INICIO

ULTIMO MOMENTO

REGIONALES

DEPORTES

Joe Cole hizo pública su opinión en el recurrente debate, en la interminable comparación entre Messi y Cristiano Ronaldo. El exjugador inglés dejó clara su postura al respecto decantándose por el argentino con una contundente frase en una entrevista en TNT Sports. "Creo que todo futbolista, independientemente de lo que...
Carlos Henrique Casemiro, centrocampista del Manchester United y capitán de la selección brasileña, aseguró que Neymar "está en el top tres" de su generación y que, "si está bien físicamente, es uno de los mejores del mundo". Para mi generación Neymar está en el top tres: Cristiano, Messi y Neymar. Casemiro No...
Marlon, lateral izquierdo del Gremio, sufrió una grave lesión durante el partido que enfrentó a su equipo con el Vitoria de Guimaraes en la séptima jornada del Campeonato Brasileño. Caíque, el jugador con el que chocó Marlon en el momento de la lesión, se quedó muy afectado al percatarse sobre...

ENTRETENIMIENTO

Rod Stewart en Argentina: los detalles del regreso del artista británico

Andrea Bisso anticipa la vuelta de Rod Stewart al país tras cinco años desde su último recital. También habla sobre la salud de Silvina Luna,...

“El amor no tiene límites: atraviesa la atmósfera”

Más noticias de espectaculos La imagen de Gregory Porter es inconfundible, siempre enfundado en una balaclava y una gorra negras. Pero lo que importa...

Alex García López, el argentino detrás de la gran apuesta de Netflix: ‘Cien años...

