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ENTRETENIMIENTO

Autorizo a KUARZO ARGENTINA S.A. y/o NET TV S.A., en adelante “LAS PRODUCTORAS” y sus respectivas casas matrices, afiliadas, subsidiarias, concesionarias, sucesores y asignatarias a hacer uso de mi presencia para cualquier Programa televisivo (el “Programa”) y en conexión con Kuarzo Argentina S.A. y/o NET TV S.A. u otros. ACEPTO EXPRESAMENTE QUE: 1. Autorizo expresa, irrevocable e incondicionalmente a la transmisión, retransmisión, reproducción o publicación de los Materiales en todos y cualquier medio de comunicación incluyendo, sin limitación alguna. 2. Se realicen grabaciones y se tomen fotografías de mi persona, graben mi voz, conversaciones, dichos, hechos y sonidos, durante y en conexión con mi participación en el Programa (en adelante, los “Materiales”), sin que deban pagarme compensación alguna. Autorizo a LAS PRODUCTORAS y/o al Canal a exhibir, reproducir o publicar en cualquier forma tales fotografías, filmaciones y/o grabaciones en cualquier y todos los medios de comunicación, inclusive en las promociones del Programa y presto conformidad para que se publique mi nombre. A tal efecto, otorgo mi consentimiento expreso para ser filmado, grabado y/o fotografiado y para que las filmaciones, grabaciones e imágenes resultantes sean exhibidas, reproducidas o publicadas por LAS PRODUCTORAS y/o el Canal. 3. Acepto que LAS PRODUCTORAS y/o el Canal serán los dueños exclusivos de los resultados y ganancias de los Materiales con el derecho al registro de propiedad intelectual, al uso y otorgamiento de permisos para que otros lo usen, en cualquier forma y mediante cualquier medio. En consecuencia, autorizo expresa, irrevocable e incondicionalmente a la transmisión, retransmisión, reproducción o publicación de los Materiales en todos y cualquier medio de comunicación incluyendo, sin limitación alguna, los servicios de televisión por aire, antena, cable o satélite, radio, medios gráficos, cine, Internet (incluyendo, sin limitación, “streaming”, descargas (“downloads”), “webcasting”, y video “on demand”) y servicios móviles y/o inalámbricos (incluyendo, sin limitación, “streaming”, descargas (“downloads”), “podcasting” y “wireless media”), en su totalidad o en una porción, con cualquier finalidad, sin límite de tiempo y no encontrándose dicha autorización limitada a la República Argentina y sin estar obligada LAS PRODUCTORAS y/o el Canal a realizar ningún tipo de pago adicional. ME COMPROMETO EXPRESAMENTE A: Guardar estricta confidencialidad acerca de toda la información que Uds. pongan en mi conocimiento que tenga algún tipo de relación con el Programa. No compartiré dicha información con terceras personas. Me obligo a realizar todos los actos razonablemente necesarios y adoptar todas las medidas conducentes para asegurar que la información recibida no sea utilizada por terceros, revelada o divulgada, total o parcialmente. No utilizaré la información para otro propósito que el de participar en el Programa. Acepto y comprendo que el incumplimiento por mi parte de lo anteriormente descripto traerá aparejadas consecuencias sumamente graves para Uds. y que, por lo tanto, deberé indemnizarlos por los daños y perjuicios que tal violación les ocasione. Por la presente renuncio a mi derecho de inspección o aprobación de mi presentación o los usos de que tal presentación se haga. Asimismo, acuerdo no presentar ningún reclamo de ninguna naturaleza en absoluto contra nadie en relación con el ejercicio del permiso otorgado por la presente.
