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ENTRETENIMIENTO

Jacques y Gabriela, los hijos mellizos del príncipe Alberto y la princesa Charlene, son una de las razones por las cuales el principado de Mónaco logró fortalecer su imagen pública. Los herederos de 10 años de edad, se han convertido en figuras clave para la continuidad de la dinastía Grimaldi. Desde su nacimiento el 10 de diciembre de 2014, Jacques Honoré Rainier, marqués de Baux y heredero al trono, y su hermana Gabriela Theresa Marie, condesa de Carladés, han sido el centro de atención en Mónaco. Su llegada fue celebrada con euforia, ya que la continuidad dinástica del pequeño país dependía de su nacimiento. Según la constitución monegasca, de no haber descendencia legítima, el principado podría ser anexionado a Francia, lo que habría supuesto un cambio histórico para la nación. Los pequeños príncipes sorprenden en cada aparición pública con atuendos que combinan la elegancia clásica con toques modernos. Además, los mellizos han adquirido protagonismo en los eventos oficiales del principado, como el Día Nacional de Mónaco y la tradicional ceremonia de encendido de luces navideñas. Este tipo de actos refuerza la imagen de unidad familiar que el príncipe Alberto busca proyectar en medio de las constantes especulaciones sobre su matrimonio con Charlene, quien ha pasado largos periodos fuera del país por problemas de salud y otras circunstancias. Jacques y Gabriela, un papel clave en la estabilidad de la Corona Los hijos de Alberto y Charlene no solo representan el futuro de la monarquía monegasca, sino que también han servido como un factor de cohesión para la familia real. Su presencia pública contribuye a disipar las dudas sobre la relación de sus padres y a reforzar la percepción de estabilidad en el Principado. En un principado que vive de su imagen y del turismo de lujo, la presencia activa de los mellizos en los actos oficiales es una estrategia clave para mantener el atractivo de la familia real. Con el paso de los años, su rol solo se fortalecerá, y todo indica que seguirán los pasos de sus tías Carolina y Estefanía, quienes en su juventud también fueron protagonistas del glamuroso universo de Mónaco. A medida que crecen, Jacques y Gabriela continúan capturando la atención del público y los medios, consolidándose como los verdaderos herederos del legado de los Grimaldi. Sin duda, su futuro dentro de la realeza promete estar cargado de protagonismo y de una fuerte influencia en la historia del principado. VO
Cuando Charlene Wittstock y el príncipe Alberto de Mónaco hicieron oficial su relación en 2006, pocos imaginaban que esta historia de amor estaría marcada por especulaciones, distancias y persistentes rumores de crisis. A punto de cumplir 14 años de casados, su matrimonio es objeto de atención constante por parte de la prensa, poniendo en duda en múltiples ocasiones la fortaleza de su unión. La historia entre Charlene y Alberto comenzó en el año 2000, cuando la nadadora sudafricana participaba en un campeonato deportivo en Mónaco. Sin embargo, no fue hasta dos años después que el príncipe se atrevió a dar el primer paso y pedirle una cita. La relación avanzó con cautela, en gran parte debido a la distancia: mientras ella se dedicaba de lleno a su carrera deportiva, él cumplía con sus responsabilidades reales. Fue en los Juegos Olímpicos de 2006 cuando ambos decidieron hacer pública su relación, marcando el inicio de un noviazgo oficial. El camino hacia la boda: el momento en que los rumores comenzaron En 2007, Charlene decidió instalarse definitivamente en el Principado. Allí se preparó para su futuro rol como princesa: aprendió francés, tomó clases de protocolo y se familiarizó con la historia y tradiciones de Mónaco. Durante esos años, se la vio asistir a eventos de gran relevancia, como el Baile de la Rosa y la gala de la Cruz Roja, consolidándose poco a poco dentro de la familia real. Finalmente, en 2010, tras superar con éxito su primera gran aparición junto a la realeza en la boda de Victoria de Suecia, Alberto le propuso matrimonio. La boda, celebrada el 2 de julio de 2011, fue un evento majestuoso con un costo superior a los 45 millones de euros. Sin embargo, lo que debía ser un día soñado quedó empañado por las lágrimas de Charlene, quien lucía visiblemente seria y consternada, lo que dio pie a especulaciones sobre su felicidad en el matrimonio. La prensa francesa aseguraba que Charlene intentó huir del Principado antes de la boda debido a supuestas infidelidades de Alberto, una versión que el Palacio nunca confirmó. La tristeza que mostró en su gran día le valió el sobrenombre de "la princesa triste". La distancia entre Charlene y Alberto En 2014, la llegada de sus hijos, los mellizos Jacques y Gabriella, pareció traer estabilidad a la pareja, pero las especulaciones continuaron. La prolongada ausencia de Charlene en 2021, cuando permaneció varios meses en Sudáfrica por problemas de salud, avivó nuevamente las versiones sobre una separación inminente. A su regreso, se mostró distante en sus apariciones públicas, alimentando más dudas. Hoy, a punto de celebrar su 14 aniversario de casados, Charlene y Alberto se muestran nuevamente unidos en sus compromisos oficiales. La princesa ha retomado sus labores públicas y, aunque su expresión sigue siendo reservada, su presencia al lado de Alberto sugiere que la pareja está decidida a mantener su matrimonio. VO
