón, que esta es una buena ocasión para verlo. Damos la primera animación chilena, como un Quirino Cristiani chileno, de comienzos de los años 20 y eso lo trae Jaime Córdoba, que hace un festival en Valparaíso de cine recobrado.  —¿Cuál es el problema más urgente? —Viendo desde una mirada más macro, y viendo el panorama nacional, falta una política nacional de recuperación, educación y exhibición. No solo de material contemporáneo, sino también más antigüo. Hasta me animo a decir intermedio: el material de la época silente es más limitado en cantidad y tienen el sello de importante, pero mucho del material más reciente está en un estado más frágil. Del 2000 para acá, cuando empezaron a filmar en digital y se abandonó el filmíco. Creo que los soportos magneticos nunca terminaron de encontrar un lugar que los pueda conservar y restaurar, y en parte porque es más caro que restaurar fílmico y porque es muchísimo material, es como muy vasto el terreno. Está mucho menos escaneado ese tema. Los problemas del museo son los problemas del audiovisual argentino: la falta de una estructura estatal/privada que se encargue de conservar, de restaurar, de exhibir y de educar. El Museo lo hace con los términos y las limitaciones que tiene. Pero están surgiendo muchas cinematecas provinciales, que en pos de trabajar todos juntos permiten que objetivos comunes al menos sean más claros.
Ambos tienen una gran trayectoria en cine, televisión y teatro, pero nunca antes habían compartido escenario. Desde el 8 de enero se los podrá ver juntos a Luis Brandoni y Soledad Silveyra en la comedia La perruche, aquí traducida, primero como Pajaritos de colores y luego definitivamente como ¿Quién es quién? de la dramaturga y guionista francesa Audrey Schebat, con traducción de Pablo Rey. La dirección es de Héctor Díaz y harán funciones de miércoles a domingo en el Liceo. Brandoni llega a este estreno luego de hacer desde el 2013 varias temporadas de Parque Lezama de Juan José Campanella y repondrá como director Made in Lanús, en el Multitabarís. Mientras que Soledad Silveyra hizo Dos locas de remate, Pasta de estrellas de Gonzalo Demaría y luego la versión teatral de la película La fuerza del cariño.  —¿Cómo se llevan sobre el escenario? Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. BRANDONI: Nos llevamos bien en el sentido de que nos respetamos, nos cuidamos, porque hay que cuidarse, prestarse al afecto y al reconocimiento del otro, esto es importante. SILVEYRA: Sobre todo al cuidado, entre nosotros no hay competencia. Vamos a ver cuando venga el espectador con las risas o no, o los codazos, que es lo que esperamos. Ya que la obra muestra a un matrimonio de treinta años de convivencia. Estoy muy feliz de compartir con Beto (Brandoni). —¿Cómo es la mirada de un director –Héctor Díaz– que primero es actor? B: Es una mirada diferente, porque sabe de qué se trata de los dos lados. La participación en el hecho de dirigir y la responsabilidad. Creo que en ese sentido es muy capaz y muy dichoso trabajar con él, porque nos entiende, incluso cuando las cosas no salen del todo bien, él sabe lo que le puede pasar. S: Ha sido muy cómodo para nosotros ensayar con él. Viene de estudiar con Ricardo Bartís y es uno de los intérpretes favoritos de Javier Daulte. Es culto, inteligente y sabe cómo manejar al actor, por lo que te decía Beto recién es sutil. Jamás en estos meses de ensayos hubo un roce, todo lo que nos propuso fue muy coherente. —Los personajes protagónicos de ustedes se llaman Ella y El… S: Sí y me gusta mucho que no tengan ellos nombres, porque pueden ser cualquiera. B: Los que tienen sí nombres son los que no aparecen en el escenario. S: Pero se los escuchará y serán voces muy reconocibles para el público, porque trabajaron con nosotros mucho tiempo.  —¿Se nota que está escrita por una mujer? ¿Hay una mirada femenina?  