ENTRETENIMIENTO
Julieta Poggio lanzó una dura confesión sobre lo que fue su relación con Marcos Ginocchio
EDITOR -0
Luego
de
confirmar
que
tuvo
un
romance
con
Marcos
Ginocchio
tras
su
paso
por "Gran
Hermano",
Julieta
Poggio
compartió
nuevos
detalles
íntimos
sobre
su
relación
con
el
último
ganador
del
reality
de
Telefe.
Después
de
meses
de
especulaciones,
Julieta
decidió
hablar
sin
tapujos
sobre
su
romance
con
Marcos
Ginocchio,
despejando
las
dudas
y
explicando
cómo
vivió
esa
etapa
de
su
vida.
"Para
mí
ya
está
todo
súper
superado,
ya
se
cerró.
Con
Marcos
hablamos
siempre
y
hay
buena
onda.
Todo
se
dio
como
se
tuvo
que
dar,
pero
no
quiero
hablar
más
del
tema".
Sin
embargo,
cuando
fue
confrontada
con
la
pregunta
directa
sobre
si
Marcos
estaba
enamorado
de
ella,
Juli
fue
sincera: "No,
no,
no,
me
parece
mucho.
La
verdad
es
que
fue
una
historia
muy
fuerte
para
los
dos.
Fue
algo
re
loco
que
nos
pasó
a
los
dos.
Salir
de
la
casa,
ver
un
país,
todo
lo
que
se
había
armado
alrededor
nuestro,
y
fue
algo
súper
especial
y
único.
La
verdad,
tengo
los
mejores
recuerdos".
La
confesión
más
impactante
llegó
cuando
Julieta reveló
que
ella
sí
se
enamoró
durante
ese
tiempo. "Sí,
sí,
pero
ya
está.
Es
que
yo
no
puedo
mentir,
te
juro.
Lo
puedo
decir
ahora
que
ya
lo
sané
y
lo
superé,
pero
sí,
bueno,
me
costó
mucho".
La
confesión
de
Julieta
Poggio
sobre
Marcos
Ginocchio
en
Caras
TV
En
una
entrevista
previa
para
Caras
TV,
Julieta
compartió
más
detalles
sobre
su
relación
con
Marcos,
destacando
la
amistad
que
los
une
actualmente. "Nosotros
estuvimos
juntos,
eso
fue
real,
ahora
lo
puedo
decir.
Fue
súper
lindo
y
quedó
una
amistad,
nosotros
siempre
fuimos
amigos,
siempre
nos
llevamos
súper
bien,
de
verdad".
Además,
reveló
qué
fue
lo
que
la
atrajo
de
Marcos
durante
su
tiempo
juntos: "Tenemos
energías
diferentes,
pero
bueno,
creo
que
eso
también
como
que
a
mí
me
atraía
de
él,
y
a
él
le
atraía
eso
de
mí,
que
yo
estoy
re
loca,
que
soy
re
desinhibida".
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Gonzalo
Valenzuela
protagonizó
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en
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vida
al
contraer
matrimonio
con
la
destacada
presentadora
de
televisión
Kika
Silva
en
una
ceremonia
que
ha
dado
mucho
de
qué
hablar.
El
evento
ocurrió
el
pasado
fin
de
semana
en
Chile
y
recién
esta
semana
se
conocieron
imágenes
de
la
unión.
En
“Socios
del
Espectáculo”
compartieron
los
detalles
de
la
boda,
desde
la
llegada
de
la
novia
acompañada
de
su
padre
hasta
los
momentos
de
diversión
compartidos
entre
los
invitados.
"Eternamente
agradecida,
no
tengo
palabras
para
expresar
lo
feliz
que
estoy.
Ya
me
daré
el
tiempo
para
mostrarles
y
contarles
cada
detalle.
Gracias
a
todos
por
sus
mensajes,
a
nuestros
amigos
por
querernos
tanto
y
a
mi
marido
por
ser
el
mejor.
Empieza
un
nuevo
viaje……
gracias
Gon",
le
dedicó
Kika
a
su
flamante
esposo.
La
boda
de
Gonzalo
Valenzuela
y
Kika
Silva
Sin
embargo,
entre
los
detalles
que
más
han
llamado
la
atención
se
encuentra
la
ausencia
de
algunas
figuras
importantes,
como
Juana
Viale
y
La
China
Suárez.
En
especial,
la
falta
de
La
China
Suárez
ha
suscitado
diversas
especulaciones,
considerando
su
estrecha
amistad
con
la
novia.
Pero
la
boda
de
Gonzalo
Valenzuela
también
ha
estado
marcada
por
un
trasfondo
más
serio.
El
actor
se
enfrenta
actualmente
a
una
denuncia
por
abuso
sexual
en
Chile,
un
tema
delicado
que
no
ha
dejado
indiferente
a
nadie.