Lady Di no solo fue una de las figuras más queridas de la realeza británica, sino también un verdadero icono de estilo que supo adelantarse a su tiempo. Con un sentido innato de la moda, Diana Spencer incorporó en su guardarropa prendas y tendencias que, años después, se convirtieron en imprescindibles en las pasarelas y el street style. Desde su inigualable vestido de novia hasta el legendario "vestido de la venganza", cada una de sus elecciones fashionistas sigue inspirando a diseñadores y celebridades. A continuación, repasamos algunos de sus looks más icónicos que la consagraron como un referente de la moda atemporal. El vestido nupcial que marcó una era El 29 de julio de 1981, millones de personas en todo el mundo vieron a Lady Di caminar por la catedral de San Pablo con un vestido de ensueño. Diseñado por David y Elizabeth Emanuel, su vestido de novia era una pieza dramática con mangas farol, un cuerpo encorsetado y una falda acampanada con una cola de 7,6 metros. Este diseño marcó un antes y un después en la moda nupcial, inspirando a innumerables novias en los años siguientes. El corte "wixie", precursor del estilo andrógino Diana también fue pionera en lo que respecta al cabello. En los años 90, lució el corte "wixie", un estilo corto, desfilado y con textura, que combinaba la frescura del pixie con la sofisticación de un bob. Hoy en día, este tipo de corte sigue siendo tendencia entre quienes buscan un look moderno y versátil. El "tenniscore", un look deportivo que sigue vigente Antes de que el "tenniscore" se convirtiera en una de las tendencias favoritas del street style, Lady Di ya lo había llevado en los años 90. Sus conjuntos deportivos, formados por polos, mini faldas de tablas, zapatillas blancas y cárdigans, eran la combinación perfecta entre comodidad y estilo. Este look ha sido replicado por muchas celebridades actuales, consolidándose como un básico en los guardarropas modernos. El rosa, el color que redefinió Lady Di La princesa de Gales fue una verdadera pionera en cuanto a colores y estampas, especialmente al lucir lo que actualmente ahora se conoce como "barbiecore", el tono rosa fuerte que se impuso con la salida del filme de Barbie. En el caso de Lady Di, su estilo, que incluía colores pastel, siluetas femeninas y accesorios románticos, sigue inspirando a la moda.  El inolvidable "vestido de la venganza" Sin duda, uno de los looks más icónicos de Diana fue el famoso "vestido de la venganza". Diseñado por Christina Stambolian, este ajustado vestido negro de escote bardot causó revuelo cuando lo lució en 1994, el mismo día en que el príncipe Carlos admitió su infidelidad en televisión. Más que un look, este vestido se convirtió en un símbolo de empoderamiento femenino y de la capacidad de Diana para reescribir su propia narrativa. El impacto de Lady Di en la moda es innegable. Su capacidad para adelantarse a las tendencias y llevarlas con una naturalidad impecable la convirtieron en un referente eterno. A décadas de su partida, su estilo sigue siendo una fuente inagotable de inspiración para diseñadores, celebridades y amantes de la moda en todo el mundo. Sin duda, Lady Di no solo fue la "princesa del pueblo", sino también la indiscutida reina del estilo.
La tercera temporada de La rueda del tiempo llega a Prime Video el 13 de marzo, con grandes sorpresas para los seguidores de la serie que debería ser un suceso de culto. En esta nueva entrega, los personajes se enfrentan a desafíos aún mayores mientras exploran sus propios destinos y se profundiza en sus relaciones más complejas. Con una acción más intensa y personajes más desarrollados, la tercera temporada promete ser una de las más impactantes hasta ahora. Basada en la exitosa saga de Robert Jordan, ha logrado cautivar al público con su intrincada mezcla de magia, política y luchas épicas. En esta nueva entrega, los protagonistas principales, Lan Mandragoran, interpretado por Daniel He-nney, y Siuan Sanche, interpretada por Sophie Okonedo, continúan sus intensos viajes. Los actores compartieron en una entrevista cómo sus personajes evolucionan y cómo la serie continúa siendo fiel a las complejidades de los libros, al mismo tiempo que introduce innovaciones en su adaptación. DESDE ADENTRO. Daniel He-nney, quien interpreta a Lan Mandragoran, un guerrero conocido por su destreza con la espada y por su lealtad a Moiraine, comentó sobre cómo el personaje se enfrenta a una nueva etapa en esta temporada: “Después de la separación en la temporada 2, Lan y Moiraine están ahora en un terreno más parejo, lo que les permite reconstruir su vínculo. Es un momento de redención para él, al poder ayudarla y restablecer el lazo entre ellos.” Sin embargo, su relación con Nynaeve también toma un rumbo interesante, marcada por las tensiones entre el deber y el amor. Henney añadió: “Es complicado, pero como en este mundo, siempre se elige la misión y el bien mayor por encima del bienestar personal.” Sophie Okonedo, quien da vida a Siuan Sanche, la poderosa Amyrlin Seat, destacó el crecimiento de su personaje en esta temporada. “Mi temporada favorita fue esta porque pude mostrar más de Siuan más allá de su rol como líder de las Aes Sedai. Verla más humana, vulnerable y en diferentes contextos emocionales le da más capas a mi personaje”, explicó Okonedo, quien también reflexionó sobre la tensa relación entre su personaje y Moiraine: “El amor y el conflicto entre ellas nunca desaparecen, pero la acción no nos da tiempo de quedarnos en ese punto. Sin embargo, está siempre presente en lo que Siuan hace.” TRANSFORMACIONES. En cuanto a Perrin y Mat, personajes interpretados por Marcus Rutherford y Dónal Finn, la tercera temporada también los lleva a explorar más profundamente sus propios dilemas internos. Perrin, quien regresa a las Dos Ríos, se enfrenta a un pueblo que ha cambiado irreparablemente, y Rutherford mencionó cómo esto afectó su interpretación: “Fue un momento emocionalmente poderoso regresar a ese lugar después de tanto tiempo. No solo el cambio físico del pueblo, sino la evolución personal que hemos vivido todos desde la primera temporada.” Por otro lado, Mat sigue luchando con su identidad y su destino. Finn comentó sobre cómo Mat comienza a aceptar su papel de héroe, aunque aún no se siente cómodo con él: “Mat no cree ser un héroe, pero al ser nombrado uno de los Héroes del Cuerno, tiene que enfrentarse a esa realidad. Es un proceso de aceptación que le cuesta, pero es interesante ver cómo la serie lo lleva a evolucionar.” Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. LO NUEVO. Rafe Judkins, showrunner de la serie, también compartió detalles sobre cómo la tercera temporada se aleja de las convenciones previas para ofrecer algo fresco: “Queríamos empezar con una secuencia de acción intensa que sumergiera a los espectadores de inmediato, dejando de lado los habituales resúmenes de lo que ha pasado. La dinámica de la temporada es más rápida y menos centrada en los respiros entre momentos, lo que cambia la percepción del público.” Judkins también explicó cómo se reconfiguraron algunos aspectos de los personajes para mejor reflejar el mundo de La rueda del tiempo: “Nosotros queríamos asegurarnos de que los personajes más icónicos como Mat se desarrollaran de forma más compleja. A veces, ciertos cambios en la adaptación permiten explorar dimensiones más profundas sin perder la esencia de los libros. Hasta el momento, la serie ha sido un viaje apasionante lleno de giros inesperados. Tras el final de la segunda temporada, la separación de Moiraine y Siuan dejó a muchos fans expectantes por saber cómo se resolverían las tensiones. Ahora, con nuevos personajes y alianzas, la tercera temporada se presenta como el comienzo de una fase crucial en la historia. Las batallas, los traiciones y los descubrimientos personales serán clave para definir el rumbo de los elegidos y el futuro del mundo”. Intriga, magia y conflicto J.Z. El elenco de la serie regresa con figuras clave como Daniel Henney, quien interpreta a Lan Mandragoran; Sophie Okonedo, como Siuan Sanche; Marcus Rutherford, en el papel de Perrin Aybara; y Dónal Finn, quien toma el lugar de Barney Harris como Mat Cauthon. A ellos se suman nuevos rostros, como Shohreh Aghda-shloo, quien dará vida a Elaida do Avriny a’Roihan, y Olivia Williams como la Reina Morgase Trakand. Además, Zoe Robins vuelve como Nynaeve, con una narrativa que sigue su evolución como una poderosa Aes Sedai. A lo largo de los episodios, la serie aborda temas de representación, integrando con sensibilidad nuevos personajes dentro de este mundo de fantasía. En cuanto a los efectos especiales, el equipo logró una mejora significativa en la calidad visual, con escenas de acción y magia que sumergen al espectador en un universo aún más impresionante. Con una narrativa más ambiciosa y personajes que enfrentan su destino con valentía y sacrificio, la tercera temporada de La rueda del tiempo se perfila como una de las entregas más emocionantes de la serie, llevando a la historia a nuevas alturas de intriga, magia y conflicto. Más allá de su éxito en la pantalla, la obra original creó una comunidad global, uniendo a personas de diferentes culturas que comparten su fascinación por los personajes y el mundo que Robert Jordan ideó. La fuerza del show no solo radica en su intrincada trama, sino en cómo ha logrado conectar con una base de fans apasionados que encuentran en cada episodio un reflejo de sus propias luchas y aspiraciones.
Después de un largo período sin giras, la banda francesa de rock Last Train regresa con su nuevo álbum III, un disco que refleja una energía más cruda y directa en comparación con sus trabajos anteriores. Grabado en un castillo en plena temporada invernal, este álbum es una declaración de intenciones: un regreso a la esencia del rock con una intensidad que se siente en cada acorde. PERFIL habló con Jean-Noël Scherrer, líder de la banda, sobre el proceso de creación de III, su pasión por los escenarios y sus planes para llevar su música a nuevos territorios. Desde el impacto del frío extremo en la grabación hasta su deseo de tocar en América Latina, la banda nos comparte su visión sobre la evolución de su sonido. —El nuevo álbum de Last Train, “III”, es un logro incluso dentro de su estilo. ¿Cómo te sentís respecto del nuevo disco? —La verdad, todos nos sentimos aliviados con el lanzamiento de este nuevo álbum porque significa que podemos volver a salir de gira. Han pasado dos años desde la última vez que hicimos una, ya que decidimos enfocarnos en trabajar en dos álbumes diferentes. Ahora los comentarios sobre III han sido geniales, así que nuestro enfoque está en ofrecer los mejores shows que se vienen. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. —¿Cómo te has sentido la conexión de los fans con el álbum hasta ahora? —Estamos muy emocionados por la respuesta del público. Este álbum es más rockero y quizás más salvaje que lo que solíamos hacer. Antes escribíamos canciones largas, tal vez más melancólicas. Esa vibra sigue ahí, pero en III hay una especie de rabia que nos motivó. No sé exactamente de dónde vino, pero queríamos escribir algo más crudo y frío en comparación con lo que habíamos hecho antes. Estamos muy contentos con cómo lo ha recibido la audiencia y definitivamente sabemos que estas canciones funcionarán muy bien en vivo. —Grabaron “III” en un castillo sin calefacción en pleno invierno en Francia. ¿Cómo influyó ese entorno en la música? ¿Crees que ayudó a definir la intensidad del álbum? —Sí, definitivamente. No fue intencional elegir un castillo por su atmósfera fría o aterradora, simplemente tuvimos la oportunidad de grabar ahí. Es un lugar hermoso, pero no es como Versalles, lleno de luces y lujos. Es un gran castillo al que nuestro productor, Rémi, solía ir cuando era niño. Tenía el sueño de grabar un álbum ahí desde hace años, y cuando se presentó la oportunidad, la tomamos. —Después de su álbum “The Big Picture” (2019), en vez de volver directamente a hacer un álbum de rock después de la pandemia, lanzaron “Original Motion Picture Soundtrack”, una reinterpretación de sus canciones con orquesta. ¿Por qué salió primero ese álbum? ¿Fue una forma de procesar todo antes de regresar al rock? —Nos dimos cuenta de que tal vez era el momento de dejar las guitarras de lado por un rato y sumergirnos en algo nuevo que realmente queríamos experimentar. Así nació Original Motion Picture Soundtrack, y el proceso fue increíble. Pudimos escribir música con instrumentos que nunca habíamos usado. Fue una experiencia de aprendizaje enorme y, al final, lo que más nos dejó fue el deseo de volver a hacer rock. Después de esa etapa, todo lo que queríamos era tocar rock and roll juntos otra vez. —Las letras de Last Train siempre han sido en inglés, a pesar de ser una banda francesa. ¿Han sentido la tentación de incorporar el francés en su música? ¿Podrían experimentar con eso en un futuro? —No lo creo. Elegimos hacerlo en inglés, porque todo lo que hemos escuchado cuando éramos niños estaba cantado en inglés y no tenemos esa cultura de cantar en francés. Sabíamos que teníamos que cantar en inglés. Es uno de nuestros sueños como banda llegar a la mayor cantidad de lugares. Otro camino creativo J.M.D. “Siempre fui un contador de historias, primero con la música y luego con la animación”, dice Jean-Noël Scherrer, cuyo recorrido profesional es tan inusual como fascinante. Antes de fundar la productora Take it Easy, Scherrer formó parte de la escena musical suiza como integrante de The Animen, banda con la que recorrió Europa y lanzó varios discos. Durante esos años, además de componer y tocar, comenzó a interesarse por la narrativa visual, explorando la relación entre sonido e imagen en videoclips y cortometrajes experimentales. Su creciente pasión por la animación lo llevó a crear Take it Easy en 2017, con la intención de desarrollar proyectos innovadores y arriesgados. Desde entonces, produjo cortometrajes y series reconocidos en festivales como Annecy y Berlín, apostando por talentos emergentes y explorando nuevas formas de contar historias. “Para mí, la animación es una forma de libertad absoluta. Puedes contar cualquier historia, sin límites”, explica. Bajo su liderazgo, la productora se ha consolidado como un referente en la industria europea, con un enfoque que combina experimentación visual y un fuerte compromiso con la calidad narrativa. Entre sus próximos proyectos, se encuentra una serie que fusiona técnicas tradicionales con inteligencia artificial. Scherrer también planea expandir sus colaboraciones con artistas de distintos medios para seguir explorando nuevas fronteras creativas. “Lo importante es no dejar de sorprenderse, porque de ahí nace lo verdaderamente innovador”, concluye.
Como todos los años, pasaron los Oscar y, como todos los años, hay tanta alegría como descontento. Alguna vez habría que tomárselos de modo más liviano: después de todo, el arte no es deporte y las grandes películas lo son gracias al paso del tiempo. Cualquiera puede hacer el ejercicio de tomar la lista de ganadoras principales a través de la historia y ver cuáles coinciden con lo mejor del cine. No haga la cuenta: el 10%, tome el criterio que tome para “mejor del cine”. Dicho esto, suele ser una tribuna y un diagnóstico de lo que el mundo del espectáculo piensa de sí mismo y ocasión para muchos famosos de justificar ser millonarios adhiriendo a causas nobles. Pero algo pasó esta vez: incluso si el tout-Hollywood suele identificarse con el Partido Demócrata, y después de un año donde agotaron todo el diccionario de insultos hacia Donald Trump, fue muy poco lo que hubo de política, protesta o (¡ay, el término!) “wokismo”. Spoiler: nuestra hipótesis al respecto, al final de esta nota. La entrega 2025, para los estándares abúlicos de esta clase de ceremonia, fue entretenida, bien conducida por Conan O'Brien, y con un par de momentos de verdad purísima que vale la pena destacar, como cuando Mick Jagger dijo que las mejores canciones del año estaban en Un completo desconocido, a la vez reconocimiento de lo grande que es Bob Dylan y de lo chiquititas que son las canciones actuales (ganó una cosa horrible llamada adecuadamente “El Mal”, de Emilia Pérez). Hubo homenajes más o menos bien llevados, un par de cuadros musicales como la gente y algunos clips. Uno de ellos, contraproducente: el compilatorio de secuencias de la saga Bond demostró que hay mucho más cine e imaginación en esas películas “de entretenimiento” que en la mayoría de las nominadas. Pero lo que todos esperábamos era que el Mundo del Espectáculo reaccionara ante el vértigo político de la administración Trump. Este escriba anotó cuidadosamente cuántas veces se pronunció el nombre o el apellido del mandatario en la noche