B: No me pasó. No te olvides que estrené en 1986 una obra extraordinaria que fue Made in Lanús de una gran autora Nelly Fernández Tiscornia, que en el 2024 dirigí. No sabría, ni podría a adivinar alguna diferencia entre la pluma de una escritora y de un escritor: No sabría cómo distinguirlo. S: Sí, sentí que era una mujer la que escribía, más allá de haberla googleado y de haber estudiado todo lo que hizo, incluso busqué videos. Tiene manifestaciones el personaje que interpreto que son absolutamente femeninas. Hay frases inolvidables: “El amor no es un microbio que dura toda la vida”... B: Reconozco que hay pensamientos absolutamente femeninos, que no son prestados. Con un final muy singular. —Con toda la experiencia que ustedes tienen: ¿qué les enseñó más, los éxitos o los fracasos? B: De ambos se aprende. De un fracaso uno saca algunas conclusiones. Estrené una obra que fue El regreso del Tigre con mi producción y la bajé rápidamente a los dos meses y nos dejó una gran enseñanza: “que no hay que apresurarse”. Rottemberg me dijo: “te equivocaste, la recaudación que estabas haciendo hoy la están haciendo todos las salas de Buenos Aires”. El teatro es el único lugar donde el actor sabe qué le pasa al público, por eso lo amamos tanto. No podemos entrar a las casas para ver qué ven en televisión. S: Soy una gran lectora de Marcelo Bielsa, el director técnico y tiene frases maravillosas sobre el fracaso, imagínate lo que sucede en el fútbol. Cuando digo que tuve un fracaso, mis compañeros me dicen ‘no lo digas’. ¿Por qué no se puede decir que a una no le fue bien? A mí me parece que vengo sufriendo y aprendo muchísimo. Me doy cuenta con quién sí y con quién no, En el fracaso se notan los pingos, en el éxito creo que menos, porque están todos contentos, vamos todos para adelante. En el fracaso se notan los que te acompañan. Aprendí mucho del fracaso y no me lo tomo como una tragedia. Obviamente siempre queremos que nos vaya bien, vivimos de nuestra profesión y no somos ricos. Si no se da el éxito, hay que salir exactamente con la misma dignidad, nunca perderla. El éxito es peligroso. A mucha gente se le sube a la cabeza y aparece un ego enorme, eso me parece muy jorobado. B: A mí me parece que si a uno lo perjudica un éxito es un error muy grave de esa persona.  Tendría que andar bailando por la calle. Pero no equivocarse creyendo que si uno tiene un éxito, le va a durar toda la vida o que todas las cosas que haga tienen que ser un éxito, no es así no es así. Eso es un momento de la vida de un actor y pueden tener otros momentos, en que de pronto se quede sin trabajo, algo frecuente entre los actores. Habría que aprender a tener un éxito, ser dichoso y seguir siendo uno. —¿Cómo es la reacción del público con ustedes en la calle? B: En mi caso es muy satisfactoria, camino tranquilo por la calle. Tengo mis simpatías, alguien que me reconoce, me saluda y me dice: “muy bien adelante”. Otros me pueden dar poca importancia. Es bueno caminar por la calle y verse con el público, con un señor que uno no imaginaría que estuvo viendo tu espectáculo. Es una muy linda sorpresa encontrar, incluso alguna vez me dijeron, no me gustó la obra, me dijo el por qué y terminé dándole la razón.  S: Vivo caminando por la calle, ahora mi problema es tener cambio, por lo menos doscientos pesos para darle a quien me pide: La verdad es que recibo un amor, una ternura que digo esta gente está loca, cómo me pueden decir que estoy linda. Tuve mucho dolor, aún lo estoy atravesando. Espero que se acabe pronto, tengo la neuralgia de Arnold, que ataca de golpe. Tuve un accidente y me rompí la apófisis odontoides en el 2017 y ahí quedé limitada. Hay que aprender a superar el dolor porque te quita la alegría, te mata y no tenés ganas de ver a nadie. Te escondés, bajás las luces, no se lo deseo a nadie, es muy muy feo el dolor continuo. Hasta ahora se viene portando bastante bien con todos los tratamientos que hice, cuatro neurólogos, o infiltraciones, acupuntura y osteópatas. He gastado una fortuna y sigo buscando la solución final. El hecho de estar trabajando me focaliza y ayuda. —¿En estos momentos les preocupa el precio de la entradas? B: Creo que los productores harán descuentos. Sé que en la temporada de Mar del Plata pusieron precios amigables. De todos modos la actividad teatral en la Argentina es muy importante. Por alguna razón es la tercera capital teatral del mundo porque el público lo apoya, siempre, en todo momento. Había un actor que decía que el teatro es el domingo la gente. Es un acto de buena fe, la gente va al teatro con ganas de que le guste y pone lo mejor de sí mismo para disfrutar y compartirlo. Si te queda chico, te queda chico, si no te gusta, no te gusta, con el teatro no hay devolución.  S: El teatro es el aire. Lo más bello es tenerlos cerca y sentir a la gente. Eso nos ayuda mucho a los actores cuando se ríen o cuando sentimos que se aburren, para ver cómo vamos modificando. Sentirlos respirar es esencial y sólo lo tiene el teatro.
