ENTRETENIMIENTO
Alejandro Orlando: “Nunca le pedí un peso al Estado para financiar mis obras”
EDITOR -0
Simpático,
entrador,
definido
como "muy
buen
tipo" en
un
ambiente
en
el
que
los
elogios
no
son
fáciles.
Alejandro
Orlando
no
da
vueltas,
evita
las
frases
hechas
y
cuando
se
le
pregunta
sobre
si
el
Estado
debe
subvencionar
a
la
cultura,
responde
con
naturalidad:
"Yo
no
le
pedí
nunca
a
un
peso
a
ningún
gobierno".
Nació
el
12
de
marzo
de
1969
y
en
diálogo
con
el
programa
Punto
y
Aparte
de
la
emisora
Radio
Punto
a
Punto,
contó
que
comenzó
a
hacer
teatro
a
los
14
años,
cuando
estudiaba
en
las
Escuelas
Pías
de
barrio
General
Paz,
en
la
ciudad
de
Córdoba. "Fue
una
casualidad
hermosa.
Me
eligieron
para
ser
protagonista
de
una
obra
en
un
festival
escolar,
y
ahí
descubrí
mi
vocación.
Desde
ese
momento,
supe
que
no
podía
hacer
otra
cosa".
Javier
Rodríguez:
“Los
premios
agregan
una
presión
que
no
es
buscada
y
eso
impacta”
Hace
22
años
que
integra
el
grupo
"Los
Modernos",
junto
a
Pedro
Paiva.
Alejandro
Orlando
y
Pedro
Paiva
En
el
relato
quedó
claro
que
esa
agrupación
lo
marcó
de
por
vida,
ya
que
pisó
diferentes
escenarios
del
mundo.
Hace
muy
poco,
él
y
Pedro
hicieron
una
serie
de
presentaciones
en
Córdoba
y
finalmente
cerraron
el
ciclo
con
una
soberbia
actuación
en
el
Teatro
del
Libertador
San
Martín. "Es
una
sensación
incomparable",
comentó.
Orlando
destacó
que
su
formación
ha
sido
completamente
autodidacta: "Nunca
estudié
formalmente,
pero
el
escenario
ha
sido
mi
mejor
escuela".
Sobre
su
experiencia
profesional,
recordó: "En
un
momento
de
mi
vida
tuve
que
trabajar
en
otras
cosas
para
pagar
las
cuentas.
Tuve
un
negocio
de
ropa
con
mi
hermano,
pero
sentía
que
estaba
desperdiciando
mi
tiempo
para
convertirme
en
el
actor
que
quería
ser".
El
éxito
llegó,
pero
no
sin
sacrificios. "En
2003,
junto
a
Pedro
(Paiva),
vendimos
casi
30.000
entradas
con 'Los
Modernos'.
Fue
un
antes
y
un
después".
Sin
embargo,
aclaro
que: "Todo
lo
que
logramos
fue
a
riesgo
propio.
Nunca
pedimos
ayuda
al
Estado.
No
estoy
en
contra
de
quién
lo
haga,
pero
me
siento
un
artista
realmente
independiente".
Alta
Gracia:
llega
una
nueva
edición
de
Mionca
en
el
Parque
Sierras
Pese
a
su
independencia,
valora
los
reconocimientos
recibidos. "Cuando
cumplimos
20
años
con
Los
Modernos,
Martín
Llaryora,
siendo
intendente,
nos
honró
con
una
placa
y
un
brindis.
También
la
Legislatura
nos
reconoció
recientemente.
Todo
eso
es
lindo,
pero
no
lo
buscamos.
Siempre
cubrimos
nuestras
campañas
y
espectáculos
con
recursos
propios".
Actualmente,
Orlando
está
presentando
su
"Trilogía
de
la
Alegría" en
el
Teatro
La
Llave
de
Córdoba. "Son
tres
unipersonales
que
amo
hacer:
'Mi
vida
con
Robert', 'El
oficio
más
hermoso
del
mundo'
y 'La
Mesías'.
Esta
última
es
muy
especial
para
mí.
Es
un
trabajo
actoral
profundo,
con
un
texto
hermoso".
Sobre
el
futuro
de
Los
Modernos,
aseguró
que "hay
modernos
para
rato.
Aunque
ahora
trabajamos
de
forma
distinta,
con
Pedro
viviendo
en
España,
seguimos
creando.
Hemos
envejecido
bien
artísticamente,
y
el
público
sigue
disfrutando
de
lo
que
hacemos".
Con
la
misma
pasión
que
lo
llevó
a
subirse
a
un
escenario
por
primera
vez,
Alejandro
Orlando
concluye: "El
teatro
es
todo
para
mí.
No
puedo
hacer
otra
cosa.
Voy
a
seguir
actuando
hasta
el
día
en
que
me
muera".
Luis
Ovsejevich
es
el
creador
de
los
Premios
Konex.
A
su
vez,
en
un
nombre
crucial
en
la
cultura
argentina
de
los
últimos
40
años,
que
ha
pisado
con
igual
entusiasmo
la
gestión
en
el
Teatro
Colón,
el
hecho
de
dar
clases
con
apenas
20
años,
representar
a
Canon
en
Argentina
y,
claro,
fundar
un
premio
que
sería
insignia,
faro
y
eco
de
los
tiempos
que
corren
(o
una
observación
sobre
lo
mismo).
¿De
dónde
le
nace
la
pasión
a
Ovsejevich,
quién
establece
que
a
los
84
años
que
los
premios
lo
hacen
“sobrevivir”?
Ovsejevich:
“Mamé
la
cultura
con
mi
mamá
y
mi
papá.
Cuando
tenía
tres
años,
había
un
piano
vertical
en
mi
casa.
Mi
mamá
era
profesora
de
piano
pero
no
ejercía,
tocaba
para
ella.
Mientras
mi
mamá
llamaba
al
ascensor,
yo
tocaba
de
memoria
lo
que
estaba
tocando
mi
mamá.
Cuando
hice
mi
autobiografía,
la
Argentina
perdió
un
pianista
de
lujo
pero
ganó
los
Premios
Konex”.
Así,
entre
sonrisa
y
camino,
el
gestor
se
encandila
en
decir
que
los
premios
lo
han
llevadoa
“conocer
gente”.
Esa
“gente”
que
menciona
Ovsejevich
implica
un
real
quién
es
quién
en
la
Ciencia
y
Tecnología,
Humanidad,
Deportes
y
otras
ternas
que
definen
el
horizonte
anual
de
los
premios.
Cuenta:
“En
estos
momentos
estoy
convocando
a
los
jurados
de
los
premios
2025,
a
la
Música
Popular.
Lo
que
me
dicen
todos,
uno
por
uno,
es
que
es
el
único
premio
en
Argentina
que
tiene
prestigio.
Mucha
gente
me
dice
que
el
único
premio
que
valoran
es
el
Premio
Kónex.
Tiene
un
valor
que
es
el
jurado,
yo
me
preocupo
en
elegir
un
jurado
y
ese
jurado
es
el
que
le
da
valor
al
premio.
Son
los
jurados
los
que
hacen
al
premio”.
Y
establece
con
claridad
una
misión
de
los
Konex:
“premiar
es
una
forma
de
educar,
de
enseñar,
de
mostrar
quienes
son
las
personas
más
importantes
de
la
Argentina”.
—¿Por
qué
crees
que
logra
ese
título
de
premio
más
importante
de
Argentina?