tribunera de Hollywood. Cero. Ni siquiera Elon Musk, nuevo espantapájaros de la corrección política, fue criticado o mencionado. Sí hubo quienes dijeron o hicieron algo (justo o no). El guionista de Cónclave llevaba una cinta con los colores de Ucrania en la solapa; el ganador del Oscar de vestuario recordando que era el primer afroamericano en ganar tal premio; Daryl Hannah levantó los dedos en V por el país de Volodimir Zelensky; Zoe Saldaña recordó que es hija de inmigrantes latinos (y su abuela dominicana de nombre Argentina, que encendió un fugaz nacionalismo en redes); un chiste de Conan O´Brien sobre Anora y los rusos que aludía lateralmente a la administración Trump; y el discurso de Adrien Brody que condenó el antisemitismo. El único momento realmente político fue el discurso de los realizadores de No other land, el documental ganador, donde se pidió parar la “limpieza étnica” en Gaza, aplaudido de pie. Después de las atrocidades de Hamás, algo por lo menos irresponsable. Pero se sabe: “La Paz” es una buena coartada para que incluso una comunidad frívola se sienta justificada. Y nada más. Revisados los premios, fue bastante justo todo. Pero lo más interesante fue la destrucción de Emilia Pérez, que se llevó los únicos premios que podía ganar. El de canción, discutible. El de Zoe Saldaña es una prueba perfecta. La protagonista de la película, Karla Sofía Gascón, era la gran esperanza blanca: la primera actriz trans capaz de llevarse el premio mayor en su categoría.Pero ya saben: salieron tuits antiguos condenando al Islam radical y comenzó una caza de brujas. Gascón no sólo tenía que ser trans, sino woke también. Eso destruyó sus chances y, consecuentemente, las de la película. Que ganara Saldaña (que no la mencionó en su agradecimiento) fue un poco “salvemos a una de las nuestras del incendio”. Fue digno que Gascón acudiera a la gala y se bancara el chiste que le hizo Conan O'Brien sobre los tuits (eso es una gran tradición americana, el “roast”, la burla al famoso, nada de qué ofenderse) porque no cabía no mencionar al elefante en la sala. Pero al mismo tiempo, mostró el agotamiento del discurso woke, que cae en contradicciones por su propio, inflexible peso. Dijimos que había hipótesis respecto de por qué tan poca reacción cuando la comunidad artística pasó un año entero demonizando a los gritos (si tienen o no razón, es otro cantar) al actual presidente -no mencionado ni siquiera por la nominación actoral de Sebastian Stan, que lo interpreta en El Aprendiz. La respuesta está en los números y en un reflejo que tienen no los artistas sino los ejecutivos.Si Hollywood permanece como el mayor proveedor de entretenimiento audiovisual del mundo, es porque sus popes desarrollaron, desde principios del siglo XX, un reflejo de sincronía con lo que piden y buscan las audiencias. Y han leído correctamente un cambio en ellas. Además, 2024 fue un año malo: después de una recuperación casi segura después de la pandemia, el paro de actores y guionistas de 2023 arruinó el paisaje el año pasado (que tuvo una caída de espectadores interanual en torno al 5%, pero llegó al 26% en plena “temporada alta”). Las películas son muy caras, se requiere quedar bien con todo el mundo, y la ultracorrección política ya no es un atractivo para el público. ¿Otra prueba? Es el tercer año consecutivo que ni Disney ni su subsidiaria Pixar ganan el premio de animación: en 2022 ganó el Pinocho de Guillermo del Toro (Netflix); en 2023, El niño y la garza, de Hayao Miyazaki; y este año la perfecta Flow, obra maestra lituana hecha con menos de la décima parte de lo que vale un tanque. Demi Moore era la gran candidata para ganar el premio a Mejor Actriz Protagónica por su comentado trabajo en la película “La Sustancia”. Ya se había consagrado en la premiación de los Globos de Oro, la antesala de los Oscar. Pero no pudo ser: la ganadora resultó una actriz de 25 años, Mikey Madison, contra los 62 que tiene Moore. La expresión de su rostro demostró lo decepcionante que fue para Demi Moore no quedarse con el premio. La ironía es que, como en “La Sustancia”, la industria del espectáculo otra vez se inclinó por una chica más joven. Una fuente cercana a la actriz comentó al sitio norteamericano Page Six que Moore estaba “destrozada”, como su personaje. “Demi está asimilando esta derrota con mucha dificultad porque sentía que esta era su oportunidad", dijo. Así que, por primera vez en mucho tiempo y aunque lo anterior muestra que hay aún rémora política (que no desaparecerá ya desde que se instaló en los años setenta), se habló de cine. Sólo en redes algún trasnochado se dedicó a decir que Demi Moore perdió ante Mikey Madison porque se repite la historia de La Sustancia sobre la glorificación de la juventud, pasando por alto que las dos tienen trabajos excelentes pero que Anora además es una gran película y La Sustancia, un pastiche ya visto y subrayado (¿recuerdan La muerte le sienta bien?). Y que el mejor discurso lo dio Sean Baker, justísimo ganador de Anora, pidiendo que se piense en hacer películas para ver en el cine, que los papás lleven a los chicos a experimentar la pantalla grande. Sí, lo más subversivo de la noche fue hablar de cine que, aunque se olvide, es la razón por la que existen los Oscar. Por Leonardo D'Espósito, crítico de Cine de NOTICIAS   También te puede interesar Galería de imágenes En esta Nota
