Recuerdos de un pasado cómodamente instalado en el presente

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Enciendo
el
televisor.
Un
canal
argento.
Paso
a
otro,
de
los
de
la
vereda
de
enfrente.
Salto
a
los
internacionales.
Me
horrorizo.
Gaza,
Sudán,
una
patera
hundiéndose
en
el
Mediterráneo.
Tiempo
de
distopía.
¿Cómo
llegamos
a
esto?

Mejor
me
limito
a
hablar
de
mi
mundo.
Soy
un
jubilado.
Nombre:
Nathán.
Apellido:
Cusnir.
Nací
en
1941,
cuando…
¿Qué
estoy
haciendo?
Nadie
está
interesado
en
mi
vida.
No
fui,
ni
soy,
Picasso,
ni
tampoco
uno
de
los
famosos
Carlitos
(Darwin,
Chaplin
o
Gardel.
Marx,
lo
siento,
pero
mejor
no
lo
incluyo.)
Soy
el
pasado.
El
presente
solo
me
es
útil
para
recordar.

Mis
abuelos
proletarios:
uno,
peón
de
finca
en
San
Juan,
el
otro
colchonero.
Mis
padres,
pequeños
burgueses.
Eran
otros
tiempos,
la
movilidad
social
esperaba
a
la
vuelta
de
la
esquina.
Arranqué
con
ventajas.
Techo,
comida,
salud
y
educación
garantizada.
Luego
ingeniero
recibido,
buenas
notas
en
la
universidad,
trabajando
aquí
y
allá,
en
ambos
lados
del
Atlántico.
En
pocos
años
me
convertí
en
un
exitoso
empresario
Pyme,
de
esos
que
manejan
el
destino
de
decenas
de
personas.
En
mi
acotado
universo
yo
era
la
mismísima
encarnación
del
poder.

Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios

El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.

Entre
Pyme
y
Pyme
fui
funcionario
público.
Solo
un
año
y
medio.
Me
fui
cuando
Alfonsín
perdió
las
elecciones
de
medio
término.
Por
mi
oficina
desfilaban
importantes
empresarios,
los
locales
y
los
que
hablaban
otros
idiomas.
Discurso
único:
“Queremos
venderle
al
Estado”.
En
simultáneo
la
ola
de
las
privatizaciones,
que
no
se
concretaron
en
aquel
momento.

después,
durante
el
menemato.
Hoy
abro
los
diarios
y
compruebo
que
casi
todas
esas
empresas,
las
que
desfilaban,
aún
existen
y
gozan
de
muy
buena
salud.

El
otro
yo
del
doctor
Merengue.
¿Escucharon
hablar
de
él?
(Si
no,
es
cuestión
de
googlearlo).
No
podía
ser
menos,
yo
también
tengo
mi
otro
yo:
un
dramaturgo,
así
con
minúsculas,
casi
desconocido,
pero
dramaturgo
al
fin.

Dramaturgo:
¡Eh,
Poder!
¿Cómo
se
ve
todo
esto
desde
ahí
arriba?

Poder:
¡Joder!

lo
sabes
y
si
no
lo
sabes,
investiga.
Observa
a
mis
subordinados.

Y
así
nació
@Los_engranajes
(lo
de
@
y
_
no
es
para
parecer
original,
sino
porque
Los
engranajes
a
secas
ya
estaba
registrado).
Nació
con
dos
nombres.
El
otro:
L’
opera
dei
pupi
(teatro
de
marionetas,
en
siciliano.).
Luego
decidí
que
un
nombre
era
más
que
suficiente
y
elegí.
(Todos
saben
lo
qué
es
un
engranaje
y
muy
pocos
entienden
siciliano)

Mucho
no
tuve
que
investigar,
soy
honesto.
Lo
viví
o
vi
como
otros
los
vivieron.

Medio
vaso
de
realidad
al
cual
agregué
medio
vaso
de
ficción/realidad.
Lo
agité
muy
bien
y
lentamente,
espolvoreé
tres
cucharaditas
de
verdad
y
otras
tres
de
posverdad
(de
esas
que
andan
dando
vuelta
por
ahí
en
las
redes).
Para
terminar,
le
sumé
ironía
y
humor.
El
resultado:
ustedes
lo
juzgarán.

@Los_engranajes
salta
entre
continentes.
Finalmente
vivimos
en
un
mundo
globalizado
¿Leyeron?
“Multa
millonaria
a
las
seis
mayores
constructoras
por
pactar
contratos
públicos
durante
25
años.
Las
empresas
se
reunían
semanalmente
para
concertar
miles
de
licitaciones
públicas
destinadas
a
la
edificación
y
obra
civil
de
infraestructuras,
como
hospitales,
carreteras
o
aeropuertos”.
Esto
fue
en
España.
(Diario
El
País,
7
de
julio
de
2022).
También
la
corrupción
parece
estar
globalizada
y
la
mostramos.

@Los_
engranajes
es
una
metáfora
sobre
los
empleados
de
cuello
blanco
(los
administrativos,
los
profesionales
que
forman
parte
de
cualquier
organización
empresaria),
pero
también
sobre
los
de
cuello
azul
(los
obreros).
De
sus
esfuerzos
para
mantenerse
y
escalar
en
la
pirámide,
de
sus
logros
y
de
sus
resbalones,
de
sus
alegrías
y
de
sus
tristezas,
de
sus
lealtades
y
de
sus
traiciones.

Al
escribirla
me
acordé
de
Bertolt
Brecht,
que
sostenía:
“Las
cosas
son
así,
pero
podrían
ser
diferentes”.

Yo
también
lo
creo.

*Autor
y
director
de
Los
engranajes.