—Por
la
seriedad
con
que
se
hace.
No
hay
ningún
interés
económico,
ni
comercial.
La
ideología:
no
es
“si
somos
de
derecha
inventamos
un
premio
para
la
derecha,
si
somos
del
otro
lado,
inventamos
un
premio
para
el
otro
lado”.
Acá
no.
Los
jurados
y
los
premiados
son
de
todas
las
ideologías,
lo
que
se
reconoce
es
el
mérito
de
las
personas.
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
—¿Hay
algún
momento
en
la
historia
de
los
premios
que
te
generó
un
orgullo
particular?
—Siempre
me
pone
muy
contento
cuando
hacemos
los
de
Ciencia
y
Tecnología
y
los
dedicados
a
Humanidades,
porque
son
los
menos
reconocidos
en
la
sociedad
en
general.
El
físico,
el
matemático,
el
químico,
el
biólogo:
a
veces
son
gente
que
solo
los
conocen
injustamente
sus
pares.
Si
yo
premio
Espectáculos
o
Deportes,
las
figuras
son
públicas
en
general.
En
cambio
los
otros
no.
Darles
un
premio
que
ha
recibido
Maradona,
Messi
o
Mercedes
Sosa
es
ponerlos
con
justicia
a
todos
bajo
la
misma
luz,
celebrar
su
existencia,
igualarlos
como
corresponde
a
los
ojos
de
la
sociedad.
Ayuda
a
destacar
a
esa
personalidad,
demostrar
que
la
sociedad
lo
reconoce.
—¿Cómo
vivís
hacer
los
premios
en
este
momento
de
la
Argentina?
—¿En
qué
momento
no
fue
difícil
desde
que
inventé
los
premios
en
los
años
80
a
hoy?
Siempre
nos
acordamos
del
día
de
hoy.
Hoy
está
atacado.
Y
hace
10
años
también.
Y
hace
20
también.
30
también
y
así
siempre.
Cambian
los
gobiernos…
¿habrá
alguno
con
más
interés
por
la
cultura?
Sí,
es
cierto
que
el
gobierno
de
Alfonsín
tuvo
un
poco
más
de
inquietud
hacía
la
cultura
que
otros.
La
Argentina
es
un
manantial
de
personalidades
interesantísimas.
En
la
actividad
que
quieras
hay
gente
de
Argentina
destacada.
En
la
música
clasica:
¿cuántos
países
tienen
una
Argerich,
un
Barenboim
o
Gelner?
Así
en
todo.
—¿Hay
algún
premio
puntual
que
te
genera
particular
alegría
al
recordarlo?
—Cuando
le
dimose
el
premio
a
Fangio.
Fue
cuando
recibió
el
premio,
el
primero,
que
fue
sorpresa,
no
se
sabía
que
el
de
él
iba
a
ser
el
Brillante.
Estaban
todos
en
el
Luna
Park,
una
cena
de
1.800
personas.
Lo
eligen
a
él,
y
él
dice:
“Espero
que
no
me
falle
el
de
la
zurda.
Es
la
primera
vez
que
me
reconocen
en
Argentina”.
Ese
es
uno
de
los
recuerdos
muy
lindos.
—También
lograste
que
Quino
vuelva
a
dibujar
a
Mafalda
como
parte
de
tus
ciclos
en
el
Colón
para
niños.
—Inventé
un
ciclo
de
música
clásica
para
chicos.
Se
lo
ofrecí
a
Renán,
que
dirigía
el
teatro
Colón,
y
me
dijo
que
no
era
para
el
Colón.
Eso
fue
en
el
90.
Empezamos
en
el
91.
Le
dije
a
Ricardo
Halac,
que
dirigía
el
Cervantes.
Le
dije
que
el
sábado
y
domingo
a
la
tarde
no
hacía
nada,
que
me
lo
deje
para
espectáculos
para
chicos.
Hicimos
54
veces
El
barbero
de
Sevilla
y
12
veces
La
flauta
mágica.
Según
Napoleón
Cabrera,
él
decía
que
era
un
récord
hacer
54
veces
El
barbero…
Eso
me
dijo
él.
Dudo
que
así
sea.
Seguimos
algunos
años,
y
en
el
93
me
llama
Renán
y
me
lo
pide
para
el
Colón.
Ahí
se
me
ocurre
pedirle
a
Quino
que
me
haga
unas
imágenes
para
el
ciclo.
Hablé
con
Quino,
que
había
sido
premio
Kónex
en
el
82
y
92,
se
las
pedí
y
rescató
a
Mafalda,
una
de
las
pocas
veces
que
la
rescató.
La
repetimos
todos
los
años
esas
imágenes
de
Mafalda.
Él
me
autorizó
e
íbamos
cambiando
el
globo.
—¿Qué
es
la
cultura
popular
para
vos?
—Lo
que
distingue
a
una
sociedad
civilizada
de
una
que
no
lo
es.
Se
la
cuida
rescatando
los
valores
que
tiene
cada
sociedad.
Nosotro
vivimos
en
la
cultura
occidental,
diferente
a
la
de
otros
rincones
del
mundo.
Pero
todas
buscan
rescatar
lo
mejor
que
tienen
cada
una
de
esas
sociedades.
—¿Cuánto
trabajo
lleva
cada
entrega?
—Eso
hace
a
las
características
del
premio.
Nosotros
seleccionamos
a
20
jurados
para
20
disciplinas
que
se
adaptan
a
lo
que
sucedió
desde
la
entrega
anterior.
Por
ejemplo,
este
año
aparecerán
estilos
musicales
que
aparecieron
en
los
últimos
años.
Por
ejemplo,
85,
95
y
05
estuvo
más
bien
congelado,
es
decir,
no
cambiaron
tanto
las
disciplinas.
Este
año
hay
un
montón
de
nuevos
estilos
que
aparecieron
ahora.
Recuerdo
que
en
algún
momento
agregamos
el
cuarteto.
Ahora
es
estable.
Se
verá
que
se
suma
ahora.
Luego
se
hace
una
primera
lista,
en
cada
disciplina,
donde
se
acumulan
nombres
para
el
Diploma
al
mérito
y
los
jurados
tienen
que
elegir.
Se
vota
hasta
que
quedan
cinco
en
cada
una
de
las
categorías,
y
se
discute:
es
difícil
que
todos
se
pongan
de
acuerdo.
Después
hay
que
elegir
uno
de
cada
disciplina,
de
ahí
se
eligen
los
20
que
hacen
a
los
Kónex
de
Platino,
y
se
elige
uno,
que
es
el
Kónex
de
Brillante.
Una
cosa
que
les
decía
cuando
hacíamos
las
deliberaciones
presenciales,
antes
de
la
pandemia,
era
que
en
95%
de
los
nombres
van
a
estar
de
acuerdo.
Van
a
pensar
que
faltan
5
o
que
sobran
5
pero
en
95
están
de
acuerdo.
Y
siempre
me
decían
que
sí.
En
cada
ceremonia,
al
final
de
la
misma,
me
siento
muy
contento:
se
cumple
con
el
cometido
que
me
propusé
y
ya
va
a
ser
el
año
46.
En
Argentina,
46
años
de
una
cosa
no
existe.
Fijate
que
los
premios
no
son
discutidos.
Podrán
decir
que
falta
gente,
pero
nunca
son
discutidos.
