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ENTRETENIMIENTO

En medio de la polémica mediática que rodea a la relación entre la China Suárez y Mauro Icardi, la pareja volvió a acaparar la atención en las redes sociales. Esta vez, no fue solo por la controversia que siempre los acompaña, sino por un posteo en Instagram que deslumbró a sus seguidores y causó una lluvia de reacciones. La exCasi Ángeles, quien había permanecido en silencio durante varios días tras el escándalo de Icardi con Wanda Nara en el chateau, sorprendió a sus fanáticos con una sesión de fotos junto al futbolista que evocó el espíritu de la moda de los años 80. El regreso de Suárez a la escena digital se dio en el contexto de un cumpleaños temático, donde ambos se sumergieron en la estética de la década del 80. En el festejo de Mery del Cerro, la actriz y el futbolista posaron juntos luciendo atuendos que rememoraban los looks retro de aquella época. "Fiesta de cumpleaños de los 80", escribieron en inglés, acompañando el conjunto de imágenes. El look ochentoso y de denim de la China Suárez y Mauro Icardi La elección de los trajes no pasó desapercibida: Suárez lució un top escotado con hebillas doradas, combinado con un pantalón de tiro alto y un cinturón con detalles metálicos. Por su parte, Icardi se inclinó por un estilo más sencillo pero igualmente llamativo, con una campera de jean, una remera blanca al cuerpo y jeans clásicos. Ambos complementaron sus looks con gafas de sol oscuras, lo que les dio un aire aún más rebelde y desafiante. El estilo de ambos combinando denim hizo recordar al look que Britney Spears y Justin Timberlake en los 90. Las reacciones en las redes no se hicieron esperar. Mientras algunos seguidores expresaron su apoyo a la pareja, otros no dudaron en lanzar críticas. "Se postularon para ser un meme", "Dos ridículos", "Qué bizarro" fueron algunas de las opiniones desfavorables. Sin embargo, también hubo quienes celebraron a la pareja: "Son unos bombonazos. Merecen estar juntos", "Parece la Barbie y su Ken", fueron algunos de los elogios que inundaron los comentarios. Lo cierto es que, más allá de las reacciones divididas, la publicación marcó un momento clave en la relación de Mauro Icardi y la Chiba Suárez, quienes vienen estando en el ojo del huracán desde que comenzó su historia de amor.  En medio de los escándalos por el divorcio del futbolista, la pareja sigue demostrando que se mantiene unida. VO
Ismael Serrano regresa a Buenos Aires en 2025 con un espectáculo que promete hacer un recorrido por lo más emblemático de su trayectoria: Sinfónico, un paseo sentido, jugado, sincero por su propia obra. Con una conexión innegable con el público argentino, el cantautor madrileño reflexiona sobre su relación con la ciudad, el oficio de escribir canciones y los cambios en la industria musical. A lo largo de su carrera, ha logrado un lugar en el corazón de muchos argentinos, quienes no solo disfrutan de su música, sino que también se sienten identificados con sus letras. —¿Qué sentís que puede hacer la música en este momento del mundo? —Estamos en un momento donde nos han hecho creer que el pesimismo es una buena opción, que las cosas no pueden cambiar. Vivimos en una era donde ser indiferente es lo que manda, y no creo que sea casual. Hay una celebración de la falta de empatía, una enarbolación de la bandera de la indiferencia. Es algo bastante sorprendente. Por eso, es crucial no sentir que todo ha acabado. De hecho, hay que hacer todo lo contrario. Un pequeño momento como un acto comunal, musical, de unión, representa mucho. Insisto, es importante no sentir que la ausencia de empatía ha ganado. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. —Volvés a la Argentina con “Sinfónico”. ¿Cómo surge este proyecto y cómo fue su proceso de creación? —Todo empezó en 2019, cuando nos invitaron a participar en el festival “Únicos” en Buenos Aires, con la idea de adaptar mi repertorio a una orquesta sinfónica. Fue una experiencia increíble tocar en el Teatro Colón, un lugar mágico. Luego, en 2020, volvimos con una versión sinfónica en el Hipódromo. Después de todo el trabajo con los arreglos, sentí que esto no podía quedar solo en esos conciertos. Empezamos a grabar en estudio con músicos de Buenos Aires y así nació Sinfónico. Lo que me interesaba era la posibilidad de vestir mis canciones con nuevas texturas, explorar cómo el acompañamiento orquestal podía resignificar mi repertorio. Cada tema adquirió una nueva profundidad, y eso me fascinó. Fue un desafío creativo enorme, porque trabajar con una orquesta implica mucho más que solo tocar las canciones de manera diferente; es como descubrirles una nueva vida. El resultado fue algo que nunca imaginé cuando comenzó la idea, y ver cómo la gente lo recibió fue muy gratificante. —Tus canciones suelen tener una estructura extensa y compleja. ¿Las componés de una vez o las trabajas con tiempo? —Antes componía más rápido, pero con