Una tarde, Francisco “Paco” Ramos, director de Netflix Latinoamérica le soltó a Alex García López: “¿Te acordás de Cien años de soledad?”. Y este realizador argentino, director de episodios de The Witcher, Cowboy Bepop, Star Wars-The Acolyte, entre varias otros títulos, respondió: “Claro que me acuerdo”. Alex García López (ctro,) en Macondo,ese lugar donde transcurre Cien años de soledad. Lo que no esperaba, es que la pregunta no era inocente, y Ramos lo sorprendió: “Tengo los derechos de Cien años de soledad. ¿La querés hacer?”.Palabras más, palabras menos, ese fue el diálogo que dio origen a una de las producciones audiovisuales latinoamericanas más grandes hasta la fecha, la adaptación de Cien años de soledad, la novela de Gabriel García Márquez que retrata la vida de la familia Buendía, en Macondo. En agosto nos vemos, novela inédita –y póstuma– de Gabriel García Márquez. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. La charla entre Paco Ramos y el director argentino venía hace tiempo. “Él me preguntaba cada tanto si tenía ganas de encarar alguna producción latinoamericana”, recapitula Alex García López, en diálogo con PERFIL. “Y yo le decía que sí, pero que no fuera sobre narcotráfico o dictaduras, que es un tipo de historias que se ve mucho. Pasaron unos años y justo antes de la pandemia apareció esta oportunidad”. —¿Qué sentiste cuando viste que el tema iba en serio?—Al principio fue un shock a todo mi sistema. Un honor acompañado de un incipiente miedo. Pero en la llamada me tiré al vacío, sin pensar en cómo iba a hacer. El actor Claudio Castaño como Aureliano Buendía, el personaje central de Cien años de soledad. Megaproducción. La adaptación de Cien años de soledad requirió una estructura faraónica: una finca de doce mil hectáreas, un equipo de construcción de trescientas personas, otras mil personas en preproducción de arte, y cien en el departamento de vestuario, quinientos en dirección y producción, y también, doscientos macondinos extras. Alex García López da indicaciones al elenco en una escena con muchos extras.  “Eran cuatro Macondo”, describe a PERFIL Alex García López. El primero, más humilde; luego el segundo y el tercero, que corresponden a etapas de desarrollo del territorio; y finalmente el gran Macondo. Yo trabajé en cosas grandes, pero el “Macondo Etapa Cuatro” es lo más grande que experimenté”. La novela de Gabriel “Gabo” García Márquez, publicada por primera vez en la editorial Sudamericana, bajo el mando de Paco Porrúa en 1967, fue uno de los bastiones de la explosión editorial conocida como boom latinoamericano. Cien años... fue un éxito de ventas: vendió más de cincuenta millones de ejemplares y fue traducida a cuarenta idiomas. Además de una obra que cosechó el respeto y la admiración del mundo de las letras, y habilitó que la literatura latinoamericana se difundiera en todo el mundo. Las doce frases peregrinas de Gabriel García Márquez. Miedo superado. “Después de aceptar la propuesta fui a comprar el libro; hace mucho que no lo leía”, explica García López. “Y me pareció una obra tan auténtica, que es tantas cosas a la vez. Logra capturar la historia colombiana, y de América Latina, pero también de la humanidad. Y es bíblica y shakespiriana, y todo con el tamiz del realismo mágico. Bueno… ahí entré en pánico”. El personaje central de Cien años de soledad, Aureliano Buendía, en acción durante el rodaje. —¿Qué te dio miedo?—Lo primero fue la pregunta: ¿Cómo logro adaptar un libro con tan poco diálogo? En ese entonces el equipo era chico: Paco Ramos, José Rivera –el primer escritor–, Eugenia Caballero, encargada del diseño de producción y yo. Y cuando me llegó el guión, no podía abrirlo, no lo quería leer. Porque si no era bueno no sé qué íbamos a hacer. Pero cuando logré leer las primeras páginas me surgió una inspiración y unas ganas incontenibles. Diez curiosidades de Cien años de soledad, la novela que vendió 50 millones de ejemplares. Cien años de soledad es una novela importante por varias razones. Además de exponente del realismo mágico, el tono que encontró su autor es una construcción decantada a lo largo de muchos años. Gabo rumió la historia desde el comienzo de su carrera como escritor, asentando las bases de su inventado Macondo –“más que un lugar, un estado de ánimo”, dijo alguna vez–, en cuentos y novelas breves. En un libro que es también una íntima conversación sobre el proceso creativo con su amigo Plinio Apuleyo Mendoza, titulado El olor de la guayaba, Gabo describe la importancia del tono de su abuela para encontrar el propio: “Narrar las historias más extraordinarias, inverosímiles y conmovedoras con la cara de palo con que las contaba ella”. En esa misma conversación, Gabo confiesa que cuando escribió la primera oración de la novela no tenía mucha idea de qué vendría después. Es decir que, más allá de la intención de contar la historia de una estirpe y de su pueblo, él solamente tenía un tono. Es lícito pensar que, quizá, ni siquiera él sabía exactamente quién era su narrador, develado hacia el final de la novela. Por eso, es importante la decisión que tomó el guionista José Rivera, de comenzar la historia con un narrador contándola. Otra escena del rodaje de Cien años de soledad. “Desde ese entonces cambiamos muchas cosas, pero el prólogo quedó intacto”, cuenta García López. “La maniobra de José (Rivera) fue clave: dejar al narrador, que no es más que un personaje que se pone a leer ese gran libro escrito en sánscrito y que cuenta la historia de su familia. Y ahí me di cuenta de que teníamos oro”. —¿Por qué?—Porque también teníamos la voz de Gabo, su poesía, su prosa, su energía, su humor. Y eso nos dio un hilo conductor y un tono etéreo y divertido, con esa hermosa tonalidad caribeña que nos va guiando. Casi siempre en las películas y series, el narrador conoce el comienzo y el final de la historia que está contando. En este caso, el narrador va descubriendo la historia al mismo tiempo que la audiencia. Laura Mora (ctro.)la realizadora chilena que dirigió tres capítulos de Cien años de soledad. —¿Y eso cómo dialoga con el lenguaje audiovisual?—Bueno, ahí se me ocurrió que cuando escuchamos al narrador, la cámara tiene que ir buscando la historia. Por eso, la cámara sobrevuela la casa de los Buendía. De repente busca a Úrsula Iguarán, pero ella sigue caminando y la perdemos, porque está hablando alguien en otro cuarto. Entonces la cámara, nuestra herramienta visual, busca a esa persona. Así logramos una fluidez y un sentido mágico que para nosotros era muy importante y que nos distancia de las formas más europeas. Factoría Colombia. En la comunicación oficial, Rodrigo García, hijo de Gabo, sostiene que su padre “en vida, decía que, si se pudiera filmar Cien años... en muchas horas, en español y en Colombia, quizás lo consideraría”. “Fue muy bonito encontrarme con un equipo colombiano, concluye García López. “Le pusieron pasión, dedicación, sudor, orgullo nacional y cultural. Y estamos hablando de días de trabajo de 40° C . El equipo lo dio todo durante un año y medio; eso dice mucho de su talento. Y demuestra que Colombia es una cultura especial, rica, que merece ser mostrada y que va más allá del narcotráfico y la violencia.

