“Queríamos hablar del duelo en la clase media”

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Prefiere
definirse
como
“un
hombre
de
Villa
Crespo”
que
escribe
y
filma
cine,
porque
quiere
actuar
en
películas
y
como
no
lo
llamaban
se
las
inventa.
Es
Iair
Said
quien
estrenó
su
segunda
ficción
Los
domingos
mueren
más
personas,
donde
actúa
junto
a
Rita
Cortese,
Juliana
Gattas
y
la
participación
especial
de
la
actriz
chilena Antonia
Zegers.

—¿Cómo
nació
este
nuevo
guión? 

IAIR
SAID.:
Quería
hablar
del
duelo
en
la
clase
media,
sobre
todo
qué
pasa
cuando
el
que
se
muere
o
el
difunto
no
es
nadie
muy
extraordinario,
ningún
científico
importante,
como
alguien
que
haya
hecho
algo
por
la
humanidad,
sino
sólo
una
persona
muy
querida
por
su
familia.
Busqué
reflejar
qué
pasa
cuando
llega
este
tipo
de
noticias
y
qué
trámites
hay
que
hacer.
Para

era
importante
hablar
de
lo
económico
en
la
etapa
del
duelo.
Hay
que
seguir
pagando,
mientras
que
se
debe
seguir
viviendo
y
tratar
de
pasarla
bien,
pero
con
un
sueldo
menos
siempre
en
las
casas.

Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios

El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.

—¿Te
sentís
heredero
del
cine
de
Daniel
Burman
y
su
mirada
sobre
la
comunidad
judía?

I.S.:
Fui
extra
en
una
película
de
Burman,
cuando
tenía
ocho
años.
Me
crié
con
su
cine
porque
es
un
referente
de
la
temática
judía
porteña
en
la
Argentina.
Me
halaga,
pero
siento
que
hay
otro
tipo
de
humor
como
el
de
Martín
Rejtman
y
Ana
Katz,
también
judíos,
que
retratan
los
vínculos
familiares. 

—Se
te
conoce
como
integrante
del
grupo
Miranda!:
¿cuál
fue
el
mayor
desafío?

JULIANA
GATTAS:
Creo
que
fue
encontrar
tiempos,
el
resto
estaba
todo
dado
porque
a

me
encanta
actuar,
me
gusta
el
cine
y
lo
admiro
a
Iair,
desde
hace
mucho
tiempo.
Es
una
persona
muy
graciosa.
Me
encantó
su
primera
película

Flora,
no
es
un
canto
a
la
vida–
y
también
me
había
mandado
un
corto
que
hizo.
Todo
lo
que
me
mostró
y
hace
me
gustaba,
así
que
cuando
me
propuso
le
dije
sí,
sin
leer
el
guión.
La
propuesta
fue
muy
amorosa,
porque
me
propuso
ser
su
hermana
en
esta
ficción.
El
resto
fueron
regalos,
como
cuando
me
enteré
que
iba
a
estar
Rita
Cortese.
Desde
un
inicio
tuve
mucha
ilusión
y
ganas
de
participar
de
este
mundo
que
es
nuevo
para
mí. 

—¿En
qué
te
ayudó
llegar
desde
el
mundo
de
la
música?

J.G.:
Fue
correrme
un
rato
de
mis
veinticinco
años
de
ese
mundo,
hace
más
de
veinte
que
integro
el
grupo
Miranda!,
aunque
antes
tuve
otra
banda.
Tenía
algún
contacto
con
la
cámara
por
los
videoclips.
Me
di
cuenta
que
me
gusta
mucho,
a
comparación
de
otros
músicos
que
lo
sufren.
Siempre
disfruté
y
cada
vez
me
fui
metiendo
más
en
cuestiones
de
vestuario
y
maquillaje,
porque
me
interesa
ver
cómo
montan,
ponen
las
luces
y
no
me
aburre
nada.
Disfruté
del
rodaje,
incluso
iba
al
set
aunque
no
tuviera
escenas. 

—¿Por
qué
las
actrices
aparecen
sin
maquillaje?

I.S.:
Trabajamos
mucho
ese
detalle
con
la
maquilladora.
A

no
me
gusta
el
maquillaje,
en
general,
es
muy
importante
que
se
vean
las
texturas,
que
sean
muy
reales.
Busco
no
embellecer
las
pieles,
ni
perfeccionar
nada.
No
me
convence
cuando
veo
películas
en
el
cine
donde
se
intenta
corregir
lo
que
comúnmente
se
conoce
como
imperfecciones.
No
estoy
de
acuerdo,
a

me
gusta
buscar
la
realidad.

—“Los
domingos
mueren
más
personas”
tiene
subsidio
de
Italia
y
España:
¿cómo
los
conseguiste?

I.S.:
Italia
fue
el
primer
país
que
apareció,
casi
antes
que
todo
el
resto,
fue
un
convenio
de
coproducción
entre
Campos
Cine
y
Disparte.
España
surgió
cuando
ganamos
en
el
Festival
de
San
Sebastián
en
la
sección
de
working
progress,
el
año
pasado.
El
premio
era
que
nos
daban
la
postproducción
allá
y
la
distribución
en
España,
donde
ya
se
estrenó.
Fuimos
a
los
mismos
lugares
donde
trabaja
Pedro
Almodóvar.
También
Suiza
ayudó
y
el
Incaa,
obviamente.
Con
todos
esos
fondos
pudimos
concretarla. 