A
pesar
de
las
controversias
que
rodean
su
vida
personal,
Gonzalo
Valenzuela
y
Kika
Silva
celebraron
su
amor
en
una
ceremonia
inolvidable,
rodeados
de
familiares
y
amigos.
A
través
de
las
imágenes
y
testimonios
compartidos,
nos
han
permitido
adentrarnos
en
este
momento
único
en
la
vida
de
la
pareja.
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Los mejores looks en la boda de Carolina Amoroso a la que asistió Licha Navarro de Gran Hermano
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El
sábado
27
de
abril
marcó
un
hito
memorable
en
la
vida
de
la
reconocida
periodista
y
conductora
Carolina
Amoroso,
quien
celebró
su
unión
con
el
músico
Guido
Covini
en
una
deslumbrante
ceremonia
con
más
de
300
invitados.
El
escenario
elegido
para
esta
ocasión
tan
especial
fue
un
exclusivo
salón
en
Pilar,
rodeado
de
exuberantes
jardines
que
brindaron
el
ambiente
perfecto
para
la
emotiva
ceremonia.
La
novia,
radiante
y
elegante,
lució
un
deslumbrante
diseño
de
Gabriel
Lage
con
un
velo
de
5
metros,
adornado
con
bordados
artesanales.
Los
looks
más
llamativos
de
la
boda
de
Carolina
Amoroso
El
momento
más
emocionante
llegó
cuando
Carolina,
acompañada
por
su
padre
y
escoltada
por
un
cortejo
de
sobrinos
y
15
damas
de
honor,
muchas
de
ellas
amigas
de
toda
la
vida,
caminó
hacia
el
altar
para
encontrarse
con
Guido
Covini.
El
novio,
impecable
en
un
smoking
negro,
irradiaba
felicidad
y
emoción
ante
el
momento
que
estaban
a
punto
de
vivir
juntos.
La
lista
de
invitados
estuvo
repleta
de
personalidades
destacadas
del
ámbito
del
periodismo,
la
música
y
el
entretenimiento,
entre
ellos
Maxi
Trusso,
Nelson
Castro,
Andrea
Frigerio,
y
otros
reconocidos
nombres
que
se
unieron
a
esta
celebración
única.
Cabe
destacar
que
una
de
las
presencias
más
llamativas
de
la
noche
fue
la
aparición
de
Licha
Navarro,
el
exconcursante
de "Gran
Hermano".
El
joven
asistió
al
soñado
evento
y
en
sus
redes
sociales
documentó
el
elegante
look
que
eligió.
Los
looks
que
más
resaltaron
fueron
los
de
las
damas,
que
vistieron
un
riguroso
verde
elegido
por
la
novia,
pero
en
distintos
tipos
de
formato
de
vestido,
lo
que
hizo
que
todas
resaltaran
a
su
manera,
sin
opacar
el
glam
de
Amoroso.
La
música
y
la
alegría
inundaron
el
salón
cuando
los
integrantes
de
la
banda "Parientes",
liderada
por
Guido
Covini,
brindaron
un
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episodios que
es
espectacular.
El
caso
Asunta
revive
un
hecho
policial
ocurrido
en
Galicia
en
2013
que
conmocionó
a
la
sociedad,
y
está
tan
bien
llevada
que
engancha
y
no
se
puede
dejar
de
mirar.
Protagonizada
de
manera
maravillosa
por
Candela
Peña
y
Tristán
Ulloa.
Ellos
son
Rosario
y
Alfonso,
los
padres
adoptivos de
una
chica
china
que
tiene
13
años
al
momento
de
comenzar
la
historia.
Están
en
una
muy
buena
posición
económica
(especialmente
ella),
y los
vemos
ir
a
denunciar
la
desaparición
de
la
adolescente,
Asunta.
A
las
pocas
horas
aparece
muerta.
Con
el
avance
de
la
investigación
iremos
descubriendo
las
vicisitudes
de
esta
pareja
que,
al
momento
de
desaparecer
la
chica,
ya
estaban
divorciados.
La
inteligente
trama
se
presenta
siguiendo
la
pesquisa
de
la
policía
de
Santiago
de
Compostela
y
del
juez
de
instrucción.
Así
que
nos
vamos
enterando
de
las
cosas
al
mismo
tiempo
que
ellos
y,
como
habrá
sido
en
su
momento,
igual
que
la
prensa.
La
serie
se
filmó
es
de
los
mismos
sitios
en
los
que
ocurrió
todo,
salvo
en
las
casas
reales
de
esta
pareja.
Esas
cosas
maravillosas
que
ocurren
a
veces,
especialmente
al
tratarse
de
un
caso
que
conmocionó
a
la
sociedad
española,
pues
se
acusó
a
los
padres
de
adormecer
a
la
joven
con
barbitúricos
y
de
matarla.
