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ENTRETENIMIENTO

Autorizo a KUARZO ARGENTINA S.A. y/o NET TV S.A., en adelante “LAS PRODUCTORAS” y sus respectivas casas matrices, afiliadas, subsidiarias, concesionarias, sucesores y asignatarias a hacer uso de mi presencia para cualquier Programa televisivo (el “Programa”) y en conexión con Kuarzo Argentina S.A. y/o NET TV S.A. u otros. ACEPTO EXPRESAMENTE QUE: 1. Autorizo expresa, irrevocable e incondicionalmente a la transmisión, retransmisión, reproducción o publicación de los Materiales en todos y cualquier medio de comunicación incluyendo, sin limitación alguna. 2. Se realicen grabaciones y se tomen fotografías de mi persona, graben mi voz, conversaciones, dichos, hechos y sonidos, durante y en conexión con mi participación en el Programa (en adelante, los “Materiales”), sin que deban pagarme compensación alguna. Autorizo a LAS PRODUCTORAS y/o al Canal a exhibir, reproducir o publicar en cualquier forma tales fotografías, filmaciones y/o grabaciones en cualquier y todos los medios de comunicación, inclusive en las promociones del Programa y presto conformidad para que se publique mi nombre. A tal efecto, otorgo mi consentimiento expreso para ser filmado, grabado y/o fotografiado y para que las filmaciones, grabaciones e imágenes resultantes sean exhibidas, reproducidas o publicadas por LAS PRODUCTORAS y/o el Canal. 3. Acepto que LAS PRODUCTORAS y/o el Canal serán los dueños exclusivos de los resultados y ganancias de los Materiales con el derecho al registro de propiedad intelectual, al uso y otorgamiento de permisos para que otros lo usen, en cualquier forma y mediante cualquier medio. En consecuencia, autorizo expresa, irrevocable e incondicionalmente a la transmisión, retransmisión, reproducción o publicación de los Materiales en todos y cualquier medio de comunicación incluyendo, sin limitación alguna, los servicios de televisión por aire, antena, cable o satélite, radio, medios gráficos, cine, Internet (incluyendo, sin limitación, “streaming”, descargas (“downloads”), “webcasting”, y video “on demand”) y servicios móviles y/o inalámbricos (incluyendo, sin limitación, “streaming”, descargas (“downloads”), “podcasting” y “wireless media”), en su totalidad o en una porción, con cualquier finalidad, sin límite de tiempo y no encontrándose dicha autorización limitada a la República Argentina y sin estar obligada LAS PRODUCTORAS y/o el Canal a realizar ningún tipo de pago adicional. ME COMPROMETO EXPRESAMENTE A: Guardar estricta confidencialidad acerca de toda la información que Uds. pongan en mi conocimiento que tenga algún tipo de relación con el Programa. No compartiré dicha información con terceras personas. Me obligo a realizar todos los actos razonablemente necesarios y adoptar todas las medidas conducentes para asegurar que la información recibida no sea utilizada por terceros, revelada o divulgada, total o parcialmente. No utilizaré la información para otro propósito que el de participar en el Programa. Acepto y comprendo que el incumplimiento por mi parte de lo anteriormente descripto traerá aparejadas consecuencias sumamente graves para Uds. y que, por lo tanto, deberé indemnizarlos por los daños y perjuicios que tal violación les ocasione. Por la presente renuncio a mi derecho de inspección o aprobación de mi presentación o los usos de que tal presentación se haga. Asimismo, acuerdo no presentar ningún reclamo de ninguna naturaleza en absoluto contra nadie en relación con el ejercicio del permiso otorgado por la presente.