El príncipe Harry y Meghan Markle abandonaron Inglaterra en 2020. Su salida de Reino Unido implicó dejar atrás a la Corona británica y hacer su propia vida junto a sus hijos, Archie y Lilibet. Luego de vivir en diferentes locaciones, desde hace un tiempo la pareja se instaló en un refugio de lujo y privacidad La residencia de Harry y Meghan, conocida como el Castillo de Riven Rock, se encuentra en una de las áreas más codiciadas de Montecito, un paraíso rodeado de montañas y playas. Valorada en 14 millones de dólares, la mansión ofrece el equilibrio perfecto entre lujo y funcionalidad, un atributo esencial para figuras públicas que buscan resguardar su intimidad. El hogar de los Sussex cuenta con nueve habitaciones y 16 baños, distribuidos en un diseño mediterráneo que combina tonos neutros y materiales naturales. Entre las comodidades de esta propiedad de 1.734 metros cuadrados se incluyen una sala de cine, un gimnasio personalizado, una bodega y amplios jardines con piscina y áreas de cocina al aire libre. Además, el acceso privado refuerza la seguridad y tranquilidad de la familia. Desde que la pareja se trasladó a Estados Unidos en 2020, este rincón de Montecito se ha convertido en su refugio para ellos y especialmente para sus hijos. Archie y Lilibet viven alejados del constante escrutinio de la Corona británica, algo que marcó un antes y un después en su vida familiar. Montecito: el paraíso de las celebridades Montecito, con menos de 10.000 habitantes, es hogar de numerosas personalidades como Oprah Winfrey, Gwyneth Paltrow y Ellen DeGeneres. La zona destaca por su clima mediterráneo, playas cristalinas y una atmósfera de exclusividad que ofrece a sus residentes un equilibrio perfecto entre naturaleza y privacidad. Además de su atractivo natural, Montecito brinda actividades al aire libre como ciclismo, piscinas y paseos en tren hacia la costa, lo que lo convierte en un lugar ideal para familias y figuras públicas que buscan escapar del bullicio urbano. ¿Peligra la casa de Meghan y Harry? Actualmente, un grave incendio está sucediendo en las áreas cercanas a Montecito, como Pacific Palisades y Malibú, llevando a las autoridades a declarar el estado de emergencia. Las imágenes satelitales muestran un panorama desolador, con vastas zonas arrasadas por el fuego y una columna de humo que se extiende por kilómetros. Aunque Harry y Meghan no han sido evacuados hasta el momento, la amenaza persiste. Southern California Edison, la compañía eléctrica local, advirtió sobre posibles cortes de energía para prevenir incendios adicionales debido a las líneas eléctricas afectadas por los fuertes vientos. Mientras los equipos de emergencia trabajan para contener el avance de las llamas, Montecito se encuentra en alerta máxima. Para los Sussex, este incendio representa un nuevo desafío en su vida en Estados Unidos, donde el lujo y la tranquilidad de su hogar ahora contrastan con la incertidumbre de los desastres naturales que afectan a California.