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
Así
iremos
viendo
el
escaso
entorno
de
estas
personas,
las
historias
personales
de
los
que
hacen
la
pesquisa
(para
aligerar
el
dramatismo
o
enfatizarlo) y
las
hipótesis
que imaginan
sobre
cómo
ocurrieron
los
hechos.
También
los
abogados
defensores
y
cómo
tratan
de
sacar adelante
a
los
acusados.
Está
llevada
de
manera
atrapante
y
vale
la
pena
mirarla,
sobre
todo
si
te
gustan
los
true
crimes
o
un
buen
policial.
Incluso
las
instancias
del
juicio
no
se
hacen
pesadas
como
ocurre
siempre.
Además
esta
serie
va
por
lo
más
alto
porque
tiene
un
elencazo
de
actores
españoles
conocidos,
algunos
convertidos
en
las
personas
reales
que
casi
no
los
reconocés.
Está
Javier
Gutiérrez,
protagonista
de
una
serie
clásica
española
como
Estoy
vivo
y
Bajo
cero;
Alicia
Borrachero,
mega
actriz
que
la
viste
desde
Bajo
sospecha
a
The
Spanish
Princess
y
Tiempos
de
guerra;
y
Francesc
Orella,
el
de
Merlí,
a
quien
no
vas
a
reconocer
porque
está
con
peluca.
Cada
uno
cumple
un
rol
en
esta
trama
tan
particular
que,
probablemente,
te
deje
impactado.
En
esta
Nota
El
film
protagonizado
por
Libertad
Lamarque
y
Tita
Merello
es
considerado
uno
de
los
grandes
clásicos
del
cine
nacional.
Fue
dirigido
por
Luis
José
Moglia
Barth,
señalado
como
el
inventor
del
cine
sonoro
argentino.
Nacido
en
Buenos
Aires,
se
relacionó
con
el
mundo
de
la
imagen
en
movimiento
colaborando
con
el
célebre
dibujante
Quirino
Cristiani,
cuyos
diseños
fueron
fundacionales
para
el
cine
argentino.
Moglia
Barth
tomó
contacto
con
los
distribuidores
de
películas
europeas
que
empezaban
a
llegar
al
país
y
adquirió
una
notable
habilidad
como
adaptador
y
montajista.
Así
editaba
las
cintas
que
se
consideraban
demasiado
largas
para
el
gusto
del
público
argentino
e
incluía
los
textos
explicativos
de
las
películas
mudas
en
idioma
castellano.
Con
el
conocimiento
obtenido
filmó
sus
dos
primeros
largometrajes
y
propuso
al
reconocido
productor
y
comerciante
de
películas
Ángel
Mentasti
la
creación
de
un
estudio
cinematográfico.
Así
nació
“Argentina
Sono
Film”,
junto
al
proyecto
para
la
realización
de
un
largometraje
sonoro
con
tangos
en
la
trama.
La
primera
película
del
nuevo
estudio
llevaría
por
título
“¡Tango!”
y
se
presentaría
como
una
“cabalgata
musical”,
con
pocos
diálogos
y
muchos
números
musicales
interpretados
por
artistas
conocidos
por
el
público.
Moglia
Barth
estuvo
a
cargo
de
la
dirección
y
escribió
el
guion
junto
al
poeta
Carlos
de
la
Púa.
Los
protagonistas
principales
del
film
fueron
Libertad
Lamarque,
Tita
Merello
y
Alberto
Gómez,
quienes
encabezaron
un
elenco
cargado
con
figuras
muy
populares
de
la
época.
La
película
contó
con
la
orquesta
de
tango
de
Juan
de
Dios
Filiberto,
Osvaldo
Fresado
y
Pedro
Maffia.
Marcó
un
hito
para
la
época
al
utilizar
la
técnica
del
sonido
óptico,
un
proceso
de
grabación
de
sonido
cinematográfico
en
el
que
se
graba
directamente
sobre
la
película
fotográfica.
Tango
se
estrenó
en
cines
en
abril
de
1933
convirtiéndose
en
el
primer
largometraje
con
grabación
óptica
en
el
cine
nacional.
Tuvo
un
presupuesto
de
$20.000
y
significó
un
éxito
tanto
comercial
como
popular,
abriendo
un
nuevo
mundo
para
la
industria
cinematográfica
del
país.
El
27
de
abril
de
1933
se
estrenó
“¡Tango!”,
primera
película
sonora
del
cine
argentino
La
historia
también
es
noticia
en
Radio
Perfil.
Locución
de
Pita
Fortín
y
guion
de
Nicolás
Ziccardi.
por
Radio
Perfil
Galería
de
imágenes
La
historia
se
inició
cuando
la
Comedia
Nacional
Uruguaya
estrenó
“Esperando
la
carroza”
de
Jacobo
Langsner
en
1962.