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Exit puede ser una palabra asociada al éxito, pero en inglés se usa para señalar la “salida”. Esa fue la intención del autor catalán Agustí Franch cuando en el año 2017 estrenó esta comedia con solo tres personajes y una voz en off. Aquí se puede ver de miércoles a domingo en el Multiteatro Comafi. En el elenco están Nancy Dupláa, Juan Pablo Geretto y Fernanda Metilli. No se la verá, pero ocupará los primeros minutos de la acción una grabación que la tendrá como protagonista a Elizabeth “la Negra” Vernaci. La dirección y adaptación son de Corina Fiorillo. La última vez que se vio a Nancy Dupláa en el teatro fue en el reemplazo de El hijo de puta del sombrero, en Mar del Plata (2012). Más cercanas son sus actuaciones para el cine con El Retiro y No me rompan y en El reino para la plataforma Netflix. Mientras que Fernanda Metilli acaba de encarnar a la madre en el musical Matilda, sin olvidar a la secretaria Dorita en Buenos chicos para ElTrece y Juan Pablo Geretto además de sus unipersonales encarnó el primer personaje autista que se vio en Buenos Aires: Rain Man (2012). Hoy los tres apuestan a una comedia que plantea cómo se elige a quien deberá ser despedido, tema candente si los hay, pero aquí el humor imperará. —¿Qué relación tuvieron con las oficinas de personal, hoy llamadas las de Recursos Humanos? DUPLÁA: Poco y nada, más allá de ser una niña que acompañé mucho a mis papás a sus trabajos. Me parece que no existía ese nuevo “actor”, que empezó a aparecer en las oficinas. Antes era todo mucho más claro y llevadero. Mi mamá es enfermera, desde los 14 años que estudió y enseguida empezó a trabajar. A mí me encantaba acompañarla porque a veces estaba en la parte de Traumatología, otros días en Otorrinolaringología. Me la pasaba viendo distintos instrumentales. Mientras que mi papá siempre fue vendedor, o sea que era el tipo que andaba por las calles. Estar con él era para mí uno de los mejores planes de mi vida, porque era muy divertido, amigo de todos, entonces llegaba la nena y me querían y cuidaban. METILLI: Trabajé en relación de dependencia, mientras hacía mi carrera de profesorado de arte de teatro en Tandil, de donde soy. Fui empleada en un local de ropa durante cinco años. Después cuando vine a vivir a Buenos Aires y durante el primer mes y medio también vendí ropa en un local. No tengo mucha familiaridad con Recursos Humanos. Me acuerdo de pedir cambio de día porque estudiaba en la facultad y tenía que rendir finales, pero no era un multinacional, como lo que propone el espectáculo. GERETTO: Siempre me dediqué a la autogestión y muy pocas veces fui empleado, nunca en un lugar tan grande como para tener un Departamento de Recursos Humanos. Trabajé durante tres años en una imprenta, después en una empresa de limpieza, pero siempre eran negocios chicos y familiares. Pero sí tengo amigos que trabajan allí y me han contado cómo son las relaciones humanas y de eso sí, estoy más nutrido. —¿Pueden entablar relación con algún personaje anterior? D: En la tira La Leona el personaje de Franco Uribe que interpretaba Pablo (Echarri) era un jefe de Recursos Humanos que venía a desmantelar la fábrica donde mi protagonista trabajaba.  M: En la tira Buenos chicos, de ElTrece, hice de Dora Funes y ahora de Maite, ambas tienen bastante desfachatez e ironía. Pero creo que mi protagonista en Exit es más dura y oscura. G: Me parece un poco como un Gran Hermano, donde una mente superior y macabra ve cómo se divierte con las miserias ajenas. Es una obra muy dinámica, todos somos como una especie de tres ratones en una jaula, donde se va achicando la comida o los recursos. Los ratoncitos que se llevaban bien, al final se terminan tratando de comerse unos a otros. La persona que viene a echar gente es una víctima de un sistema un tanto perverso, que goza de poner incómoda a los otros, desestabilizar y ocultar información.  —¿Por qué abandonaste tus unipersonales (“Solo como una perra”, “Como quien oye llover” o “Estrella”) para sumarte a un elenco? G: Pospandemia tenía muchas ganas de no estar más solo en el escenario. Esta obra me atrajo mucho por el elenco y la producción. Básicamente sabía que eran buena gente y que lo íbamos a pasar bien. Es una comedia plena, divertida y también es un desafío. Estamos los tres en el escenario todos juntos y lo que pasa es en tiempo real.  —¿Cómo se sienten en el teatro comercial? M: Hice hasta hace poco Matilda y me encanta. Amo hacer teatro de miércoles a domingo, el escenario es como mi casa. Me instalo en mi camarín. G: Nunca me doy cuenta, porque vivo a tres cuadras por lo cual este es mi barrio. Entiendo el peso que tiene la avenida Corrientes para quien lo mira de afuera y comprendo la relevancia que tiene no solo en Latinoamérica sino en el mundo entero. Buenos Aires es una de las tres plazas más importantes a nivel de producciones teatrales. —¿Eligen siempre la comedia? D: Me siento más comediante que dramática, lo que pasa es que siempre los personajes que me llegan tienen determinadas características. A mí me encanta la comedia. Aunque el papel que hice en El reino fue espectacular, sobre todo en ese contexto, estar al lado de esos monstruos como Morán y Peretti. Hoy siento que es un desafío, ya que no hacía teatro desde hace once años. No le daba el espacio real porque hay algo de esta dinámica que a mí me complicaba teniendo niños chicos. Siempre tuve el privilegio de poder elegir y me quedaba con la televisión, porque me ordenaba más los horarios y me permitía estar con mis hijos en los momentos centrales. M: Nunca hice drama, solo en la facultad cuando estaba estudiando. La verdad es que siempre hice comedia. Cuando llegué de Tandil con mi título encontré un cartel que buscaban “mujeres que hagan humor” y un email del canal Utilísima que se llamaba Fox life. Escribí y me convocaron. Era para el programa que se llamaba Vanessa de noche, con Vanessa Miller, una comediante chilena hermosa y ahí junto a Marcela Mayoral de Buenos Aires hacíamos un sketch de humor. Así conocí el stand up.  G: Hay ganas, deseo, bronca, angustia y un montón de cosas por las cuales uno quiere estrenar una obra de teatro o una película. Hacerla y llevarla adelante es totalmente contracorriente siempre. En estos tiempos ya es una lotería. Vivimos con una incertidumbre constante, que también la sabemos traducir en la realidad. Está muy bien escrita por Agustí Franch y es muy dinámica —El espectáculo plantea con humor una realidad cercana a muchos argentinos: los despidos… G: Se ve el capitalismo salvaje. Me parece que la obra, busca mostrar cómo se selecciona personal o cómo se lo descarta. Con esta inestabilidad que siempre vivimos, estamos surfeando la ola tsunami argentina, agarramos uno o dos trabajos. Tenemos varios puestos, somos unos trabajadores incansables. D: El conflicto de la obra obviamente es el tener que despedir a alguien. Lo que estamos viviendo en Argentina es tremendamente desesperante. Estoy amargada, angustiada, no puedo hacer como algunos te aconsejan, no mires o no te enteres. No soy así, no podría dormir tranquila. Probablemente tenga que ver con mi cuna, porque vi siempre a mis padres trabajando, nunca dejaron de hacerlo y no nos faltó lo esencial. Eran y son muy dignos, siempre pelearon por ciertas cosas, no era gente tranquila, ni callada. Seguramente el haber mamado eso me hizo como soy. En esta Nota
Estrenaron primero en Buenos Aires, luego hicieron una exitosa temporada en Villa Carlos Paz y ahora regresan a la misma sala donde se vio a este nuevo elenco. Los mosqueteros del rey, de Manuel González Gil, está de jueves a domingos siempre en el teatro Astral, con Nicolás Cabré, Jorge Suárez, Nicolás Scarpino y Fredy Villarreal. Casi con cuarenta años de teatro profesional sobre sus hombros, Jorge Suárez es un referente de actor dúctil, ya que encarnó tanto a Sigmund Freud como a Homero Manzi en el teatro, pero también a Vicente Sánchez en Sandro de América (Telefe) o Adolfo Rodríguez Saá en Diciembre 2001, para Star+. —¿Fue tu primera temporada teatral en Villa Carlos Paz? —Sí y fue una fiesta. No conocía a ese público, creí que tenía un teatro más frívolo, pero descubrí que aceptan otro tipo de propuestas. Toda la provincia de Córdoba es muy teatrera y a lo largo de la temporada tuvimos mucho público. Nos llevamos muy bien como elenco y pude viajar con toda mi familia, incluso fueron mis dos hijos. Sólo tengo palabras de agradecimiento para la producción.  —¿Por qué aceptaste volver a hacerla en Buenos Aires? —Soy muy afortunado, porque me convocan para nuevas propuestas, pero cuando uno es feliz haciendo lo que hace, y le va bien en esta realidad que nos rodea, no me parecía bien bajarme de este éxito. Siento que es el mejor lugar donde puedo estar.  —¿Alguna vez te bajaste de un éxito? —No. A nosotros en el Conservatorio nos educaban con algunas consignas: al teatro sólo se falta muerto y nunca hay que bajarse de un éxito, pase lo que pase. Para mí el escenario es un lugar sagrado, en donde se intenta –no importa si se logra– el juego de generar un mundo donde la gente pueda por esta hora y media o dos irse de este plano y disfrutar. El nuestro es un trabajo comunitario y me emociona pensar que cuando hacemos teatro hay un montón de personas que están trabajando y eso me hace feliz. —Durante 2003/2004 hiciste el unipersonal muy exitoso “Novecento”, de Alessandro Baricco, con dirección de Francisco Javier, sin embargo nunca más lo repusiste… —Durante dos años interpreté Novecento y para mí fue suficiente. Tengo una manera de trabajar por la cual no me gusta volver a repetir lo que ya hice. Necesito dejarlo a un lado y enfrentarme a nuevos desafíos. También hice La última sesión de Freud por dos temporadas y durante once años me pedían que volviera a hacerla, pero no quise. Por suerte hoy la interpreta maravillosamente bien Luis Machín junto a Javier Lorenzo. Con Manzi, la vida en orsai me pasó lo mismo. Son ciclos, pero me gustaría dirigir Novecento, aunque eso sería hacerla desde otro lugar.  —¿Te cambiaron mucho los tres bypass? —(Se ríe). Me cambió la vida momentáneamente. Me ayudaron a poder seguir y se lo agradezco a mis médicos. Fueron seis horas de operación y ya hace nueve años que pasó.  —Hiciste muchos textos clásicos: ¿no volvieron a proponértelos? —Estuve casi diez años consecutivos trabajando en el teatro San Martín y me dejaron una enseñanza inmensa. Para mí las dos salas -Martín Coronado y Casacuberta- son mi casa. Allí estrené obras de Griselda Gambaro y Mauricio Kartún. Hice dos veces El inspector de Gorki con directores distintos. Hay algo del San Martín que le agradezco mucho a Kive Staiff porque confío en mí y no paraba de llamarme. Son períodos, ciclos, pero no quiero volver. Hoy haría un clásico solamente si me gusta, ya se hicieron muchos y muy bien. ¡Quién te dice cuando sea mayor quisiera hacer alguno, pero no lo nombro porque no lo quiero quemar!   “Busqué transformarme lo más posible” Jorge Suárez estrenó numerosas piezas en estos años de profesión, pero también lo convocaron para la televisión, cuando se hacían ficciones y ahora las plataformas. Cuando se le pregunta por cómo reacciona la gente, asegura: “Saben que soy actor y me lo dicen. Me saludan y muchas veces no me dejan pagar un café diciendo que me invita la casa. Pero no es un tema que me ocupe. Por el contrario, me preocupé toda la vida para que la gente no me conozca. Busqué transformarme lo más posible. A mí no me importa si se dan cuenta que hice Freud, Manzi u Otelo. Me significa un placer más inmenso estar arriba de un escenario. Por ahí no es fácil de explicar, pero el reconocimiento está en cada noche, cuando la gente te aplaude y se divierte”. Durante 2023 se lo pudo ver en Diciembre 2001 y en la película Doble discurso junto a Diego Peretti, Rafael Ferro y Julieta Cardinali. Confiesa: “Mi relación con el mundo audiovisual es más o menos como fue toda la vida, siempre está en un lugar. Para decirlo delicadamente, me dedico al teatro y éste me exige mucho compromiso, horas de trabajo y sobre todo no existen las noches. Mientras que en el cine casi todo se graba de noche. Hoy es muy difícil porque aparte hay tres ficciones en este momento, una que está terminando, otra andan por el medio y se empezará una tercera. No podría vivir de esas ficciones o la estaría pasando muy mal. Mi prioridad es el teatro y son cinco noches que le dedico y mi representante no siempre consigue que filme a la mañana”. En esta Nota
El estreno de Recuerdos mortales implica el retorno del thriller, de un género que ha sido descartado por las grandes ligas y solo respira, a regañadientes, en las plataformas. La llegada de un thriller con nombres como Russell Crowe y Karen Gillan sacude una cartelera que ya no recibe novedades de género como estas. Su director es Adam Cooper, un nombre con un vasto historial como guionista y habló en exclusiva con PERFIL. Cooper entiende perfectamente de donde sale su urgencia por filmar: “Siempre, no importa la ocasión, se trata del personaje. ¿No es así? Nunca tiene que ver con ninguna otra cosa. La historia no es interesante si no posee un punto de vista que nazca de la naturaleza de una personajes. El punto de vista es siempre un personaje, su viaje, su pelea contra algo nuevo que aparece, su experiencia en crisis, algo que logra tensar un cable en lo que vos sentís es tu experiencia de vida. No es necesario que eso tenga que ver con la identificación. Pasa por otro lugar, por entender a cualquier personaje y darle una oportunidad de ser acompañado. Siempre es el personaje lo que importa, siempre es su crisis. Sea financiera, espiritual, moral, económica, religiosa, romántica, o sea de la naturaleza que sea: esa crisis es siempre importante, es siempre fundamental. Esas crisis, y el viaje que sigue, hacen a los personajes más completos, no siempre es algo bueno, pero al final del camino las partes que estaban rotas, para bien o mal, vuelven a estar juntas”.  —¿Cómo viviste vos el arte de contar de chico? ¿Qué anécdota recordás que te haya llevado a esta vida en el medio? —La película que siempre recuerdo es la película de Hal Ashby, Desde el jardín. Protagonizada por Peter Sellers. Esta película define muchas cosas de las que he hecho a la largo de mi carrera. Han existido muchas imitaciones de esa película, intencionales y no, y las ha habido desde el primer momento que existieron. Este personaje de Peter Sellers es como un niño, y debido a circunstancias que se acaban, él ha podido vivir toda su vida de una forma donde vivía protegido del mundo. Esa vida infantil, y ese final de esa vida, es algo en lo que pienso siempre cuando trabajo contando una historia. —Has sido guionista toda tu vida, ¿qué descubriste que querías contar en tu debut como director? —Sé que hay gente que son autores, que buscan crear desde la autoría, desde una mirada donde lo personal aparece hasta en la pantalla, en los planos. Yo no. Yo quise contar, y siempre necesité a otros. Siempre escribía solo, o con alguien. Pero aquí descubrí, o sentí más en evidencia, la naturaleza comunicativa del medio. Creo que más allá de como siga está película su camino, lo que me voy a llevar es la experiencia que logre generar con otos artistas, las amistades que se formaron. Redescubrir la naturaleza colectiva de este medio, que es diferente de otras artes individuales, como la pintura, el escribir.  —¿Qué apareció en la película que quizás no creías que iba a estar y terminó apareciendo? —Sí, la película va quemando, en el mejor sentido, de una forma lenta, bien contada. La narrativa del detective siempre implica ir aprendiendo la historia desde el detective, y pensé que esa lente iba a ser más complicada o más rancia. Pero funcionó muchísimo y eso es algo que me pone muy contento. Es algo que quizás desde mi inseguridad no esperaba que funcione tan bien, y logramos algo todos juntos de lo que hoy me siento muy orgulloso.   Russell crowe y la pandilla —¿Qué buscabas de los actores considerando que fuiste guionista? —Considerando que trabajaba con una leyenda como Russell Crowe, y varias otras, no había mucho que yo pudiera enseñarle a los actores. Pero más allá de la broma, tenía eso muy claro. Entonces era importante no meterme en su camino, pero al mismo apuntalar la película, ir guiando a donde queríamos que fuera. Nunca le iba a enseñar nada a Crowe, más allá de pensar cómo explicarle que quería trabajar. Eso aplica a todos los actores. Entonces, lo único que puedo preguntarme es: ¿cuentan algo que se siente verdadero? Esa búsqueda de verdad es lo único que nos guía a todos, y es nuestro objetivo común. Eso es lo que puede definir la cruzada, y los momentos donde te animas a levantar la mano, tienen que ver con que sentís que, por alguna y otra razón, esa verdad falta en el set. Esa sí que es una verdad, valga la redundancia, que cualquier película busca lograr, que cualquier película logre que se respire cuando se la mira. Eso es a lo único que apuntaba y realmente conseguimos, como ya dije, todos juntos avanzar hacía adelante. Eso volví a descubrir, cuanto el cine necesita que busquemos la verdad, que busquemos juntos, como equipo, como público, mucho más que la moda, que busquemos la verdad, aquello que tiene el cine que lo hace mejor que muchos otros tipos de relatos. Por eso siempre aunque soy inseguro, tuve mucha fe en lo que estábamos contando, porque creo en el cine, porque creo en su poder, porque creo en lo que puede hacer cuando lo vemos. Y nunca voy a dejar de creerlo. En esta Nota
