“El teatro sigue siendo un lugar de resistencia”

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Se
destaca
en
la
cartelera
teatral
una
nueva
propuesta
que
eligió
un
género
muy
poco
transitado:
la
ciencia
ficción.
Es
Coherencia,
basada
en
el
guión
de
James
Ward
Byrkit,
sobre
una
historia
de
Alex
Manugian,
que
adaptó
Gonzalo
Heredia.
El
espectáculo
dirigido
por
el
cineasta
Hernán
Guerschuny
cuenta
con
un
elenco
integrado
por
el
mismo
Heredia,
más
Mey
Scápola,
Vanesa
González,
Guillermo
Pfening,
Nicolás
Pauls
y
Laura
Cymer.
Las
funciones
son
de
miércoles
a
domingo
en
el
Multiteatro.

Aquí
dos
de
los
protagonistas,
Scápola
y
Pfening
analizan
el
género
y
también
cuentan
sus
otras
actividades.
Scápola
ya
emprendió
una
nueva
edición
de
Las
cosas
maravillosas
ahora
con
Fernando
Dente,
siempre
en
Multiteatro.
Sigue
de
gira
con
Caer
y
levantarse
con
Luciano
Castro,
aunque
hará
en
agosto
dos
funciones
en
El
Picadero.
Mientras
que
a
Pfening
se
lo
puede
ver
en
la
serie
de
HBO
Foodie
Love
de
Isabel
Coixet
y
en
En
el
barro,
la
secuela
de
El
marginal.
También
en
la
película
El
practicante
con
Mario
Casas
y
en
las
dos
temporadas
de
Bienvenidos
al
Edén,
ambas
en
Netflix.

—¿Cuál
la
relación
que
tienen
con
la
ciencia
ficción?

Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios

El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.

MEY
SCÁPOLA:
Soy
mucho
más
espectadora
de
otros
géneros.
Te
diría
que
me
engancho
más
cuando
siento
que
me
podría
pasar
a
mí.
Si
algo
está
muy
alejado
me
cuesta
imaginarlo.
Pero
cuando
veo
actores
o
actrices
que
se
lo
creen
me
apasiona,
porque
es
como
es
como
un
juego
de
niños,
como
en
El
Eternauta.
Es
muy
alejado
de
lo
que
hacemos
nosotros
como
actores
en
general.
Actuamos
en
comedia
o
drama,
textos
más
cercanos.

GUILLERMO
PFENING:
A

me
gusta,
pero
no
me
llevo
bien
con
las
naves,
las
armas
y
la
violencia
de
algunos
relatos
de
ciencia
ficción.
Me
atrae
lo
distópico,
lo
que
es
más
metafísico.

—¿Qué
es
lo
más
difícil
de
este
género?

M.S:
Para

es
encontrar
una
verdad.
Una
está
muy
acostumbrada
a
ver
este
tipo
de
ficción
en
el
cine.
Hay
algo
del
plano,
del
detalle,
del
exterior,
que
se
cuenta
todo
el
tiempo
porque
tenés
una
cámara
y
secuencias,
con
muchos
efectos.
Al
ser
tan
analógico
el
teatro,
pese
a
que
esta
obra
tiene
imagen
y
tiene
sonido
que
acompaña,
todo
está
muy
puesto
en
nosotros.
Lo
más
difícil
es
cómo
se
hace.
Contamos
con
un
colaborador
artístico,
Juan
Branca,
que
nos
subrayaba
que
éramos
seis
personas
normales
a
las
que
les
pasa
algo
fantástico.
¿Qué
te
pasaría
si
te
estalla
el
teléfono
y
a
otro
amigo
también
y
se
corta
la
luz?
El
miedo
crece.

G.P:
Cuando
tuve
que
hacer
ciencia
ficción,
los
que
hicimos
una
película
aquí
en
la
Argentina
lo
más
difícil
fue
trabajar
con
los
cromas
y
las
pantallas
verdes
e
imaginarte
gente
y
objetos
que
no
están
ahí.
Lo
que
tiene
este
tipo
de
ficción
para
actuar
es
que
te
da
un
nivel
de
fantasía
tremendo.
Algo
que
no
te
enseñan
en
las
escuelas
de
teatro.
Vos
podés
crear
un
mundo
totalmente
corrido
del
que
vivimos
y
fantasioso.
Tiene
que
ver
mucho
con
los
niños.
Actuar,
jugar
y
permitirse
ser
como
cuando
eras
pequeño.
En
ese
sentido
es
divertido.

—¿Cómo
fue
trabajar
con
un
director
de
cine
como
Hernán
Guerschuny
que
debuta
en
el
teatro?

M.S:
Creo
que
acercó
caminos
a
la
hora
de
contar.
Porque
él
tenía
conocimientos
que
un
director
de
teatro
tal
vez
no
tiene.
Estuvo
muy
abierto
a
escucharnos.
Fue
un
trabajo
en
equipo,
con
confianza.
Hay
que
confiar
en
el
que
está
mirando
y
seguir
el
camino
que
te
va
marcando
el
otro.
Un
director
es
como
un
capitán
de
barco,
timonea
para
un
lado
y
nosotros
nos
subimos
y
vamos
confiando.
El
teatro
se
modifica
todo
el
tiempo.
Teníamos
todos
muy
claro
que
la
ficción
no
podía
quedar
alejada
de
la
gente.
Se
necesitaba
que
la
historia
se
entienda.

