Crónica de toda una época gloriosa

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En marzo de este año, José María Muscari había estrenado Doradas, en el espacio del Teatro Cervantes que, con su nombre, homenajea a la uruguaya Luisa Vehil, más conocido como “Salón dorado”. De allí, en parte, se origina el título de este proyecto. Interpretado por Cristina Alberó, Marta Albertini, Judith Gabbani, Carolina Papaleo y Ginette Reynal, en monólogos, diálogos y escenas grupales, estas intérpretes de larga trayectoria en televisión, cine, teatro y pasarelas reflexionan sobre sus carreras, el paso del tiempo, el color dorado. Muscari les hizo preguntas; ellas respondieron, y con intervención de la Inteligencia Artificial sobre esos materiales, surgió el texto, donde se plasman vida y pensamientos de las intérpretes.

Doradas se trata, también, de la primera vez en que cada una de ellas actuó en el más prestigioso teatro de la Nación, primera vez también allí, del propio Muscari. Luego del éxito en la temporada de estreno, ahora continúan las funciones en el Teatro Regina (Av. Santa Fe 1235), los domingos a las 18. Tres de las intérpretes brindan esta entrevista para PERFIL: Alberó, partícipe de innumerables telenovelas como Andrea Celeste y programas como Mesa de noticias; Ginette Reynal, de recorrido nacional e internacional como modelo e integrante de ciclos televisivos como Café fashion, y Carolina Papaleo, figura de otras telenovelas como Una voz en el teléfono, de programas como Televisión registrada (en la actualidad) y puestas en escena tanto de obras de Shakespeare como para público infantil.

—¿Qué les produjo haber sido convocadas por Muscari y cómo lo caracterizarían?

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GINETTE REYNAL: Un llamado de Muscari para trabajar es siempre un motivo de alegría y un estímulo para mí. Me gusta mucho su cabeza siempre nueva. José es un director que tiene las cosas clarísimas. Para una actriz, es muy importante trabajar con alguien que te pide claramente lo que quiere y marca los límites.

CRISTINA ALBERÓ: No fue la primera propuesta. Agradezco que ya sean cuatro: La casa de Bernarda Alba, Casa Valentina, Derechas, y ahora Doradas. Todas son siempre una incógnita. Él es un creador, un rupturista. Y es una buena persona; tiene valores. Es un tipo con valores. Lo demuestra en su relación con su familia y sus amigos. Es un creativo eternamente, por supuesto. Y tiene una capacidad de trabajo inigualable.

CAROLINA PAPALEO: La propuesta me llegó en el momento justo: yo estaba con muchas ganas de trabajar en teatro, estaba haciendo cosas muy esporádicas. Su cabeza, el tema del Cervantes: dije que sí enseguida.

—¿Cómo caracterizarían al grupo, a las compañeras?

G. R: Muscari tiene enorme talento para armar equipos. Mis compañeras son todas distintas entre sí. Por ejemplo, Cristina y Marta son bastante antagónicas, cosa que me interesa muchísimo. Con Judith, aunque hicimos carreras muy diferentes dentro del mismo estilo y misma época, somos víctimas de los mismos prejuicios. Carolina y otras son actrices de raza. Para mí, es un orgullo ser considerada dentro de este grupo.

C. P: Con Cristina, ya nos conocíamos y me río mucho con ella: nos miramos y ya sabemos lo que piensa cada una. Marta, con quien no había tenido oportunidad de trabajar, es una mujer muy femenina, con características que tenía mi vieja [Irma Roy]: si no se arregla, si no se pinta, no sale. Ginette es la que nos mima: trae cositas para comer a los ensayos, me pone un rubor especial, nos da a todas los tips de belleza, porque, por sus años de modelaje, sabe todos los trucos en cuanto al pelo, al maquillaje. Y con Judith, todas disfrutamos de sus anécdotas.

—¿Dicen su edad? ¿La edad es un dato relevante para ustedes?