Marcelo Subiotto tiene una prolífica carrera como actor. Pero, desde el año pasado, su cara ha empapelado abundantes espacios físicos y digitales, a raíz de estar en los afiches del éxito cinematográfico de Puan (de María Alché y Benjamín Naishtat). Allí, junto a Leonardo Sbaraglia, se plantea una disputa académica entre dos profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que deja al descubierto la vida cotidiana, vista con mucho humor, de la prestigiosa institución, que, en la ficción y en la realidad, ha sufrido y sufre diversos ataques. El film ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos, estuvo nominado como Mejor Película Iberoamericana en los Premios Goya, y se llevó el de Mejor Protagonista para el propio Subiotto, en el Festival de San Sebastián 2023. Asimismo, actualmente el actor sostiene una obra de teatro, él solo en el escenario, Los pájaros. Escrita por Juan Ignacio González, quien también la dirige junto a Ignacio Torres, se ve los domingos a las 20, en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636). En la pieza, el personaje de Aldo va dando cuenta de su mundo interior, atravesado por sus viajes en moto y la observación de las aves. —¿Qué te interesó de este proyecto teatral? —Los pájaros es una obra muy especial. Lo que más me interesó fue el mundo de Aldo, alguien que me parecía cercano a un roquero de los setenta, un personaje de la contracultura en tiempos de las redes sociales y las trampas del algoritmo. Tiene una inocencia y una apertura a las experiencias del mundo, muy atractivas. Cuando empezamos a ensayar con Juan, la experiencia se potenció muchísimo. —¿Qué te genera sostener el escenario solo? —Estar en un formato unipersonal de teatro extrema las condiciones en las cuales sucede el encuentro dramático. En el teatro, hay un encuentro, una ceremonia, un presente del que no se puede escapar ni eludir. Hay algo de formato antiguo que te obliga a una conexión primaria, donde no media nada entre vos y el espectáculo. En el unipersonal, al estar solo frente al público, eso se potencia. Esperamos generar en el espectador una invitación; no es una propuesta para seducir. Es una propuesta para el encuentro; no se trata de gustar, sino de conectar con el otro.  —“Puan” es una película que habilita inmediatamente una lectura política. Tomando este punto de partida, ¿qué pensás acerca de la relación entre arte y política? —Cuando se cuenta una historia, el lugar donde sucede la trama hace visibles las condiciones en las que los personajes viven, se vinculan, se relacionan con sus problemas, y a la vez, a esos personajes uno puede reconocerlos en su propio cotidiano. Entonces, hay una instancia de lo político que se manifiesta. Entiendo que el 99 % de las historias tienen esos ingredientes, aunque se trate de La guerra de las galaxias o de Los Simpson. Creo que lo político, muchas veces está en el espectador, en su capacidad de interpretar lo que ve. Es verdad que muchas veces un material puede ser abordado desde su creación sin ningún tipo de intento de dar una mirada política, pero eso no lo deja fuera de la posibilidad de leerlo en esos términos desde quien es espectador. Puan es una película a la cual la coyuntura política le subrayó esa instancia, una problemática que está relacionada con la educación pública y que la hace, digamos, política, en el sentido de que quien la ve saldrá de la sala con preguntas o con algún tipo de posición tomada respecto a esa situación que la película plantea. Yo encuentro a Puan mucho más amplia, pero las circunstancias en las que una película, una canción, un poema, una escultura son recibidas por el público en determinado momento histórico les dan una relectura que excede a sus autores. Eso me parece maravilloso. —¿Cómo te repercuten los premios que “Puan” va recibiendo y qué lugar ocupa en tu trayectoria? —Puan es hoy parte de mi presente, está sucediendo aún, con lo cual me es un poco difícil decir qué lugar ocupa, justamente porque aún está en proceso. Los premios y nominaciones que la película está recibiendo me dan mucha alegría, porque hay un reconocimiento desde diferentes miradas, diferentes lugares del mundo, que hacen sospechar que la película tocó una fibra muy particular, como suele decirse, algo universal, algo profundamente humano. El cine es una potencia colectiva activa, y lo que al público le pasa lleva esa potencia a dimensiones bellísimas. —¿Cómo es tu personaje en la serie “El eternauta”? ¿Qué podés adelantar al respecto? —Aún no puedo decir cuál es mi personaje. Sí puedo decir que fue una experiencia hermosa, dirigida por Bruno Stagnaro, director increíble, y con un elenco impecable. Es una serie sobre un cómic icónico. Espero que no sea devorada por esta imposibilidad que tenemos como sociedad de estar metidos en una mirada de blanco o negro, donde las formas de mirar y vincularnos con lo nuestro están determinadas por el color de la lente que portamos. —¿Y qué mirada tenés sobre el panorama actual del teatro independiente, circuito al cual perteneció, por