El príncipe William, heredero al trono del Reino Unido, estaría considerando seriamente iniciar acciones legales contra el semanario francés Paris Match tras la publicación de imágenes no autorizadas que lo muestran junto a su esposa, Kate Middleton, y sus tres hijos durante su reciente escapada a la estación de esquí de Courchevel, en los Alpes franceses. Las fotos, que muestran a la familia real británica esquiando, almorzando y compartiendo momentos en la nieve como cualquier otra familia, encendieron las alarmas en el Palacio de Kensington. Aunque a simple vista podrían parecer imágenes inocentes, el contexto es particularmente sensible: Kate se encuentra en plena recuperación de su tratamiento contra el cáncer, una situación que llevó a los príncipes de Gales a tomar distancia de los medios para proteger la salud física y emocional de su familia. Según informó The Telegraph, el príncipe William considera que la publicación constituye una grave invasión a la privacidad y estaría evaluando una nueva batalla judicial contra la prensa. La decisión aún no fue confirmada oficialmente por la Casa Real, pero fuentes cercanas aseguran que el equipo legal del príncipe ya está analizando la posibilidad de demandar al medio por violación al artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, que protege el derecho a la vida privada y familiar. Una historia que se repite: William y el mal recuerdo de 2012 Esta no sería la primera vez que William enfrenta a los medios en los tribunales. En 2012, la revista Closer publicó imágenes de Kate tomando sol en topless durante unas vacaciones privadas en la región francesa de Luberon. Aquel episodio causó revuelo internacional y terminó con una condena para la publicación, además de una significativa indemnización para los entonces duques de Cambridge. Ahora, trece años después, el heredero al trono parece dispuesto a repetir la estrategia. La diferencia, sin embargo, es que esta vez no se trata solo de la privacidad de su esposa, sino de la exposición de toda su familia, incluyendo a sus tres hijos menores de edad, en un momento particularmente delicado. Desde su juventud, el príncipe William mantuvo una postura tajante frente al acoso mediático. Su madre, la recordada princesa Diana, sufrió en carne propia los excesos de la prensa, y todo indica que su hijo mayor no está dispuesto a permitir que la historia se repita con su propia familia. A esto se suma el paralelismo con su hermano, el príncipe Harry, quien recientemente ganó un juicio contra The Sun por prácticas ilegales de recopilación de datos. VO
En medio de una Semana Santa marcada por la distancia entre la familia real y las tradiciones religiosas españolas, las tensiones entre la Iglesia y la Casa Real están en su pico más alto. Esta vez, el foco está puesto en la princesa Leonor y la infanta Sofía, quienes, a pesar de sus roles en la línea sucesoria, parecen cada vez más alejadas de las prácticas católicas que históricamente acompañaron a la monarquía. La nueva polémica, que involucra a las hijas de los reyes Felipe VI y Letizia Ortiz, se dio cuando algunos sectores eclesiásticos se quejaron por escasa participación de la familia real en los actos religiosos de estas Pascuas. Mientras en años anteriores los reyes habían sido vistos en procesiones o celebraciones públicas, en esta oportunidad cada integrante tomó su propio rumbo. Letizia fue vista el viernes en León, Felipe VI mantuvo una recepción en Zarzuela el lunes, y Leonor continúa su formación militar a bordo del buque escuela Juan Sebastián Elcano, sin posibilidad de asistir a ningún acto. Desde sectores de la Iglesia no ocultan su descontento. Consideran que la actitud de la Casa Real no es simplemente una cuestión de agenda, sino una decisión política y cultural. En especial, apuntan contra la reina Letizia, a quien acusan de haber “desarticulado” los vínculos tradicionales entre la monarquía y la fe católica. Letizia, quien nunca ocultó su condición de agnóstica, habría transmitido esa misma postura a sus hijas, quienes, según fuentes cercanas, tampoco comulgan con la religión ni participan de prácticas religiosas. Esta situación inquieta a los sectores más conservadores del clero, que ven en Leonor y Sofía una generación real sin vínculo con la fe, algo inédito en la historia reciente de la corona española. Si bien la separación Iglesia-Estado está consagrada en la Constitución, la presencia de la religión en los actos oficiales siempre fue un pilar simbólico del rol unificador de la monarquía. Hoy, con el paso de una generación a otra, esa tradición parece estar en peligro de extinción. El pedido de la Iglesia a la reina Sofía por la princesa Leonor y la infanta Sofía En ese contexto, la figura de la reina emérita Sofía se vuelve central. A sus 86 años, sigue siendo la representante más visible de la Casa Real en actividades religiosas. Esta Semana Santa, participó del tradicional concierto de Pascua en Palma de Mallorca y fue vista en procesiones en Sevilla, manteniendo viva la relación con la Iglesia. Según trascendió, algunos sectores eclesiásticos habrían pedido su intervención para "reencauzar" a las nuevas generaciones reales hacia los valores católicos. Por ahora, la Casa Real no ha hecho declaraciones al respecto, pero la tensión está instalada. Mientras la reina Sofía continúa representando a una monarquía tradicional y piadosa, sus nietas podrían inaugurar una etapa completamente laica en la historia de la corona. VO
Mucho antes de ser reina consorte de España y convertirse en una de las figuras más influyentes de la realeza europea, Letizia Ortiz fue simplemente la nieta de dos personas que marcaron su vida con amor, trabajo y determinación. La historia que se oculta detrás de su linaje paterno está teñida de logros admirables y profundas tragedias que siempre causan intriga en la opinión pública. Lejos de los protocolos reales y las cámaras que siguen cada uno de sus pasos, Letizia proviene de una familia asturiana común, aunque nada ordinaria. Su abuela paterna, María del Carmen Álvarez del Valle, más conocida como Menchu, fue una de las voces más respetadas del periodismo radial en Asturias. Nacida en 1928 en Santander, Menchu se instaló en Oviedo siendo apenas una adolescente. Allí conoció a su gran amor, José Luis Ortiz Velasco, un representante de la firma italiana Olivetti. Se casaron en 1949 y juntos construyeron una familia que, con los años, tendría un destino inesperadamente vinculado a la corona. La familia de Letizia Ortiz Letizia creció en contacto con ese universo del periodismo y la ética profesional. No es casual que antes de ingresar al mundo de la realeza, ella misma se desempeñara como periodista y conductora de informativos en televisión. El amor por la comunicación no solo lo aprendió de su abuela Menchu, sino que también lo vivió desde pequeña en los pasillos de las emisoras que frecuentaba de la mano de su familia. Pero no todo fue éxito y vocación en la historia de los Ortiz Álvarez. También hubo capítulos de dolor que marcaron a Letizia para siempre. Su madrina de bautismo y tía, Cristina Ortiz, falleció en 2001 como consecuencia de un cáncer. La pérdida fue un golpe emocional profundo para toda la familia, especialmente para Menchu y José Luis, quienes la acompañaron en su proceso final con admirable fortaleza. La tragedia se duplicó apenas unos años después. A José Luis, el abuelo de Letizia, le diagnosticaron también cáncer. Su lucha fue larga y dolorosa, marcada por tratamientos intensivos y la compañía constante de su familia. Letizia, ya convertida en princesa de Asturias, no dudó en viajar a Oviedo en varias ocasiones para estar a su lado. Finalmente, José Luis Ortiz falleció en marzo de 2005, a los 82 años. A pesar de las responsabilidades que implicaba su papel en la familia real, Letizia mantuvo siempre una relación muy cercana con sus abuelos. Su vínculo con Menchu fue especialmente estrecho, incluso en los años en que ya estaba instalada en la Zarzuela. Menchu vivió hasta los 93 años y falleció en julio de 2021, en medio de la crisis sanitaria provocada por el Covid-19. Su entierro fue íntimo y discreto, y llamó la atención que ni Letizia ni el rey Felipe VI asistieran al funeral, lo que generó múltiples especulaciones en la prensa. No obstante, allegados a la familia sostienen que se trató de una decisión vinculada a razones estrictamente privadas y de protocolo.
