El superhéroe sensible: la sorpresa de las series de 2025

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Es
el
mismo
show,
pero
creció.
Como
los
personajes”,
dice
Jennifer
Holland,
casi
como
una
declaración
de
principios
de
la
segunda
temporada
de
Peacemaker,
la
serie
de
superhéroes
que
confirma
dos
cosas:
John
Cena,
su
protagonista,
es
un
actor
fuera
de
la
norma
y
James
Gunn,
cuentahistorias
principal
de
DC
Comics,
sabe
lo
que
hace
(y
el
mundo
lo
disfruta).
Jennifer
Holland,
una
de
las
protagonistas
de
Peacemaker,
no
se
equivoca:
la
serie
irrumpió
en
el
2022
con
una
primera
entrega
que
mezclaba
con
sonrisa
diabólica
y
corazón
inteligente
brutalidad,
incorrección
y
una
vulnerabilidad
inesperada
en
su
musculoso
protagonista,
regresa
ahora
en
un
contexto
mucho
más
complejo.
Entre
universos
compartidos
que
colapsan
y
renacen,
con
Gunn
convertido
en
el
nuevo
arquitecto
de
DC
Studios,
Peacemaker
sobrevive
y
se
reinventa.
Lo
que
antes
parecía
un
spin-off
improbable
del
DCEU
se
transformó
en
la
bisagra
que
ahora
dialoga
con
el
flamante
DCU.
Y,
más
allá
de
universos
y
esas
cosas,
en
una
serie
cool,
canchera,
sentida
y
repleta
de
alteraciones
a
la
media,
tan
media,
que
nos
dan
las
series:
es
un
show
que
hace
lo
quiere,
y
eso
se
lee
más
como
una
transición
antes
que
una
estupidez.
En
medio
de
esa
transición,
lo
que
importa
es
lo
que
vuelve
a
ofrecer
y
lo
que
mejora:
un
héroe
tan
patético
como
entrañable
que
intenta
encontrar
su
lugar
en
un
mundo
que
ya
no
lo
quiere.

La
temporada
arranca
con
Christopher
Smith
(John
Cena)
tambaleando
entre
la
redención
y
la
recaída,
todavía
marcado
por
la
muerte
de
Rick
Flag
Jr.
y
por
el
caos
que
dejó
a
su
paso.
El
hallazgo
de
un
portal
hacia
otra
dimensión,
donde
existe
un
“Peacemaker
mejorado”,
parece
la
tentación
definitiva:
escapar
de

mismo.
Pero
ese
gesto
abre
una
grieta
que
arrastra
a
todos
los
que
lo
rodean,
entre
ellos
Emilia
Harcourt
(Jennifer
Holland),
que
enfrenta
su
propio
derrumbe,
y
Rick
Flag
Sr.
(Frank
Grillo),
decidido
a
ajustar
cuentas
por
la
muerte
de
su
hijo.
“Mi
personaje
no
es
un
villano”,
dice
Grillo
con
la
calma
de
quien
está
convencido
de
que
la
justicia
puede
confundirse
con
venganza.
“Lo
que
tengo
es
un
objetivo,
una
agenda:
que
Peacemaker
pague
por
haber
matado
a
mi
hijo.
Eso
me
atraviesa
en
todo
lo
que
hago”.

Ese
espíritu
de
continuidad
y
al
mismo
tiempo
de
reinvención
fue
parte
del
trabajo
de
esta
nueva
etapa.
Holland
lo
explica:
“Los
personajes
crecieron.
Harcourt
está
en
el
peor
momento
de
su
vida:
perdió
su
trabajo,
que
era
lo
que
le
daba
sentido.
Se
siente
vulnerable
y
lo
único
que
conoce
es
la
violencia.
Por
eso
la
vemos
en
peleas
de
bar,
por
eso
reacciona
así.
No
es
sano,
pero
es
lo
que
tiene
a
mano”.
La
actriz
subraya
que
el
arco
de
su
personaje
ahora
se
abre
hacia
un
territorio
emocional
inédito:
alguien
que
empieza
a
reconocer
que
necesita
de
otros.
“Por
primera
vez
se
conecta
con
la
gente,
y
eso
la
descoloca”.

Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios

El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.

