“Muy pocas personas manejan el mundo”

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La guerra ya empezó. Después de dos temporadas construidas sobre amenazas, alianzas y movimientos estratégicos, La casa del dragón, el original de HBO MAX, entra finalmente en el conflicto que venía prometiendo desde su primer episodio, digno de su papá Game of Thrones. Sin embargo, para buena parte de su elenco, el tema central de la nueva temporada no son las batallas ni los dragones. Es el costo. Durante las entrevistas que mantuvo PERFIL con parte de los protagonistas de la serie, apareció una idea repetida desde distintos lugares: la sensación de que los personajes están empezando a descubrir que ganar no necesariamente significa triunfar.

EL ALMA. “Creo que el alma de esta temporada es la pérdida”, explica Bethany Antonia, que interpreta a Baela Targaryen. “La sensación de ganar y perder al mismo tiempo. Incluso cuando ganás, ¿cuál es el costo? ¿Cuál es la pérdida? Es una pregunta muy presente para el mundo en el que vivimos. Lo que deja esta temporada es: ¿valió la pena todo esto?”.

La observación resulta llamativa porque desplaza el foco lejos de los elementos más visibles de la serie. Aunque la nueva entrega incluye algunas de las secuencias más ambiciosas de la producción, los actores parecen mucho más interesados en hablar de las consecuencias emocionales de la guerra que de sus escenas de acción. Phoebe Campbell, que interpreta a Rhaena Targaryen, cree que esa sensación atraviesa especialmente a los personajes más jóvenes. “Vemos a Rhaena esforzarse constantemente. Empuja, insiste, intenta encontrar su lugar, pero muchas veces ese esfuerzo no la lleva adonde quiere llegar. Creo que el público va a sentir cierta compasión por ella, aunque también esperanza”.

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CAMBIOS. La idea de una generación obligada a hacerse cargo de un conflicto heredado aparece una y otra vez en las conversaciones. Los hijos de la Danza de los Dragones ya no observan los acontecimientos desde los márgenes. Ahora son ellos quienes deben tomar decisiones. Tom Glynn-Carney cree que eso explica buena parte de la evolución de Aegon II. Según el actor, el personaje encuentra por primera vez una sensación de propósito cuando recibe la corona. “Es la primera vez que siente que tiene una razón para existir”, explica. “Empieza a convertirse en un hombre joven en lugar de seguir siendo un adolescente imprudente. Sigue siendo impredecible y errático, pero por primera vez tiene una responsabilidad real”. Harry Collett, que interpreta a Jacaerys Velaryon, describe un proceso diferente. Mientras Aegon reacciona impulsivamente, Jace parece atrapado por el peso de cada decisión. “Jace se va a dormir pensando en las decisiones que tomó durante el día y en las que tendrá que tomar al día siguiente. Todo le importa muchísimo. Su familia, su posición, el futuro de su linaje. Vive con esa presión constantemente”.

Aunque pertenecen a bandos opuestos, ambos actores coinciden en que sus personajes tienen más cosas en común de lo que suele percibir el público. Los dos crecieron bajo expectativas enormes. Los dos fueron observados desde la infancia. Y los dos intentan responder a exigencias para las que nadie los preparó.

PODER. Si hay una palabra que aparece con frecuencia entre los integrantes del elenco es aislamiento. Fabien Frankel sostiene que Criston Cole y Alicent Hightower comparten una sensación muy particular: la de haber terminado atrapados en posiciones que nunca imaginaron ocupar. “Hay un dolor compartido”, afirma. “Los dos se sienten atrapados. Son personas que terminaron en lugares que no eligieron completamente y que ahora tienen mucho poder sin saber necesariamente qué hacer con él”. Olivia Cooke coincide. Para la actriz, uno de los aspectos más interesantes de la serie es que prácticamente todos los personajes están solos. “Creo que esta serie está llena de personas aisladas”, señala. “Y especialmente personajes como Alicent o Cole, que no nacieron dentro de la familia Targaryen. Siempre existe una sensación de estar afuera, de no pertenecer completamente”.

La relación entre Alicent y Rhaenyra también atraviesa una transformación importante. Cooke considera que ambas siguen conectadas por la amistad que tuvieron durante la adolescencia, incluso cuando las circunstancias parecen haber destruido cualquier posibilidad de reconciliación. “Cada vez que se encuentran intentan actuar como adultas, pero terminan regresando a quienes eran cuando eran jóvenes. Como si una parte de ellas hubiera quedado congelada en ese momento”.

EL PRESENTE. La reflexión más directa sobre la actualidad llegó cuando se les preguntó qué puede decir esta temporada acerca del mundo contemporáneo. Cooke no dudó: “Tenemos un número muy pequeño de personas manejando el mundo y tomando decisiones que gran parte de la población no quiere”, afirma. “Y eso también aparece en La casa del dragón. Pero no es algo nuevo. La historia se repite. Ha ocurrido desde el comienzo de la humanidad”. La observación encontró una respuesta inmediata en Frankel. “Estoy completamente de acuerdo”, dijo el actor. Quizás esa sea una de las razones por las que el universo creado por George R. R. Martin sigue funcionando con tanta fuerza. Detrás de los dragones, los castillos y las guerras dinásticas, la serie continúa hablando de cuestiones profundamente reconocibles: líderes incapaces de controlar las consecuencias de sus actos, sociedades divididas y generaciones jóvenes obligadas a convivir con decisiones tomadas por otros. Por eso, más allá del espectáculo y de las batallas, la tercera temporada parece regresar siempre a la misma pregunta. Una pregunta que atraviesa a los personajes, al público y también al mundo real. ¿Cuánto estamos dispuestos a perder para ganar?

MIRADA. Más allá de las disputas por el poder, otra de las cuestiones que atraviesa la temporada es la relación de los personajes con los modelos que heredaron. En temporadas anteriores, muchos de ellos todavía podían observar a sus padres, mentores o referentes como figuras capaces de ofrecer respuestas. Ahora esa certeza parece haberse desmoronado. Bethany Antonia cree que Baela llega a un punto de quiebre precisamente por esa razón. “Las personas a las que considera sabias están tomando decisiones muy malas. La gente a la que recurre para encontrar orientación la decepciona constantemente”, explica. El resultado es un personaje que comienza a preguntarse si existe una alternativa a los caminos que le fueron señalados desde la infancia. “Por primera vez desde el comienzo de la serie, Baela contempla la posibilidad de alejarse de aquello que significa pertenecer a la Casa Targaryen”. La reflexión resulta especialmente interesante porque aparece en una franquicia construida alrededor de los linajes. Durante años, el universo de George R. R. Martin estuvo dominado por la importancia de la sangre, los apellidos y la herencia. Sin embargo, varios de los personajes más jóvenes parecen estar atravesando un proceso opuesto: descubrir quiénes son cuando dejan de definir su identidad exclusivamente a partir de su familia. Phoebe Campbell encuentra esa tensión en la relación entre Rhaena y Baela. Según la actriz, su personaje atraviesa buena parte de la temporada sintiéndose desplazado, pero al mismo tiempo encuentra una referencia fundamental en su hermana. “Probablemente es la única persona en quien Rhaena confía completamente. Incluso más que en sí misma”, señala. En un mundo donde las alianzas cambian constantemente y donde las lealtades parecen cada vez más frágiles, ese vínculo aparece como uno de los pocos espacios de estabilidad emocional.