Kate Middleton es una de las figuras más admiradas de la realeza británica gracias a su elegancia, compromiso con causas benéficas y su impecable representación de la monarquía en el escenario internacional. Sin embargo, detrás de su impecable imagen pública, la princesa de Gales posee una faceta menos conocida que la conecta con el mundo de los idiomas, una habilidad que no solo refleja su intelecto, sino también su interés por la cultura y el aprendizaje. Además de su lengua materna, el inglés, Kate habla francés e italiano, dos idiomas que demostró dominar en varias ocasiones públicas. Si bien no es políglota en el sentido estricto, sus esfuerzos por comunicarse en otros idiomas han sido elogiados tanto por expertos como por el público. El francés, considerado el idioma de la diplomacia, ha sido un recurso valioso para la princesa durante sus visitas oficiales a Francia o cuando interactúa con dignatarios de habla francesa. Aunque su nivel no es completamente fluido, Kate demuestra confianza al emplearlo en discursos o conversaciones informales, un gesto que siempre es bien recibido por sus interlocutores. Por otro lado, su dominio del italiano tiene una historia más personal. La princesa adquirió esta habilidad durante su juventud, específicamente en su año de estudios de arte en Florencia, Italia. Este tiempo no solo le permitió perfeccionar el idioma, sino también sumergirse en la rica cultura artística del país, una experiencia que se alinea con su conocido amor por el arte y el diseño. El interés de la princesa de Gales por los idiomas no se limita a sus estudios formales. Durante sus viajes como parte de la familia real, se vio cómo busca conectar con las comunidades locales a través del idioma, incluso si solo se trata de algunas frases básicas. Este esfuerzo demuestra no solo cortesía, sino también una comprensión del valor simbólico que tiene hablar la lengua del otro, especialmente en contextos diplomáticos. El aprendizaje de idiomas también es algo que la princesa parece fomentar en su vida familiar. Se rumorea que tanto el príncipe George, la princesa Charlotte y el príncipe Louis están siendo introducidos al francés desde temprana edad. La importancia de los idiomas en la realeza No es casualidad que los idiomas sean una herramienta recurrente entre los miembros de la familia real británica. La reina Isabel II, por ejemplo, hablaba con fluidez francés, mientras que el príncipe William ha demostrado sus habilidades en galés durante sus visitas oficiales a Gales. En un mundo donde las relaciones internacionales son fundamentales, hablar otros idiomas refuerza la diplomacia y proyecta cercanía con diferentes culturas. Kate Middleton, siempre estratégica y detallista en su rol, entiende el peso que tiene hablar el idioma de las personas que representa y visita. VO
Kate Middleton es una de las figuras más influyentes y admiradas del Reino Unido. Su vida la llevó a desempeñar uno de los roles de gran trascendencia al servicio de la Corona británica. Si bien su vida dentro de la realeza es conocida a nivel mundial, pocos conocen los detalles sobre su formación académica, la cual, sin duda, jugó un papel esencial. Nacida en Reading, Berkshire, Inglaterra, la princesa de Gales creció en un entorno familiar de clase media alta. Desde muy joven, sus padres, Michael y Carole Middleton, valoraron la educación como una piedra angular en la vida de sus hijos. Kate asistió a algunas de las instituciones educativas más prestigiosas del país. Comenzó en la St. Andrew's School en Pangbourne, luego pasó por Downe House y más tarde al renombrado Marlborough College, un internado de alto rendimiento académico en Wiltshire. Estas experiencias le dieron una base sólida, tanto en conocimientos como en habilidades sociales y de liderazgo, características que la acompañaron en su vida futura. La Universidad de St. Andrews: el lugar que lo cambió todo para Kate Middleton El mayor capítulo de su formación académica tuvo lugar en la Universidad de St. Andrews, una de las instituciones más prestigiosas y antiguas del Reino Unido. Kate Middleton ingresó a la instituación en 2001, matriculándose en el programa de Historia del Arte.   Desde el principio, destacó por su disciplina y por su capacidad para sobresalir en un entorno altamente competitivo. Aunque en sus primeros años de universidad era conocida simplemente por su nombre, la joven Kate no pasó desapercibida entre sus compañeros y profesores, quienes reconocieron su intelecto y dedicación. Sin embargo, lo que realmente marcó la vida de Kate en St. Andrews fue su encuentro con el príncipe William. Ambos compartían un mismo grupo académico y, con el tiempo, comenzaron una relación que rápidamente se convirtió en uno de los romances más mediáticos de la historia moderna. Esta relación no solo transformó la vida personal de Kate, sino que también la proyectó al centro del interés público. Además de ser el lugar donde conoció al hombre con quien finalmente se casaría, St. Andrews dejó una huella significativa en la princesa de Gales. Si bien su carrera como académica no despegó de la mano de su título universitario, lo que aprendió en sus años de formación le permitió afrontar los desafíos de su vida en la realeza con una visión más amplia y una preparación integral.
