
Durante
las
décadas
del
ochenta
y
el
noventa
Gustavo
Bermúdez
fue
uno
de
los
galanes
de
la
televisión
abierta,
con
novelas
que
tuvieron
mucho
rating:
Nano,
Celeste,
Antonella,
Sheik
y
la
lista
sigue.
Pero
le
fue
bastante
esquivo
al
teatro,
ahora
volvió
y
se
lo
puede
ver
de
jueves
a
domingo
en
el
escenario
de
El
Nacional
compartiendo
escenas
con
Martín
Bossi
y
Laura
Fernández
en
La
cena
de
los
tontos,
en
el
mismo
papel
que
estrenó
Mike
Amigorena.
Llega
antes
a
la
cita
y
despliega
con
sinceridad
una
cordialidad
poco
habitual
hacia
la
gente
con
la
que
se
cruza.
No
evita
ninguna
pregunta
y
no
hace
críticas,
por
el
contrario
entrega
una
mirada
comprensiva
hacia
muchas
situaciones.
—¿Cómo
fue
reemplazar
a
Mike
Amigorena?
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
—No
siento
que
haya
sido
un
reemplazo,
fue
como
una
renovación.
Estaba
apalabrado
para
hacer
la
temporada
de
Mar
de
Plata
en
el
2026,
pero
como
se
le
vencía
el
contrato
a
Mike
los
productores
me
pidieron
si
me
animaba
a
arrancar
en
Buenos
Aires.
Dudé
un
poco
hasta
que
acepté.
—Conseguiste
no
competir
con
Martín
Bossi
en
el
escenario…
—Somos
una
dupla
y
ahí
está
el
contraste.
Es
como
en
las
comedias
americanas,
un
juego
como
Jerry
Lewis
y
Dean
Martin.
Mi
personaje
tiene
toda
una
transición
que
empieza
a
disfrutarlo
hasta
que
se
le
complica
cada
vez
más
la
vida
y
termina
perdiendo
todo.
—¿Creés
que
es
una
comedia
con
moraleja?
—Total
y
muy
actual
como
lo
es
el
tema
del
bullying.
Este
fue
uno
de
los
motivos
por
los
cuales
acepté,
además
fue
la
comedia
con
la
que
más
me
reí.
La
vi
cuando
la
hicieron
Adrián
Suar
en
mi
papel
y
Guillermo
Francella
en
el
de
Martín
Bossi.
Ahora
sintiéndolo
arriba
del
escenario
digo:
“qué
efectiva
que
es
y
qué
buen
guión”.
No
es
fácil
encontrar
un
texto
hoy
así,
por
eso
que
a
pesar
de
los
años
sigue
siendo
efectiva.
—¿Por
qué
hiciste
“Romeo
y
Julieta”
de
Shakespeare
al
año
siguiente
de
tu
éxito
televisivo
con
“Nano”?
—Fue
una
idea
de
mi
hermano
(Gabriel).
La
hicimos
primero
en
Mar
del
Plata
y
después
en
Buenos
Aires.
Fue
una
jugada
muy
audaz
llevar
Shakespeare
a
Mar
del
Plata.
Teníamos
miedo,
aunque
contábamos
con
un
gran
elenco:
Ulises
Dumont,
Dora
Baret,
Perla
Santalla
y
Fernanda
Mistral.
Para
el
papel
de
Julieta
se
hizo
un
casting
y
quedó
Mara
Bestelli.
Tenía
mucha
tecnología,
idea
del
director
Héctor
Berra,
con
vestuario
del
Colón.
La
puesta
de
luces
fue
de
Juan
Carlos
Baglietto,
quien
viajó
a
los
Estados
Unidos
para
traer
equipos
nuevos.
Podría
haber
ido
a
hacer
temporada
con
una
comedia,
pero
nos
embarcamos
en
ese
desafío.
—¿Qué
te
motivó
a
dejar
todo
para
irte
a
vivir
a
San
Martín
de
los
Andes?
—Empecé
a
priorizar
a
la
familia,
venía
con
un
trabajo
muy
fuerte
en
la
televisión.
Ahí
nació
mi
segunda
hija
y
quise
dedicarme
a
recuperar
un
poquito
el
tiempo
perdido
con
la
más
grande
y
abocarme
mucho
a
la
crianza
de
ellas.
—¿Creés
que
volverá
la
televisión
abierta?
—Puede
volver
tranquilamente,
en
otros
países
funciona
bien.
También
es
una
expresión
de
deseos,
pero
creo
que
si
se
lo
proponen
tranquilamente
tendrían
números
más
importantes
que
los
que
tienen
ahora.
No
necesariamente
tiene
que
volver
como
en
otras
épocas.
Si
se
lo
propusieran
los
dueños
de
los
canales
lo
hacen
en
un
año.
—¿Cuál
es
el
motivo
de
que
no
haya
hoy
ficciones
en
la
televisión
abierta?
—Es
un
tema
de
desinterés.
Podrían
rearmar
presupuestos,
que
dicen
que
es
costoso,
pero
compran
formatos
caros
como
La
Voz
o
Gran
hermano.
