
Igual que un Tigre puede contar una historia con las rayas de su cuerpo, Radamel Falcao puede hacerlo con las heridas de sus piernas. El delantero colombiano, que cumple hoy 40 años, está cerrando el círculo vistiendo la camiseta de Millonarios y jugando por primera vez en su carrera en la máxima categoría de su país.
Esa rareza, provocada por una infancia nómada ‘por culpa’ de un padre futbolista, la relata el propio delantero en una entrevista con L’Équipe en la que habla de su infancia, de sus diferentes etapas en América y en Europa y deja una frase de recuerdo para el Atlético: “Nunca estuve tan fuerte como en mi segunda temporada allí”.
“Cada año había un nuevo comienzo, no podía hacer amigos de verdad. No podía encariñarme con nada ni con nadie. Me afectaba. Pero también me permitió desarrollar una gran capacidad de adaptación desde muy temprano”, recuerda Falcao. Su padre, Radamel García, militó en varios equipos de Colombia y Venezuela, obligando a la familia a mudarse casi todas las temporadas.
Cada año había un nuevo comienzo, me afectaba
Sus condiciones físicas le hicieron subir niveles de categorías inferiores desde muy pequeño: “Destacaba entre la multitud, así que era inevitable. No me presionó. Al contrario, lo disfruté”. Hasta que se fue a Argentina, a las categorías inferiores de River Plate, una experiencia rica futbolísticamente hablando, pero solitaria: “Estuve aislado, lejos de mi familia, sin amigos”.
El crecimiento de un delantero inapelable
De aquellos primeros años recuerda las lesiones. “Durante los tres primeros años, antes de consolidarme, apenas jugué. No era feliz”, y cuenta que pensó volver a Colombia y abandonar la aventura: “Afortunadamente, mis padres me animaron a no rendirme. Estas pruebas forjaron mi carácter y me enseñaron disciplina, espíritu de lucha y resiliencia”.
Soñaba con ganar el Balón de Oro, claro, pero pertenezco a la generación de Cristiano y Messi
De su etapa posterior en Europa hay poco que no se sepa. Falcao dominó las áreas de medio continente a base de goles, de cabezazos, de definiciones. Sus mejores recuerdos, en el Calderón: “No todos los futbolistas podrán contarle a sus nietos que fueron quintos en el Balón de Oro (lo logró en 2012). Soñaba con ganar el Balón de Oro, claro, pero pertenezco a la generación de Cristiano y Messi. Durante mis dos años en España, marqué 24 y 28 goles en La Liga. Sin ellos, habría acabado como Pichichi. Creo que nunca estuve tan fuerte como en mi segunda temporada en el Atlético de Madrid”.





