el tiempo me he vuelto más exigente. Ahora dejo que las canciones reposen, vuelvo a ellas y las retoco. Me esfuerzo para que cada verso tenga sentido y no sea un simple relleno. Suelo empezar por la letra, que luego se adapta a la música. Nunca escribo sin una idea clara en la cabeza. Necesito que el concepto me persiga antes de sentarme a escribir. A veces, una canción puede estar dando vueltas en mi mente durante meses antes de que me siente a ponerle forma definitiva. Es un proceso que me permite dar con la palabra justa, con la melodía que mejor acompaña la historia que quiero contar. Este enfoque más reflexivo hace que cada canción tenga más sustancia y me permita conectarme de una manera más profunda con lo que estoy diciendo. —Tu música no suele sonar en la radio. ¿Eso te ha dado más libertad o creés que ha sido un obstáculo? —Puede que ambas cosas. No escribo pensando en encajar en una fórmula, he logrado sobrevivir a muchos cambios de la industria desde aquella edad dorada de los autores de finales de los años 90. Muchos compositores buscan hits que cumplan con ciertos requisitos de duración y estilo, sacrificando parte de su esencia. Hoy, la industria está dominada por algoritmos y formatos pensados para la inmediatez. Eso afecta la forma en la que se escriben las canciones y penaliza la construcción de relatos largos, que es lo que más me interesa. Sin embargo, también creo que hay un público que sigue buscando canciones que cuenten historias, que interpelen y emocionen más allá de lo inmediato. Lo que me ha dado esa libertad es el poder de decidir el rumbo de mi música y no estar atado a las presiones del mercado. Por supuesto, eso tiene un costo, porque la visibilidad en medios masivos es más difícil de conseguir, pero creo que al final, los que siguen mi música lo hacen por lo que soy y no por lo que el algoritmo dicte. —En los últimos años se ha visto una segmentación ideológica en la juventud. Has dicho que el futuro de la canción de autor viene con nombre de mujer. ¿Creés que esto se refleja en la música actual? —Sí, y es algo que me interesa mucho. La canción de autor siempre ha tratado de construir un relato generacional, y ahora ese relato está siendo escrito en su mayoría por mujeres. La música urbana tiende al individualismo, al “me lo gané solo”, mientras que la canción de autor habla del “nosotros”, de lo colectivo. Artistas como Rozalén están redefiniendo la narrativa con letras que empoderan y cuestionan viejos paradigmas. Me emociona ver cómo nuevas voces toman la posta y continúan explorando la capacidad de la música para narrar nuestra historia. Es un cambio radical en la forma en la que entendemos la música y el papel de la mujer dentro de ella. La frescura y la innovación de las artistas femeninas están dando forma a una nueva era, y eso es algo que celebramos todos los que amamos la música. —Muchos artistas urbanos parecen seguir un mismo molde en lo visual y temático. ¿Te preocupa esta homogeneización? —Es parte de la estética de lo urbano, donde la competencia es clave. El flow y la lucha por destacar generan una uniformidad paradójica. Lo curioso es que, en vez de promover la diversidad, se terminan pareciendo entre ellos. Lo mismo pasa con las canciones: se escriben pensando en cómo encajar en el algoritmo, en qué colaboraciones pueden darles mayor alcance. En ese sentido, la canción de autor tiene una libertad distinta, porque no persigue necesariamente la inmediatez del éxito instantáneo. La búsqueda de originalidad y de narrar algo más personal hace que la canción de autor sea más arriesgada, pero también más valiosa, sobre todo en tiempos en los que lo superficial yefímero parece estar dominando el panorama musical. —¿Cómo te hace sentir ese reencuentro con el público argentino, sobre todo considerando que harás varios shows a lo largo de todo el país? —Es siempre una alegría y una responsabilidad. El público argentino es exigente y apasionado. Cada show aquí es un déjà vu cargado de emociones, recuerdos y nuevas historias por contar. Este concierto será especial porque cerrará un capítulo importante en mi carrera, y quiero que sea una celebración de la música y del vínculo que nos une. La energía del público argentino es única, y siempre me deja con ganas de seguir tocando y compartiendo. Además, tocar aquí en Buenos Aires, le da un toque aún más emotivo, porque es una ciudad que ha sido testigo de tantas etapas de mi vida y mi carrera. Esta vez, al regresar con un repertorio renovado, una orquesta sinfónica y una conexión más profunda con el público, siento que mi música está más madura, más completa. Es como si la historia de mi carrera se completará en ese escenario, pero a la vez se abriera un nuevo ciclo lleno de posibilidades. Además, he experimentado un crecimiento personal en todos estos años, y quiero compartirlo con todos aquellos que han estado allí desde el principio y con los nuevos que se sumen a esta experiencia.