—Hacen
más
cosas
que
los
premios…
—Va
a
ser
la
temporada
35
del
ciclo
de
Vamos
al
Ballet.
Te
cuento
una
anécdota
que
me
pasó
hace
un
mes
atrás:
fui
a
la
sala,
y
un
matrimonio
se
me
acerca.
Me
dicen:
“Lo
felicito,
traemos
a
nuestro
nieto.
Hace
20
años
veníamos
con
nuestra
hija”.
Eso
hace
bastante
gráfico
lo
que
hemos
logrado.
Esta
es
una
forma
de
que
muchas
generaciones
vean
música
clásica,
que
la
conozcan
desde
el
ballet
-
que
es
donde
hemos
hecho
hincapié
últimamente-.
También
hicimos
ópera,
en
conjunto
con
Juventus
Lyrica.
Sumamos
esfuerzos,
que
es
algo
que
me
gusta.
Siempre
quise
llevar
los
premios
a
otros
lugares.
Una
alternativa
es
en
España.
Otra
es
hacerlos
en
Miami
para
toda
la
comunidad
latina
en
Estados
Unidos,
que
cubre
a
más
de
50
millones
de
personas.
Es
un
ciclo
de
películas
recuperadas”
dice
Leandro
Listorti,
programador
y
archivista
del
Museo
del
Cine.
Habla
de
Más
Allá
del
Olvido,
la
primera
Semana
del
Cine
Recuperado,
un
evento
generado
por
el
Museo
del
Cine
Pablo
Ducrós
Hicken
y
el
Malba,
un
evento
que
pone
a
la
luz
el
trabajo
de
ambas
instituciones,
fundamentales
y
gigantes
a
la
hora
del
cine,
de
la
exhibición,
del
cuidado
de
las
películas
para
su
existencia
y
visualización
en
el
futuro.
El
ciclo
tiene
lugar
del
15
al
19
de
enero,
tanto
en
el
Museo
como
en
el
Malba,
y
suma
Listorti:
“Películas
recuperadas
es
un
término
que
costó
mucho
a
la
hora
de
definir
lo
que
íbamos
a
mostrar.
No
son
restauradas.
Son
recuperadas
en
el
sentido
de
que
son
películas
muy
poco
vistas
o
nada
vistas.
Algunas
son
restauraciones,
otras
son
digitalizaciones,
otras
se
proyectan
directamente
en
su
formato
original.
Hay
muchos
ejemplos
de
películas
que
nunca
antes
se
vieron
en
formato
original
y
que
se
pasan
precisamente
en
35
MM,
en
16
MM”.
Y
suma:
“La
idea
también
era
un
poco
visualizar
el
trabajo
que
hace
el
Museo
del
Cine
durante
todo
el
año,
darle
una
forma
que
haga
más
fácil
su
llegada
a
la
gente.
De
alguna
manera
eso
echa
luz
sobre
todo
lo
que
se
hace
durante
en
el
Museo
del
Cine
con
las
exhibiciones,
las
proyecciones,
las
muestras,
las
restauraciones,
los
archivos
y
mucho
más.
La
otra
pata
viene
de
Malba,
claro”.
—¿Por
qué
deciden
llevar
a
cabo
juntos
esta
semana?
—El
Museo
del
Cine
y
el
Malba
son
dos
de
las
instituciones
que
más
trabajan
la
recuperación
de
cierto
material,
cuando
se
podía
restaurar
y
ahora
un
poco
menos.
De
hecho
una
de
las
películas
que
pasamos
es
Historia
de
un
Gaucho
Viejo,
que
es
de
alguna
manera
una
restauración
que
hizo
el
Museo,
se
digitaliza
un
nitrato
que
teníamos
y
se
hizo
un
pequeño
trabajo.
Quizás
no
llegue
a
ser
una
restauración
pero
sí
se
hizo
una
mejora
en
la
estabilidad
y
en
los
colores.
Basicamente
es
eso,
es
juntar
el
trabajo
de
dos
instituciones
que
están
constantemente
haciendo
eso,
y
presentarlo.
Por
un
lado
también
la
idea
también
era
reforzar
que
tanto
el
Museo
del
Cine
y
el
Malba,
en
la
figura
de
Fernando
Martín
Peña,
tenemos
relación
con
instituciones
de
otros
páises
y
con
otros
festivales
que
también
hacen
lo
mismo.
Siempre
de
manera
más
desordenada,
no
tan
orgánica,
entonces
un
evento
como
este
te
obliga
a
tener
un
diálogo
más
regular,
estar
al
tanto
del
trabajo
que
hacen
las
otras
instituciones
y
aprender
de
cómo
trabajan
instituciones
que
en
muchos
casos
son
bastante
similares
a
nosotros,
pesé
a
que
nosotros
no
tenemos
una
cinematica
nacional
(el
Museo
de
alguna
manera
funciona
de
esa
forma).
A
lo
largo
de
todos
estos
años,
se
ha
creado
un
diálogo
con
estas
instituciones
haciendo
circular
políticas,
o
por
ejemplo
este
scanner
que
se
armó
en
el
museo
es
una
copia
exactamente
igual
de
algo
que
hicieron
en
Uruguay,
un
compañero
fue
a
Uruguay
y
aprendió
cómo
hacer
el
proceso.
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
—¿Cómo
eligieron
las
películas
que
hacen
a
la
“Semana”?
—Por
un
lado
había
una
idea
bastante
clara:
queríamos
algo
con
una
impronta
bastante
latinoamericana,
se
le
dió
bastante
importancia
a
todas
las
películas
y
trabajos
que
venían
con
un
trabajo
de
América
Latina.
Después,
bueno,
cosas
como
la
exhibición
de
La
gota
escarlata
de
John
Ford,
que
se
consideraba
pérdida
hace
casi
un
siglo,
es
una
película
muy
importante,
sin
dudas,
pero
fue
descubierta
en
Chile.
Tenía
una
pata
latinoamericana.
Eso
ordenó
mucho
el
trabajo.
En
general
no
queríamos
el
funcionamiento
de
un
festival
de
cine,
más
marcado
por
estrenos,
si
no
cosas
que
no
se
hayan
podido
ver
antes.
Había
cosas
que
ya
se
habían
visto
mucho
acá,
y
por
eso
no
la
dimos.
Eso
más
que
nada
porque
es
muy
acotado:
son
cuatro
días.
Tampoco
había
mucha
disponibilidad
de
horarios
y
fechas.
No
podíamos
pasar
todo
lo
que
quisiéramos.
Al
ser
una
primera
edición,
se
hizo
con
muy
poca
plata,
solo
con
un
Mecenazgo.
Por
ese
lado,
eso,
cosas
que
no
se
habían
podido
ver
antes
y
con
una
impronta
latinoamericana.
—¿Cómo
se
compara
con
otros
eventos
similares
en
otros
lugares
del
mundo?
—Después
por
otro
lado,
tenía
que
ver
con
lo
que
nos
pasa
al
estar
acá:
muchos
de
estos
espacios,
eventos,
que
funcionan
en
otros
lugares
del
mundo,
como
To
Save
and
Proyect
del
MoMA
o
Toda
la
memoria
del
mundo,
de
la
Cinemateca
Francesa,
o
Il
Cinema
Ritrovato
Festival
en
Italia,
tienen
un
estándar
muy
alto
de
calidad,
que
nosotros
no
llegamos.
Y
en
general,
en
América
Latina
tampoco.
