
Una
muerte
silenciosa,
de
Sebastián
Schindel,
es
el
primer
lanzamiento
grande
del
cine
argentino
en
2025.
Filmada
en
San
Martín,
Neuquén,
y
protagonizada
por
Joaquín
Furriel,
Víctor
Laplace
y
Alejandro
Awada,
la
película
tiene
a
Soledad
Villamil
en
un
rol
jugado,
tenso,
que
demuestra
lo
que
es
obvio:
hace
rato,
Villamil
es
un
rostro
y
una
presencia
que
nuestro
cine,
nuestras
tablas,
deben
cuidar,
y
es
alguien
que
vive
la
cultura
como
pocos
nombres
públicos.
Su
entrega,
su
versatilidad,
son
la
prueba
de
alguien
que
se
entrega
a
los
relatos.
Su
papel
como
Bea
en
Una
muerte
silenciosa
es
una
prueba
más:
Villamil
es
una
actriz
de
oro,
que
hace
cosas
que
no
muchos
pueden
hacer.
En
su
mirada
hay
cine
clásico,
hay
modernidad;
en
sus
palabras,
todo
un
mundo.
Villamil
recuerda
sobre
Una
muerte
silenciosa
y
su
rodaje
en
el
sur
argentino:
“Creo
que
lo
que
recuerdo
en
mi
experiencia,
en
el
cuerpo,
lo
que
quedó
muy
pregnado
es
el
lugar:
la
naturaleza.
Fue
una
experiencia
muy
intensa
filmar
en
la
Patagonia
y
en
esas
condiciones
climáticas
que
son
todo.
Condiciones
que
tienen
un
peso
enorme.
Fue
hermoso.
Para
mí
fue
un
rodaje
espectacular.
Era
muy
fácil
entrar
en
el
modo
de
la
película
e
imaginar
las
condiciones
en
que
vivían
esos
personajes.
Imaginar
lo
hermoso
y
lo
sórdido.
La
película
retrata
muy
bien
eso:
no
está
romantizado
eso,
está
la
sordidez
de
eso”.
El
personaje
de
Villamil
vive
un
momento
siempre
considerado
de
los
más
difíciles
para
atravesar
en
una
ficción:
“Era
un
desafío,
y
lo
fuimos
buscando.
Estaba
escrito
en
el
guion
y
hubo
que
buscarle
una
forma.
Lo
trabajamos
mucho
con
el
director,
Sebastián,
y
con
Joaquín
Furriel.
También
con
Víctor,
claro.
Para
mí
era
muy
importante
que
se
contara
esa
sensación
de
Bea:
la
sensación
de
abismo,
de
no
me
voy
a
poder
mover
de
acá
nunca
más.
Ese
dolor,
esa
sensación
de
que
se
terminó
todo.
Lo
fuimos
buscando,
ensayando,
y
para
mí
fue
entregarme
a
esa
emoción”.
—¿Qué
te
gusta
de
contar
en
el
cine?
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
—Contar
una
historia
en
el
cine
es
la
posibilidad
de
contar
a
través
de
todos
los
sentidos.
O
de
casi
todos
los
sentidos.
El
cine
tiene
esa
magia
envolvente
que
te
permite,
que
nos
permite,
una
conexión
total,
una
entrega
muy
grande
y
plena
a
la
historia,
al
menos
cuando
funciona.
A
mí
me
pasa
como
espectadora
de
cine,
que
me
abstraigo
del
tiempo
y
espacio,
que
estoy
ahí
una
hora
y
media
o
el
tiempo
que
sea
y
estoy
ahí
entregada
en
cuerpo
y
alma
al
relato.
Eso
me
parece
alucinante.
—¿Qué
implica
estrenar
una
película
en
este
momento
del
cine
argentino?
—Para
mí
siempre
tiene
un
valor
extra
estrenar
una
película,
es
un
acontecimiento
emocionante.
Es
algo
bastante
dicho,
pero
hay
muchísimo
trabajo
detrás
de
una
película.
Es
un
momento
de
mucha
celebración,
porque
toda
esa
gente
detrás,
todo
ese
esfuerzo
que
hizo
que
la
película
fuera
posible
se
va
concretado
en
la
pantalla,
se
ve
su
laburo,
y
es
hermoso.
Pero
creo
que
en
este
momento,
con
el
cine
nacional
tan
cuestionado,
tan
jaqueado,
tan
puesto
en
duda,
tiene
un
valor
extra.
—¿Qué
te
llama
de
un
papel
en
este
momento?