Marzo es un mes con varios cambios en la cartelera teatral porteña. Se estrenó Druk con Pablo Echarri, Juan Gil Navarro, Osqui Guzmán y Carlos Portaluppi, adaptación teatral de Thomas Vinterberg y Claus Flygare, basada en la película Another Round de Thomas Vinterberg y Tobias Lindholm, ganadora del Premio Oscar a la Mejor Película Extranjera en el 2020. La versión local la hizo Javier Daulte quien también asumió la dirección. Las funciones serán de miércoles a domingo en el teatro Metropolitan (Av. Corrientes 1343). Se podría subrayar que hasta hace muy poco estaban en otros teatros. Pablo Echarri hizo funciones y luego gira con Art, mientras que Carlos Portaluppi terminó con las representaciones de Jardines salvajes. Ahora compartirán por primera vez escenario. —¿Vieron la película dinamarquesa que ganó el Oscar? PABLO ECHARRI: Sí, hace poco la vi. Intenté que no interfiera en el trabajo, sobre todo en el proceso creativo, donde había una propuesta que era sustancialmente diferente a lo que podía ser una película, pero no pude contener las ganas y la terminé viendo. Gran película y muy bella. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. CARLOS PORTALUPPI: Si la había visto y él (Pablo Echarri) se resistió un poco en un principio, pero lo terminamos convenciéndolo. Creo que es una película que nadie puede perdérsela, sobre todo si amás al cine. Me parece que es una obra de arte lo que hizo Thomas Vinterberg. No nos olvidemos que es el hombre con el que surge el movimiento llamado “dogma”, completamente diferente a lo que era un cine comercial. —¿Cómo es la relación de ustedes con el alcohol? P.E: Nos llevamos muy bien. El alcohol es un compañero al que hay que manejar de manera muy ajustada, porque son de esos amigos que se terminan abusando de uno. Cuando uno no logra generar estructuras sólidas o la cabeza, el corazón o el espíritu están un poco dispersos, el alcohol logra meterse en esos agujeros. Pero también genera en algunos momentos situaciones de expansión, relajación o musicalidad. Creo que nadie puede manejarlo y de hecho esto trata la obra. Desde el comienzo se anuncia la teoría de un filósofo que señala que el ser humano tiene un déficit del 0,5% de alcohol en la sangre. ¿Cómo se hace para manejar ese porcentaje sin excederse? De eso trata el espectáculo. De cómo este porcentaje que parece que dar valentía y musicalidad a la persona puede pasar a transformar su vida en una pesadilla. C.P: Mi relación es muy buena en el sentido de que jamás abusé del alcohol. Sí me gusta mucho compartirlo con amigos. Hace un par de días tuvimos un hermoso encuentro y nos tomamos una botella de vino, asado de por medio y creo que contribuye a fortalecer un poco el vínculo. Me parece que es un sinónimo de brindis, de compartir, no te voy a decir que como el mate, porque son completamente diferentes, pero tiene algo del ritual y de comunión. Sin hacer ningún tipo de apología, creo que tomar unas copas de vino está habilitado. —Los actores de la película confesaron que habían hecho un estudio de cómo se comportan los borrachos, incluso viendo videos. ¿Les pasó a ustedes? C.P: (Risas) Nosotros nos juntamos a tomar y listo… P.E: Hay gente que tiene una relación bastante moderada con el alcohol. Tengo 55 años y a lo largo de mi vida he tenido distintos tipos de relaciones con el alcohol. Ese exceso, pasarme de ese 0.50, no he tenido que investigarlo en ningún YouTube, ni en ningún lado. Lo he sentido y lo puedo llegar a sentir porque puedo pasarme. Lo que sí soy consciente de cuáles son las consecuencias posteriores. Uno con el paso de los años se da cuenta que el límite se lo va poniendo el cuerpo, la mente, el espíritu, porque el exceso de alcohol no solamente lastima el cuerpo, sino que también hiere a la mente y al espíritu. Hay momentos que uno necesita y desea lastimarlo un poquitito, rasparnos contra el piso. Creo que el alcohol es un elemento que está instalado en la humanidad desde el comienzo de la historia. Cuando revisa los libros y el nacimiento de las civilizaciones siempre está el vino. C.P: Hay muchas loas al vino y temas que se han hecho a partir de él o de estar en una situación etílica, por así decirlo. De hecho el personaje que interpreta Pablo termina mencionando ciertas personalidades que han tenido su vínculo con el alcohol, y han creado cosas maravillosas, aún en ese estado. Todos hemos tenido en algún lugar algún contacto y experiencia con algún familiar o con algún amigo que sabe de su conducta y su relación con el alcohol, Más allá de que no me haya tocado a mí personalmente. Alguna vez me pegué una borrachera, pero más adolescente, después de grande supe controlarme, no porque le tuviera miedo, sino porque simplemente es una cuestión de gustos. Soy de parar a veces cuando me doy