Recién
en
1975
se
presentó
en
Buenos
Aires,
pero
fue
su
versión
cinematográfica
(1985)
con
la
firma
del
mismo
Langsner
y
Alejandro
Doria
la
que
resultó
exitosa.
Muchas
frases
que
aún
se
repiten
provienen
de
aquellos
actores
que
encarnaron
a
estos
personajes.
Ahora
en
el
teatro
Broadway
y
con
puesta
en
escena
de
Ciro
Zorzoli
otro
elenco
tomó
el
desafío
de
hacer
reír
en
estos
tiempos
y
rendir
homenaje
a
esos
intérpretes
que
ya
no
están:
China
Zorrilla,
Juan
Manuel
Tenuta,
Julio
de
Grazia
o
Enrique
Pinti.
Hoy
son
Campi,
Paola
Barrientos,
Pablo
Rago,
Ana
Katz,
Sebastián
Presta,
Valeria
Lois,
Mariano
Torre,
Andrés
Granier,
Milva
Leonardi,
Marina
Castillo
y
Mayra
Homar
quienes
asumen
el
riesgo.
Entre
los
papeles
más
difíciles
están
los
de
Elvira,
que
se
asocia
con
China
Zorrilla,
Mamá
Cora
con
Antonio
Gasalla
y
Nora
con
Betiana
Blum.
Por
eso
se
conversó
con
quienes
enfrentan
el
desafío
y
salen
más
que
airosos.
Hay
que
subrayar
que
Campi
encarna
otros
papeles
secundarios
como
la
profesora
de
francés,
el
pibe
y
una
vecina,
realizando
una
carrera
interpretativa.
—Cada
uno
debe
luchar
con
la
imagen
que
se
tiene
del
actor
que
quedó
fijado,
así
China
Zorrilla,
Antonio
Gasalla
y
Betiana
Blum.
¿Cómo
hicieron?
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
PAOLA
BARRIENTOS:
Son
actuaciones
reconocibles,
cualquier
persona
que
hace
referencia
a
una
frase
de
China
Zorrilla
lo
dice
con
su
tono.
El
propio
contexto,
el
espacio
y
también
los
compañeros
te
arman
el
personaje,
porque
tengo
otra
Susana
(Ana
Katz)
y
otra
Nora
(Valeria
Lois)
que
las
que
tuvo
China.
Arranqué
sin
prejuicio,
con
el
recuerdo
que
tenía,
sin
imitarla,
sino
para
tomarla
de
trampolín.
Creo
que
hay
bastante
de
la
Elvira
de
China
y
también
hay
una
propia,
me
parece
que
logramos
un
encuentro.
CAMPI:
Cuando
me
dieron
la
propuesta
dije:
“voy
a
hacer
mi
versión
de
mamá
Cora”.
Busqué
una
peluca,
una
forma
de
caminar,
pero
al
mismo
tiempo
dudé.
Hice
el
ejercicio
de
imaginarme
que
iba
al
teatro
a
ver
esta
obra,
donde
aparece
una
Mamá
Cora
que
no
es
como
la
imaginaba
y
me
desilusionó.
Por
eso
me
convencí
de
hacerla
lo
más
cercana
a
la
creación
de
Antonio,
aunque
desde
mí.
Traté
de
arrimar,
si
no
llego
a
Caballito
estoy
en
Flores.
Quiero
colaborar
para
que
estos
actores
sigan
vigentes,
estén
vivos
y
las
nuevas
generaciones
los
puedan
disfrutar.
Agarré
justamente
por
eso,
porque
se
los
está
dejando
olvidados
en
un
cajón.
Esperando
la
carroza
forma
parte
de
la
argentinidad,
como
el
Polaco
Goyeneche,
Mercedes
Sosa
o
qué
gusto
tiene
la
sal.
VALERIA
LOIS:
Nunca
tratamos
de
imitarlos,
para
nada.
Nos
dedicamos
mucho
a
trabajar
con
el
texto
de
la
obra
teatral.
Esa
fue
la
sorpresa,
algunas
de
esas
frases
icónicas
están
en
la
película
pero
no
en
el
texto.
Siento
que
el
dramaturgo
volcó
por
completo
la
idiosincrasia
de
la
familia
argentina.
Hay
algo
de
estos
diálogos
de
cómo
están
escritos
que
te
invitan
a
actuar
de
una
manera
determinada.
Nuestra
búsqueda
fue
hacer
un
enorme
homenaje
a
todo
lo
que
es
Esperando
la
carroza
desde
su
autor,
el
director
de
la
película
y
a
su
elenco.
Nunca
quisimos
caer
en
una
imitación.
Empezamos
a
ensayar
el
15
de
enero
con
Ciro
(Zorzoli,
el
director),
fueron
meses
muy
intensos.