Solemos
tener
películas
que
son
muy
valiosas
y
que
nos
parecen
muy
importantes,
que
queremos
que
circulen
y
se
vean,
pero
nos
resulta
difícil
llegar
a
esas
ventanas
que
la
hacen
muy
visibles,
que
permiten
que
las
vean
mucha
gente
y
circulen
a
nivel
mundial.
Entonces,
un
criterio
fue
mostrar
cosas
que
no
estuvieran
necesariamente
en
8K,
sin
una
raya,
en
un
estado
casi
de
perfección
inmaculado,
si
no
cosas
que
no
se
ven
perfectas,
como
una
manera
de
hacer
gráfica
nuestra
situación:
no
tenemos
una
cinemateca,
se
perdió
un
montón
de
cine
y
estamos
mal.
Si
queremos
ver
películas
argentinas
y
latinoamericanas
lo
mejor
es
esto.
De
hecho
en
el
Museo
tenemos
un
ciclo
que
es
Cine
Argentino
en
VHS
y
proyectamos
directamente
en
VHS,
películas
qu
hasta
donde
sabemos
solo
existen
en
ese
formato
(no
hay
copias
en
fílmico,
digital
u
otras).
Es
esto,
la
tenés
que
ver
así,
como
una
amable
manera
de
llamar
la
atención
sobre
estos
problemas.
Eso
ayudó
mucho
a
ver
cómo
definiamos
la
programación.
—La
“Semana”
se
puede
leer
como
una
celebración
del
trabajo
que
han
hecho,
que
siempre
es
mucho
y
notable.
Y
de
quienes
vienen
a
ver
estas
películas
o
están
detrás
de
ellas.
—Justamente.
Es
juntarse
entre
lo
que
hacemos,
lo
que
ven
y
los
que
queremos
que
vengan
a
ver.
Por
eso
también
la
idea
también
fue
que
no
se
superpongan
las
funciones
entre
el
Museo
del
Cine
y
Malba.
Por
eso
hay
charlas
programadas
para
que
podamos
discutir
temas,
para
que
podamos
vernos
la
cara.
Muchos
sabíamos
que
ir
detrás
de
un
objetivo
a
veces
se
logran
ver
objetivos
que
no
aparecen
cuando
todo
está
disipado,
y
es
más
difícil
mostrar
lo
que
interesa
y
lo
que
se
discute.
Tiene
de
celebración,
de
ver
cine,
de
disfrutar
de
ver
cine.
Todas
las
películas
son
valiosas,
sí,
pero
también
son
buenas.
La
película
de
Ford
es
un
caso
claro
pero
esa
misma
función
se
pasa
el
corto
que
estaba
debajo
de
la
estatua
de
Cristóbal
Colón,
que
esta
es
una
buena
ocasión
para
verlo.
Damos
la
primera
animación
chilena,
como
un
Quirino
Cristiani
chileno,
de
comienzos
de
los
años
20
y
eso
lo
trae
Jaime
Córdoba,
que
hace
un
festival
en
Valparaíso
de
cine
recobrado.
—¿Cuál
es
el
problema
más
urgente?
—Viendo
desde
una
mirada
más
macro,
y
viendo
el
panorama
nacional,
falta
una
política
nacional
de
recuperación,
educación
y
exhibición.
No
solo
de
material
contemporáneo,
sino
también
más
antigüo.
Hasta
me
animo
a
decir
intermedio:
el
material
de
la
época
silente
es
más
limitado
en
cantidad
y
tienen
el
sello
de
importante,
pero
mucho
del
material
más
reciente
está
en
un
estado
más
frágil.
Del
2000
para
acá,
cuando
empezaron
a
filmar
en
digital
y
se
abandonó
el
filmíco.
Creo
que
los
soportos
magneticos
nunca
terminaron
de
encontrar
un
lugar
que
los
pueda
conservar
y
restaurar,
y
en
parte
porque
es
más
caro
que
restaurar
fílmico
y
porque
es
muchísimo
material,
es
como
muy
vasto
el
terreno.
Está
mucho
menos
escaneado
ese
tema.
Los
problemas
del
museo
son
los
problemas
del
audiovisual
argentino:
la
falta
de
una
estructura
estatal/privada
que
se
encargue
de
conservar,
de
restaurar,
de
exhibir
y
de
educar.
El
Museo
lo
hace
con
los
términos
y
las
limitaciones
que
tiene.
Pero
están
surgiendo
muchas
cinematecas
provinciales,
que
en
pos
de
trabajar
todos
juntos
permiten
que
objetivos
comunes
al
menos
sean
más
claros.
Ambos
tienen
una
gran
trayectoria
en
cine,
televisión
y
teatro,
pero
nunca
antes
habían
compartido
escenario.
Desde
el
8
de
enero
se
los
podrá
ver
juntos
a
Luis
Brandoni
y
Soledad
Silveyra
en
la
comedia
La
perruche,
aquí
traducida,
primero
como
Pajaritos
de
colores
y
luego
definitivamente
como
¿Quién
es
quién?
de
la
dramaturga
y
guionista
francesa
Audrey
Schebat,
con
traducción
de
Pablo
Rey.
La
dirección
es
de
Héctor
Díaz
y
harán
funciones
de
miércoles
a
domingo
en
el
Liceo.
Brandoni
llega
a
este
estreno
luego
de
hacer
desde
el
2013
varias
temporadas
de
Parque
Lezama
de
Juan
José
Campanella
y
repondrá
como
director
Made
in
Lanús,
en
el
Multitabarís.
Mientras
que
Soledad
Silveyra
hizo
Dos
locas
de
remate,
Pasta
de
estrellas
de
Gonzalo
Demaría
y
luego
la
versión
teatral
de
la
película
La
fuerza
del
cariño.
—¿Cómo
se
llevan
sobre
el
escenario?
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
BRANDONI:
Nos
llevamos
bien
en
el
sentido
de
que
nos
respetamos,
nos
cuidamos,
porque
hay
que
cuidarse,
prestarse
al
afecto
y
al
reconocimiento
del
otro,
esto
es
importante.
SILVEYRA:
Sobre
todo
al
cuidado,
entre
nosotros
no
hay
competencia.
Vamos
a
ver
cuando
venga
el
espectador
con
las
risas
o
no,
o
los
codazos,
que
es
lo
que
esperamos.
Ya
que
la
obra
muestra
a
un
matrimonio
de
treinta
años
de
convivencia.
Estoy
muy
feliz
de
compartir
con
Beto
(Brandoni).
—¿Cómo
es
la
mirada
de
un
director
–Héctor
Díaz–
que
primero
es
actor?
B:
Es
una
mirada
diferente,
porque
sabe
de
qué
se
trata
de
los
dos
lados.
La
participación
en
el
hecho
de
dirigir
y
la
responsabilidad.
Creo
que
en
ese
sentido
es
muy
capaz
y
muy
dichoso
trabajar
con
él,
porque
nos
entiende,
incluso
cuando
las
cosas
no
salen
del
todo
bien,
él
sabe
lo
que
le
puede
pasar.
S:
Ha
sido
muy
cómodo
para
nosotros
ensayar
con
él.
Viene
de
estudiar
con
Ricardo
Bartís
y
es
uno
de
los
intérpretes
favoritos
de
Javier
Daulte.
Es
culto,
inteligente
y
sabe
cómo
manejar
al
actor,
por
lo
que
te
decía
Beto
recién
es
sutil.
