
Su
nombre
es
sinónimo
de
rock
nacional,
junto
a
Charly
García
crearon
Sui
Generis
y
al
cumplirse
cincuenta
años,
él,
Nito
Mestre
lo
festejará
el
5
de
septiembre
en
el
Teatro
Opera
(Corrientes
860)
con
su
recital
titulado:
Ha
sido:
a
50
años
del
adiós.
Será
su
recuerdo
de
aquella
noche
en
el
Luna
Park.
Imposible
olvidar
los
dúos
que
hizo
junto
a
Mercedes
Sosa.
—¿Cómo
está
organizado
este
recital
homenaje?
¿Se
pueden
anticipar
algunos
invitados?
—Primero
de
todo
para
mí
son
festejos.
Es
una
muy
buena
excusa
poder
cumplir
estos
años
y
estar
vivito
y
coleando.
Es
lo
mejor
que
me
puede
pasar,
sinceramente.
Tengo
53
años
de
carrera
y
lo
estoy
preparando
y
corriendo.
Los
invitados
van
a
ser
una
sorpresa,
porque
no
quiero
que
la
gente
piense
quién
va
estar
y
luego
falla.
Algunos
todavía
me
lo
tienen
que
confirmar
porque
el
5
de
septiembre
es
un
viernes,
fecha
clave
porque
muchos
músicos
tocan.
Guardamos
el
secreto
sorpresa
para
ese
día.
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
—Sorprende
el
que
hayas
estudiado
en
el
Instituto
Social
Militar
Dámaso
Centeno…
—De
militar
no
tenía
nada,
salvo
que
nos
enseñaban
tiro
federal
con
máuser,
pero
como
era
mixto,
ellas
debían
usar
calibre
22.
Mi
madre,
que
había
enviudado,
me
mandó
a
ese
colegio
porque
quedaba
cerca
y
se
lo
habían
recomendado.
No
quiso
mandarme
a
uno
público,
por
temor
a
que
saliera
quilombero.
Otra
materia
extraña
era
Defensa
Nacional,
en
esa
época
la
barba
y
el
bigote
según
ellos
daban
una
tendencia
de
la
cual
habría
que
sospechar.
—Cantaste
muchas
veces
junto
a
Mercedes
Sosa:
¿qué
recuerdos
te
dejó?
—Me
fijaba
cómo
se
manejaba
con
los
músicos,
con
los
managers,
cómo
trataba
al
público
y
ensayaba.
Disfrutaba
muchísimo
de
cantar
a
dúo
con
ella
y
ella
conmigo,
por
eso
lo
hicimos
muchas
veces.
Le
encantaba
mi
versión
de
“Te
recuerdo
Amanda”
que
grabé
en
un
disco.
Grabamos
juntos
“La
colina
de
la
vida”
y
nos
fue
muy
fácil.
Me
encanta
hacer
segundas
voces
a
las
primeras.
Miro
mucho
la
actitud
del
cantante.
Mercedes
me
sacó
de
un
lugar
de
comodidad
donde
me
estaba
manejando.
Ella
sabía
bien
dónde
podía
dar
y
dónde
no.
Arriba
del
escenario
era
como
estar
con
una
madre.
A
nosotros
–
Charly,
Víctor
Heredia,
León
Gieco
y
a
mí–
tal
vez
alguno
más
nos
tuteaba
a
los
otros
de
usted.
Cuando
tuve
problemas
con
el
alcohol
y
estaba
internado
en
coma,
en
Terapia
Intensiva,
ella
pidió
entrar
para
verme.
Me
tocó
la
mano
y
me
desperté.
—En
el
2013
se
inauguró
una
estatua
de
bronce
con
vos
y
Charly
García
en
Mar
del
Plata:
¿cómo
fue?
—La
primera
actuación
como
dúo
de
Sui
Generis
fue
en
enero
de
1971,
antes
de
empezar
a
grabar
la
hicimos
en
el
teatro
De
La
Comedia
en
Mar
del
Plata.
Mi
abuelo
fundó
la
primera
panadería
de
ahí,
toda
mi
familia
paterna
es
de
esa
ciudad.
Charly
también
tenía
su
historia
ahí.
Primero
me
llamaron
para
hacernos
una
placa
y
luego
votaron
por
una
estatua
de
bronce.
Fuimos
los
primeros
rockeros
de
Latinoamérica
que
estamos
vivos
y
nos
hicieron
una
estatua.
Me
resultaba
hasta
gracioso.
Se
la
encargaron
a
Carlos
Benavídez,
quien
se
juntó
conmigo
para
ver
qué
hacía.
Le
mostré
fotos
y
eligió
una
donde
estábamos
con
Charly
repartiendo
volantes.
—¿Cumpliste
con
el
sueño
de
conocer
Lituania?
—Sí,
fui
en
mayo.
Todo
empezó
porque
quise
hacerme
ciudadano
lituano,
porque
mi
madre
lo
era.
Había
nacido
en
Šiauliai.
Estuve
primero
en
Copenhague
porque
ella
había
vivido
unos
años
allí
y
después
pasé
a
Lituania.
Me
presentaron
a
un
exjuez
que
investigó
y
encontró
la
casa
donde
ella
había
vivido
en
1930,
que
estaba
en
pie
todavía.
Le
escribí
un
tema
a
ella
que
se
llama:
“Flores
en
el
mar”.
Me
armaron
una
banda
de
doce
músicos
lituanos
y
se
habían
aprendido
por
fonética
mis
temas
en
castellano
y
los
cantamos.