Conformarnos
en
equipo,
más
que
un
elenco
que
llega
y
que
cada
uno
hace
lo
suyo.
Aquí
se
armó
esa
familia
que
era
necesario
contar
entre
once
actores.
—¿Por
qué
sienten
que
es
un
clásico
del
Río
de
la
Plata?
P.B:
Porque
nos
reconocemos.
En
esas
relaciones,
en
esos
colores
y
en
esos
personajes,
porque
ahí
está
mi
abuela
y
mi
profesora
de
geografía.
C:
Creo
que
es
como
Gardel,
la
voz
del
Río
de
la
Plata.
Tenemos
tanto
en
común
con
los
uruguayos
que
es
un
amor
compartido.
V.L:
Todo
el
tiempo
durante
los
ensayos
sentíamos
que
contábamos
parte
de
nuestra
familia.
No
todas
las
situaciones
pero
muchas
las
hemos
vivido.
Los
personajes
están
delineados,
uno
los
encuentra
en
todo
momento
y
en
todo
lugar.
Me
parece
que
en
ese
sentido
Esperando
la
carroza
es
como
una
foto
de
lo
que
somos,
aquí
y
del
otro
lado
del
charco.
—Aparece
el
tema
de
la
vejez:
¿cambió
en
algo?
P.B:
Es
que
se
extendió,
ahora
el
ser
humano
es
productivo
económicamente
por
más
tiempo.
Pero
en
este
momento
en
nuestro
país,
el
anciano
es
un
gasto,
porque
se
tiene
la
mirada
del
que
no
produce,
porque
el
único
valor
es
el
dinero
y
no
existen
otros
valores,
pareciera
que
la
única
variable
es
la
producción
y
el
dinero.
En
el
Excel
no
entraron
cómo
cuidar
a
alguien,
que
fue
muy
querido,
son
otros
valores,
más
inconmensurables.
Lo
que
siento
es
que
el
viejo
estorba.
Te
podría
decir
que
hoy
el
planteo
está
más
vivo
que
nunca.
Para
mí
este
tema
resignifica
el
sentido
de
la
pieza,
que
está
vivito
y
coleando.
V.L:
Cuando
escucho
la
primera
escena
entre
bambalinas
me
digo
es
tremenda,
y
dolorosísima.
Después
todo
se
pone
gracioso
y
ocurrente.
Pero
está
latente
el
tema
de
la
tercera
edad,
la
vejez,
el
paso
del
tiempo
y
de
qué
hacer
con
nuestros
mayores.
Siento
que
hay
un
poco
más
de
lucidez,
pero
mucho
de
lo
que
se
dice
en
la
obra
en
tono
de
gracia
es
muy
fuerte
y
real.
Volverse
un
estorbo
para
los
demás,
que
nadie
quiera
asumir
el
papel
del
que
cuida
o
tener
que
repartir
las
responsabilidades
son
temas
que
siguen
siendo
vigentes,
porque
no
los
resolvimos.
C:
El
amor,
el
respeto
y
el
cuidado
de
los
argentinos
hacia
nuestros
viejos
no
creo
que
se
haya
modificado
tanto
desde
lo
que
cuenta
Esperando
la
carroza.
En
ese
aspecto
desgraciadamente
sigue
representando
que
no
somos
una
sociedad
como
la
oriental
que
tiene
un
respeto
por
sus
ancianos.
Nosotros
en
mi
familia
disfrutamos
de
nuestros
viejos.
Básicamente
se
tiene
que
sentir
útil,
querido
y
necesario
si
esas
tres
cosas
suceden
se
extiende
la
vida
de
cualquier
ser
humano.
—¿Qué
significa
hacer
comedia
en
la
Argentina
del
2024?
P.B:
Es
una
sensación
de
que
nos
volviéramos
niños
de
nuevo.
Hay
algo
muy
primario,
como
un
lugar
de
juego,
ingenuo
y
suelto.
Uno
de
adulto
va
perdiendo
esos
espacios
y
el
teatro
es
el
único
ámbito
que
te
permite
recontrarte
con
esta
risa.
Aunque
esté
la
preocupación
por
los
destinos
del
INCAA,
porque
es
realmente
inconmensurable
el
valor
del
acervo
cultural
de
un
pueblo.
En
la
película
Esperando
la
carroza
ves
esos
actores
que
van
quedando
como
capas
geológicas
y
que
los
necesitamos
porque
son
los
que
nos
cuentan.
En
otros
momentos,
otras
personas
necesitarán
de
mi
generación
para
que
les
contemos.
C:
Me
formé
en
el
drama
pero
hace
treinta
años
que
me
convertí
en
un
especialista
en
la
comedia
y
lo
disfruto
mucho.
La
gente
es
muy
agradecida
con
el
comediante.
