“Hay que dar absolutamente todo”

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Actriz, directora, productora, azafata y por sobre todo una mujer capaz de afrontar desafíos sin levantar la voz. Su productora The Stage Company cumplió veinte años y decidió reponer un espectáculo que había quedado trunco por la pandemia. Volvió con una nueva versión de: El curioso incidente del perro a medianoche, de viernes a domingos en el teatro Maipo. El texto es del dramaturgo inglés Simon Stephens y está inspirada en la novela de Mark Haddon.

Vuelve a encabezar el elenco el joven que debutó y triunfó con esta obra: Iñaki Aldao, junto a él están la misma Calabrese, más Mela Lenoir, Andrés Bagg, Pablo Sultani, Silvana Tome, Bruno Pedicone, Gabriela Bevacqua, Gabriel Machado, Graciela Pafundi, Pat González Ericcson, Theo Piñeyro, Carlos Simón, Nicolás Sousa, Lali Vidal, Tomas Albertoni y Matías Albizzati.

—¿Cómo se hace para mantener una compañía durante veinte años?

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El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

—Creo que tiene que ver con que no se apague el entusiasmo, para poder hacer una obra nueva cada año. Porque a diferencia de Broadway o el West End aquí en Buenos Aires las producciones no duran tanto en la cartelera, salvo algunas excepciones, es raro estar más de una temporada. Es distinto en Londres o en Estados Unidos porque en esos lugares la gente viaja y es parte del plan de turismo ir al teatro, algo que todavía no creo que pase tanto acá. En la productora fijos somos muy pocos, los que estamos en la dirección, después los intérpretes van variando porque si bien trato de mantener a mis actores queridos, a veces debo sumar a otros porque a lo mejor no responden a lo que el espectáculo nuevo necesita. A veces ya están en otros proyectos y no se pueden sumar, por lo cual tengo que hacer nuevas pruebas.

—¿Por qué reponer El curioso incidente…?

—Nosotros terminamos en diciembre del 2019, luego de ocho meses muy intensos y todos necesitábamos descansar. Pensábamos reponerlo en marzo del 2020, mientras ya había empezado a ensayar Come from away ya que la idea era que las dos propuestas convivieran en la cartelera del Maipo. Vino la pandemia y se nos atrasó todo. Las licencias de los espectáculos duran dos años, venció y tardé en volverla a conseguir. Es una obra muy importante en el National Theater con una producción grande.

—¿Cuáles son las diferencias entre la puesta del 2019 y la actual?

—Esta tiene muchos más recursos, porque también hubo más adelantos, por ejemplo en luces y en la calidad de proyección. En ese momento la planta de luces del Maipo no era la que está ahora, contamos con más tecnología y dos proyectores con una definición alucinante. Además empezamos a tener muchas ideas que tenían que ver con la novela, fuimos investigando sobre la historia en la que la puesta está basada. Tampoco nosotros somos los mismos.

—¿Qué enfermedad tiene el protagonista?

—Cuando una lee el libro de Mark Haddon, está todo narrado en primera persona y en ningún momento da el diagnóstico. Le deja al lector que vea en su forma de escribir y pensar que de alguna manera es un neurodivergente. Pero el diagnóstico nunca aparece ni en el libro, ni en la adaptación. No quisieron etiquetarlo. Propone al espectador que libere su propia imaginación. Todos cuando leemos nos damos cuenta que no es una persona común, que percibe al mundo de manera diferente. Los profesionales de la salud que vienen a ver la obra, enseguida buscan hacerle el diagnóstico, o tiene el Síndrome de Asperger o una clase de autismo. Subrayo que desde la obra no está etiquetado, nosotros tampoco dentro del espectáculo lo hacemos y dejamos que el público saque su conclusión. También de alguna manera trata sobre las familias, en este caso una disfuncional. Se muestra cómo sortear esas diferencias, ves cómo sus padres perciben diferente al mundo. Una se enoja más, el otro menos, uno tiene más paciencia, la otra menos.