Autorizo a KUARZO ARGENTINA S.A. y/o NET TV S.A., en adelante “LAS PRODUCTORAS” y sus respectivas casas matrices, afiliadas, subsidiarias, concesionarias, sucesores y asignatarias a hacer uso de mi presencia para cualquier Programa televisivo (el “Programa”) y en conexión con Kuarzo Argentina S.A. y/o NET TV S.A. u otros. ACEPTO EXPRESAMENTE QUE: 1. Autorizo expresa, irrevocable e incondicionalmente a la transmisión, retransmisión, reproducción o publicación de los Materiales en todos y cualquier medio de comunicación incluyendo, sin limitación alguna. 2. Se realicen grabaciones y se tomen fotografías de mi persona, graben mi voz, conversaciones, dichos, hechos y sonidos, durante y en conexión con mi participación en el Programa (en adelante, los “Materiales”), sin que deban pagarme compensación alguna. Autorizo a LAS PRODUCTORAS y/o al Canal a exhibir, reproducir o publicar en cualquier forma tales fotografías, filmaciones y/o grabaciones en cualquier y todos los medios de comunicación, inclusive en las promociones del Programa y presto conformidad para que se publique mi nombre. A tal efecto, otorgo mi consentimiento expreso para ser filmado, grabado y/o fotografiado y para que las filmaciones, grabaciones e imágenes resultantes sean exhibidas, reproducidas o publicadas por LAS PRODUCTORAS y/o el Canal. 3. Acepto que LAS PRODUCTORAS y/o el Canal serán los dueños exclusivos de los resultados y ganancias de los Materiales con el derecho al registro de propiedad intelectual, al uso y otorgamiento de permisos para que otros lo usen, en cualquier forma y mediante cualquier medio. En consecuencia, autorizo expresa, irrevocable e incondicionalmente a la transmisión, retransmisión, reproducción o publicación de los Materiales en todos y cualquier medio de comunicación incluyendo, sin limitación alguna, los servicios de televisión por aire, antena, cable o satélite, radio, medios gráficos, cine, Internet (incluyendo, sin limitación, “streaming”, descargas (“downloads”), “webcasting”, y video “on demand”) y servicios móviles y/o inalámbricos (incluyendo, sin limitación, “streaming”, descargas (“downloads”), “podcasting” y “wireless media”), en su totalidad o en una porción, con cualquier finalidad, sin límite de tiempo y no encontrándose dicha autorización limitada a la República Argentina y sin estar obligada LAS PRODUCTORAS y/o el Canal a realizar ningún tipo de pago adicional. ME COMPROMETO EXPRESAMENTE A: Guardar estricta confidencialidad acerca de toda la información que Uds. pongan en mi conocimiento que tenga algún tipo de relación con el Programa. No compartiré dicha información con terceras personas. Me obligo a realizar todos los actos razonablemente necesarios y adoptar todas las medidas conducentes para asegurar que la información recibida no sea utilizada por terceros, revelada o divulgada, total o parcialmente. No utilizaré la información para otro propósito que el de participar en el Programa. Acepto y comprendo que el incumplimiento por mi parte de lo anteriormente descripto traerá aparejadas consecuencias sumamente graves para Uds. y que, por lo tanto, deberé indemnizarlos por los daños y perjuicios que tal violación les ocasione. Por la presente renuncio a mi derecho de inspección o aprobación de mi presentación o los usos de que tal presentación se haga. Asimismo, acuerdo no presentar ningún reclamo de ninguna naturaleza en absoluto contra nadie en relación con el ejercicio del permiso otorgado por la presente.