cuenta que el cuerpo mismo me lo dice. —Los protagonistas son cuatro profesores: ¿Cómo asumen ese papel? P.E: Es una característica de los personajes. Lo que les sucede a ellos primero es que están atravesados por situaciones personales, familiares, maritales y la relación con los hijos está puesta en un primer plano y luego son profesores. Trasladan esas dificultades y límites que tienen a su relación con los alumnos. Me resulta muy atractivo a esta altura de mi vida encarnar a un profesor con problemas personales profundos, de pareja, situaciones de abandono en lo personal y alejamiento también con sus hijos. Los años a veces avanzan, uno se oscurece y deja de cumplir algunos sueños, entonces se pone más hosco y se aleja de las personas que uno quiere. Estos ingredientes de la amistad, la comunión, el encuentro con la comida y la bebida entre los amigos, permitirán luego la posibilidad de encontrarse con sus alumnos. C.P: Ellos lo hacen desde un lugar muy amoroso. El vínculo que tienen y la experiencia que deciden hacer a partir de una teoría de este psiquiatra Finn Skårderud, que es quien sostiene que el hombre nace con el déficit 0,5% de alcohol en sangre. Supuestamente con ese índice positivo extra adentro del flujo sanguíneo, uno está más preparado y relajado. Es una excusa para poder desarrollar y atravesar los problemas que van resolviendo a partir de modificar sus estados. También lo utilizan como una herramienta para poder llegar de otra manera a sus alumnos que ven que no están llegando. A mí me gusta siempre citar unas palabras que son de la letra de un chamamé. Soy nacido en Corrientes y el poeta Julián Zini escribió: “El vino es sangre de Cristo porque es sangre popular.” El autor además era sacerdote. —Es evidente que la escribió un hombre que conoce la psicología masculina… P.E: El alcohol es un catalizador que abre el corazón de los hombres, las mujeres no lo necesitan, a veces con un café con leche les basta. C.P: Decíselo a Chavela Vargas… (Risas) —¿Cómo ven que se mantuviera el título original en otro idioma? C.P: Es una palabra danesa. P.E: A mí no me parece mal. Está bueno que haya un arraigo con la película. —¿A qué le tienen miedo? P.E: Recupero con Druk esos nervios viscerales cerca del estreno. Hacía tiempo que no lo experimentaba, porque es una obra compleja, es una apuesta realmente grande que hacen los productores Pablo Kompel y Ricardo Hornos, porque el relato no es simple. C.P: El más allá es ese miedo que nos detiene –como diría Shakespeare– del cual ningún caminante retorna. Es a lo único que le temo, después soy bastante inconsciente.
Somos Los Payasos del Matute. Una compañía de teatro formada hace 13 años. Tenemos como espacio de creación, producción y trabajo comunitario nuestro Centro Cultural Matute, ubicado en Gerli, Avellaneda. Hacemos trabajos para adultos e infancias. Todas nuestras obras están atravesadas por los olores y sonidos del territorio, la identidad barrial y la memoria social. Comenzamos un nuevo año. Difícil, cuesta arriba, pero produciendo y creando. Estamos convencidos de que la única lucha que se pierde es la que se abandona. Esta grupalidad que integro sabe muy bien de qué habla, en cuanto al Conurbano se refiere, porque el trabajo sociocultural que realizamos en nuestro espacio (comedor comunitario, centro educativo para discapacidad, sala teatral, cursos de distintas disciplinas y talleres) son el material con el cual el grupo se expresa. Esta temporada nos volvemos a presentar en CABA. Vamos a estar con dos de nuestros últimos y premiados trabajos: 24 toneladas, una obra pensada para las infancias. Y Tercer cordón del conurbano. Una tragedia marrón, ambas con dirección de Paula Sánchez. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. En el caso puntual de 24 toneladas, la historia está centrada en un hecho histórico ocurrido en Sarandí, Avellaneda, durante la última dictadura cívico-militar. La quema de 24 toneladas de libros de la editorial Centro Editor de América Latina, que culminó el 26 de junio de 1980, luego de un procedimiento militar que duró dos años. El desafío estaba planteado: cómo traer un hecho trágico de nuestra historia para las infancias, sin caer en lugares comunes o golpes bajos. Cómo generar humor con nuestra historia. Cómo recuperar el valor de la lectura y de los libros en tiempos de pantallas y juegos en red. Cómo lograr todo esto sin banalizar ni vaciar de contenido un hecho doloroso de nuestra historia reciente. El público llega al espacio teatral y se encuentra en aquel galpón del centro editor, donde los libros dormían durante la noche de la dictadura tratando de no llamar la atención. El ingreso es acompañado de música en vivo que va marcando como los latidos de los recién llegados. Ingresan los primeros personajes, y