—El tema de la discapacidad resulta hoy muy sensible…

—El ver un chico que tiene cierta discapacidad, con otras partes brillantes, pero que si la sociedad o alguien lo contiene puede vivir bien. Me parece que tiene que ver con las maneras de adaptarse y ver que nosotros también estamos sobre adaptados al ruido y a la estimulación visual.

—¿Cómo fue conseguir al mismo actor después de siete años?

—Con Iñaki todos estos años estuvimos en contacto y siempre le dijimos: “vamos a volver a hacer esta obra”. Estábamos esperando justamente la oportunidad. Creció muy poco, lo notamos por el vestuario, pasamos de una campera médium a una large, pero como es delgado sigue dando muy joven. Cuando estrenó tenía sólo diecinueve años y fue su debut teatral. El resto del elenco cambió porque muchos estaban ocupados con otras obras como Pablo Alarcón que está haciendo giras o el caso de Adriana Aizemberg quien murió el año pasado. Me dieron la firma de derechos muy a último momento y tuvimos que hacer casting de nuevo.

—¿No es mucha la presión de actuar y dirigir en simultáneo?

—Esta vez fue más agotador. Muchas veces por querer hacer todo, llego un poquito más tarde que los demás actores. No es un costo tan alto pero alguno tengo. Pero el equipo me contiene. Al estar dentro del espectáculo me da la posibilidad de ver todo y seguir más el día a día. Como directora sigo corrigiendo función a función. No quiero que la obra cambie. Quiero que si como público volvés dentro de un mes veas lo mismo. Entiendo al teatro como un todo.

—¿Sigue el fantasma de Cáceres en el Maipo? (N.d.R: un técnico con una enfermedad terminal eligió suicidarse en el teatro)

—Si (se sonríe) aquí tenemos varios fantasmas. Norma Aleandro siempre hablaba con él. Siento las presencias. A veces cuando camino sola hacia los camarines y no hay nadie, puedo sentir una energía, pero me llevo bien con ellos. Le propuse en vida de Lino Patalano (N.d.R: Director artístico histórico del Maipo fallecido en 2022) implementar la Ghost Light muy frecuente en los escenarios de Inglaterra. Es dejar una luz prendida de noche en el teatro, le dicen la luz para el fantasma. Lino me dijo: “Sí. Con razón están tan locos aquí.”

—¿Tenés cábalas o supersticiones?

—Me gusta más la astrología. Me fijo en algunas fechas, a ver qué tipo de luna hay esa noche y si es propicia para que la gente venga al teatro.

—¿Sentís que ha disminuido el público en estos últimos años?

—No, aunque ahora con el Mundial siento que lo vamos a tener más difícil. La gente está con el tema del campeonato.

—¿Qué pasa con los elencos y el fútbol?

—Los actores son los seres más comprometidos, por lo menos los que me están tocando a mí. Son apasionados, cumplen y trabajan, jamás alguien me dijo no sé si llego por el partido. La prioridad es la función y siempre me han demostrado mucho profesionalismo.

—Tenés la posibilidad de viajar por todas partes del mundo: ¿qué nos diferencia a los argentinos?

—La pasión que le ponemos a todo. Soy consciente de la delgada línea que hay entre que el teatro sea transformador o aburrido. Hay que estar muy atenta porque lo que hace que te distraigas es la falta de ritmo. Hay que dar absolutamente todo y no quedarte en la mitad, cuidar los detalles hasta la obsesión.

—¿Tenés deudas pendientes en tu vida?

—La verdad que si ahora se acabara todo siento que estoy muy agradecida por los sueños que se me hicieron realidad. Lo que ahora aparezca es como extra. A nivel más general quisiera que no hubiera guerras o ¿cómo puede ser que a esta altura de la humanidad siga habiendo mutilaciones genitales femeninas en África? Quisiera que la gente pueda vivir mejor y que la riqueza esté más repartida.