Morena Rial está protagonizando un gran escándalo mientras la justicia continúa investigando los presuntos robos domiciliarios que habría realizado. Ahora, la mediática sorprendió a sus seguidores al compartir dos filosas historias. ¿Qué compartió Morena Rial en sus historias de Instagram? Primero, la hija de Jorge Rial decidió usar su cuenta oficial de Instagram para compartir un fuerte mensaje sobre un fondo negro: “Te vas a arrepentir de todo, esperá sentad…”, además agregó emojis de besos y una carita riéndose. La primera historia que compartió Morena Rial. Después, Morena Rial compartió videos de cómo salió a bailar junto a sus amigas tras su ruptura con Eric. Por último, la joven subió una foto abrazando a su hijo Amadeo, fruto de su relación con Matías Olga, y escribió debajo de la misma: “Sigan hablando”. La foto de Morena Rial junto a Amadeo. ¿Qué confesó Morena Rial sobre distintas celebridades? Recordemos que la joven mediática decidió recientemente comenzar a compartir distintos chismes desde sus cuentas oficiales y uno tuvo que ver con L-Gante, a quien señaló por una supuesta infidelidad a Wanda Nara con una ex Patito Feo. Pero eso no fue todo, ya que Morena Rial también compartió en sus redes sociales que Yanina Latorre habría engañado a su esposo al ir a comprar en un reconocido supermercado.
En un mundo saturado de series que intentan decir demasiado sin decir nada, “The White Lotus” apareció como una anomalía. Una miniserie de HBO filmada en plena pandemia, en un resort de lujo en Hawái, con apenas seis episodios y un presupuesto contenido, casi minimalista. Nadie esperaba mucho, ni siquiera sus propios protagonistas, algunos de los cuales confesaron haber aceptado los papeles simplemente “porque tenían tiempo libre durante el confinamiento”.Sin embargo, lo que nació como una sátira sobre el turismo de privilegio terminó escalando posiciones en la conversación pública como una bola de nieve. Críticos, influencers, académicos y usuarios anónimos de TikTok comenzaron a diseccionar cada plano y cada diálogo de Jennifer Coolidge, convertida hoy en una especie de gurú generacional sin proponérselo.Estrenada en julio de 2021, la serie creada por Mike White (actor de “School of Rock” y ex participante de “Survivor”), tenía una premisa tan sencilla como incómoda: familias, parejas e individuos de clase alta que llegan a un resort de lujo para desconectar de un mundo que se encapricha en no dejarlos en paz. Racismo estructural, microviolencias, hipocresía progresista, narcisismo millennial y neurosis de clase alta, todo tamizado con una banda sonora que mezcla cantos tribales con tensión hitchcockiana. Éxito repentino. La primera temporada cosechó una audiencia inesperada para un producto tan ácido. Según datos de HBO, el final de temporada fue visto por más de 10 millones de espectadores en su primer mes, entre transmisiones en vivo y streamings, multiplicando por cinco la audiencia del episodio uno. La segunda temporada, ambientada en Sicilia, fue aún más explosiva: 15 millones de visualizaciones globales y una lluvia de comentarios en redes que hicieron de cada domingo un evento mundial.Por su parte, Instagram se llenó de memes de todos sus protagonistas. Los de Tanya (Jennifer Coolidge) disparando desde un yate en movimiento como si fuera Lara Croft bajo efectos tranquilizantes picaron en punta. Twitter (hoy X) también explotó con teorías conspirativas sobre “quién iba a morir esta vez” y en TikTok los videos de usuarios imitando los gestos de otra de su protagonista, Aubrey Plaza, se volvieron virales. En un mundo donde las series duran lo que un algoritmo dicta, “The White Lotus” logró el milagro de mantener la atención sostenida semana tras semana. Claves. El suceso de la serie se debe en gran parte al aura de Jennifer Coolidge, cuya interpretación de Tanya McQuoid le valió un Emmy, un Globo de Oro y una especie de consagración emocional por parte de una generación que la adoptó como ícono pop. Cuando subió al escenario a recibir su premio, no solo confirmó que el personaje era un reflejo amplificado de sí misma, sino que convirtió su discurso en una pieza viral que circuló incluso entre quienes jamás vieron la serie. En total, la serie ha ganado 10 premios Emmy, incluyendo Mejor Miniserie y Mejor Guión, además de dos Globos de Oro y una decena de nominaciones a los SAG Awards, los Premios del Sindicato de Actores de Estados Unidos. Pero más allá de los galardones, su impacto real está en cómo logró reconfigurar el formato de serie-evento sin necesidad de cliffhangers desesperados, sino con un humor negro genuino, que gusta y repele a la vez. Desubicación real. Como todo fenómeno cultural que se precie de tal, la serie fue blanco de parodias y reinterpretaciones más o menos fallidas. Pero ninguna tan despiadada como la que le dedicó el programa norteamericano “Saturday Night