Las tres nominaciones a los Oscar de Aún estoy aquí, del director brasileño Walter Salles, hacían de la categoría mejor película extranjera un voto cantado. En los premios previos a los que otorga la Academia de Hollywood, dicho film había sido aclamado, entre otras cosas por su enfoque sobre la dictadura militar brasileña, que duró de 1964 a 1985. Además, Fernanda Torres, protagonista de Aún estoy aquí, había ganado como mejor actriz, una semana antes, en los Golden Globe. Y aunque no se llevó el Oscar, en Brasil su nominación fue celebrada tanto como el premio que ganó Walter Salles. ¿Por qué Jair Bolsonaro odia el éxito mundial de la película de Walter Salles? Durante la temporada de premios, la película sobresalió por su mensaje político y su calidad cinematográfica, y hubo un elemento fundamental para entender su importancia. A diferencia de la cinematografía de Argentina, Chile y Uruguay, por mencionar tres ejemplos cercanos, Brasil no cuenta con una tradición audiovisual que se haya permitido la lectura de su pasado político reciente. Y los gobiernos de facto de la región, cada uno distinto en sus respectivos procesos de violencia, represión y tortura en la clandestinidad, han sido siempre un obstáculo transversal para pensar la identidad y las deudas del Estado y la democracia. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. Consultado sobre ese preciso matiz de diferencia, Walter Salles explicó: “Hubo películas que ofrecieron un reflejo de ese período, pero quizá no por el ángulo que propone Aún estoy aquí, que es a través del microcosmos de una familia. Lo tenés en La historia oficial (de Luis Puenzo); en Argentina, 1985 (de Santiago Mitre); en Machuca (de Andrés Wood), o en No (Pablo Larraín). Nuestra película nos permitió entender lo que es la pérdida pero también lo que puede ser la reacción a esa pérdida. Una mujer que decide no claudicar ante un Estado autocrático y establecer sus propias formas de resistencia. En ese sentido, me parece un personaje absolutamente increíble, necesario, porque no tiene una percepción binaria del mundo. Al contrario, es mucho más complejo. Pienso que Aún estoy aquí es una película sobre la pérdida y sobre la vida, sobre la importancia de abrazar la vida y sobrevivir a la pérdida”. Acusado de pro-golpe de Estado, Bolsonaro quiere que Trump declare a Lula dictador. Recorrido. En el caso de Brasil, la dictadura militar comenzó en 1964, por un golpe de Estado que derrocó al presidente João Goulart, y se fue volviendo cada vez más tétrica y sórdida. Aún estoy aquí está basada en el libro homónimo de Marcelo Rubens Paiva, escritor y periodista brasileño, hijo de Rubens Paiva, ingeniero civil y legilador detenido y asesinado por la dictadura militar de Brasil en 1971. En una entrevista reciente, Walter Salles comentó que “proponer más reflexiones sobre este período parecía vital para comprender mejor el trauma vivido y no repetir los mismos errores del pasado”. Antes de Aún estoy aquí, Salles ya era famoso por Diarios de motocicleta, basada en los diarios del viaje que Ernesto “Che” Guevara emprendió con su amigo Alberto Granado por América del Sur; o por Estación Central, donde Salles y Fernanda Montenegro –madre de Fernanda Torres– estuvieron nominados a los Oscar 1999 por mejor película y mejor actriz respectivamente. Su acercamiento a la política tiene varias aristas, pero es importante recalcar que conocía a la familia Paiva desde finales de los años sesenta, y que pasó parte de su juventud en la casa de ellos. En más de una oportunidad declaró que los Paiva fueron fundamentales en su desarrollo político y artístico. Todos los ganadores de premios Oscar 2025. Aún estoy aquí desencadenó grandes emociones en Brasil. Su éxito se volvió motivo de orgullo porque es el primer Oscar que gana ese país, pero antes de su obtención más de cuatro millones de espectadores ya la habían visto en las salas de cine. Y la noche del Oscar fue celebrada en vivo por las setenta mil personas que estaban en el Sambódromo de Río de Janeiro. Aún estoy aquí hizo que la Corte Suprema del Brasil aprobara investigar las circunstancias del secuestro y desaparición de Rubens Paiva, y reabrió el debate sobre la ley de amnistía de 1979, que salvó del juicio y castigo a la dictadura, responsable de 202 muertos, 232 desaparecidos y miles de víctimas de torturas y detenciones ilegales, según datos oficiales. También, en enero último, el Registro Civil de Brasil cambió el certificado de defunción de Rubens Paiva, que había sido emitido recién en 1996, a pesar de que lo secuestraron en 1971 y su cuerpo nunca fue encontrado. En la primera versión, emitida tras una incansable lucha de su viuda Eunice (papel que en la película interpreta Fernanda Torres), el exdiputado figuraba como desaparecido. En la nueva versión, tras la película, se establece que su muerte fue “no natural, violenta, causada por el Estado brasileño en el contexto de la persecución sistemática a la población identificada como disidente”. “Hacer una película sobre una familia que se sobrepone a la memoria colectiva de un país fue para nosotros un acto necesario, sobre todo por lo que vivimos entre 2018 y 2022”, afirmó Salles en obvia referencia al gobierno de Bolsonaro. “Hoy es el día para sentirse aún más orgulloso de ser brasileño; orgullo de nuestro cine, de nuestros artistas y, sobre todo, de nuestra democracia”, posteó Lula. Con AFP