G. R: Digo mi edad: no tengo ningún problema. Tengo 66 y me siento interiormente de mucho menos. Mi espíritu, gracias a Dios, es joven. Tuve abuelas muy jóvenes, y me siento muy vital, con la cabeza muy abierta.

C. P: Digo la edad: tampoco tengo ningún problema. De hecho, digo mi edad en cada función. Me encanta cumplir años y los festejo, porque significa que uno está dentro del planeta Tierra. Pero mi edad no me define, no tengo el foco ahí. Me preocupan otras cosas en la vida.

C. A: Voy a decir tres cosas. En primer lugar, yo estoy mal anotada. En segundo lugar, digo siempre lo que quiero que se produzca, entonces recomiendo a las mujeres que digan que tienen diez años menos. No será verdad, seguramente, pero lo van a parecer. En tercer lugar, el actor debe ser atemporal; debe poder hacer personajes que nada tengan que ver con su edad real. En el escenario, una mujer de 80 años puede hacer de un chico. Lamentablemente, en los prejuicios de productores y directores, está: “¿Cuántos años tiene? ¿Podrá dar el personaje?”, como si la edad sopesara dentro de las cualidades del actor. El actor principalmente tiene que representar y eso nada tiene que ver con su edad, salvo que tenga inconvenientes físicos y no pueda actuar por inconvenientes de su salud.

—¿Qué mirada tienen sobre la cultura popular, los productos masivos, la televisión de aire? ¿Qué les significa haber estado en el Cervantes?

G. R: Trabajar en el Cervantes es algo que nunca me imaginé para mí, por la carrera que hice: mucha televisión y Sofovich, programas más –¿cómo decirlo sin que suene peyorativo?, porque amo cada cosa que hice–, programas distantes de los estilos del Cervantes, del San Martín, esos teatros. Pero la cultura es una sola y se va conformando de las expresiones de los distintos artistas. Me interesó siempre lo popular: empecé trabajando con Sofovich. Tal vez porque yo venga a de una familia tradicional y haya sido educada en un muy buen colegio y hable tres idiomas y bla bla bla, me interesó investigar en lo popular. Me gusta la gente, me gustan los distintos tipos de personas, y la cultura está formada por las personas.

C. P: Estar en televisión haciendo conducción tiene que ver con la comunicación, que no es hacer un personaje, sino estar al servicio [de programa] que estoy haciendo. Por ejemplo, en un momento, presenté las novelas de Canal 9; hoy estoy en un programa para pasar lo mejor posible los sábados a la noche frente a la realidad; se focaliza hacia el lado de lo político y me permite comunicarme, estar con el público, llegar a las casas, tener una cotidianeidad y acompañar.

—¿Por qué son doradas, por qué se sienten doradas?

C. A: “Doradas”, en principio, me produce gracia, porque es como llegar al bronce, cosa que el ego de muchos actores ha tenido. Digo que siempre fui dorada, porque me valúo como ser humano, como mujer, si entendemos por dorado como lo mejor. Soy un ser humano en construcción, que aprende todo el tiempo de todo. Eso ha sido una de mis mejores escuelas para poder subirme al escenario: aprender de todo y poder trasladarlo a mis personajes. Fui, soy y seguiré siendo dorada por el resto de mi vida.

G. R: Me siento una mujer dorada, porque me siento una persona muy bendecida. Elegí transitar la vida en la luz, la honestidad, el amor, en la buena energía, en no consumir basura de pensamiento. Todos podemos sentir y pensar en la luz, en el amor.

C. P: En la vida y en la actuación, me siento dorada, porque siento que pertenezco a una época en que la tele fue absolutamente dorada. El dorado tiene que ver con ser protagonista, el brillo, la monarquía, la corona. Un poco, me siento reina. La obra Doradas da cuenta de toda una época, de tele en el living, tardes compartidas con mate. Eso está grabado en la emocionalidad del público. Esta obra lleva a recordar un pedacito de esa época.