Live”, con un sketch que se volvió viral al instante. En él, la comediante Chloe Fineman ofreció una imitación de Tanya que lograba el milagro de ser ridícula y conmovedora al mismo tiempo, con sus frases entrecortadas, su andar errático y esa voz de mujer eternamente perdida. El sketch no escatimó en referencias: la música de la intro, las caminatas por pasillos blancos, los discursos existencialistas sin destinatario y la presencia de Bowen Yang como un nuevo “conserje manipulador” que guiaba a los huéspedes a su propio colapso emocional.El sketch superó los 4 millones de visualizaciones en una semana y fue compartido por actores del elenco real, que no solo se rieron del chiste, sino que lo asumieron como una especie de certificado de culto pop. Pero no todas las reacciones fueron positivas ni igual de entusiastas. Esta semana, en otra parodia llamada "The White Potus", la actriz británica Aimee Lou Wood expresó su incomodidad luego de ser ridiculizada por la humorista Sarah Sherman de manera cruel e innecesaria. Los cibernautas también lo señalaron como hiriente y fuera de tono. Así, el programa demostró que su sátira no siempre logra el delicado equilibrio entre humor y homenaje.Con la tercera temporada ya estrenada, esta vez ambientada en Tailandia, entre templos budistas y turistas occidentales buscando redención en retiros espirituales de 5 mil dólares la noche, la serie consolidó su lugar entre las preferencias del público. Desde su estreno el 16 de febrero de este año, cada capítulo fue acompañado en simultáneo por millones de mensajes en redes sociales como Instagram, X y TikTok.En una época en que las series nacen para ser olvidadas en dos semanas, “The White Lotus” logró lo contrario: crecer, incomodar, hacer reír con culpa, y quedar flotando en la memoria cultural colectiva como un perfume caro y ligeramente venenoso. No es solo una serie. Es un espejo. Uno caro, decorado con bambú y con vista al mar, pero espejo al fin. Galería de imágenes En esta Nota
Comencemos con una pregunta simple: ¿para qué sirven los premios? El pasado domingo en Madrid, durante la entrega de los Platino –la doceava edición de este galardón que busca unir y celebrar a la industria de América Latina, Portugal y España–, la respuesta fue clara, urgente, elegante y poderosa: para, precisamente, dar un sentido de industria. Detrás y delante de la alfombra roja, con nombres como la celebrada Eva Longoria, Natalia Oreiro, Griselda Siciliani, Lux Pascal, Karla Sofía Gascón y así la lista, la sensación era una sola: el profesionalismo de los premios creados por Egeda, que cuentan con una apuesta fundamental de Madrid (su alcaldía y varias agencias vinculadas a la promoción cultural e industrial) y de México (recordemos que, en su joven vida, los premios cruzan el charco una vez por año), es el perfecto marco de contención para una idea. Sí, hay protocolos, pero también una política cultural que puede andar sobre alfombras rojas, y que la hace diferente de otros premios: se busca una unión, se busca crear una familia de producciones diversas como El jockey, la gran nominada argentina, o la serie Cien años de soledad (una de las grandes ganadoras de la noche), un universo donde entra Reas, de Lola Arias –una propuesta radicalmente distinta a la hora del documental– o Aún estoy aquí, la brasileña ganadora del Oscar que se alzó con el premio a Mejor Ficción Iberoamericana (con la ausencia de su director y de su actriz). En esa variedad, lo que hacen los Platino –y lo que hicieron el pasado domingo, con aciertos, tropiezos y lo que gusten ver– es generar un espíritu comunal, algo que potencian desde sus otras actividades: nadie piensa el cine de nuestra región como los Platino. Entonces, en esa aventura se entiende que no hay solo un gesto. Vuelvo: hay un intento de algo que ni los diferentes institutos de cine han logrado; una épica inversión que entiende al cine como industria, como espacio comunal, como mercado que debemos cuidar puertas adentro, desafiando sistemas de distribución, modelos de exhibición y formas de comunicar. Desde el más obvio de los lujos –un premio con alfombra roja, celebridades y actividad incluso de beneficencia alrededor de esos días–, la misión es más urgente que un lujo. En este caso, el lujo no es vulgaridad: es una declaración de principios con una misión necesaria, fundamental, en tiempos de institutos de cine congelados, audiencias en baja: conocer otros nombres, celebrarlos. Seguro, que una celebridad española o mexicana no logre aunar a diferentes públicos en Brasil, Chile o Argentina –por ejemplo, la mexicana Aislín Derbez y el español Asier Etxeandía conducían la ceremonia– no es un error. Son pasos, pequeños, gigantes, de inversiones considerables para lograr un mercado común, algo cuyo primer paso de siete leguas son los Platino. No hay que confundir profesionalismo con pomposidad: si bien toda la etiqueta del premio se vivió y se vio en pantalla, a diferencia de otros premios, aquí los cruces son propiciados (entrevistas con directores, productores, guionistas, films no estrenados en nuestro territorio y más). Volvemos: los Platino son tremendamente importantes, y mucho de ello no se ve en la ceremonia. Por eso, seguro: larga vida a los Platino. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. La fiesta. Los Platino tienen 12 años de historia. Han celebrado con Platinos a Ricardo Darín, a Javier Bardem, a Carmen Maura y a otros nombres. Hoy son uno de los pocos lugares donde hay una memoria colectiva de las películas y series que se estrenaron en los últimos años. ¿Un Platino local ayudaría? ¿Festivales de Cine y Series Platino que lleven a pantalla lo que después va a la alfombra? También. Pero pedir es fácil. Por ejemplo, ver la emoción genuina de Eva Longoria, la gran celebrada de la ceremonia, sea en una conferencia de prensa o en la misma gala (con su amiga Sofía Vergara presentando el premio), es algo diferente: Hollywood posee cientos de discursos, pero pocas acciones, muy pocas. Longoria, productora, directora, hito de la TV cuando la TV no generaba hitos al ritmo de hoy, decía y repitió en la ceremonia: “Para mí es un gran orgullo, como nacida en Texas, que se reconozca mi trabajo”. Sumaba algo emocionante: “Cuando empecé, era muy latina para roles americanos, y no hablaba español de una forma que me pudieran llamar para roles solo en español”. Poco importaba su spanglish; sí importaba su esfuerzo por hablar español, su emoción: eso solo puede suceder en un lugar donde la identidad latina, hispanohablante, tenga un peso. Los Platino, en sus categorías, buscan eso. Pasan por allí Ana María Orozco, famosa por Betty la fea, y celebra su obra de teatro en Argentina; pasa Mariela Garriga, hoy parte de Misión: Imposible, y canta canciones de Cris Morena; pasa Úrsula Corberó y confiesa que quiere seguir trabajando con Luis Ortega; pasa Natalia Oreiro y cuenta cómo veía comedia clásica en una tele verde y gris. Seguro, son momentos de color, pero son nuestros momentos de color: fuera de la urgencia de TikTok, la TV, el chiste rápido y viral (fundamentales, seguro), se respira en los Platino una identidad.En un Partido de las Estrellas –evento donde celebridades como Karla Sofía Gascón juegan contra Juampi Sorín– hay un idioma común. Seguro, hay frivolidad, pero incluso Karla puede ese día responder las insoportables preguntas sobre Hollywood y, en la alfombra roja, confesar que lloraba cada vez que avanzaba en su lectura de Las malas. Era un ser humano, no alguien que tenía que ser noticia. Los Platino también cuidan a su industria, en todos los sentidos. Otra vez, es difícil lograr que el público argentino se fascine con nombres que, aunque gigantes –como los Derbez–, pierden peso a la hora del rebote. Es un balance complejo, que puede ser definido, por ejemplo, en sus actos musicales: Prince Royce y Pablo Alborán tocaron en vivo, y la ausente fue María Becerra, por razones de público conocimiento. Los Platino merecen respeto, ideas, cariño, lograr que nuestra calidez –diferente en el escenario a la americana– juegue más. No es una crítica: los Platino pelean solos una batalla que parece fácil y es colosal. LA EMOCIÓN ARGENTINA. Adriana Barraza, leyenda de la actuación y adoradora de los relatos argentinos y latinos, busca a un periodista argentino. Lo abraza. Y habla libremente. Habla de Pompeyo Audivert, de cuántas veces vio Habitación Macbeth, habla de Daniel Fanego y de que hablará sobre el fallecido enorme actor argentino. Esos instantes, de alfombra roja, son pequeñas perlas de esa identidad que los Platino generan. Seguro, hay miradas para cuidar qué preguntas se hacen –lógico–, pero hay improvisación, hay libertad, hay ganas de hablar de admiraciones, de pasados comunes. No se siente la tensión de una alfombra roja de Hollywood o de una industria gigante. Sí el profesionalismo.Por eso, la ausencia de figuras ganadoras habla más de una mala lectura de los premios y su importancia que en contra de los mismos (claro, hay problemas personales, pero fue considerable la ausencia de Walter Salles, director de Aún estoy aquí: se sabe que la carrera al Oscar es agotadora, pero los Platino merecen todo lo que buscan generar). Nuestro pequeño, enorme momento fue la victoria, precisamente, de Daniel Fanego por El jockey, que recibió Manu Fanego, su hijo, haciendo una feliz broma pero recordando después que su padre hubiera aprovechado para decir “varias verdades incómodas”. Los argentinos, todos, hablaron preocupados por nuestro cine. Por suerte, rincones como los Platino cuidan a todos los cines de la forma que pueden. Por eso, larga vida a los Platino es gritar larga vida a finalmente crear una unidad en un medio siempre a forma del fenómeno y del knockout.