Oz Rodríguez formó parte de Saturday Night Live, fue director de algunos segmentos, y hoy es uno de los codirectores de uno de los festejos del famoso show: Ladies & Gentlemen...50 Years of SNL Music, parte de las celebraciones disponibles en Universal + por los 50 años del mítico show que alteró para siempre la cultura, primero, norteamericana y, con el tiempo, la global. Hasta hace cinco minutos la aparición de la motosierra que Milei le regaló a Elon Musk era algo que veíamos en nuestro noticieros. Ese es el rebote de SNL. Los 50 años del show que vio nacer a Adam Sandler, Chevy Chase, Will Ferrell, Kristen Wig, Tina Fey, Chris Rock y decenas de nombres cruciales de la comedia audiovisual delante y detrás de la pantalla (el reciente conductor del Oscar Conan O’Brien fue parte y el cocreador de Seinfeld, Larry David, también). Las celebraciones implicaron un especial, ya disponible. Los otros contenidos que acompañan la fiesta son el especial SNL 50: The Homecoming Concert, y dos documentales con material inédito que resaltan el legado de Saturday Night Live en la televisión, Ladies & Gentlemen…50 Years of SNL Music y SNL 50: Beyond Saturday Night, ambos disponibles desde ayer en Universal +. Junto a Queslove, Oz Rodriguez tuvo que ver horas y horas de materiales, para crear un material de tres horas que da cuenta de cómo SNL también ha sido fundamental en la identidad musical de Estados Unidos. La pregunta era básica: ¿cómo cubrir 50 años de shows, con dos canciones por programa? La respuestas eran muchas, cuenta el mismo Oz: “Muchas conversaciones sobre que mostrar. La música es algo muy personal, la historia de la música depende de quién es algo personal (aunque se crea que no). Entonces, el equipo de producción comenzó con esas conversaciones: su canción favorita, su performance favorita, un momento importante más allá del gusto. Había que ponerse anteojos de documental para un fenómeno difícil de abarcar. Por ejemplo, muy bien que te guste Pearl Jam, pero ¿qué historia había ahí y en su presencia en Saturday Night Live? Entonces ahí empezaron a aparecer momentos, canciones, instantes que además de tener peso musical tenga algo que contar, que era espejo de ese momento en el show, en Estados Unidos o incluso en el mundo”. Y suma: “Había cosas obvias como la performance más famosa de la historia en SNL que es cuando cantó Sinead O’Connor y, sin que nadie lo supiera, sacó una foto del papa Juan Pablo Segundo y la rompió a la mitad. Ese momento es un ejemplo claro de lo que buscamos. Por supuesto, lo queríamos abarcar. Pero también hubo cosas que se fueron dando en el proceso del documental. Por ejemplo, Bad Bunny fue invitado en el proceso. Fue invitado como host y número musical, entonces lo sumamos desde mucho más de lo que esperábamos. Vimos la semana entera de trabajo en SNL. En un comienzo SNL era una cápsula de la música británica y norteamericana y con el tiempo se ha dado cuenta de su propia entidad y rebote a nivel internacional. Entonces, Bad Bunny es un claro botón de muestra de eso. Ahora estuvieron Bad Bunny, Karol G, incluso los chicos de BTS. Fue una conversación que tuvimos con el equipo hasta el último día, buscando las mejores historias”. —¿Qué sentís que dice entonces “Saturday Night Live” como lugar que voluntaria o involuntariamente se ha convertido en una forma de leer la historia de la música? Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. —Creo que dice que vive en el presente, que deja en claro que cada paso es un riesgo creativo, que demuestra lo que sucede en este momento. Por eso todavía sigue, porque no se ha quedado estancado en el grunge, o el heavy metal. Te enseña todo. Al estar tan pendiente de la música que viene por ahí, siempre está un paso adelante. Sea en su elección o en la forma en que muestra a un nombre clásico. Atiende que se hace popular: por ejemplo, pienso en The Strokes, que después de su presentación ahí, siendo bien jovencitos, pegan un salto de la popularidad que podría decirse fue fundamental para la fama global que tienen. Todavía sabemos quienes son The Strokes y que son importantes hasta el día de hoy. Eso se ha dado con mucho, muchísimos, nombres. —¿Qué encontraste en el camino que te generó una real sorpresa, que te genera una nueva lectura de algo? —Por ejemplo, Adele. Esa historia es muy interesante. Adele llega como una chica británica, con una voz muy increíble y cuando se va es Adele. No me sabía esa historia entera. O la historia de Nirvana cuando se les rompe el drumstick, el palito. Yo trabajé, yo edité, el capítulo de Kayne West, y en la edición encontré varias cosas. Por ejemplo, el momento en que el integrante del elenco Kenan Thompson a la hora de saludo final donde cómics y músicos, e invitados se unen en el escenario, ve que Kayne West tiene el gorro de MAGA, (Make America Great Again). La impresión en el rostro de Kenan es algo que encontramos en la edición y que yo no sabía que existía. Jack White era fanático de Nirvana, y estaba muy emocionado cuando sabía que iban a tocar en SNL, siendo él mucho más chico. Quería verlo, cuenta, para aprender las canciones. Es decir, un fanatismo como uno. Yo era fan de Nirvana y por eso vi Saturday Night Live. Ahí me convertí el fan del show. Ese gancho, ese público que traen los músicos es algo de lo que también hablamos. —¿Crees que “SNL” es más un gran museo de la música o un lugar de vanguardia? —Son las dos cosas. Es una cápsula de la música, que tiene momentos de gigantes grabados en la TV. Famosos en todo el mundo. Ha tocado todo el mundo. Creo que la única persona integral de la historia de la música de Estados Unidos que no tocó es Michael Jackson. el resto, creo que todos tocaron. Hasta Bob Dylan, alguien que uno se imagina que no sale de la casa. Por eso, ves un programa de SNL entero y sabes que estaba pasando esa semana, por el contexto que te da