Creo
que
los
argentinos
siempre
necesitamos
el
humor,
nunca
estuvimos
en
Disneylandia,
todos
tuvimos
altibajos.
Se
transformó
en
un
espectáculo
como
de
culto.
Forma
parte
de
nuestro
ADN,
frases
como
“yo
hago
ravioles,
ella
hace
ravioles”,
no
hay
que
explicarla
porque
forma
parte
de
nosotros.
V.L:
Decimos
que
estamos
en
una
situación
privilegiada
por
tener
un
trabajo
casi
estable,
por
lo
menos
por
algunos
meses.
Hacer
reír
y
compartir
escenario
con
compañeros
que
lo
hacen
tan
bien
es
una
alegría
permanente.
El
elenco
es
una
fuente
de
inspiración
total
para
hacer
lo
que
hago
en
el
escenario,
porque
las
miradas
que
tenemos
con
Milva
(Leonardi)
quien
hace
de
mi
sobrina
me
sirven
muchísimo.
Ilumina
mi
personaje,
la
de
esa
tía
tan
particular.
La
gente
se
ríe
y
se
emociona
y
es
lo
que
siempre
quiero
que
pase
cuando
hago
teatro.
En
esta
Nota
Se
lo
podría
definir
como
un
cordobés
sin
tonada.
Explicará
Franco
Verdoia
que
se
debe
por
haber
nacido
en
Las
Varillas,
ciudad
alejada
de
la
capital.
Otro
rasgo
infrecuente
en
estos
tiempos
es
que
tiene
dos
espectáculos
suyos
en
la
actual
cartelera
teatral.
Estrenó
en
la
sala
Luisa
Vehil
del
Nacional
Cervantes
su
última
creación
Matar
a
un
elefante
que
se
puede
ver
de
jueves
a
domingos
a
las
17.30.
El
elenco
es
íntegramente
cordobés:
Gabriel
Carasso,
Berenice
Gandullo,
Julieta
Lastra,
Gerardo
Serre
y
Sebastián
Suñé.
Mientras
que
los
miércoles
a
las
20.30
se
sigue
representando
desde
el
2019
Late
el
corazón
de
un
perro,
en
el
Espacio
Callejón.
—¿Teatro
o
cine?¿Dramaturgo
o
director?
—Mi
primera
formación
es
la
de
actor.
Me
fui
del
pueblo
a
los
diecisiete
años,
con
la
ilusión
de
formarme
como
intérprete
y
vivir
de
la
actuación.
En
ese
momento
–1995–
el
único
lugar
donde
sentí
que
podía
recibir
una
formación
Buenos
Aires.
Casualmente
nos
vinimos
con
Gerardo
Serre
y
empezamos
a
estudiar
con
Agustín
Alezzo.
También
sentí
inquietud
por
lo
que
el
cine
ofrecía,
como
espacio
de
experimentación,
e
hice
mi
formación
en
la
Escuela
de
Eliseo
Subiela.
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
—¿Trabaste
como
actor?
—No
por
mucho
tiempo,
porque
recibí
una
frustración
muy
grande.
Formé
parte
de
“Las
Variaciones
Goldberg”
(2003),
con
dirección
de
Roberto
Villanueva.
Integré
el
elenco
nada
más,
ni
nada
menos
que
con
Alfredo
Alcón,
fue
como
haber
llegado
a
La
Meca.
Sentí
que
de
ahí
en
más
no
me
iba
a
faltar
trabajo.
Nada
de
eso
sucedió,
vinieron
meses
sin
audiciones,
ni
trabajos.
Me
di
cuenta
que
como
actor
no
podía
resistir
a
esos
embates
de
la
profesión
y
que
como
director
me
sentía
un
poco
más
cómodo.
Me
costó
mucho,
pero
al
mismo
tiempo
esa
frustración
me
dio
un
impulso
para
dedicarme
a
la
dirección,
a
la
escritura
y
a
la
autogestión,
tanto
en
el
cine
como
en
el
teatro.
—Desde
el
2019
se
representa
“Late
el
corazón
de
un
perro”…
—Fue
una
bendición
poder
materializar
ese
proyecto,
ya
que
hacía
bastante
tiempo
que
no
ensayaba
teatro,
porque
estaba
capturado
por
el
cine.
Venía
de
La
vida
después
junto
a
Pablo
Bardauil
y
estaba
preproduciendo
La
chancha.
Una
amiga
me
pidió
un
texto
para
que
estrenara
Mónica
Antonópulos
y
así
se
conformó
el
primer
elenco
del
espectáculo
junto
a
Diego
Gentile
y
Silvina
Sabater,
quien
se
mantiene
hasta
el
día
de
hoy.
—¿Cómo
elegiste
a
los
actores
que
están
en
el
Teatro
Cervantes?