Si
algo
distingue
a
Peacemaker
de
otras
series
de
superhéroes
es
su
capacidad
de
tensar
el
absurdo
hasta
lo
grotesco
y,
a
la
vez,
colarse
en
debates
sociales
incómodos.
La
primera
temporada
se
animó
a
poner
en
escena
el
racismo,
el
machismo
y
hasta
el
neonazismo.
Consultados
sobre
cómo
podría
resonar
esta
nueva
entrega
en
un
clima
mundial
donde
los
discursos
radicalizados
volvieron
a
escena,
Holland
se
mostró
cuidadosa:
“Hoy
todo
está
abierto
a
interpretación.
Uno
puede
tener
las
mejores
intenciones,
pero
no
sabés
cómo
lo
va
a
recibir
la
gente.
Yo
siempre
espero
que
invite
a
pensar
distinto,
aunque
al
final
cada
espectador
lo
lee
desde
su
lugar”.
Grillo
coincidió:
“Nunca
lo
viví
como
un
show
con
agenda
política.
Son
personajes
atravesando
lo
que
les
toca.
Si
la
gente
amó
la
primera
temporada,
ésta
es
más
de
lo
mismo,
pero
amplificado”.

La
relación
entre
Harcourt
y
Flag
Sr.
concentra
buena
parte
de
esa
tensión.
Él
manipula,
ella
sobrevive.
“Harcourt
está
desesperada.
Vendió
su
televisor,
no
sabe
cómo
sostenerse,
y
ahí
aparece
alguien
que
aprovecha
esa
fragilidad”,
reconoce
Holland.
Grillo
lo
plantea
desde
la
otra
vereda:
“Yo

qué
quiere
ella
y
me
aprovecho
de
eso
para
avanzar
en
mi
misión.
Es
una
dinámica
de
poder
y
necesidad,
totalmente
desigual”.
La
química
entre
ambos,
que
incluye
escenas
de
enorme
intensidad
física
y
emocional,
fue
uno
de
los
desafíos
del
rodaje.
“Tuve
peleas
con
John
(Cena)
que
me
dejaron
exhausto,
porque
la
emoción
y
la
acción
se
mezclaban.
Terminaba
drenado”,
confesó
Grillo.
Holland,
en
cambio,
se
tentó
más
de
una
vez
con
el
humor
corrosivo
que
el
set
imponía:
“James
nos
tiraba
frases
nuevas
en
el
momento
y
era
imposible
decirlas
sin
reírme.
Hubo
un
día
que
no
pude
completar
la
escena
sin
quebrarme,
pero
no
puedo
contar
más
porque
todavía
no
lo
vieron”.

LA
SONRISA
DE
GUNN.
Ese
humor
delirante
convive
con
el
pulso
de
tragedia
que
Gunn
imprime
a
su
historia.
Y
allí
está
también
su
rol
como
director
y
showrunner,
algo
que
ambos
actores
destacan
con
entusiasmo.
“Es
una
de
mis
personas
favoritas”,
asegura
Holland.
“Confío
totalmente
en
él.
Tiene
una
visión
clara
y
sabés
que
lo
que
te
pide
tiene
sentido
en
el
todo.
Eso
libera
mucho
al
actor”.
Grillo
coincide:
“Ves
que
tiene
la
película
completa
en
la
cabeza.
Entonces
hacés
lo
que
te
pide
porque
confiás
en
que
sabe
cómo
va
a
encajar
después”.

Claro
que
Peacemaker
no
sería
Peacemaker
sin
su
costado
más
irreverente.
Holland
bromea
cuando
recuerda
una
de
las
secuencias
más
comentadas:
“La
orgía
que
filmamos
está
entre
las
mejores
que
vi
en
cine.
Y
vi
todas”,
lanza
entre
risas,
fiel
al
tono
del
show.
Esa
desfachatez
es
también
lo
que
vuelve
a
diferenciar
a
la
serie
de
tantas
otras
producciones
de
superhéroes
que
se
debaten
entre
solemnidad
y
espectáculo
digital.
Aquí
hay
sangre,
humor
sucio
y,
sobre
todo,
personajes
con
grietas
que
los
hacen
reconocibles
en
medio
del
disfraz.

Entre
portales
a
otras
dimensiones,
peleas
imposibles
y
decisiones
que
desordenan
el
tablero
del
universo
DC,
lo
que
late
en
el
corazón
de
esta
temporada
es
la
misma
pregunta
que
en
la
primera:
¿qué
significa
ser
un
héroe
cuando
todo
lo
que
hiciste
fue
un
desastre?
Cena
lo
interpreta
con
la
torpeza
y
la
humanidad
que
le
dieron
vida
al
antihéroe
favorito
de
Gunn.
Alrededor
suyo,
personajes
que
buscan
sentido,
justicia
o
simple
supervivencia,
mientras
la
serie
insiste
en
recordarnos
que,
en
un
mundo
dividido,
los
héroes
no
son
dioses
luminosos
sino
seres
tan
contradictorios
como
quienes
los
admiran
u
odian.