Se sabe que el cine lleva mucho tiempo, pero en el caso de la película Mensaje en una botella la preparación previa que decidió tener su director y guionista, Gabriel Nesci, asombra. Dice: “Estudié durante dos años en una escuela (CAVE/Colegio Argentino de Vinos y Espirituosas), para investigar a la hora de escribir el guión de esta película. Me pareció que era la forma más auténtica de hablar del tema”. Luego de las películas Días de vinilo y Casi leyendas, Nesci hoy descubre el proceso creativo de ésta su tercera ficción: “Empecé a escribir en el 2009, año en el cual empecé a estudiar. La primera versión de guiones es del 2015 e inicié el camino de la producción en el 2018. Después la pandemia puso todo un poco en stand by. Pero hace quince años que el proyecto está dando vueltas por mi cabeza”. Se la puede en las pantallas grandes con un elenco que encabezan Luisana Lopilato, Benjamín Vicuña, Benjamín Amadeo acompañados por Luciano Cáceres, Rafael Spregelburd, Marina Bellati, Valeria Lois, Belén Chavanne, más las participaciones especiales de Luis Machín, Eduardo Blanco, Gabriel Corrado e Inés Estévez. —¿Te inspiraste en la película norteamericana de 1999…? Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. NESCI: No, ese film titulado Message in a Bottle, protagonizado por Kevin Costner, fue traducido aquí como Mensaje de amor. Nuestra película se llama Mensaje en una botella básicamente porque tiene muchísima alusión al mundo del vino, pero también al de la música. El personaje que interpreta Eduardo Blanco, que es el padre de Denise (Luisana Lopilato) es un melómano absoluto. Quería que eso estuviera representado en el título y por eso la canción de The Police, que también está en la película en su versión original. La protagonista usa las botellas para enviarse a sí misma mensajes al pasado, pero también habla del mundo del rock. Ponerle un nombre a una película es algo que es muy difícil. A mí me cuesta mucho, pero en este caso sentí que sintetizaba todo. —El personaje del padre (Eduardo Blanco) es un melómano: ¿es tu álter ego? N: Podría serlo. Estoy convencido de que cuando uno escribe sobre algo que le apasiona es donde salen un poco las obras más genuinas. A mí me apasiona el mundo de la música y particularmente la melomanía, la colección de la música en su formato físico, desde discos de vinilo hasta CD. Me gustó la idea de que un padre intente de algún modo trascender más allá de sus días en este mundo regalándole a su hija aquello que lo hizo feliz y en este caso es la música. —¿Por qué filmar en Mendoza? N: Me pareció que el personaje de Denise (Lopilato) tenía que provenir de Mendoza, porque es la capital del vino. Amo a esa provincia y la conozco mucho. Tienen un programa de incentivo para la producción audiovisual del que fuimos parte. Sé que se va a enojar la gente de San Juan y los salteños, quienes también tienen vinos tremendos. —¿Cómo ven al cine argentino? N: Se ve un poco con preocupación. La sensación es que desde ciertas políticas que vienen de algunas áreas del gobierno se lo menosprecia. Cuando el cine argentino que nos identifica es nuestro espejo y nos lleva como país a lugares increíbles del mundo. Llegamos a los festivales, obtuvimos el Oscar y es una fuente de trabajo para muchísimas personas. Además es una tremenda expresión cultural que es apreciada por muchísimos países y que justo en el nuestro se menosprecie es duro. De todos modos me parece que es el momento de hacerlo con más fuerza, resistir y seguir contando historias con los recursos que tengamos, cuando es posible hacerlo a lo grande, como en este caso, genial, pero cuando solamente sea con un celular hay que hacerlo también. VICUÑA: Sabemos del potencial que tiene el cine argentino y también las dificultades que hoy está atravesando la industria, pero no queda más que por un lado resistir, ser crítico, pero también optimista, porque hay un desafío. Con esta película deseamos poder convocar nuevamente a la familia argentina para que vaya a las salas. La gente necesita ver cine para conversar, debatir y enriquecerse. —¿Qué los llevó a aceptar hacer la película? LOPILATO: Nunca había hecho una película con viajes en el tiempo, de ciencia ficción. Me parecía interesante como actriz poder contar diferentes etapas de un mismo personaje. Son como quince o doce años que se cuentan en la vida de Denise. Ella descubre un método para mandarse mensajes al pasado y cambiar algunas cosas para que su presente sea diferente. En estos cambios al pasado se encuentra con muchas relaciones que tuvo, las quiere cambiar para no volver a repetir el mismo error. Para mí una de las relaciones más lindas que ella tiene es con su padre, que lo interpreta Eduardo Blanco. Cuando termina la película te deja un lindo mensaje. ¿A quién no le gustaría cambiar algo de su pasado? V: Un guión espectacular que no solo entretiene, sino que interpela a esa fantasía que tenemos todos de viajar en el tiempo. Luego trabajar con Gabriel (Nesci) que es un supe director. También un elenco muy interesante. Me divierte, me genera un vértigo y un desafío poder convocar nuevamente y reconstruir el hábito de que la gente vaya a las salas de cine y disfruten de las buenas ficciones argentina AMADEO: Me entusiasmó mucho la convicción del director Gabriel Nesci con la que me fue revelando esta historia, que a priori suena como un enorme desafío. Disfruté de su descripción de la película y como él la iba a filmar. No hay nada mejor que un director que filma sus guiones, porque te da la tranquilidad de que sabe muy bien lo que está haciendo. Me gustó el desafío de hacer un personaje que se mantiene en todo el recorrido de la película, tuve que mantener una misma conducta y en un mismo lugar. —Sorprende verte sin tu cabellera rubia: ¿Hubo más cambios? L: Fue una decisión del director y me pareció bien. Al ser una película con viajes en el tiempo era imposible no usar pelucas. Tuve que estudiar como si fuese una sommelier, desde cómo se abre la botella, cómo se agarra hasta cómo se sirve. Aprendí mucho. Viajé a Mendoza con toda la familia, somos muy pegados. Y viajo con una maestra para que mis hijos no pierdan los estudios. Ahora empiezo a filmar La pistolera (la leyenda de Pepita), de Lucía Puenzo. —¿Cuál es la relación que tienen con el vino? N: El universo del vino me encanta. Quería que la película funcionara en muchos sentidos y que estuviera apta para que la vea un sommelier o un enólogo y que la información que se transmitiera sobre el mundo del vino fuera real y fidedigna. Quise hablar de vinos con conocimiento, porque todos los personajes citan cepas reales. No hay ningún dato que no sea preciso, exacto. Me pareció importante que hubiera una película argentina que realmente aborde el tema del vino, más allá de que es una comedia y que hay una historia. Quería que haga honor a la bebida nacional, que es el vino. V: Imagínate, soy chileno. (Risas) Me encanta y me parece que el vino es la sangre de esta película. Es por donde circula la fantasía, los recuerdos y los olores. En mi caso también me hace acordar a mis paisajes, a mi viejo, porque me funciona como un vehículo a momentos de mi vida. A: Disfruto de ese universo maravilloso, infinito y muy profundo. Es como un orgullo también, sobre todo con ciertas cepas. El vino nos representa y también hace que sea una película bien argentina, lo que me gusta mucho.