La gran esperanza

Llega la edición 95 de los premios Oscar, que podrá verse por TNT y HBO Max. Llega la edición en la que Argentina compite...

Mau Montaner sufrió un accidente junto a su esposa en plena ruta

Mau Montaner y su esposa Sara Escobar sufrieron un peligroso accidente del que resultaron ilesos. El hijo de Ricardo Montaner contó cómo fue este...

El éxito de la brutalidad: una cruel restauración

Javier Milei no es el primer ensayo, pero sí el más profundo, cruel y lógico por cierto. No se puede acumular tanta mugre debajo de la alfombra sin que aquélla termine haciendo estragos. En particular, sobre una máscara setentista que declamaba sobre la ampliación de derechos, al tiempo que chapoteaba en el barro del 210% anual de inflación. Vale decir, un síntoma equivalente al de la presión alta que, a la larga, inflige serias heridas al cuerpo humano en todos sus componentes centrales. Carlos Menem, hoy salido del closet luego de más de dos décadas de olvido coronadas por un entierro solitario en 2021, lo intuyó en la ya no maldita década del 90. Hacía falta inyectarle sangre nueva al corroído sistema político hiperinflacionario de los 80 y lo hizo mediante tres personajes que aprobaban con dificultad el test de sangre plebeya, con la única excepción de Ramón “Palito” Ortega, gobernador de Tucumán en 1991 y candidato a vicepresidente de Eduardo Duhalde en 1999. No obstante, quedó claro a la postre que ni una, ni varias golondrinas hicieron verano y que todos, sin excepción, funcionaron bajo la lógica de la política conduce y la sociedad convidada de piedra padece. Vale para Daniel Scioli, para Carlos “Lole” Reutemann y para la última gran esperanza de aire fresco fallida Mauricio Macri. Y, ¿qué decir del intento reciente de un Facundo Manes que, habiendo logrado llegar a Cambridge desde el humilde Salto, se tentó con decodificar la opaca ciénaga del radicalismo? En ese contexto asfixiante propio de un cuento de Kafka, la sociedad aulló de bronca como nunca, abriendo como en la magistral serie alemana Dark un portal a 1989 que es más bien una Caja de Pandora de la que hoy emerge, en primer término, la dulce nostalgia de aquélla escapadita romántica a Río de Janeiro, el viaje a Estados Unidos sin visa, el puerta a puerta y las grandes marcas internacionales poblando la hoy todavía expectante Avenida Alvear. No obstante, todo ello extrañamente combinado con un Carlos Ruckauf canoso, un Roberto Dromi que pasó a mejor vida, una “Su” Giménez conversando con su versión pasada y una Yanina Latorre que hoy no es noticia por sus fotos paradisíacas junto al ex astro futbolístico Diego Latorre, sino por sus fulminantes cruces mediáticos tanto con figuras del espectáculo como de la política que, en el filoso ida y vuelta, hasta la chicanean con los jugosos audios de “Gambeta”, hoy para muchos “Puntita”, que tanto animaron a las tribunas locales.   *Por Daniel Montoya, analista político, autor de “Estados Unidos versus China, Argentina en la nueva guerra fría tecnológica”.         También te puede interesar por Daniel Montoya Galería de imágenes En esta Nota