el código circense se hace presente. Estos, quienes llegan a cuidar los libros, son un sentido homenaje a los miembros de la editorial, Boris Spivacow, su fundador, y Amanda Toubes, editora, quien además fue la encargada de mantener viva esta historia. En ese ir y venir de ritmos musicales, acrobacias circenses y presentaciones; llega una disparatada comitiva militar a cargo de Juancito De La Serna, que tal cual, como la verdadera historia, empiezan a realizar un conjunto de acciones ridículas para clasificar los libros entre correctos e incorrectos. En este tramo la obra nos lleva de paseo, por títulos y autores que fueron prohibidos por la dictadura, pero que no pudieron ser borrados de la memoria colectiva, como Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Boreman, El país del no me acuerdo, de María Elena Wash, o El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. La interacción con las infancias que están en el público es inmediata. En todas de las funciones de esta obra que llevamos realizada, más de setenta, salen en defensa de los libros, se producen abucheos y gritos. El teatro se convierte en un foro, en una asamblea. La comitiva militar decide quemar los libros, los otros, los defensores de los libros, en la medida de sus posibilidades tratan, de maneras ingeniosas, de dilatar la quema, de ganar tiempo, de obstaculizar sin ser descubiertos. Situación que pone a la vista la inoperancia y la falta de flexibilidad ante la adversidad de la comitiva censuradora. Mientras todos estos hechos ridículos, pero con rigor histórico suceden, las infancias, desde sus butacas, defienden a los libros y a los personajes que los ayudan. Con momentos festivos y carnavalescos, los espectadores se van con la sensación de haber vencido a la censura y el olvido. Los esperamos para una vez juntxs salvar a los libros y la imaginación. 24 toneladas se puede ver los domingos de marzo a las 17, en el espacio Pompas, ubicado en Av. Brasil 2640, en Parque Patricios. *Actor de 24 toneladas e integrante de la compañía Los Payasos del Matute.
Desde el 20 de marzo se puede ver una nueva versión de la célebre comedia francesa La cena de los tontos, conocida primero en Argentina a través del cine en 1998, escrita y dirigida por Francis Veber, quien primero la había estrenado en el teatro. Fue en el 2000 cuando Adrián Suar y Guillermo Francella la llevaron por primera vez a los escenarios argentinos con un éxito que luego repitieron en la temporada de Mar del Plata (2009). Hoy el elenco está integrado por Martín Bossi, Mike Amigorena, Laurita Fernández, Guillermo Arengo, Esteban Prol y Franco Battista. Harán funciones de jueves a domingo en el teatro El Nacional, con dirección del realizador Marcos Carnevale. —¿Viste la película o las versiones anteriores? MIKE AMIGORENA: No me acuerdo bien si vi la película en su momento, pero siempre tuve en la cabeza esta trama de cómo reírse de alguien, que eso a mí no me gustó nunca, ni como chiste. Jamás me caractericé por reírme del otro, ni tomarlo de punto al otro. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. Pensá que nací en Mendoza y que te llames Michael en las décadas del setenta y ochenta era raro, para colmo no está en el documento. Mi mamá quiso ponerme este nombre por mi abuelo Miguel, pero no se pudo, no te lo permitían y me anotó Ricardo Luis, como mi padre. Eso hacía que le dabas pie para que se rían de vos. A medida que pasó el tiempo, ya te vas haciendo conocido con tus compañeros y tus amigos. Pero he sufrido bullying, nada traumático, pero conozco de cerca ese rol. Ahora me toca jugar de malo, del burlón. —¿Qué te entusiasmó para aceptar esta propuesta? MARTÍN BOSSI: Después de quince años de teatro donde solamente paré por la pandemia, hice todos espectáculos con mi nombre. Es muy difícil y atípico, salvo grandes nombres como Enrique Pinti o Antonio Gasalla, que me quedan enormes y fueron referentes. El musical Kinky Boots fue un momento para experimentar otro tipo de comedia, pero aquí definitivamente entré en el género. Es importante primero porque me planteé el desafío de compartir, a esta altura quiero hacerlo. La propuesta de la obra la hablábamos mucho con Adrián (Suar), que es mi amigo, como también lo son Federico Hoppe y Ezequiel Corbo, todos productores. LAURA FERNÁNDEZ: En lo personal lo que más me atrajo es que venía de hacer Legalmente rubia y Disney celebra una Navidad inolvidable con Topa, que eran proyectos muy explosivos para mí y comprometidos. Después de hacer algo que soñabas hace tanto tiempo te queda como esa sensación: ¿qué podrá ser después? Y llegó esta comedia donde me proponen hacer dos personajes. Entonces me dije que el desafío estaba ahí. Debo desdoblarme, porque haré mujeres completamente diferentes. Encarno a la esposa