—A
mí
me
resulta
muy
significativo
cuando
leo
un
guion
y
me
conmueve,
me
conmueve
como
lectora
y
como
personaje.
Cuando
encuentro
algo
que
me
conmueve
por
fuera
del
personaje,
algo
más
relacionado
al
relato.
Ese
sería
el
hilo
rojo
que
une
los
papeles
que
cuento.
—¿Cómo
vivís
tu
camino
como
artista,
entre
el
contar
y
el
cantar?
¿Qué
dice
de
vos
tu
profesión
en
este
momento?
—Difícil
decir
para
mí.
Es
una
buena
definición
el
pensarme
como
persona
inquieta,
curiosa,
interesada
en
muchas
cosas.
Obviamente,
he
ido
focalizando
mi
vida
en
torno
a
esto,
a
contar
historias.
Me
parece
que
ese
es
un
común
denominador
de
lo
que
hago,
ya
que
puede
ser
a
través
de
una
canción
o
de
una
ficción
en
la
que
actúo.
Siempre
es
esta
idea
de
la
intérprete,
de
la
transmisión.
De
alguien
que
toma
un
material,
lo
interpreta,
lo
comunica
al
que
va
a
escuchar,
al
que
va
a
ver,
al
que
recibe.
Creo
que
hay
algo
de
mi
naturaleza
que
se
fue
manifestando
y
expresando
para
ese
lugar,
para
ser
alguien
que
cuenta
historias.
La
pasión
por
las
historias
¿de
dónde
me
viene?
Bueno…
soy
geminiana.
Hay
algo
de
la
comunicación
mercurial,
de
Mercurio,
que
llevaba
las
historias
entre
los
dioses
y
los
hombres,
que
es
parte
de
encontrar
algo
que
a
mí
me
conmueve
y
transportarlo,
de
hacer
ese
puente.
Después,
no
sé,
algo
que
tuvo
bastante
peso
en
mi
vida
fue
haber
vivido
en
una
familia
interesada
en
el
arte,
en
la
música.
Algo
de
eso
obviamente
vino
conmigo,
y
encontró
un
espacio
para
poder
desarrollarse.
Nunca
me
pasó
que
mi
entorno
o
mi
padre
me
dijera:
¿cómo
vas
a
dedicarte
a
ser
actriz?,
¿cómo
vas
a
dedicarte
al
arte?
Siempre
me
sentía
habilitada
por
mí
misma
y
por
el
entorno,
a
probar,
a
jugar
y
hacer
eso.
—¿Qué
define
la
cultura
en
términos
de
acción
política?
—Hoy
más
que
nunca
poder
hacer
una
película
argentina,
poder
contar
nuestras
historias,
nuestros
paisajes,
nuestro
país,
nuestro
modo
de
ver
el
mundo
para
mí
es
un
acto
casi
revolucionario.
Qué
mal
estarán
las
cosas,
o
qué
condiciones
se
darán
para
que
las
cosas
se
sientan
así.
No
es
solo
en
este
país,
pero
acá
lo
estamos
viviendo
con
mucha
crudeza
porque
hay
una
situación
muy
concentrada
en
relación
con
la
posibilidad
de
producir,
cada
vez
es
más
difícil
producir
para
los
que
no
estamos
en
el
centro
del
mundo,
con
lo
cual
contar
y
producir
desde
la
Argentina
es
vital.
Si
nosotros
no
contamos
nuestras
historias,
¿quién
las
va
a
contar?
—¿Te
preocupa
en
términos
de
los
trabajos
que
se
generan
dentro
de
la
industria?
—Me
preocupa
muchísimo.
Me
preocupa
por
mí,
por
mis
compañeros,
porque
es
difícil
de
dimensionar
para
un
espectador
lo
que
implica.
La
cantidad
de
gente
que
trabaja
y
no
solo
a
nivel
fuente
de
trabajo
sino
también
la
especificidad
y
los
años
de
formación
que
esa
gente
tiene.
Todos,
el
vestuario,
el
que
hace
foco,
todo
tienen
una
especificidad
en
su
artesanía
y
oficio
que
si
esto
se
corta,
¿qué
hacemos?
Esto
se
establece
mucho
en
la
práctica.
Es
un
oficio,
que
se
aprende
de
quien
hizo
veinte
películas
antes,
y
todas
las
aréas
pasamos
por
eso.
Es
crucial
la
continuidad
de
la
industria.
Me
gustaría
seguir
haciendo
películas
que
nos
cuenten
a
nosotros.




