“Todos vamos a ser discriminados en un momento”

Desde mayo y de miércoles a domingos se podrá ver a Julio Chávez en su nueva caracterización. Será Charlie en La ballena de Samuel D. Hunter junto a Laura Oliva, Carolina Kopelioff, Máximo Meyer y Emilia Mazer, con la dirección de Ricky Pashkus. Estarán en la sala Pablo Picasso de La Plaza. —Tus anteriores estrenos te tuvieron como autor y director junto a Camila Mansilla: ¿por qué el cambio? —No tengo un compromiso establecido. Tengo el gusto, pero también puedo hacer otros materiales, como pasó muchas veces, así hice Red, Yo soy mi propia mujer, Ella en mi cabeza o La gaviota, por nombrar sólo algunos. Nunca establecí la decisión de hacer solo materiales míos. Puedo dirigir o ser dirigido. Me siento comprometido a hacer lo que me gusta. Las circunstancias de la vida son muy fortuitas. Intentás establecer algo y de golpe la vida te trae una situación determinada y hago otra cosa. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. —¿Qué te interesó de “La ballena”? ¿Viste el film de Darren Aronofsky por el que el actor Brendan Fraser ganó el Oscar? —No tuve contacto con la producción cinematográfica. Me pareció apasionante como hecho teatral, por lo que plantea y me gustó mucho como situación mágica del teatro que un intérprete pueda construir en el imaginario esta situación que es la obesidad. Siento que requiere de la voluntad del público de jugar a este fenómeno, con la complicidad de un actor. Es atractiva como experiencia humana lo que atraviesa Charlie en estos últimos días de su vida. Tiene que ver con la intención de reparar un daño no voluntario. La vida está llena de cosas con las que nos dañamos y no voluntariamente aunque están las otras, las voluntarias. Los primeros son producto de la inevitable situación fallida que tenemos los seres humanos, sobre todo cuando tenemos que relacionarnos. —¿Hicieron cambios respecto al texto norteamericano? —Nosotros no tenemos el vínculo con los mormones como lo tienen los norteamericanos. Lo que a mí me parece interesante es que la obra plantea que en la naturaleza humana no hay una institución que la pueda comprender en su totalidad por más positiva que intente ser, la religiosa, la del psicoanálisis, la sexología o la de los nutricionistas. Todas buscan cerrar en un entendimiento la complejidad que tenemos los seres humanos y por eso fracasan. —¿Hay discriminación? —Creo que la llamamos en nuestra contemporaneidad discriminación. Pero si ser discriminado es no poder responder a los pedidos sociales en su totalidad, todos vamos a ser discriminados en un momento, por algo o por alguien. No existe el ser humano que pueda completar el formulario de la totalidad con la diversidad de pedidos que hay. En La ballena se plantea que inclusive la medicina va a tener un límite. Mi protagonista, Charlie dice: “No voy a los hospitales, no me voy a atender.” Él va en contra de una institución que dice que lo más importante es vivir. —Tu protagonista, por su exceso de obesidad, tiene casi inmovilidad escénica: ¿cómo lo resuelven? —Aquí hay una inmovilidad física, pero que está muy equilibrada con una movilidad de vínculos, con lo que está sucediendo, pasando y los otros se mueven. Es una circunstancia muy importante en Charlie esta dificultad de poder transportarse y es muy atractivo para mí indagarla. Porque nosotros nos movemos mucho, pero nuestra personalidad se mueve poco. Estamos tan quietos como Charlie. Uno cree que va para acá y para allá, pero en verdad estamos también encerrados en una circunstancia determinada que nos permite una aparente movilidad. Si fuese así, uno no podría entender la reflexión que puede hacer una persona que está en la cárcel y allí puede llegar a comprender algo de la vida. —Obesidad y homosexualidad son dos temas que se tocan frecuentemente… —No hay ni un solo momento en el que se queje. No estamos frente a