—Cuando
la
escribí
sentí
que
la
oralidad
de
la
obra
iba
a
ser
fundamental
y
que
si
en
algún
momento
la
dirigía
lo
iba
a
hacer
con
actores
cordobeses
nativos.
Ya
conocía
a
Gerardo
(Serre)
que
también
está
ahora
en
“Late
el
corazón…”
porque
es
de
un
pueblito
al
lado
de
Las
Varillas,
donde
nací
y
llegamos
juntos
a
Buenos
Aires.
También
conocía
a
Berenice
Gandullo,
pero
el
resto
salió
de
una
audición
abierta.
Así
sumé
a
Gabriel
Carasso,
Julieta
Lastra
y
Sebastián
Suñé.
Fue
hermoso
porque
sentí
que
no
traicionaba
la
génesis
del
material.
Es
muy
complejo
cuando
uno
se
mete
con
la
partitura
de
los
acentos
de
la
región
y
se
vuelve
una
dificultad
extra.
—¿Por
qué
hay
una
crítica
a
las
bienales
y
al
arte
postmoderno?
—Me
parece
que
ahí
hay
mucho
de
la
mirada
de
los
que
hemos
estado
en
los
confines
del
país
sintiendo
que
quedábamos
afuera
de
todo.
Mostrar
ese
mundo
que
no
nos
es
permitido
acceder,
porque
no
pertenecemos
ya
que
tenés
que
ser
de
determinada
estirpe
y
si
no
te
sentís
como
un
paria.
No
fui
a
un
colegio
bilingüe,
vengo
de
un
pueblo
rural
y
me
costó
mucho
encontrar
un
lugar.
Quiero
humildemente
contar
historias
y
escribir
desde
mi
curiosidad.
También
me
río
un
poco
de
mí
mismo.
Los
recorridos
del
artista
Franco
Verdoia
subrayará:
“En
el
Cervantes
contamos
con
un
espacio,
un
sueldo
y
la
disponibilidad
de
ensayar
seis
horas
todos
los
días.
Uno
puede
gestionar
algún
subsidio,
pero
hay
muchísimas
diferencias
cuando
accedés
a
los
espacios
oficiales,
a
mí
nunca
antes
me
había
pasado
como
director.
Todos
los
que
formamos
parte
de
Matar
un
elefante
estamos
haciendo
nuestra
primera
experiencia
en
el
Cervantes.
El
poder
contar
desde
la
vestuarista
hasta
toda
la
parte
técnica,
con
gente
maravillosa
que
ama
lo
que
hace.
Son
artesanos
que
están
permanentemente
produciendo
materiales
para
las
obras
que
se
estrenan
en
el
teatro”.
También
Franco
Verdoia
trabajó
para
Brasil.
Recuerda:
“Me
gané
una
beca
en
la
Fundación
Carolina
y
estuve
en
Madrid,
ahí
conocí
a
Andréia
Kaláboa
y
Guto
Pasko,
con
una
productora
en
Curitiba.
Me
llamaron
para
que
codirigiera
Contracapa,
fueron
trece
episodios
de
una
hora
cada
uno.
Fue
una
experiencia
arrolladora
y
enriquecedora
dirigir
una
serie,
por
primera
vez
y
en
otro
país”.
Ganó
el
Cóndor
de
Plata
por
“La
chancha”,
su
ópera
prima.
“La
filmamos
íntegramente
en
Córdoba
y
ese
era
otro
de
mis
sueños,
volver
a
mi
provincia,
poder
trabajar
ahí
y
generar
un
equipo.
Estamos
en
un
momento
muy
crítico
y
siento
que
nuestra
respuesta
como
artistas
es
hacer
lo
que
más
entrenados
estamos,
que
es
poner
el
cuerpo.
El
Incaa
se
está
desmantelando,
más
allá
de
las
auditorías,
no
por
eso
hay
que
hacer
un
desguace
de
las
instituciones”,
finaliza.
En
esta
Nota
ENTRETENIMIENTO
Airbag brilló en el Luna Park con un show histórico y cerró una serie de noches a puro rock
EDITOR -
Airbag
brilló
en
el
Luna
Park.
Tal
como
prometen
en
su
canción "Como
un
diamante",
la
banda
conformada
por
los
hermanos
Sardelli
(Patricio
-Pato-,
Guido
y
Gastón)
cerró
este viernes
su
sexto
show
en
el
estadio,
en
una
serie
de
noches
interminables
de
rock
donde
reunieron
a
más
de
60
mil
fanáticos
e
hicieron
un
repaso
por
su
carrera
musical
con
distintos
setlists,
improvisaciones,
reversiones
e
invitados
de
lujo.
“Venimos
a
Vélez
y
tenemos
ganas
de
volver
al
Luna
Park,
fuimos
hace
poco
a
un
evento,
nos
miramos
y
decidimos
volver
tocar
acá.