Jamás
en
estos
meses
de
ensayos
hubo
un
roce,
todo
lo
que
nos
propuso
fue
muy
coherente.
—Los
personajes
protagónicos
de
ustedes
se
llaman
Ella
y
El…
S:
Sí
y
me
gusta
mucho
que
no
tengan
ellos
nombres,
porque
pueden
ser
cualquiera.
B:
Los
que
tienen
sí
nombres
son
los
que
no
aparecen
en
el
escenario.
S:
Pero
se
los
escuchará
y
serán
voces
muy
reconocibles
para
el
público,
porque
trabajaron
con
nosotros
mucho
tiempo.
—¿Se
nota
que
está
escrita
por
una
mujer?
¿Hay
una
mirada
femenina?
B:
No
me
pasó.
No
te
olvides
que
estrené
en
1986
una
obra
extraordinaria
que
fue
Made
in
Lanús
de
una
gran
autora
Nelly
Fernández
Tiscornia,
que
en
el
2024
dirigí.
No
sabría,
ni
podría
a
adivinar
alguna
diferencia
entre
la
pluma
de
una
escritora
y
de
un
escritor:
No
sabría
cómo
distinguirlo.
S:
Sí,
sentí
que
era
una
mujer
la
que
escribía,
más
allá
de
haberla
googleado
y
de
haber
estudiado
todo
lo
que
hizo,
incluso
busqué
videos.
Tiene
manifestaciones
el
personaje
que
interpreto
que
son
absolutamente
femeninas.
Hay
frases
inolvidables:
“El
amor
no
es
un
microbio
que
dura
toda
la
vida”...
B:
Reconozco
que
hay
pensamientos
absolutamente
femeninos,
que
no
son
prestados.
Con
un
final
muy
singular.
—Con
toda
la
experiencia
que
ustedes
tienen:
¿qué
les
enseñó
más,
los
éxitos
o
los
fracasos?
B:
De
ambos
se
aprende.
De
un
fracaso
uno
saca
algunas
conclusiones.
Estrené
una
obra
que
fue
El
regreso
del
Tigre
con
mi
producción
y
la
bajé
rápidamente
a
los
dos
meses
y
nos
dejó
una
gran
enseñanza:
“que
no
hay
que
apresurarse”.
Rottemberg
me
dijo:
“te
equivocaste,
la
recaudación
que
estabas
haciendo
hoy
la
están
haciendo
todos
las
salas
de
Buenos
Aires”.
El
teatro
es
el
único
lugar
donde
el
actor
sabe
qué
le
pasa
al
público,
por
eso
lo
amamos
tanto.
No
podemos
entrar
a
las
casas
para
ver
qué
ven
en
televisión.
S:
Soy
una
gran
lectora
de
Marcelo
Bielsa,
el
director
técnico
y
tiene
frases
maravillosas
sobre
el
fracaso,
imagínate
lo
que
sucede
en
el
fútbol.
Cuando
digo
que
tuve
un
fracaso,
mis
compañeros
me
dicen
‘no
lo
digas’.
¿Por
qué
no
se
puede
decir
que
a
una
no
le
fue
bien?
A
mí
me
parece
que
vengo
sufriendo
y
aprendo
muchísimo.
Me
doy
cuenta
con
quién
sí
y
con
quién
no,
En
el
fracaso
se
notan
los
pingos,
en
el
éxito
creo
que
menos,
porque
están
todos
contentos,
vamos
todos
para
adelante.
En
el
fracaso
se
notan
los
que
te
acompañan.
Aprendí
mucho
del
fracaso
y
no
me
lo
tomo
como
una
tragedia.
Obviamente
siempre
queremos
que
nos
vaya
bien,
vivimos
de
nuestra
profesión
y
no
somos
ricos.
Si
no
se
da
el
éxito,
hay
que
salir
exactamente
con
la
misma
dignidad,
nunca
perderla.
El
éxito
es
peligroso.
A
mucha
gente
se
le
sube
a
la
cabeza
y
aparece
un
ego
enorme,
eso
me
parece
muy
jorobado.
B:
A
mí
me
parece
que
si
a
uno
lo
perjudica
un
éxito
es
un
error
muy
grave
de
esa
persona.
Tendría
que
andar
bailando
por
la
calle.
Pero
no
equivocarse
creyendo
que
si
uno
tiene
un
éxito,
le
va
a
durar
toda
la
vida
o
que
todas
las
cosas
que
haga
tienen
que
ser
un
éxito,
no
es
así
no
es
así.
Eso
es
un
momento
de
la
vida
de
un
actor
y
pueden
tener
otros
momentos,
en
que
de
pronto
se
quede
sin
trabajo,
algo
frecuente
entre
los
actores.
Habría
que
aprender
a
tener
un
éxito,
ser
dichoso
y
seguir
siendo
uno.
—¿Cómo
es
la
reacción
del
público
con
ustedes
en
la
calle?
B:
En
mi
caso
es
muy
satisfactoria,
camino
tranquilo
por
la
calle.
Tengo
mis
simpatías,
alguien
que
me
reconoce,
me
saluda
y
me
dice:
“muy
bien
adelante”.
Otros
me
pueden
dar
poca
importancia.
Es
bueno
caminar
por
la
calle
y
verse
con
el
público,
con
un
señor
que
uno
no
imaginaría
que
estuvo
viendo
tu
espectáculo.
Es
una
muy
linda
sorpresa
encontrar,
incluso
alguna
vez
me
dijeron,
no
me
gustó
la
obra,
me
dijo
el
por
qué
y
terminé
dándole
la
razón.
S:
Vivo
caminando
por
la
calle,
ahora
mi
problema
es
tener
cambio,
por
lo
menos
doscientos
pesos
para
darle
a
quien
me
pide:
La
verdad
es
que
recibo
un
amor,
una
ternura
que
digo
esta
gente
está
loca,
cómo
me
pueden
decir
que
estoy
linda.
Tuve
mucho
dolor,
aún
lo
estoy
atravesando.
Espero
que
se
acabe
pronto,
tengo
la
neuralgia
de
Arnold,
que
ataca
de
golpe.
Tuve
un
accidente
y
me
rompí
la
apófisis
odontoides
en
el
2017
y
ahí
quedé
limitada.
Hay
que
aprender
a
superar
el
dolor
porque
te
quita
la
alegría,
te
mata
y
no
tenés
ganas
de
ver
a
nadie.
Te
escondés,
bajás
las
luces,
no
se
lo
deseo
a
nadie,
es
muy
muy
feo
el
dolor
continuo.
Hasta
ahora
se
viene
portando
bastante
bien
con
todos
los
tratamientos
que
hice,
cuatro
neurólogos,
o
infiltraciones,
acupuntura
y
osteópatas.
He
gastado
una
fortuna
y
sigo
buscando
la
solución
final.
El
hecho
de
estar
trabajando
me
focaliza
y
ayuda.
—¿En
estos
momentos
les
preocupa
el
precio
de
la
entradas?
B:
Creo
que
los
productores
harán
descuentos.
Sé
que
en
la
temporada
de
Mar
del
Plata
pusieron
precios
amigables.
De
todos
modos
la
actividad
teatral
en
la
Argentina
es
muy
importante.
Por
alguna
razón
es
la
tercera
capital
teatral
del
mundo
porque
el
público
lo
apoya,
siempre,
en
todo
momento.
Había
un
actor
que
decía
que
el
teatro
es
el
domingo
la
gente.
