Teatro, danza, piano y secretos

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Silencio de hembra denuncia esos silencios intrafamiliares que llevamos en el cuerpo durante años, hasta que algún día afloran como aullidos o no lo hacen nunca. Es un texto profundo, sensible, escrito desde sensaciones selladas en el cuerpo de muchas mujeres y algunos hombres. Los silencios intrafamiliares atraviesan todas las generaciones, todas las familias y no tienen etiqueta ni clase social, nos interpelan absolutamente a todos.

Silencios desde el “respeto”, desde la amenaza, desde el temor o la culpa han interpelado históricamente a las familias de todas las nacionalidades del mundo. Es por eso que romper con eso es soltar una cadena milenaria de responsabilidades. En esta obra se destaca el vínculo de tres generaciones: la abuela que observa y calla porque era el mandato de su época, la madre que ignora pero escucha y la hija que rompe el silencio y aúlla la verdad, esa verdad contenida en la memoria ancestral.

La letra del texto cobra magia en este unipersonal cuando Belén Santos le pone voz, danza y música en el piano; la pieza se transforma en un ensueño delicado y profundo que logra en co-creación de una gran directora como es Herminia Jensezian.

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Como dramaturga cierro una tetralogía como fue La última vez (2013), que abordé por primera vez en teatro el tema de violencia de género; Moobing (2023), sobre violencia y acoso dentro del ámbito laboral; Grooming. Mi primera vez (2026), donde se aborda el ciberdelito en adolescentes; y ahora Silencio de hembra, donde soy espectadora de una creación maravillosa de mujeres talentosas.

Cuando escribo teatro busco visibilizar temas sensibles que nos ocurren en el hogar o en un ámbito conocido, donde uno debería estar seguro, pero que por diferentes razones terminan vinculados al ámbito del derecho. Justamente, esa fusión entre la dramaturgia y los temas que transité como abogada hace que recorra un camino inédito, inexplorado por otros dramaturgos y, para mí, liberador. Porque hablar sobre lo que nos duele o escribir sobre ello nos libera. Además, cuando se completa con el público en el ámbito teatral, se transforma en un acto colectivo empático y de agradecimiento.

Me ha pasado, en varias obras, que las personas después de verlas “cuentan”, logran poner en palabras aquello que una vez les ocurrió. Y cuando uno rompe el silencio de algo que lo oprimió durante mucho tiempo, la sensación es absolutamente sanadora.

Esta obra es diferente a las demás porque no estoy en escena. Es una ofrenda que le hice a mi hija Belén, inspirada en su talento con el piano y la danza. Decidí escribir algo que nos represente a todas, y a muchos varones también, que se pueda expresar desde lo visual, lo sonoro y lo sensorial para que el arte nos permita bucear sobre los temas que nos duelen. Belén le presentó el proyecto a Herminia, con quien ya había trabajado en otras obras y habían recorrido escenarios juntas; el proceso de ensayos fue de seis meses, en donde el texto se fue haciendo cuerpo poco a poco y la música en escena surgió como un canal, una vía que encontraron para que el personaje recuerde y se encuentre con la niña que fue y la mujer que es. La aparición de objetos y sombras alude a los sueños y las pesadillas que se atraviesan durante la obra.

Hay poesía, mucha poesía, y un tic-tac de un metrónomo que marca el pulso de un cuerpo que necesita aullar para sanar y reconstruir su vida. Como espectadores serán testigos y sentirán ese pulso en diferentes velocidades para armar el rompecabezas o desarmarlo todo.

Es una propuesta teatral diferente, donde la palabra se entrelaza con elementos que sugieren momentos, mientras el piano ensambla en forma progresiva lo que desemboca en el desenlace de la obra. Teatro puro en esencia para cautivar con el movimiento, la palabra y los sonidos. La emoción y los recuerdos familiares serán resonantes en cada espectador y el silencio se transformará en libertad del alma.

Un cuerpo que lucha entre el secreto y la libertad.

*Abogada y dramaturga de Silencio de hembra. La obra se puede ver desde el 8/3, todos los domingos a las 18 en Tadrón Teatro, Niceto Vega 4802.