y a la amante del personaje Pablo Barrantes (Mike Amigorena). Tienen que ser muy distintas en su forma de hablar, de moverse y de reaccionar. Eso me entusiasmó mucho trabajarlo con Carnevale (director). En la versión que vi en Mar del Plata actuaban Carla Conti y Sabrina Rojas. —¿Hay miedo de tentarse? M.A.: No me desestabiliza, es un alimento para mí, el hecho de no poder reírme y si me tiento qué hacemos. No me pasó muchas veces, pero cuando sucedió se llevó adelante y no pasó nada. Hoy necesitamos al público, ese es otro intérprete. M.B.: No es un riesgo para mí. Si me pasa lo utilizo a favor. Tengo miedo a todo, pero en el escenario no tengo miedo a nada, es lo único que me rescata. No hay peligros. Tengo salidas para todo, alternativas porque viví estudiando esto. Ahora en la vida tengo problemas para todo. L.F.: Me suelo tentar mucho hasta que estrenamos, cuando estamos en el proceso creativo, porque surge algo nuevo. Me divierto mucho en los ensayos. Pero una vez que ya lo sabemos, lo fijamos, lo hacemos y empezamos con las funciones no me sucede. Tampoco soy de esas actrices que fuerzan la tentada o la exponen. Hay situaciones que se te escapan de las manos y si algo me sucede, busco la solución. Por lo general en el teatro cuando pasa algo la gente te acompaña, lo celebra y se ríe aún más. —¿Creen que es el momento para hacer comedias en la Argentina? M.B.: Es el momento ideal para hacer teatro porque es la única experiencia en vivo que queda. En un mundo donde estamos inventando una inteligencia artificial porque no alcanza con la nuestra, donde todo se televisa y se filma. Hasta las cosas que antes no se filmaban, como un recital, un momento íntimo, un cumpleaños, un parto, una despedida de soltero, una comida con amigos o un aniversario. El teatro exige y sobre todo en tiempos como estos, donde todos contra todos, como dice Fito Páez. Cuando nadie escucha a nadie, en una platea se unen los de derecha, los de izquierda, los de arriba, los de abajo, los de la Lali y los de Milei. No sabes quién se pelea con quién, ni quién defiende qué. A todas esas personas con diferentes ideales el teatro los une, porque es una comunión. Para eso vine al mundo, para armonizar y no dividir. M.A.: Es lo que más me gusta en el mundo, hacer reír y cantar. Primero cantar. Quiero despegarme de lo que hice antes y el desafío, ver cómo encaro esto que me cuesta. Este personaje me ha afecta mucho, es mi clown tapado. L.F.: Creo que siempre es momento para hacer comedia. Al principio prefería el drama, porque me permitía estar más en mi mundo y no depender tanto de lo que estaba pasando. Con el correr de los años entendí lo difícil que es hacer comedia. Este director es puntualmente un experto en llevar y contar una historia a través del humor, te toca una fibra sensible, te moviliza y está muy bueno. —¿Mantiene actualidad el reírse del otro? M.B.: Es una obra muy atinada para estos tiempos. Si me toca hacer una síntesis diría que cuenta la pureza y la inocencia en medio de la hipocresía. La propuesta es muy grande, muy ambiciosa y me exige como actor al máximo, porque no es hacer un tonto. Todo depende donde lo mire, a mí me parece que es el más vivo, tontos son los otros. Este personaje se llama Pitón, trabaja en la ARCA (ex Afip). Es un personaje muy formal, monogámico, culto y que lo abandonó su mujer. Todo lo contrario a lo que soy. En realidad no hay mucha caracterización. La gente va a ver a un personaje a través mío, que es muy puro y que hace reír de tan puro que es. No es un tonto, depende dónde se lo mire. A mí me parece es el más vivo. Estamos amparados por un texto divino y por un director extraordinario como Marcos Carnevale. Verlo dirigir es un show aparte. —¿La risa del público es el premio buscado? M.A.: Nunca la viví como lo haré ahora. Algo me pasó cuando hicimos Shakespeare comprimido, en el club Maipo que nosotros lo inauguramos 2005. Después actué en Todos tenemos problemas sexuales, una obra que dirigió Lía Jelín, en La Trastienda con Laura Oliva y Alejo García Pinto, fue en 2003. Siempre me convocaron para obras donde podía haber algo de comedia como fue con Cabaret, pero no predominaba. Tampoco en El niño argentino de Kartún tenía mucho humor. —¿Es la primera vez que actuarán en el teatro El Nacional? M.B.: Vi a Nicolás Vázquez muchas veces, pero nunca tuve el placer de trabajar aquí. Es lo que me faltaba, impresiona, porque es hermoso y con una capacidad muy grande. Estoy muy feliz, tranquilo, es un buen momento de mi vida. Además el teatro hace bien. Sin teatro no tiene sentido en mi vida. L.F.: Feliz de conocer esta nueva casa. Había venido obviamente como espectadora, pero nunca había trabajado en este escenario. Son teatros, como el Lola Membrives, muy grandes y también con mucha historia.