Es
un
acto
de
buena
fe,
la
gente
va
al
teatro
con
ganas
de
que
le
guste
y
pone
lo
mejor
de
sí
mismo
para
disfrutar
y
compartirlo.
Si
te
queda
chico,
te
queda
chico,
si
no
te
gusta,
no
te
gusta,
con
el
teatro
no
hay
devolución.
S:
El
teatro
es
el
aire.
Lo
más
bello
es
tenerlos
cerca
y
sentir
a
la
gente.
Eso
nos
ayuda
mucho
a
los
actores
cuando
se
ríen
o
cuando
sentimos
que
se
aburren,
para
ver
cómo vamos
modificando.
Sentirlos
respirar
es
esencial
y
sólo
lo
tiene
el
teatro.
El
príncipe
Harry
y
Meghan
Markle
abandonaron
Inglaterra
en
2020.
Su
salida
de
Reino
Unido
implicó
dejar
atrás
a
la
Corona
británica
y
hacer
su
propia
vida
junto
a
sus
hijos,
Archie
y
Lilibet.
Luego
de
vivir
en
diferentes
locaciones,
desde
hace
un
tiempo
la
pareja
se
instaló
en
un
refugio
de
lujo
y
privacidad
La
residencia
de
Harry
y
Meghan,
conocida
como
el
Castillo
de
Riven
Rock,
se
encuentra
en
una
de
las
áreas
más
codiciadas
de
Montecito,
un
paraíso
rodeado
de
montañas
y
playas.
Valorada
en
14
millones
de
dólares,
la
mansión
ofrece
el
equilibrio
perfecto
entre
lujo
y
funcionalidad,
un
atributo
esencial
para
figuras
públicas
que
buscan
resguardar
su
intimidad.
El
hogar
de
los
Sussex
cuenta
con
nueve
habitaciones
y
16
baños,
distribuidos
en
un
diseño
mediterráneo
que
combina
tonos
neutros
y
materiales
naturales.
Entre
las
comodidades
de
esta
propiedad
de
1.734
metros
cuadrados
se
incluyen
una
sala
de
cine,
un
gimnasio
personalizado,
una
bodega
y
amplios
jardines
con
piscina
y
áreas
de
cocina
al
aire
libre.
Además,
el
acceso
privado
refuerza
la
seguridad
y
tranquilidad
de
la
familia.
Desde
que
la
pareja
se
trasladó
a
Estados
Unidos
en
2020,
este
rincón
de
Montecito
se
ha
convertido
en
su
refugio
para
ellos
y
especialmente
para
sus
hijos.
Archie
y
Lilibet
viven alejados
del
constante
escrutinio
de
la
Corona
británica,
algo
que
marcó
un
antes
y
un
después
en
su
vida
familiar.
Montecito:
el
paraíso
de
las
celebridades
Montecito,
con
menos
de
10.000
habitantes,
es
hogar
de
numerosas
personalidades
como
Oprah
Winfrey,
Gwyneth
Paltrow
y
Ellen
DeGeneres.
La
zona
destaca
por
su
clima
mediterráneo,
playas
cristalinas
y
una
atmósfera
de
exclusividad
que
ofrece
a
sus
residentes
un
equilibrio
perfecto
entre
naturaleza
y
privacidad.
Además
de
su
atractivo
natural,
Montecito
brinda
actividades
al
aire
libre
como
ciclismo,
piscinas
y
paseos
en
tren
hacia
la
costa,
lo
que
lo
convierte
en
un
lugar
ideal
para
familias
y
figuras
públicas
que
buscan
escapar
del
bullicio
urbano.
¿Peligra
la
casa
de
Meghan
y
Harry?
Actualmente,
un
grave
incendio
está
sucediendo
en
las
áreas
cercanas
a
Montecito,
como
Pacific
Palisades
y
Malibú,
llevando
a
las
autoridades
a
declarar
el
estado
de
emergencia.
Las
imágenes
satelitales
muestran
un
panorama
desolador,
con
vastas
zonas
arrasadas
por
el
fuego
y
una
columna
de
humo
que
se
extiende
por
kilómetros.
Aunque
Harry
y
Meghan
no
han
sido
evacuados
hasta
el
momento,
la
amenaza
persiste.
Southern
California
Edison,
la
compañía
eléctrica
local,
advirtió
sobre
posibles
cortes
de
energía
para
prevenir
incendios
adicionales
debido
a
las
líneas
eléctricas
afectadas
por
los
fuertes
vientos.
Mientras
los
equipos
de
emergencia
trabajan
para
contener
el
avance
de
las
llamas,
Montecito
se
encuentra
en
alerta
máxima.
Para
los
Sussex,
este
incendio
representa
un
nuevo
desafío
en
su
vida
en
Estados
Unidos,
donde
el
lujo
y
la
tranquilidad
de
su
hogar
ahora
contrastan
con
la
incertidumbre
de
los
desastres
naturales
que
afectan
a
California.
Kate
Middleton es
una
de
las
figuras
más
admiradas
de
la
realeza
británica
gracias
a
su
elegancia,
compromiso
con
causas
benéficas
y
su
impecable
representación
de
la
monarquía
en
el
escenario
internacional.
Sin
embargo,
detrás
de
su
impecable
imagen
pública,
la
princesa
de
Gales posee
una
faceta
menos
conocida
que
la
conecta
con
el
mundo
de
los
idiomas,
una
habilidad
que
no
solo
refleja
su
intelecto,
sino
también
su
interés
por
la
cultura
y
el
aprendizaje.
Además
de
su
lengua
materna,
el
inglés,
Kate
habla
francés
e
italiano,
dos
idiomas
que
demostró
dominar
en
varias
ocasiones
públicas.
Si
bien
no
es
políglota
en
el
sentido
estricto,
sus
esfuerzos
por
comunicarse
en
otros
idiomas
han
sido
elogiados
tanto
por
expertos
como
por
el
público.
El
francés,
considerado
el
idioma
de
la
diplomacia,
ha
sido
un
recurso
valioso
para
la
princesa
durante
sus
visitas
oficiales
a
Francia
o
cuando
interactúa
con
dignatarios
de
habla
francesa.
Aunque
su
nivel
no
es
completamente
fluido,
Kate
demuestra
confianza
al
emplearlo
en
discursos
o
conversaciones
informales,
un
gesto
que
siempre
es
bien
recibido
por
sus
interlocutores.
Por
otro
lado,
su
dominio
del
italiano
tiene
una
historia
más
personal.
La
princesa
adquirió
esta
habilidad
durante
su
juventud,
específicamente
en
su
año
de
estudios
de
arte
en
Florencia,
Italia.
Este
tiempo
no
solo
le
permitió
perfeccionar
el
idioma,
sino
también
sumergirse
en
la
rica
cultura
artística
del
país,
una
experiencia
que
se
alinea
con
su
conocido
amor
por
el
arte
y
el
diseño.
El
interés
de
la
princesa
de
Gales por
los
idiomas
no
se
limita
a
sus
estudios
formales.
Durante
sus
viajes
como
parte
de
la
familia
real,
se
vio
cómo
busca
conectar
con
las
comunidades
locales
a
través
del
idioma,
incluso
si
solo
se
trata
de
algunas
frases
básicas.
Este
esfuerzo
demuestra
no
solo
cortesía,
sino
también
una
comprensión
del
valor
simbólico
que
tiene
hablar
la
lengua
del
otro,
especialmente
en
contextos
diplomáticos.