Fue
en
un
lugar
para
trescientas
personas
y
sólo
treinta
eran
argentinos.
Ese
fue
mi
ritual
el
3
de
mayo
de
este
año.
Fue
un
encuentro
muy
fuerte
emocional,
del
cual
todavía
me
alegro
y
sigo
contándolo
porque
me
sigue
pegando.
—Hay
un
tema
donde
decís:
“El
dinero,
envidia
y
miedo
son
palabras
de
hoy.”
—Y
son
las
mismas
cosas
que
se
vuelven
a
repetir.
Así
como
las
sensaciones
de
la
adolescencia,
que
están
en
muchas
canciones.
Me
resulta
increíble
por
un
lado
y
ahora
que
uno
es
más
maduro,
te
vas
acostumbrando
que
ciertos
cambios
que
a
uno
le
hubiesen
gustado
que
sucedan
no
pasan
por
más
fuerza
que
vos
hagas.
No
es
que
lo
cambiás,
colaborás
en
parte
a
refrescarles
las
ideas
a
algunos.
Pero
desde
hace
bastante
tiempo
el
dinero
y
el
poder
van
tan
de
la
mano
que
se
llevan
puesto
todos
los
sentimientos
que
hay.
Para
mucha
gente
primero
está
el
dinero
y
después
lo
que
sienten.
—También
escribiste
la
pregunta:
“¿dónde
diablos
está
la
verdad?”
—Seguimos
buscando
la
verdad.
¿Cuál
es
la
verdad?
¿Qué
es
la
verdad?
Ahora
viene
la
inteligencia
artificial
donde
aparece
una
persona
hablándonos
y
en
realidad
no
existe.
No
es
que
me
dé
miedo,
pero
me
parece
que
no
se
puede
reemplazar
el
cerebro
de
las
personas,
porque
venimos
con
inteligencia
pero
también
con
sensibilidad.
Es
una
suma,
por
eso
considero
que
el
mejor
equilibrio
es
ser
la
mitad
análogo
y
la
mitad
digital.
Me
parece
que
artísticamente
se
puede
utilizar
la
inteligencia
artificial
para
crear
ciertas
cosas
inimaginables,
pero
atrás
tiene
que
haber
un
creativo.
Ojalá
sea
utilizada
para
la
ciencia
y
no
para
la
guerra.
—¿El
arte
sigue
siendo
necesario?
—Todo
lo
que
sea
cultura
es
lo
que
cura.
La
música,
el
cine,
la
pintura,
todo
lo
artístico
nos
salva.
Aparte
creo
que
la
Argentina
es
un
excelente
semillero.
Los
argentinos
no
somos
del
todo
conscientes
de
esto.
Cuando
viajás
por
Latinoamérica
te
das
cuenta
que
somos
referentes.
Saben
qué
salió
en
materia
de
música,
películas
o
teatro,
conocen
lo
que
producimos
aquí.
—¿Estas
preparando
un
documental
sobre
tu
vida?
—De
alguna
manera
sí,
mi
mujer
Pamela
Gowland
está
juntando
material,
donde
hay
de
todo
un
poco,
pero
no
nos
pusimos
plazo.
Un
tiempo
atrás
me
habían
ofrecido,
pero
estaba
muy
relacionado
solamente
a
“Sui
Generis”
y
no
me
pareció.
Grabé
mi
primer
disco
con
Charly
y
nos
une
una
amistad
que
sigue
para
siempre.
Pero
me
sucedieron
miles
de
cosas
muy
importantes
para
mi
vida,
Tuve
historias
para
arriba
y
para
abajo,
problemas
con
el
alcohol,
todo
el
mundo
lo
supo,
las
caídas.
Llevo
veintisiete
años
sin
tomar
alcohol.
Todas
las
cosas
que
pasaron
en
el
medio,
cómo
me
reincorporé
y
cómo
volví
a
salir
al
mundo.
—¿Pudiste
salir
de
las
adicciones?
—Después
de
salir
del
coma
empecé
una
rehabilitación,
que
fue
primero
estar
internado
en
un
hospital
normal,
público
donde
me
quedé
un
mes.
Y
después
fui
a
pedir
ayuda
a
los
grupos.
Empecé
a
trabajar
de
cero,
a
mis
cuarenta
y
cuatro
años.
Me
tuve
que
rearmar,
todo
me
lo
tuve
que
hacer,
no
me
cayeron
del
cielo.
Unos
meses
atrás
hasta
dormí
en
la
calle,
pero
después
te
hacen
una
estatua.
Hay
cosas
que
contar,
que
les
puede
servir
a
otros.
—¿Tenés
alguna
deuda
pendiente?
—Pido
poder
seguir
tocando.
Mientras
pueda
circular
y
andar.
Hacer
un
show
para
mí
son
días
de
fiesta.
Lo
disfruto
enormemente.
Sigo
insistiendo
en
ir
a
países
donde
nunca
fui,
por
ejemplo,
ahora
vuelvo
a
ir
a
Costa
Rica,
pero
en
una
de
esas
vamos
a
Guatemala
y
a
El
Salvador.
Volver
a
México
o
a
Israel.
Ahora
entró
al
grupo
una
nueva
integrante,
Manu
Pinela
y
tenemos
planes
de
grabar
algo.
Antes
se
había
incorporado
Julia
Horton,
quien
introdujo
sangre
y
voz
nueva.
Viajar
y
salir
a
tocar
es
como
la
asignatura
pendiente.
La
vida
es
una
caja
de
sorpresas
y
me
encanta
no
saber
el
final.




