Cuando Meghan Markle aceptó conocer al príncipe Harry, no imaginaba que esa reunión en un exclusivo club de Londres marcaría el inicio de una historia de amor que desafiaría las tradiciones reales. La historia de amor entre Meghan y Harry no tuvo un inicio convencional. Lejos de los clásicos encuentros en eventos de la realeza o presentaciones formales, el duque de Sussex vio por primera vez a su futura esposa en Instagram. En el primer episodio de su docuserie de Netflix, Harry & Meghan, el hijo menor de Lady Di reveló que fue a través de la cuenta de una amiga en común que descubrió a Meghan en el verano de 2016. "Estaba desplazándome por mi feed y vi un video de Snapchat donde ella tenía un filtro de orejas de perro", comentó Harry. Su reacción fue instantánea: "¿Quién es ella?", preguntó intrigado. Con el interés despertado, Harry no dudó en pedirle a su amiga que hiciera de intermediaria. Ese amigo envió un correo electrónico a Meghan para contarle que el "Príncipe Haz" quería conocerla. Ella, curiosa, no tardó en investigar por su cuenta. "Le pedí ver su feed de Instagram. La gente me pregunta si lo busqué en Google, pero yo prefería ver qué publicaba en sus redes", reveló la exactriz. El primer encuentro entre Meghan Markel y Harry: de la desconfianza a la conexión instantánea Tras intercambiar algunos mensajes, ambos acordaron encontrarse en el exclusivo Soho House de Londres. Sin embargo, el inicio de la cita no fue prometedor. Meghan esperó 30 minutos antes de que Harry llegara. "Pensé que era de esos tipos con mucho ego que creen que una chica siempre va a esperarlos", confesó la actriz. Pero su percepción cambió en cuanto él entró al lugar. "Vi que realmente estaba avergonzado por haber llegado tarde", recordó. Ese primer encuentro resultó en una charla amena y una química innegable. Tanto así, que al día siguiente volvieron a verse. Desde entonces, su relación avanzó con rapidez. Para Harry, Meghan no era una mujer más. Había algo en ella que le recordaba a su madre, la princesa Diana. "Gran parte de lo que Meghan es y cómo es, se parece mucho a mi madre. Tiene la misma compasión, empatía y confianza", comentó en la docuserie. La exprotagonista de Suits también encontró en Harry un refugio frente a la presión mediática. En 2017, durante una entrevista con Vanity Fair, habló sobre la contención que le brindaba su pareja: "Tiene sus desafíos, pero desde el principio él me ayudó a mantenerme firme". Lo que comenzó con un filtro de Snapchat se convirtió en un amor que desafió protocolos y críticas. Meghan y Harry ya recorrieron un largo camino desde aquella primera cita, demostrando que, aunque las redes sociales pueden ser superficiales, también pueden ser el comienzo de una historia real en todos los sentidos.