El
aprendizaje
de
idiomas
también
es
algo
que
la
princesa
parece
fomentar
en
su
vida
familiar.
Se
rumorea
que
tanto
el
príncipe
George,
la
princesa
Charlotte
y
el
príncipe
Louis
están
siendo
introducidos
al
francés
desde
temprana
edad.
La
importancia
de
los
idiomas
en
la
realeza
No
es
casualidad
que
los
idiomas
sean
una
herramienta
recurrente
entre
los
miembros
de
la
familia
real
británica.
La
reina
Isabel
II,
por
ejemplo,
hablaba
con
fluidez
francés,
mientras
que
el
príncipe
William
ha
demostrado
sus
habilidades
en
galés
durante
sus
visitas
oficiales
a
Gales.
En
un
mundo
donde
las
relaciones
internacionales
son
fundamentales,
hablar
otros
idiomas
refuerza
la
diplomacia
y
proyecta
cercanía
con
diferentes
culturas.
Kate
Middleton,
siempre
estratégica
y
detallista
en
su
rol,
entiende
el
peso
que
tiene
hablar
el
idioma
de
las
personas
que
representa
y
visita.
VO
Kate
Middleton
es
una
de
las
figuras
más
influyentes
y
admiradas
del
Reino
Unido.
Su
vida
la
llevó
a
desempeñar
uno
de
los
roles
de
gran
trascendencia
al
servicio
de
la
Corona
británica.
Si
bien
su
vida
dentro
de
la
realeza
es
conocida
a
nivel
mundial,
pocos
conocen
los
detalles
sobre
su
formación
académica,
la
cual,
sin
duda,
jugó
un
papel
esencial.
Nacida
en
Reading,
Berkshire,
Inglaterra, la
princesa
de
Gales creció
en
un
entorno
familiar
de
clase
media
alta.
Desde
muy
joven,
sus
padres,
Michael
y
Carole
Middleton,
valoraron
la
educación
como
una
piedra
angular
en
la
vida
de
sus
hijos. Kate
asistió
a
algunas
de
las
instituciones
educativas
más
prestigiosas
del
país.
Comenzó
en
la
St.
Andrew's
School
en
Pangbourne,
luego
pasó
por
Downe
House
y
más
tarde
al
renombrado
Marlborough
College,
un
internado
de
alto
rendimiento
académico
en
Wiltshire.
Estas
experiencias
le
dieron
una
base
sólida,
tanto
en
conocimientos
como
en
habilidades
sociales
y
de
liderazgo,
características
que
la
acompañaron
en
su
vida
futura.
La
Universidad
de
St.
Andrews:
el
lugar
que
lo
cambió
todo
para
Kate
Middleton
El
mayor
capítulo
de
su
formación
académica
tuvo
lugar
en
la
Universidad
de
St.
Andrews,
una
de
las
instituciones
más
prestigiosas
y
antiguas
del
Reino
Unido.
Kate
Middleton
ingresó
a
la
instituación
en
2001,
matriculándose
en
el
programa
de
Historia
del
Arte.
Desde
el
principio,
destacó
por
su
disciplina
y
por
su
capacidad
para
sobresalir
en
un
entorno
altamente
competitivo.
Aunque
en
sus
primeros
años
de
universidad
era
conocida
simplemente
por
su
nombre,
la
joven
Kate
no
pasó
desapercibida
entre
sus
compañeros
y
profesores,
quienes
reconocieron
su
intelecto
y
dedicación.
Sin
embargo,
lo
que
realmente
marcó
la
vida
de
Kate
en
St.
Andrews
fue
su
encuentro
con
el
príncipe
William.
Ambos
compartían
un
mismo
grupo
académico
y,
con
el
tiempo,
comenzaron
una
relación
que
rápidamente
se
convirtió
en
uno
de
los
romances
más
mediáticos
de
la
historia
moderna.
Esta
relación
no
solo
transformó
la
vida
personal
de
Kate,
sino
que
también
la
proyectó
al
centro
del
interés
público.
Además
de
ser
el
lugar
donde
conoció
al
hombre
con
quien
finalmente
se
casaría,
St.
Andrews
dejó
una
huella
significativa
en
la
princesa
de
Gales.
Si
bien
su
carrera
como
académica
no
despegó
de
la
mano
de
su
título
universitario,
lo
que
aprendió
en
sus
años
de
formación
le
permitió
afrontar
los
desafíos
de
su
vida
en
la
realeza
con
una
visión
más
amplia
y
una
preparación
integral.
El
príncipe
Harry
nunca
deja
de
sorprender.
Si
bien
el
duque
de
Sussex
está
en
el
centro
de
atención
por
su
vida
personal
y
sus
decisiones
alejadas
de
la
Corona
británica,
hay
un
aspecto
menos
explorado
de
su
vida
que
demuestra
su
interés
por
la
cultura
y
el
aprendizaje:
su
habilidad
para
hablar
seis
idiomas.
Aunque
su
lengua
materna
es
el
inglés,
Harry
se
destaca
por
haber
aprendido
a
comunicarse
en
otros
cinco
idiomas.
Desde
muy
pequeño,
el
hijo
de
la
princesa
Diana
y
el
rey
Carlos
III
mostró
interés
por
el
conocimiento.
Durante
su
educación
en
prestigiosas
instituciones
como
Wetherby
College
y
Ludgrove
School,
tuvo
acceso
a
una
formación
que
incluía
el
aprendizaje
de
idiomas
como
el
español,
el
alemán
y
el
galés.
El
galés,
en
particular,
tiene
un
significado
especial
dentro
de
la
familia
real,
ya
que
simboliza
la
conexión
de
la
monarquía
con
las
tradiciones
y
la
cultura
del
país.
Dominar
esta
lengua
no
solo
es
un
gesto
de
respeto
hacia
Gales,
sino
también
un
reflejo
de
la
importancia
que
se
le
da
a
las
raíces
dentro
de
la
familia
Windsor.
Además,
durante
su
adolescencia,
Harry
tomó
un
año
sabático
que
aprovechó
para
profundizar
su
conocimiento
en
idiomas
y
culturas.
Este
tiempo
le
permitió
desarrollar
una
comprensión
más
amplia
de
la
diversidad
cultural,
algo
que
más
tarde
se
reflejaría
en
su
trabajo
humanitario.
Su
dominio
del
español,
por
ejemplo,
le
permitió
interactuar
con
comunidades
hispanohablantes,
en
sus
visitas
protocolares
a
Latinoamérica
o
España,
país
que
frecuentó
en
varias
oportunidades.
Los
idiomas
del
príncipe
Harry
y
su
carrera
militar
Fue
durante
sus
años
de
servicio
militar
que
el
príncipe
Harry
amplió
aún
más
su
repertorio
lingüístico.
Mientras
servía
en
el
ejército
británico
y
participaba
en
misiones
internacionales,
aprendió
árabe
y
seshoto,
una
lengua
hablada
en
Lesoto,
un
pequeño
país
del
sur
de
África.
Su
conocimiento
de
árabe
y
seshoto
refleja
su
compromiso
genuino
con
un
mundo
multicultural
y
con
las
causas
nobles,
ya
que
este
aprendizaje
surgió
como
parte
de
su
responsabilidad
con
Sentebale,
la
organización
benéfica
que
cofundó
para
apoyar
a
niños
vulnerables.