ejemplo, Puerta Roja, teatro que gestionaste? —El teatro independiente es por naturaleza un teatro fuera del mercado, rebelde a todo tipo de intento de convertirlo en un simple producto para el consumo. Es el ADN que se manifiesta a lo largo de su historia y se ha hecho un lugar en el mundo. Son formas de búsqueda en lo estético, en lo narrativo, que no sólo escapan de la norma, sino que discuten con ella. Las políticas culturales tienen que estar allí donde están los esfuerzos por multiplicar miradas, por manifestar las voces de los márgenes, por enfrentar a discursos hegemónicos. Una sociedad capaz de tener frente a sí muchas manifestaciones de diversos sectores tiene herramientas para una real capacidad de transformación. Los teatros independientes ocupan y materializan todo eso. Tuve la oportunidad de ser parte de Puerta Roja. Lo abrimos con Adrián Canale en 2002 y duró un poco más de diez años. Funcionaba donde hoy se ha refundado el Teatro del Pueblo. El motor que nos movía era justamente el de crear un espacio donde las teatralidades alternativas eran su incentivo; algunas veces estaba lleno y otras veces éramos cuatro, pero no era el número el que le daba entidad a esas experiencias, sino lo que sucedía en esos encuentros. Las instituciones como el INT son fundamentales para que todos estos espacios sigan generando ese movimiento tan vital, por el cual el teatro argentino es reconocido y admirado en muchos lugares de Europa y América. —¿Cómo llegó el teatro a tu vida y qué momentos profesionales te marcaron? —El teatro llegó a mí un poco de casualidad. Iba a un club de la colectividad yugoslava, y un día apareció un taller de teatro. Aunque yo estaba más inclinado hacia la música, todos los sábados, asistía a ese taller de teatro. Al cerrar el año se hizo una muestra. Esa experiencia fue muy potente para mí. Cuando volvía a mi casa, me parecía que flotaba en el aire, y me dije: “Esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida”. Y así fue. Desde entonces, muchos momentos me marcaron a lo largo de estos años: los grupos de teatro independiente, los viajes por las provincias que generaban sus festivales, las experiencias en salas como la Coronado del San Martín. Y en cine, filmar La luz incidente, de Ariel Rotter, y Los siete locos, de Spiner y Pitterbag fueron muy importantes en las experiencias del audiovisual. Y siempre, la curiosidad por lo que viene, lo que no sé, lo que siempre va delante de uno, invitándote a dar otro paso. En esta Nota
“En la ausencia del otro, la conciencia y su objeto no son más que uno. El otro ya no está constituyendo el tribunal de toda realidad, para discutir, invalidar o verificar lo que yo creo ver. Faltando en su estructura, deja a la conciencia adherirse o coincidir con los objetos en un eterno presente”. Tal es la distorsión en la percepción por la ausencia de un otro internalizado como estructurante para la vida en el mundo que describe Gilles Deleuze en Lógica del sentido, en el capítulo “Michael Tournier y El mundo sin el otro”. Y suma: “La estructura del Otro organiza la profundidad y la pacífica. Los trastornos de esa estructura implican un enloquecimiento del fondo, de la profundidad, retorno agresivo del sin fondo que no se puede conjurar. Todo pierde su sentido, todo se convierte en simulacro y vestigio, incluso los objetos de trabajo, incluso el ser amado, el mundo en sí mismo y el yo en el mundo” (...)  “El otro es la expresión de un mundo posible y si no está en el mundo de lo perceptible, entonces lo percibido y lo no percibido, lo sabido y lo no sabido, se enfrentan de manera absoluta sin matices. Todo es implacable, la realidad ya no se pliega en relación a unos otros, se alza amenazante. Descubrimos entonces maldades que no son ya del hombre”. Este es el mundo que veo levantarse entre los textos de Saverio el cruel, obra de Roberto Arlt.  Un grupo familiar acostumbrado a organizar, bromas macabras, “cachadas”, a personas ajenas a su núcleo, decide embaucar esta vez, a uno de sus proveedores de alimentos. Manipulándolo con el argumento de que su participación en una “corte de opereta” será la cura para la enfermedad mental de una de las mujeres de la familia, el trabajador accede. Actuará de coronel en una farsa.  Saverio encarna al dictador.  La crueldad en el grupo de cachadores es hábito, costumbre, en el modo de vinculación con el mundo, incluso entre ellos y ellas. Dentro del núcleo, la manipulación y la tendencia a la exclusión forman parte del modo de relación.  