El príncipe Harry nunca deja de sorprender. Si bien el duque de Sussex está en el centro de atención por su vida personal y sus decisiones alejadas de la Corona británica, hay un aspecto menos explorado de su vida que demuestra su interés por la cultura y el aprendizaje: su habilidad para hablar seis idiomas. Aunque su lengua materna es el inglés, Harry se destaca por haber aprendido a comunicarse en otros cinco idiomas. Desde muy pequeño, el hijo de la princesa Diana y el rey Carlos III mostró interés por el conocimiento. Durante su educación en prestigiosas instituciones como Wetherby College y Ludgrove School, tuvo acceso a una formación que incluía el aprendizaje de idiomas como el español, el alemán y el galés. El galés, en particular, tiene un significado especial dentro de la familia real, ya que simboliza la conexión de la monarquía con las tradiciones y la cultura del país. Dominar esta lengua no solo es un gesto de respeto hacia Gales, sino también un reflejo de la importancia que se le da a las raíces dentro de la familia Windsor. Además, durante su adolescencia, Harry tomó un año sabático que aprovechó para profundizar su conocimiento en idiomas y culturas. Este tiempo le permitió desarrollar una comprensión más amplia de la diversidad cultural, algo que más tarde se reflejaría en su trabajo humanitario. Su dominio del español, por ejemplo, le permitió interactuar con comunidades hispanohablantes, en sus visitas protocolares a Latinoamérica o España, país que frecuentó en varias oportunidades. Los idiomas del príncipe Harry y su carrera militar Fue durante sus años de servicio militar que el príncipe Harry amplió aún más su repertorio lingüístico. Mientras servía en el ejército británico y participaba en misiones internacionales, aprendió árabe y seshoto, una lengua hablada en Lesoto, un pequeño país del sur de África. Su conocimiento de árabe y seshoto refleja su compromiso genuino con un mundo multicultural y con las causas nobles, ya que este aprendizaje surgió como parte de su responsabilidad con Sentebale, la organización benéfica que cofundó para apoyar a niños vulnerables. Aunque es costumbre que su vida privada y sus decisiones polémicas ocupen los titulares, la habilidad lingüística del príncipe Harry deja en claro que el royal es mucho más que un miembro rebelde de la realeza, y que sus años de formación le ayudaron a desenvolverse en el mundo por fuera de la Corona. VO
Nicole Neumann, conocida por su inigualable estilo y buen gusto, volvió a captar la atención de todos con tres increíbles looks boho chic que son el resumen perfecto del verano. La modelo marca tendencia e inspira a sus seguidores con outfits que combinan frescura, elegancia y un toque descontracturado. Si estás buscando inspiración para esta temporada, estos tres conjuntos de Nicole te mostrarán cómo lucir sofisticada y cómoda al mismo tiempo, sin perder ese espíritu relajado que caracteriza al boho chic. Vestido blanco bordado: un clásico renovado que lució Nicole Neumann En el primer look, Nicole luce un vestido largo blanco con bordados florales multicolor. Este diseño fluido no solo es perfecto para combatir las altas temperaturas, sino que también refleja la esencia del estilo boho con su aire artesanal y romántico. El bordado, un detalle que nunca pasa de moda, aporta personalidad al vestido y lo convierte en una pieza versátil, ideal tanto para un paseo al aire libre como para una cena junto al mar. Para completar este conjunto, Nicole optó por unas sandalias simples y el cabello suelto. Nicole Neumann y un mini vestido de encaje con detalles neón En el segundo outfit, la modelo apuesta por un mini vestido de encaje en tonos claros, adornado