—¿En
qué
consistió
el
apoyo
del
Incaa?

I.S.:
Creo
que
la
gente
tiene
que
entender
que
cuando
te
dicen
vayan
a
los
privados,
ellos
aparecen
cuando
ya
el
país
te
garantiza
determinada
cantidad
de
presupuesto.
Una
vez
que
el
Incaa
te
asegura
una
parte
del
financiamiento,
ahí
llegan
los
privados.
Pasa
en
todos
los
países.
Cuando
te
presentás
en
Italia
tenés
que
tener
garantizado
el
apoyo
local
o
un
porcentaje.
Se
necesita
un
empujón
del
Estado,
que
después
se
devuelve.
Es
casi
un
préstamo
que
ellos
te
dan,
una
vez
que
empieza
el
rodaje.
Por
otro
lado,
la
importancia
del
Instituto
tiene
que
ver
también
con
la
igualdad
de
derechos
para
todos
y
para
todas,
no
sólo
para
los
que
tenemos
acceso
a
los
privados.
En
mi
caso
tengo
la
suerte
de
haber
trabajado
en
grandes
empresas
o
plataformas
como
Disney,
que
está
detrás
de
esta
película,
pero
no
todos
tienen
la
misma
suerte.
Quizás
un
pibe
o
una
chica
que
quieren
empezar
a
dirigir
cine
y
que
viven
en
Catamarca,
no
tienen
acceso
a
esos.
Necesitan
del
Instituto
y
de
un
Estado
presentes
para
poder
llevar
a
cabo
sus
primeros
pasos
y
luego
convertirse
en
grandes
personajes
de
la
industria.
El
Incaa
tiene
que
estar
para
ayudarnos
a
todos
por
igual.

—¿Cómo
es
actuar
junto
con
quien
además
de
ser
compañero
de
elenco,
escribió
el
guión
y
dirige?

J.G.:
Ese
era
un
gran
misterio
para
mí,
porque
lo
conocía
más
en
su
rol
de
actor
y
como
amigo
mío,
pero
no
lo
había
visto
en
acción
como
director
y
me
impresionó.
Me
lo
imaginaba
más
tenso,
nervioso
y
me
impactó
por
su
tranquilidad
y
claridad.
Después volvió
a
ser
un
neurótico
en
su
vida
diaria
(risas)
pero
a
la
hora
de
dirigir
tuvo
mucha
calma.
Se
ponían
nerviosos
todos
a
su
alrededor,
menos
él,
entonces
eso
me
hizo
ver
no
sólo
que
es
un
talentoso
director,
sino
el
amor
que
le
tenía
al
proyecto. 

Pensaba
en
aprovechar
el
tiempo
por
la
cámara
y
la
luz.
Conservó
la
calma
durante
todo
el
rodaje,
a
pesar
de
los
factores
de
estrés
que
surgían.
Estuvo
en
todas
las
decisiones
estéticas
y
de
historia.
No
se
ató
mucho
a
nada
y
tampoco
se
obsesionó.

—Actor,
guionista,
director:
¿cuál
fue
la
escena
que
más
te
costó
hacer?

I.S.:
Me
parece
que
la
primera,
porque
es
la
primera
de
la
película.
Además
estoy
más
expuesto
que
en
otras
escenas
y
es
un
tono
más
distinto
del
que
suelo
hacer,
por
eso
el
desafío
fue
más
grande.
Arranqué
un
lunes
una
película
con
el
equipo
que
no
conocía,
porque
obviamente
en
el
día
del
rodaje
aparece
gente
nueva.
Sentí que
tenía
que
demostrar
que
podía
dirigir
esta
película.
También
la
escena
del
hospital,
porque
fue
mi
primer
día
con
Rita
(Cortese)
y
todo
fluyó
con
mucha
armonía.
Como
dirijo
casting
entiendo
cómo
dirigir
a
actores,

lo
que
les
voy
a
pedir
y
quiero
reforzar. 

—¿Creen
en
Dios?

I.S.:
No
soy
religioso,
ni
creo
en
el
más
allá.
Me
interesaría
más
creer
en
la
reencarnación,
como
en
algo
que
no
nos
morimos
nunca
o
reaparecer
en
otros
cuerpos.
Me
da
claustrofobia
la
idea
de
que
se
acabe
algo
para
siempre,
entonces
prefiero
pensar
que
se
va
a
volver.

J.G.:
Tampoco
profeso
en
nada,
ni
en
la encarnación,
sólo
en
las
energías
de
los
lugares
a
los
que
vas.
Por
lo
general
creo
en
lo
que
veo.

—Con
respecto
a
tu
anterior
película
vuelve
el
tema
de
la
muerte:
¿te
obsesiona?

I.S.:
Me
preocupa
y
molesta
que
no
se
hable
más
de
este
asunto,
porque
me
gustaría
que
esté
más
presente
en
la
vida
de
las personas.
La
negamos
demasiado
y
cuando
aparece
es
como
que
nos
sorprende
a
todos.
Creo
que
la
muerte
es
lo
más
común
del
mundo.
La
tenemos
que
acercar
un
poquito
a
nuestra
idiosincrasia,
a
nuestra
cultura,
a
nosotros
para
no
padecerla
tanto.
La
muerte
está
y
disfrutemos
de
lo
que
se
vivió. 

Si
le
quitamos
los
fantasmas,
nos
va
a
ayudar
un
poco
a
transitarla
de
una
manera
más
liviana
cuando aparezca.