un ser humano que está a disgusto con sus circunstancias, tampoco está contento, No es un ser que se auto compadece. Pide perdón, porque él se considera una persona terrible, porque entiende la dificultad que plantea, que le trae problemas a los otros, pero no pide perdón por la circunstancia de su situación mórbida. En todo caso es el perdón que pide cualquier ser humano frente a su límite. Es un ser que está lleno de culpa, de remordimiento, de responsabilidad y de fracaso porque es un ser religioso que en un punto ha fracasado. Es alguien que ha sido seguramente un hombre de fe y hay algo que se la ha quitado. Todos nos hacemos mucho los cancheros creyendo que estamos más allá de los valores y minimizamos lo que es el respeto, el afecto, la fidelidad y hasta la vida y después tenemos que pagar por eso, que hemos creído que estamos por encima de ese valor. —¿Cómo es ser dirigido nuevamente por Pashkus, sinónimo de musicales, quien te dirigió en “Sweeney Todd” en el Maipo (2010)? —Ricky es mi hermano, mi amigo del alma y de toda la vida. Es muy atractivo porque ser amigo no significa coincidir constantemente o tener las mismas metodologías o las mismas formas. En ese sentido, a mí me parece que lo que tiene de hermoso nuestro oficio es que vos tenés tu manera, pero siempre tenés que estar preparado para que un otro cocinero entre en tu cocina y te enseñe otra cosa. Eso hace honor a lo que entendemos que es el oficio, que también es no saber y aprender. No son aquellas cosas que uno resuelve, sino otras donde uno es ignorante, cuando hay que preguntarse y descubrir. Trabajar con Ricky en esta experiencia es sin lugar a dudas poner mi oficio, porque a veces lo desconozco. Con la particularidad de que tenemos observadores que es todo el elenco que de golpe miran un vínculo diferente, pero también forma parte del oficio que ellos van a tener que armar. —¿Qué se siente al actuar con ese enorme traje? —Está hecho como los dioses por gente especializada. Ensayo desde el primer día con él. Es fundamental, casi un protagónico, esta falsa gordura es una circunstancia que hace que yo y mis compañeros nos relacionemos de otra manera. No lo uso en todos los ensayos, porque es complicado estar ahí adentro cinco horas. La credibilidad es muy importante y a los actores nos ayuda mucho el vestuario. El teatro tiene esas cuestiones y códigos que hacen que el otro se ponga algo que ayuda a la imaginación. —En esta temporada se están dando obras de teatro que luego fueron películas como “Druk”, “El jefe del jefe”, ahora “La ballena”. ¿Qué explicación le encontrás? —Me parece que si hay algo que no nos faltan son dramaturgos. Por el contrario, creo que si ves la cantidad de obras con dramaturgia, inclusive de gente joven en el teatro independiente o como quieras llamarlo me parece que hay una mezcolanza interesante. Discutible como toda mezcolanza y está muy bien, porque el teatro es un espacio de discusión. Hoy la pregunta de qué es el teatro es muy variable. Cuando era chico, el teatro era el San Martín, el Cervantes, el Blanca Podestá, el Teatro del Pueblo eran esas instituciones que decían: “Nosotros somos al teatro.” Hoy cualquiera se transforma en su propia institución y dice: “Yo soy el teatro.” Hace un espectáculo, lo muestra en la casa del primo, con veinte asientos y nadie puede decir: “Esto no es teatro.” En todo caso, va a tener que pasar por una discusión. Me parece que es muy atractivo porque eso produce que muchos hechos se vuelvan muy teatrales y personales, que han surgido de la no necesidad de ser legitimado por grandes instituciones y que en algunos casos se transforman en instituciones.

INTERNACIONALES

Se reanudaron en Egipto las negociaciones para un alto el fuego...

Foto: archivo AFP Las negociaciones en Egipto para lograr una tregua entre Israel y Hamas se reanudaron este domingo, mientras en los territorios palestinos...