Desde su ingreso a la familia real británica, Meghan Markle dejó en claro que no estaba dispuesta a someterse sin cuestionamientos a las estrictas tradiciones de la realeza. Su actitud independiente la convirtieron en una figura disruptiva dentro del Palacio de Buckingham, desafiando normas que parecían inquebrantables. A lo largo de su breve paso por la monarquía, la duquesa de Sussex protagonizó una serie de momentos que dejaron en evidencia su decisión de vivir bajo sus propias reglas. En esta nota repasamos algunos de ellos. Meghan Markle rompió protocolos con su vestuario El vestuario de Meghan siempre generó controversia. Mientras que la reina Isabel II y Kate Middleton optaban por atuendos más conservadores, la duquesa de Sussex no temió lucir prendas que desafiaban el protocolo. En múltiples ocasiones, Meghan apostó por trajes de pantalón, una elección poco habitual entre las mujeres de la realeza británica. Además, su negativa a usar pantimedias en eventos oficiales fue interpretada como un gesto de rebeldía frente a una tradición que parecía incuestionable. Su elección de diseñadores también marcó una diferencia. Mientras que las duquesas suelen vestir exclusivamente firmas británicas, Meghan optó por Dior para el bautismo de su hijo Archie, en lugar de elegir un diseñador del Reino Unido, como había hecho Kate con Alexander McQueen en los bautizos de sus tres hijos. Más allá de la vestimenta, Meghan también rompió con el estricto protocolo de comportamiento. En eventos oficiales, en lugar de adoptar la postura tradicional de las mujeres de la realeza al sentarse, con las piernas y rodillas juntas, ella prefería cruzarlas de manera más relajada. Además, se la vio en repetidas ocasiones cerrando la puerta del auto por sí misma, un gesto simple para la mayoría de las personas, pero que en la realeza es tarea del personal asignado. Otra de sus decisiones que generó impacto fue la forma en que ella y el príncipe Harry anunciaron el nacimiento de su hijo Archie. En lugar de seguir la tradición de comunicar la noticia a través de un cartel en Buckingham, los duques de Sussex optaron por compartir la información en su cuenta de Instagram, marcando un quiebre con el pasado. El Megxit: el distanciamiento definitivo de la Corona británica Sin duda, el mayor desafío a la monarquía británica llegó con su decisión, junto a Harry, de alejarse de sus roles como miembros senior de la familia real y volverse económicamente independientes. Este movimiento, bautizado como "Megxit", dejó en evidencia su intención de trazar su propio camino, sin las restricciones que impone la monarquía. Desde entonces, Meghan y Harry afianzaron una vida fuera de la corona, participando en proyectos humanitarios y estableciendo su propia marca en Estados Unidos. A pesar de la controversia que generó su salida, la duquesa de Sussex sigue demostrando que no está dispuesta a vivir bajo normas que no se alineen con sus valores. VO
Desde el momento en que Meghan Markle entró a la familia real británica, su relación con Kate Middleton fue tema de especulación. Lo que comenzó con una aparente cordialidad entre cuñadas terminó en una de las mayores fracturas dentro de la monarquía británica, marcada por desacuerdos, lágrimas y una exposición mediática sin precedentes. Cuando Meghan y el príncipe Harry hicieron pública su relación en 2016, la familia real la recibió con los brazos abiertos. Meghan no solo tuvo la oportunidad de compartir tiempo con la reina Isabel II, sino que también se la vio junto a William y Kate en eventos oficiales. La prensa llegó a bautizarlos como los “Cuatro Fabulosos”, sugiriendo una relación armoniosa entre las parejas. La actriz estadounidense fue incluso incluida en la Royal Foundation, la organización benéfica que lideraban los por entonces duques de Cambridge y el príncipe Harry. Sin embargo, con el correr de los meses, los gestos amistosos comenzaron a desdibujarse y las primeras tensiones salieron a la luz. El conflicto entre Kate Middleton y Meghan Markle que cambió todo Uno de los episodios más comentados sobre el deterioro del vínculo entre Meghan y Kate tuvo lugar en los días previos a la boda de los duques de Sussex, celebrada en mayo de 2018. Durante su entrevista con Oprah Winfrey, Meghan reveló que Kate la hizo llorar por diferencias en la vestimenta de las niñas que participarían en la ceremonia. Según Markle, la versión que circuló en la prensa fue falsa, ya que los medios aseguraron que había sido ella quien hizo llorar a Kate. “Kate estaba molesta. Luego se disculpó y me envió flores con una nota”, aseguró Meghan, aunque también dejó en claro que la familia real no hizo nada para desmentir la historia, a pesar de conocer la verdad. Algunos especialistas en la realeza creen que el distanciamiento entre Meghan y Kate fue el reflejo de una crisis mayor: la creciente tensión entre Harry y William. Se dice que el heredero al trono expresó dudas sobre la relación de su hermano con Meghan, lo que provocó un fuerte desencuentro entre ellos. Esto afectó de manera inevitable la relación de sus esposas, quienes comenzaron a tomar distancia en los eventos oficiales. En 2018, los duques de Sussex decidieron mudarse de Kensington Palace a Frogmore Cottage, marcando un punto de inflexión en la fractura familiar. Poco después, en 2020, llegó el anuncio que sacudió a la monarquía británica: Meghan y Harry abandonaban sus deberes reales y se trasladaban a Estados Unidos, en lo que se denominó el “Megxit”. Si bien algunos creen que con el tiempo podría haber una reconciliación, lo cierto es que la relación entre ambas sigue siendo distante y tensa. VO
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