con líneas de color neón y delicados estampados florales. Este diseño combina lo mejor de dos mundos: la delicadeza del encaje y la modernidad de los detalles vibrantes. El corte amplio y las mangas acampanadas, características del boho chic, ofrecen comodidad y movimiento, convirtiéndolo en la opción ideal para un día de verano en la ciudad. Nicole complementa este look con pulseras doradas y un maquillaje natural. Poncho dorado y shorts: el boho playero de Nicole Neumann en su máxima expresión Para su tercer look, Nicole nos lleva directamente a la playa con un poncho dorado decorado con pequeños bordados y detalles de flecos. Combinado con un short beige y unas sandalias negras, este conjunto es perfecto para quienes buscan un estilo relajado sin perder elegancia. El toque final lo da el sombrero verde, un accesorio que no solo protege del sol, sino que también aporta un contraste interesante al conjunto. Este look es una clara muestra de cómo el boho chic puede adaptarse a entornos playeros, logrando un equilibrio entre lo casual y lo glamuroso para destacar este verano. VO
A casi un año de haber oficializado su divorcio, Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina siguen siendo protagonistas de titulares que revelan detalles escandalosos de su relación y separación. El exduque de Palma, quien cumplió cinco años de prisión por su implicación en el caso Nóos, volvió a estar en el centro de las controversias luego de que surgieran versiones de infidelidad mientras cumplía condena en la cárcel de Brieva, en Ávila. Según se reveló recientemente, Urdangarin habría mantenido comportamientos seductores incluso durante su estancia en prisión, un hecho que habría llevado a su relación con la infanta Cristina a un punto de quiebre. Aunque las primeras imágenes de Urdangarin paseando de la mano de Ainhoa Armentia, su actual pareja, salieron a la luz en 2022, las tensiones en el matrimonio con Cristina habrían comenzado mucho antes. Fuentes cercanas afirman que la relación ya estaba rota desde que Urdangarin ingresó en prisión en 2018. La infanta Cristina, quien inicialmente visitaba a su esposo en Brieva, redujo progresivamente sus visitas hasta dejarlas por completo. Esto coincidió con rumores sobre el comportamiento de Urdangarin dentro de la cárcel. Según el libro Urdangarin: relato de un naufragio, del periodista Nacho Gay, el exduque no dejó de lado su faceta de seductor estando en prisión. El exbasquetbolista habría llegado a tener insinuaciones con Esther, la subdirectora de la cárcel. Los privilegios de Urdangarin en la cárcel A diferencia de otros internos, Urdangarin cumplió condena en un módulo exclusivo, con comodidades dignas de un hotel: televisión, baño privado, cama King size, acceso a gimnasio, piscina y celular. Estas condiciones de reclusión, inusuales para la mayoría de los presos, alimentaron las críticas sobre el trato preferencial que recibió por su vínculo con la Casa Real. Mientras él parecía disfrutar de ciertos lujos, las dinámicas familiares se deterioraban. La relación con la infanta Cristina se debilitó aún más con la aparición de Ainhoa Armentia, quien eventualmente se convirtió en su pareja oficial tras el divorcio en enero de 2024. Desde la separación, Iñaki Urdangarin está intentando una vida más estable con Armentia. Actualmente viven juntos en Ciudad Jardín, una exclusiva urbanización de Vitoria, donde han comenzado a construir una rutina como pareja. Meses atrás, el exjugador sorprendió al viajar con la abogada para visitar a cada uno de sus hijos en los lugares donde residen para hacer la presentación oficial, que estuvo cargada de tensiones. VO

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