Aunque
es
costumbre
que
su
vida
privada
y
sus
decisiones
polémicas
ocupen
los
titulares,
la
habilidad
lingüística
del
príncipe
Harry
deja
en
claro
que
el
royal
es
mucho
más
que
un
miembro
rebelde
de
la
realeza,
y
que
sus
años
de
formación
le
ayudaron
a
desenvolverse
en
el
mundo
por
fuera
de
la
Corona.
VO
Nicole
Neumann,
conocida
por
su
inigualable
estilo
y
buen
gusto,
volvió
a
captar
la
atención
de
todos
con
tres
increíbles
looks
boho
chic
que
son
el
resumen
perfecto
del
verano.
La
modelo
marca
tendencia
e
inspira
a
sus
seguidores
con
outfits
que
combinan
frescura,
elegancia
y
un
toque
descontracturado.
Si
estás
buscando
inspiración
para
esta
temporada,
estos
tres
conjuntos
de
Nicole
te
mostrarán
cómo
lucir
sofisticada
y
cómoda
al
mismo
tiempo,
sin
perder
ese
espíritu
relajado
que
caracteriza
al
boho
chic.
Vestido
blanco
bordado:
un
clásico
renovado
que
lució
Nicole
Neumann
En
el
primer
look,
Nicole
luce
un
vestido
largo
blanco
con
bordados
florales
multicolor.
Este
diseño
fluido
no
solo
es
perfecto
para
combatir
las
altas
temperaturas,
sino
que
también
refleja
la
esencia
del
estilo
boho
con
su
aire
artesanal
y
romántico.
El
bordado,
un
detalle
que
nunca
pasa
de
moda,
aporta
personalidad
al
vestido
y
lo
convierte
en
una
pieza
versátil,
ideal
tanto
para
un
paseo
al
aire
libre
como
para
una
cena
junto
al
mar.
Para
completar
este
conjunto,
Nicole
optó
por
unas
sandalias
simples
y
el
cabello
suelto.
Nicole
Neumann
y
un
mini
vestido
de
encaje
con
detalles
neón
En
el
segundo
outfit,
la
modelo
apuesta
por
un
mini
vestido
de
encaje
en
tonos
claros,
adornado
con
líneas
de
color
neón
y
delicados
estampados
florales.
Este
diseño
combina
lo
mejor
de
dos
mundos:
la
delicadeza
del
encaje
y
la
modernidad
de
los
detalles
vibrantes.
El
corte
amplio
y
las
mangas
acampanadas,
características
del
boho
chic,
ofrecen
comodidad
y
movimiento,
convirtiéndolo
en
la
opción
ideal
para
un
día
de
verano
en
la
ciudad.
Nicole
complementa
este
look
con
pulseras
doradas
y
un
maquillaje
natural.
Poncho
dorado
y
shorts:
el
boho
playero
de
Nicole
Neumann
en
su
máxima
expresión
Para
su
tercer
look,
Nicole
nos
lleva
directamente
a
la
playa
con
un
poncho
dorado
decorado
con
pequeños
bordados
y
detalles
de
flecos.
Combinado
con
un
short
beige
y
unas
sandalias
negras,
este
conjunto
es
perfecto
para
quienes
buscan
un
estilo
relajado
sin
perder
elegancia.
El
toque
final
lo
da
el
sombrero
verde,
un
accesorio
que
no
solo
protege
del
sol,
sino
que
también
aporta
un
contraste
interesante
al
conjunto.
Este
look
es
una
clara
muestra
de
cómo
el
boho
chic
puede
adaptarse
a
entornos
playeros,
logrando
un
equilibrio
entre
lo
casual
y
lo
glamuroso
para
destacar
este
verano.
VO
ENTRETENIMIENTO
Una infidelidad y la cárcel de Brieva: Iñaki Urdangarin en el foco de atención
EDITOR -
A
casi
un
año
de
haber
oficializado
su
divorcio,
Iñaki
Urdangarin
y
la
infanta
Cristina
siguen
siendo
protagonistas
de
titulares
que
revelan
detalles
escandalosos
de
su
relación
y
separación.
El
exduque
de
Palma,
quien
cumplió
cinco
años
de
prisión
por
su
implicación
en
el
caso
Nóos,
volvió
a
estar
en
el
centro
de
las
controversias
luego
de
que
surgieran
versiones
de
infidelidad
mientras
cumplía
condena
en
la
cárcel
de
Brieva,
en
Ávila.
Según
se
reveló
recientemente,
Urdangarin
habría
mantenido
comportamientos
seductores
incluso
durante
su
estancia
en
prisión,
un
hecho
que
habría
llevado
a
su
relación
con
la
infanta
Cristina
a
un
punto
de
quiebre.
Aunque
las
primeras
imágenes
de
Urdangarin
paseando
de
la
mano
de
Ainhoa
Armentia,
su
actual
pareja,
salieron
a
la
luz
en
2022,
las
tensiones
en
el
matrimonio
con
Cristina
habrían
comenzado
mucho
antes.
Fuentes
cercanas
afirman
que
la
relación
ya
estaba
rota
desde
que
Urdangarin
ingresó
en
prisión
en
2018.
La
infanta
Cristina,
quien
inicialmente
visitaba
a
su
esposo
en
Brieva,
redujo
progresivamente
sus
visitas
hasta
dejarlas
por
completo.
Esto
coincidió
con
rumores
sobre
el
comportamiento
de
Urdangarin
dentro
de
la
cárcel.
Según
el
libro
Urdangarin:
relato
de
un
naufragio,
del
periodista
Nacho
Gay,
el
exduque
no
dejó
de
lado
su
faceta
de
seductor
estando
en
prisión.
El
exbasquetbolista
habría
llegado
a
tener
insinuaciones
con
Esther,
la
subdirectora
de
la
cárcel.
Los
privilegios
de
Urdangarin
en
la
cárcel
A
diferencia
de
otros
internos,
Urdangarin
cumplió
condena
en
un
módulo
exclusivo,
con
comodidades
dignas
de
un
hotel:
televisión,
baño
privado,
cama
King
size,
acceso
a
gimnasio,
piscina
y
celular.
Estas
condiciones
de
reclusión,
inusuales
para
la
mayoría
de
los
presos,
alimentaron
las
críticas
sobre
el
trato
preferencial
que
recibió
por
su
vínculo
con
la
Casa
Real.
Mientras
él
parecía
disfrutar
de
ciertos
lujos,
las
dinámicas
familiares
se
deterioraban.
La
relación
con
la
infanta
Cristina
se
debilitó
aún
más
con
la
aparición
de
Ainhoa
Armentia,
quien
eventualmente
se
convirtió
en
su
pareja
oficial
tras
el
divorcio
en
enero
de
2024.
Desde
la
separación,
Iñaki
Urdangarin
está
intentando
una
vida
más
estable
con
Armentia.
Actualmente
viven
juntos
en
Ciudad
Jardín,
una
exclusiva
urbanización
de
Vitoria,
donde
han
comenzado
a
construir
una
rutina
como
pareja.
Meses
atrás,
el
exjugador
sorprendió
al
viajar
con
la
abogada
para
visitar
a
cada
uno
de
sus
hijos
en
los
lugares
donde
residen
para
hacer
la
presentación
oficial,
que
estuvo
cargada
de
tensiones.
VO





