Roberto Arlt muestra estos afectos miserables con humor. Es admirable como patetiza en esta trama lo siniestro del sin fondo, el ascenso en superficie de lo horroroso de la manipulación. Hace que el sentido se retuerza, mostrando un lado y el otro de la trama a la vez. A veces me parece que el mismo autor nos hace una broma monumental con esta obra. La empatía respecto de los personajes salta de unos a otros a otras, como si pudiéramos reconocernos por momentos en cada uno, una, un poco.  El sin fondo emerge como locura en superficie en la obra Saverio el cruel. ¿Quién es el loco? hace que nos preguntemos el autor. ¿Dónde empieza y termina la farsa y dónde la realidad? ¿Dónde está el límite entre los cuerpos cuando el estado es de manipulación, dominación por la creación de una realidad que reemplaza a la real? Esta obra de Roberto Arlt es anterior al hecho de que en nuestra realidad social se instalara la crueldad de la discriminación y la exclusión social explícita. Pero el autor la escribió, no casualmente, en la década de los años treinta, la llamada década infame en la Argentina fue el contexto desde donde surge Saverio el cruel. El dramaturgo porteño observó cómo se rompían los lazos sociales y se disolvía la solidaridad entre sujetos de la misma clase. Él pudo ver la crueldad en las miradas emergiendo desde el sin fondo, desde las profundidades de la inhumanidad acechante siempre. Pudo ver las miradas de los que perciben a los otros y las otras como esas… cosas, que insisten con ser reales.  Creo que hoy resuena Saverio el cruel, desde la espectacularidad de una farsa que reemplaza a la realidad a fuerza de obscenidad y sin sentido. El otro, las cosas, los grupos, las instituciones, la potencia creadora de las personas se perciben como amenazantes, así mismo la historia y las construcciones sociales. “Asistimos al ocaso de la piedad”, dice Roberto Arlt. Esto sucede en Saverio el cruel. *Directora de Saverio el cruel.  La obra se presenta todos los sábados a las 18.30 en el Teatro Payró (San Martín 766). En esta Nota
Gino Bogani, un ícono de la moda nacional e internacional, pasó por +Caras, por Caras Tv, y contó que Susana Giménez eligió lucir un traje diseñado por él para su primer programa en la televisión nacional. El lanzamiento de este tipo de vestidos fue en un desfile de 1984, acontecimiento que durante la entrevista utilizó el diseñador para contar que la diva seleccionó el vestido azul para el estreno de "Hola Susana". Susana Giménez. "Había como veinte de ese estilo, de diferentes colores", complementó Gino en relación al vestido que popularizó Susana en su estreno como conductora.  Por último, dio mayores precisiones sobre esta prenda de color azul y comentó que "eran bodies sobre polleras que iban arriba".  Gino Bogani y el paso previo a que su vestido sea furor El diseñador habló sobre el éxito del vestido que lució Susana y la popularidad que vino luego de que la diva lo luciera ante todo el país. Susana Giménez. "'¿Usted está seguro'? Me preguntaban como diciendo '¿quién los va a comprar?' y mi pensamiento era 'y bueno, no se venderán'", confesó Gino Bogani en +Caras, por Caras Tv. BL También te puede interesar
Gino Bogani, ícono de la moda local e internacional, estuvo en  +Caras, por Caras Tv donde contó un detalle desconocido sobre la participación de Juana Viale en una de las últimas presentaciones que hizo su marca. El diseñador habló del vestido que lució la nieta de Mirtha Legrand yconfesó que nadie sabía acerca de una posible aparición de la conductora en el desfile.  Juana Viale. "No sabían ni Mirtha, ni Marcela (Tinayre), nadie", expresó entre sonrisas Gino en relación a la sorprendente aparición de Juana Viale. Por último, contextualizó diciendo que "fue en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) en el homenaje que se me hizo en la semana de la alta costura 2022), organizado por Elina Constantini".  El "arreglo" que hizo Gino Bogani para que Juana Viale participe de su presentación El diseñador le contó a Héctor Maugeri, conductor de +Caras, que dejó que Juana Viale sea parte del desfile con una sola obligación. Juana Viale. "¿Te animás a cerrar el desfile? Con la condición de que no lo sepan ni tu madre ni tu abuela, nadie. Y así quedamos", recordó Gino Bogani.  Para concluir, también manifestó que la bajada de la escalera mecánica fue totalmente improvisada y que, a diferencia de las otras modelos, no había practicado.  BL  También te puede interesar

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