Me gustaría contar cómo nace esta trilogía que hoy se cierra con Devorando el vacío. Allá por 2016, la Compañía Demasiado Gorda inauguraba la escena con su primer obra Carne picada. Honestamente en esa instancia, como directora no tenía en mente nada en relación a darle continuidad a ese primer trabajo. Allí deposité todo lo que vivía y sentía mi imaginario. Con la premisa de transformar lo horroroso en belleza y utilidad, en esta obra irrumpen por primera vez los personajes de El Oso y la mujer que se desespera por comer frutillas sin poder lograrlo. Pasaron varios años en donde se sucedieron otras creaciones escénicas, hasta que llegó El filo de las cosas. La segunda obra de la trilogía, donde cuento la historia de esta mujer-oso. Totalmente autobiográfico, el unipersonal evoca diferentes momentos desde el nacimiento, hasta la madurez de ese personaje (que soy yo, ja). Una obra exacerbada de emotividad. Devorando el vacío, la última creación de la compañía es una obra mucho más cruda. La trilogía se cierra con la puesta en escena de la relación entre la enfermedad y la mujer oso. De cómo la patología (TCA) domina y de cómo de alguna manera es dominada; de cómo las diferentes entidades que conviven y conforman a la mujer oso, finalmente llegan a un acuerdo, dado que van a convivir por siempre. De cómo esta mujer oso logra ser la protagonista de su vida. Creo que Devorando el vacío es lo que faltaba contar de la historia. La palabra “gorda” siempre tuvo un peso importantísimo durante toda mi vida, jamás dejó de ser un detonante de millones de cosas que jamás hubiera elegido para mí. Cuando pensé en el nombre de la compañía quise ser irónica conmigo misma, transgredir mis propias creencias, jugar a olvidar lo que para mí siempre fue la palabra gorda. Así nace Demasiado Gorda, aludiendo a algo demasiado grande, demasiado bueno, gorda de creatividad, enorme de contenido y desbordado en escena. Prácticamente todas las obras que yo cree tienen alguna referencia que conecta con algo de mi historia. Quizá la imagen de un recuerdo detona el inicio de un proceso de creación. Con los años el lenguaje particular que fuimos construyendo se afianzó. Y si bien los que integramos la compañía somos acróbatas y bailarines, en lo personal, las artes visuales y la escenografía siempre fueron un soporte fundamental. El collage, lo exacerbado, la saturación son conceptos que me vienen a la mente cuando pienso en nuestra estética. Y los elementos aéreos que utilizamos son en función de lo que queremos contar. No me puedo imaginar un ‘’número acrobático” de manera aislada. Tengo que fundamentar la presencia de cada uno de los objetos para que conformen un todo con un sentido específico. Nos enmarcamos dentro del circo contemporáneo porque somos una combinación de muchas disciplinas: El teatro físico, la danza, la oratoria, el teatro, la música, lo audiovisual, artes visuales varias, todo aparece en cada una de nuestras creaciones. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. Todo lo que llevó a escena en esta trilogía es autobiográfico. Quizá como recurso apeló a la metáfora, a la poesía. Siempre tuve la premisa de poder contar algo en principio trágico y por momentos desagradable, de una manera que, aun teniendo estas características, sea un relato sensible con imágenes repletas de belleza. Conmover a les espectadores es uno de mis mayores intereses a la hora de escribir obras. Creo que aquí no hay ficción. La disociación, estas múltiples personalidades realmente existen. Lo anecdótico realmente ocurrió. Y aseguro que estuve tan gobernada por la enfermedad como también puedo asegurar que hoy la que decide soy yo. Devorando el vacío es un salto de fe, repleto de danza, acrobacia, música, climas e imágenes sensoriales que intervienen y contienen el relato desde el principio al fin. Con Iván Carmona y Paula Palomo en el escenario, Devorando el vacío se presenta los sábados de mayo en la sala La Central (Villa Crespo). *Autora, directora y coprotagonista de Devorando el vacío.

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