el show. Ellos siempre quieren presentar algo que viene nuevo a la hora de la música. Es un gran balance de la historia de la música y de lo que viene en el futuro. Creo que por eso ha seguido este programa. En lo musical, siempre hay algo interesante. Cuando se presenta a alguien nuevo, y tiene una buena performance, se genera un público nuevo para esa persona. —¿Qué descubriste de la curación a la hora de los shows? —Si te fijas, ellos siempre quieren presentar una persona nueva, un talento o banda nueva, pero tienen cuidado. No quieren presentar a una persona que no tenga la suficiente experiencia en vivo. Si hay un artista que ha tocado en un programa, les conviene, porque saben que tiene la experiencia de las cámaras. Eso lo necesitan. No se arriesgan tanto, o son inteligentes para ver qué programar. Quieren algo que esté a punto de estallar a la hora de lo nuevo, entonces tratar de lograr ese momento exacto entre la fama global y una fama relativa, que te pone en radar. El programa tiene un olfato para eso, para entender el potencial de algo. Y eso ha quedado demostrado a lo largo del tiempo y de los diferentes momentos. De vuelta, si ves los nombres, son muchos, muchísimos, y haber logrado que nos den tres horas para contar, cuando inicialmente eran dos, para nosotros es una alegría gigante. Creemos que este documental es un registro importante de un show como ningún otro ha existido en la faz de la tierra. Y solo basta con ver una performance musical para sentir eso. Así de contundente es Saturday Night Live.
Sentirse un ciudadano implica formar parte de una comunidad. Además, todo ciudadano tiene derechos, conocer cuáles son esos derechos permite fortalecernos, potenciar nuestras capacidades y reflexionar cómo impactan las representaciones simbólicas, políticas, culturales o sociales justamente dentro de esa comunidad. Las reflexiones sobre la ciudadanía están siempre vinculadas a los grandes cambios asociados a los efectos de la globalización en los mundos cosmopolitas y a las nuevas diversidades dentro de las sociedades. El mundo de lo virtual ha generado una mutación cultural muy grande y los espacios comunitarios comienzan a desdibujarse por la desterritorialización que vive el propio ciudadano, la falta de identidad o de sentido de la pertenencia. Se hace necesario establecer nuevas cartografías que permitan una nueva integración espacial, temporal e identitaria con su propio barrio, comuna o provincia. Por eso es tan importante que las propias instituciones, el Estado, las organizaciones comunitarias en general, reconozcan al ciudadano y que el ciudadano a la vez se reconozca dentro de su propia comunidad. Por eso, dentro de estos procesos de reconocimientos al ciudadano, debemos resaltar especialmente que la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires ha impulsado distinciones especiales para quienes se destacan en el trabajo cultural. En esta oportunidad, por iniciativa del legislador Juan Manuel Valdés, me ha tocado a mí recibir este premio que valoro especialmente. Luego de 53 años de dedicarme a la poesía, el periodismo, al trabajo editorial, la política, la gestión cultural, uno siente que el camino recorrido ha dado sus frutos. Ser reconocido Ciudadano Ilustre de la Cultura se lo debo también al conjunto de artistas, intelectuales, trabajadores de la cultura que me acompañaron en esta gran tarea colectiva. Pero quiero destacar, a la vez, que este reconocimiento se produce el viernes 28 de marzo, día en que voy a reestrenar La Celebración. Una comedia para los que vendrán en el Centro Cultural de la Cooperación. Esta es una obra que representa la tertulia, los históricos lugares donde los artistas, los escritores, los intelectuales se reunían para debatir, intercambiar, polemizar, sobre diversos temas asociados a la cultura, a la vida social o política. Las tertulias, las reuniones, siempre nos permitieron abordar las grandes conversaciones, donde también estaban presentes el juego, la irreverencia, el silencio poético, el ritual de la música, el canto, el debate político. Toda reunión que se precie de tal permite reconocer actuaciones, representaciones, personajes, puestas en escena, diversos estados teatrales. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. Con Manuel Santos Iñurrieta abordamos en común la dramaturgia de esta obra desde dos perspectivas generacionales distintas, pero que se complementan en un sentido histórico y con las formas de reconocer los rituales del presente. A su vez los actores Irene Almus, Diana Kamen, Alfredo Castellani, Eduardo Calvo, Sergio Lumbardini y la música Martina Greiner, asumen esa múltiple representación. Ninguno de los actores necesariamente encarnan ningún personaje en particular, pero a la vez representan diversas figuras del mundo artístico del pasado y del presente. Son personajes, cada uno, creados por ellos mismos en función de esa diversidad artística y social. La Celebración. Una comedia para los que vendrán, es de hecho, un estado de representación múltiple, donde mágicamente se espera la llegada de los otros ciudadanos para ingresar y multiplicarse dentro de un teatro. Desde la dirección general de Manuel Santos Iñurrieta coloca a esta obra dentro de la escena contemporánea, porque La Celebración es también una tertulia, un encuentro, una reunión, para los que vendrán y a la que están todos invitados. Los esperamos desde el viernes 28 de marzo a las 20. * Director artístico del Centro Cultural de la Cooperación.
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