G.P:
Fue
un
proceso
para
todos
muy
batallado.
Lo
buscamos
mucho,
descartamos
las
primeras
ideas
y
fue
todo
un
proceso
que
nos
unió
como
actores
y
también
como
grupo
porque
no
es
una
obra
fácil.
Quizás
en
el
cine
tenés
muchos
recursos,
planos,
detalles,
pero
en
el
teatro
no.
Por
eso
estamos
reformulando
y
repensando
todo
el
tiempo
el
espectáculo.
A
Hernán
como
director
integral
se
le
sumó
Juan
Branca,
en
la
colaboración
artística
que
nos
ayudó
mucho,
más
que
nada
con
lo
físico,
los
movimientos
a
largo
de
la
puesta
en
escena.
Ambos
hicieron
muy
buen
equipo.

—¿Tuvieron
presente
a
la
película
del
2013
dirigida
por
James
Ward
Byrkit?

M.S:
La
verdad
es
que
yo
no.
La
tuvo
más
presente,
obviamente,
Gonzalo
(Heredia)
quien
desde
hace
mucho
tiempo
estuvo
trabajando
en
la
adaptación
y
el
director.
Preferí
no
basarme
en
la
película,
además
ahí
son
ocho
personajes
y
nosotros
somos
seis.
En
el
film
hay
muchos
recursos
que
nosotros
tuvimos
que
soltar.
La
ciencia
ficción,
o
lo
fantástico,
es
un
género
particular
y
no
es
para
todo
el
mundo,
entonces
hay
que
tratar
de
acercarlo.

G.P:
Más
o
menos.
La
vi,
pero
hay
partes
que
no

si
las
entendí.
Fue
como
una
referencia.
Me
quedé
un
poco
afuera.
Creo
que
la
película
tiene
algo
que
te
suelta
en
un
momento
de
la
mano.
Eso
era
lo
no
queríamos
que
pase
con
el
espectáculo
teatral.

—¿Cómo
ven
al
cine
y
al
teatro
en
estos
tiempos?

M.S:
Al
cine
no
lo
veo,
básicamente
porque
no
hay.
Ojalá
pudiera
decirte
cómo
veo
el
cine.
Creo
que
no

si
se
hicieron
tres
películas
en
todo
este
año.
Obviamente
es
una
situación
muy
difícil.
Le
da
trabajo
a
muchísima
gente,
no
solo
a
los
actores,
también
técnicos,
guionistas,
camarógrafos,
maquilladores,
son
cientos
de
personas
las
que
trabajan
en
una
película.
No
hay
apoyo
del
Incaa
y
es
imposible
en
este
país,
salvo
con
las
plataformas.
Y
la
respuesta
a
esto
es
que
el
teatro
está
explotado,
hay
más
propuestas
que
nunca.
Es
como
el
único
refugio
que
nos
queda.
El
teatro
sigue
siendo
bastante
autogestivo
incluso
entre
los
productores,
porque
acá
tuvimos
tres
que
apostaron.

G.P:
Al
teatro
lo
veo
superbién.
Creo
que
va
a
empezar
a
vivir
otro
momento,
siempre
pasa
cuando
hay
crisis.
Todo
el
mundo
va
al
teatro,
actores,
productores
y
directores.
Es
parecido
a
lo
que
pasó
desde
el
2001
hasta
el
2003,
cuando
surgieron
grandes
camadas
de
creadores,
como
Rafael
Spregelburd
o
Cristian
Drut.
El
teatro
como
un
lugar
de
resistencia.
El
teatro
en
Buenos
Aires
es
único,
hay
en
muy
pocos
lugares
del
mundo.
Con
respecto
al
cine,
me
fascina,
pero
hoy
no
se
puede
hacer
en
la
Argentina.
Hay
muchos
proyectos
colgados.
Tengo
el
mío,
una
película
que
se
iba
a
titular
Alice,
que
es
sobre
una
mujer
adicta
a
las
cirugías
estéticas.
Tenía
todo
para
hacerla,
estaba
buscando
más
dinero
porque
la
plata
que
te
daba
el
Incaa
nunca
alcanza
para
financiar,
es
sólo
un
cuarto,
que
después
debés
devolver.
No
te
la
regalaban.
Somos
muchos
los
directores
que
quedamos
así.
Ahora
dan
sólo
cinco
subsidios
y
se
presentan
doscientos
proyectos.

—¿Se
modificaron
sus
vidas
en
esta
realidad?

M.S:
Básicamente
tengo
que
tener
más
trabajos
que
antes
para
llegar
a
fin
de
mes.
Me
parece
que
estamos
todos
iguales.
A

me
gusta
mucho
lo
que
hago
y
también
diversificarme,
dirigir,
actuar
y
hacer
radio.
Estamos
intentando
tener
muchos
proyectos
al
mismo
tiempo
porque
no
sabés
cuánto
va
a
durar.
Los
actores
no
escapamos
de
esa
realidad.
Siempre
digo:
somos
privilegiados,
hacemos
lo
que
nos
gusta,
con
gente
que
queremos
y
tenemos
un
sueldo
digno
en
este
momento.
Hay
gente
que
la
está
pasando
mucho
peor
que
nosotros.
La
realidad
me
modificó,
pero
hay
gente
que
la
modificó
mucho
más
que
a
mí.

G.P:
Sí.
Muchísimo.
Vivo
con
mucho
menos
dinero.
Por
suerte
estuve
trabajando
los
últimos
tres
años
en
Europa,
filmando
películas
y
series
en
España.
Ahora
hay
que
ajustarse,
porque
hay
poco
trabajo,
como
le
pasa
a
todo
el
mundo.