Hay pasiones que, cuando se sostienen en el tiempo, terminan convertidas en instituciones. Esa es la historia de Cristina Sánchez, que en 1995 tenía su propia escuela de danzas en Villa Carlos Paz y, casi sin planearlo, terminó creando el certamen de danza más importante del país. Treinta y dos años después, del 26 de septiembre al 3 de octubre, Danzamérica vuelve a la ciudad con cerca de 3.100 bailarines y casi 700 coreografías, escenario tras escenario, en el Teatro Luxor.
El objetivo del certamen no cambió desde el primer día: desarrollar y fomentar la danza en todas sus manifestaciones, elevar el nivel técnico de bailarines y maestros, y —sobre todo— convertir esa formación en una salida laboral real para quienes eligen la danza como carrera. Sánchez lo dice con la convicción de quien lleva tres décadas viéndolo funcionar: cuando empezó, casi no existían en Argentina competencias de danza con estas características. Hoy la ciudad tiene cerca de 73 concursos, y como ella misma resume, no sin orgullo: “Nosotros marcamos una moda previa”.
En paralelo se desarrollará el GPAL (Gran Premio América Latina), una competencia internacional de ballet que también tiene sede en Villa Carlos Paz, del 25 de septiembre al 1° de octubre, en el mismo Teatro Luxor. Es una de las caras más emocionantes de estos diez días: 145 bailarines de 11 países —México, Colombia, Perú, Brasil, Uruguay, Paraguay, Ecuador y Chile, entre otros— llegan con un mismo sueño bajo el brazo. Ahí no se reparten medallas ni premios en efectivo, sino algo que puede cambiarle la vida a un joven bailarín: becas de formación internacional en instituciones como la Escuela de Ámsterdam, la Hamburg Ballet School, el Houston Ballet, el Miami City Ballet, la Canada’s National Ballet School o la Fundación Nacho Duato, además de escuelas de Londres y Bélgica.
Pueden participar chicos y chicas de entre 10 y 18 años, con becas que van desde residencias completas hasta workshops de uno o dos meses. Y el cruce entre ambos certámenes no termina ahí: los propios participantes de GPAL también se incorporan a la competencia principal de Danzamérica, evaluados por un jurado integrado por profesionales de Argentina y de distintos países de Latinoamérica.

Gestión cultural y disciplina
Detrás de esa vidriera de talento hay una gestión cultural que no se ve desde la platea. Sostener diez días de funciones con miles de participantes exige una logística que empieza mucho antes de que se abra el telón: ante la falta de salas de ensayo de gran capacidad en la ciudad, este año los ensayos de GPAL se trasladarán al Howard Johnson, a unos 1.800 metros del Luxor, desde donde micros llevarán a los bailarines hasta el teatro.
Las jornadas arrancan al amanecer: hay participantes que se levantan a las 5.30 para peinarse, maquillarse y vestirse, a las 7 empieza el traslado, y a las 8 se abre el telón. Puntualidad, orden y atención en cada sala son, según Sánchez, la marca de fábrica que hace que delegaciones de todo el continente vuelvan año tras año.
Para Sánchez, ese crecimiento sostenido durante más de tres décadas no es casualidad, sino el resultado directo de la trayectoria construida año a año. Y no es un dato menor para la ciudad: entre bailarines, familias, maestros y coreógrafos, calcula que el movimiento generado durante estos diez días será significativo para Villa Carlos Paz.
La semana, día por día:
El sábado 26 arranca con acreditación y reconocimiento de escenario, y el domingo 27 llega la apertura oficial de Danzamérica al mediodía, con el comienzo del clásico repertorio. Lunes 28 y martes 29 siguen las competencias de clásico repertorio, variaciones, clásico libre y neoclásico, hasta que el martes a las 20 se entregan los primeros premios. El miércoles 30, además de la competencia de contemporáneo, GPAL celebra su Cena de aniversario. Jueves 1 y viernes 2 llegan el contemporáneo y la danza jazz, con la gala de finalistas de GPAL el jueves a la noche. Y el sábado 3, después del ballroom libre internacional, a las 19 se entregan los premios que cierran esta edición.

Ese cuidado tiene un costo que la organización asume sola: “Decidimos no depender de ningún gobierno; con o sin ellos, Danzamérica sigue existiendo”, señaló Sánchez, dejando en claro que el certamen se sostiene con recursos propios. Pero lejos de ser el centro de la historia, ese dato es apenas una línea al margen de lo que realmente mueve a Danzamérica: la certeza de que, con trabajo y disciplina, la danza puede ser una carrera de verdad.
Basta ver a esos 145 chicos y chicas de GPAL, algunos con apenas 10 años, subiendo por primera vez a un escenario internacional, para entender por qué hay bailarines que —como cuenta la propia Sánchez— “toman hasta tres aviones para llegar a Villa Carlos Paz”. Treinta y dos años después, esa sigue siendo la verdadera vidriera: la de un sueño que, en Villa Carlos Paz, encontró dónde crecer.

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