“El fútbol ya es profundamente musical”

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Hay espectáculos que se sostienen en su ejecución y otros que se construyen en la experiencia. La Orquesta del Multiverso, creada por Chacho Garabal, pertenece a este segundo grupo: no propone simplemente conciertos, sino dispositivos emocionales donde la música funciona como punto de partida para algo más amplio. En ese cruce entre lo sinfónico, lo audiovisual y lo performático aparece una lógica que atraviesa todos sus proyectos, desde Galaxias Sinfónicas hasta Mundial Sinfónico. Lejos de pensar la música como un hecho aislado, Garabal trabaja sobre la idea de universo: cada espectáculo es una puerta de entrada a una experiencia que se completa con el espectador. En ese sentido, la orquesta no interpreta repertorios, los reconfigura. Responde Garabal: “La idea nace de observar algo muy simple pero muy poderoso: el fútbol ya es, en sí mismo, profundamente musical. Los cantos de la hinchada, los himnos, los momentos de tensión y explosión emocional… todo tiene una estructura casi sinfónica. En un partido hay climas, crescendos, silencios, estallidos. Ya veníamos con varias experiencias escénicas e inmersivas, donde no solo armamos un show musical sino con un gran despliegue audiovisual, con performances en vivo y una gran recepción temática en el foyer del teatro según cada show. Tuvimos muy lindas experiencias con la música de John Williams, con la música de las películas de los Studios Ghibli, un show temático homenaje a la música de la películas de terror y creo que este año valía la pena ponernos la camiseta en familia palpitando la fiesta del Mundial. El Mundial es una de las experiencias emocionales colectivas más intensas del planeta, y la música sinfónica tiene la capacidad de amplificar eso, de hacerlo más profundo, más épico, más universal”.

—Venís de desarrollar espectáculos como Galaxias Sinfónicas: ¿qué aprendizajes de esos proyectos se trasladan a este nuevo formato?

—Galaxias Sinfónicas me enseñó que el público no busca solamente escuchar música: quiere vivir una experiencia. Aprendimos a trabajar con narrativa, con lo visual, con el ritmo emocional del espectáculo. Con la previa del show y con que el público se sienta también protagonista y no solo espectador. Ser recibido por personajes por un espacio tematizado ayuda a luego disfrutar la música con otra sensación. También entendimos la importancia de respetar el material original —porque hay mucho amor del público ahí— pero al mismo tiempo reinterpretarlo con una identidad propia. Ese equilibrio entre fidelidad y creatividad es clave, y en Mundial Sinfónico lo llevamos incluso más lejos, porque estamos trabajando con recuerdos muy personales y colectivos. Si bien la intención es palpitar el próximo mundial que esperamos nos traiga tantas alegrías como el último, al mismo tiempo se suma un aspecto casi nostálgico: escuchar antiguas melodías que fueron parte de la historia de cada uno y descubrir canciones que quizás dejaron de estar presentes pero siguen guardadas en el recuerdo.

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—¿Cómo dialoga la Orquesta del Multiverso con un universo tan popular como el fútbol?

—Justamente ahí está lo interesante. La Orquesta del Multiverso nace con la idea de romper fronteras: entre géneros, entre públicos, entre mundos aparentemente lejanos. El fútbol es popular, visceral, directo. Lo sinfónico es más asociado a lo académico o lo formal. Cuando los unís, pasa algo muy potente: se eleva lo popular y se vuelve accesible lo sinfónico. Es un puente. Y ese cruce genera una nueva forma de emoción. La idea es que dentro nuestro existen multiversos que conforman nuestros gustos, nuestros sueños, nuestras historias. Porque además el fútbol rompió la barrera del género y de la edad. Y así también es la música. Los goles nos hacen felices y la música nos eleva esa felicidad a otro lugar.

La orquesta y el proyecto

J.M.D.

—¿Qué define hoy a la Orquesta del Multiverso como proyecto?

—La idea de que todos tenemos múltiples universos dentro. Nuestros gustos, nuestras historias, nuestras decisiones. Cada espectáculo intenta activar eso. No es solo lo que suena, es lo que te pasa a vos mientras lo escuchás.

—¿Qué rol ocupa lo inmersivo en esa construcción?

—Es central. No queremos que el público llegue y se siente solamente. Queremos que desde el ingreso ya esté dentro de otra lógica. La recepción, el espacio, los personajes, todo forma parte del relato. Eso cambia completamente la predisposición.

—¿Qué diferencia a estos shows de un concierto sinfónico tradicional?

—La intención. En un concierto tradicional el foco está en la ejecución. Acá también, pero además hay narrativa, hay clima, hay una construcción emocional. Buscamos que la gente se lleve una experiencia completa.

—¿Cómo se sostiene el equilibrio entre respeto y reinterpretación?

—Es un punto muy delicado. Hay mucho amor por estos materiales, ya sea Star Wars o los himnos del Mundial. Por eso primero hay que respetarlos, entenderlos. Y después sí, darles una vuelta, llevarlos a otro lugar sin traicionarlos.

—¿Qué buscás que le pase al público?

—Que se emocione. Que recuerde. Que se sorprenda. Pero sobre todo que sienta que fue parte. Cuando alguien sale diciendo “esto me atravesó”, ahí sabemos que funcionó.

—¿Por qué hablar de multiverso hoy?

—Porque es una forma de explicar lo que somos. No somos una sola cosa. Somos muchas experiencias al mismo tiempo. La música tiene la capacidad de recorrerlas todas.