Hay
publicidades
que
se
fueron
a
las
plataformas,
pero
la
televisión
tiene
otro
sello.
No
es
lo
mismo
lo
que
pasa
ahí
que
en
las
redes.
La
televisión
es
palabra
mayor.
Un
canal
pasa
a
ser
parte
de
la
familia.
Lo
veo
con
el
público
de
hace
muchos
años,
hay
una
fidelidad
muy
grande.
Esa
fidelidad:
¿quién
me
la
dio?
La
televisión
abierta.
Eso
no
te
lo
dan
las
plataformas.
—Tu
hija
mayor
(Camila)
se
recibió
en
diseño
e
imagen,
la
menor
(Manuela)
va
a
ser
nutricionista
y
las
dos
estudiaron
en
la
UBA:
¿tuviste
algo
que
ver
con
que
eligieran
la
educación
pública?
—Nunca
me
metí
y
la
mamá
tampoco,
todo
lo
decidieron
ellas.
Nosotros
tratamos
de
acompañar,
el
que
hayan
elegido
una
universidad
pública
me
puso
muy
orgulloso.
—Estuviste
en
Roma
con
el
papa
Francisco
y
subiste
imágenes
del
encuentro:
¿qué
recordás?
—No
lo
conocía
de
aquí,
como
otra
gente.
Fui
con
mis
hijas,
cuando
pasa
frente
a
todos,
se
detiene
y
me
dice
“¿qué
haces
acá?”.
La
menor
me
mira
sorprendida
y
exclama:
“El
Papa
te
conoce”.
Fue
un
encuentro
muy
lindo
y
lo
pude
ver
en
acción.
Vi
cómo
se
detenía
con
cada
persona,
atendiendo
a
uno
por
uno,
a
todas
las
madres
que
llevaban
chicos
con
problemas
de
salud
y
observé
el
tiempo
que
les
dedicaba.
A
nosotros
al
despedirse
también
nos
dijo
su
frase:
“Recen
por
mí.”
Y
me
abrazó,
lo
tengo
en
mi
corazón.
Siento
una
gran
admiración,
tanto
por
él
como
por
todas
las
personas
a
las
que
noto
coherentes,
piensan,
hablan
y
actúan
igual.
Observé
cómo
vivía
en
el
Vaticano,
sin
lujos
y
cercano
a
la
gente.
—En
tu
Instagram
hay
una
foto
de
Rosa
de
Luxemburgo
con
su
frase:
“Por
un
mundo
donde
seamos
socialmente
iguales,
humanamente
diferentes
y
totalmente
libres”.
¿Por
qué?
—Estoy
totalmente
de
acuerdo
con
esa
frase.
Adhiero
a
ese
pensamiento
de
igualdad,
de
tratar
a
todo
el
mundo
igual,
porque
somos
iguales,
aunque
lo
estamos
olvidando.
No
soy
muy
canchero
en
subir
fotos,
lo
hago
en
determinadas
ocasiones,
como
cuando
murió
Carlín
Calvo
o
Diego
Maradona.
También
tengo
fotos
con
Messi.
Siento
un
gran
respeto
por
Diego,
con
sus
cosas
buenas
y
también
con
sus
errores.
Fue
un
tipo
que
nunca
le
sacó
el
pecho
a
sus
equivocaciones.
Antes
de
juzgar,
criticar
o
censurar,
hay
que
andar
en
los
zapatos
del
otro.
Soy
una
persona
que
trabaja
sobre
sí
mismo,
quiero
ser
cada
vez
mejor
persona.
Elijo
irme
de
este
mundo
habiendo
dicho:
“me
esforcé
para
ser
un
mejor
hijo,
padre,
amigo,
hermano
y
ahora
mejor
abuelo”.
—¿Cómo
se
mantiene
una
amistad
de
cuarenta
años
con
Adrián
Suar?
—(Risas)
Hay
que
tener
mucha
paciencia.
Ya
somos
como
familia,
nos
queremos
y
peleamos,
cada
uno
conoce
los
huecos
del
otro
y
podemos
ser
sinceros
y
auténticos.
Me
parece
que
es
lo
que
hay
que
tener
todos
los
días
cuando
nos
levantamos:
agradecimiento
y
paciencia.
—¿Esa
es
tu
filosofía
de
vida?
—Trato
de
que
cada
año
que
pasa
de
mi
vida
estar
mejor,
pensar
mejor
y
hacer
mejor
a
la
gente
que
me
quiere
y
a
los
que
me
conocen.
Intento
devolverle
al
público
el
afecto
que
me
da,
por
eso
a
la
salida
del
teatro
me
tomo
el
tiempo
de
saludar
a
quienes
me
esperan.
Trato
de
ponerme
en
el
lugar
del
otro.
A
veces
viene
gente
de
otros
lugares
e
hicieron
un
esfuerzo
para
comprar
la
entrada
y
seguro
se
quedaron
para
sacarse
una
foto.




