Hemos
pasado
grandes
noches
ahí
y
tenemos
ganas
de
tocar
y
encontrarnos
de
nuevo
con
la
gente”,
anunció
el
grupo
luego
de
cerrar
el
2023
con
un
show
bisagra
en
su
carrera,
llenando
el
Estadio
Vélez
y
sacudiendo
Buenos
Aires
con
su
música.
De
esa
manera,
se
oficializó
una
noticia
que
los
seguidores
estaban
esperando
hacía
tiempo:
volver
a
ver
a
Airbag
en
el
Luna
Park,
lo
cual
fue
posible
el
29
de
febrero;
1,
9,
10
y
22
de
marzo
y
26
de
abril,
todos
con
entradas
agotadas.
Los
Pericos
cumplieron
un
capricho
de
sus
seguidores:
repasaron "Big
Yuyo"
y
no
dejaron
afuera
“El
ritual
de
la
banana”
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
Si
bien
no
volverán
a
tocar
el
Luna
Park,
el
conjunto
continuará
su
gira
durante
mayo
y
junio
en
distintos
puntos
del
país.
En
ese
sentido,
sus
próximos
destinos
son Tandil,
Mar
del
Plata,
Córdoba,
Santa
Fe,
Rosario,
La
Plata,
Mendoza
y
San
Juan.
"No
sabemos
cuándo
volvemos
acá
al
Luna,
así
que
vamos
a
pasarla
bien,
a
disfrutarlo.
Hoy
es
histórico,
así
que
quiero
que
esta
noche
sea
memorable
para
todos",
expresó
Pato
junto
a
sus
hermanos
momentos
antes
de
que
inicie
el
show.
Ese
fue
el
pie
a
un
espectáculo
de
dos
horas
y
media
donde
la
escenografía
estuvo
compuesta
por
pantallas
gigantes,
un
juego
de
luces
que
variaban
de
acuerdo
a
la
intensidad
o
emotividad
de
las
canciones,
columnas
de
humo
y
una
lluvia
de
papeles;
además
de
los
típicos
pogos
y
cánticos
del
público
como "El
que
no
salta
es
un
inglés".
Un
show
cargado
de
saltos
y
pogos
al
ritmo
de
la
música
Como
no
podía
ser
de
otra
manera,
a
las
21
se
apagaron
todas
las
luces
del
lugar
y
comenzó
a
sonar "Cabalgata
de
las
valquirias",
de
Richard
Wagner.
En
medio
de
los
vitoreos
y
ovaciones
de
los
presentes,
uno
a
uno
aparecieron
los
integrantes
y
comenzó
a
sonar
el
primer
tema
de
la
noche: "Como
un
diamante",
motivado
por
el
grito
de
Pato
de
"Dale
que
es
el
último,
wacho".
El
tema reza
en
su
primera
estrofa "Hoy
brillás
en
el
Luna
Park/Las
luces
están
esperando
por
vos/No
podés
fallar,
no
pueden
parar/Ese
fuego
en
vos
que
nos
incendia
hoy",
un
resumen
de
la
energía
de
la
noche.
Con
la
misma
intensidad
tanto
de
la
banda
como
del
público,
le
siguieron "Un
día
diferente"
y "Tu
locura",
ambos
temas
acompañados
por
aplausos,
gritos
y
pogos
en
sus
estribillos. "Me
chupa
un
huevo
estar
perdido.
Lo
que
importa
es
esto,
estar
acá
con
música",
manifestó
Pato,
dando
así
inicio
a "Perdido". Todas
esas
pistas
estuvieron
complementadas por
luces
azules
y
columnas
de
humo
en
los
estribillos,
mientras
los
integrantes
de
la
banda
recorrían
el
escenario
de
una
punta
a
la
otra
para
interactuar
con
el
público.
Al
finalizar,
las
luces
se
apagaron
y
un
único
foco
se
centró
en
Guido,
que
comenzó
a
entonar
de
manera
solista
las
primeras
estrofas
de "Multitud",
que
funcionó
como
acople
para
la
próxima
pista.
Luego,
aparecieron
sus
hermanos y el
color
de
la
iluminación
cambió
a
rojo
para
reflejar
la
intensidad
de "Intoxicarme",
que,
fiel
a
su
letra, hizo
mover
el
suelo
que
iban pisando
los
presentes.
En
contraste
con
esa
energía,
las
luces
se
volvieron
azules
y
se
vivió
uno
de
los
momentos
más
emotivos
de
la
noche.
Tras
una
previa
donde
Pato
se
lució
con
la
guitarra
criolla,
fue
el
turno
de "Va
a
ser
difícil
olvidar",
en
lo
que
pareció
ser
una
versión
más
acústica
de
la
canción,
acompañada
por
las
linternas
de
los
celulares
que
iluminaban
el
estadio.
Sin
embargo,
la
intensidad
y
los
pogos
volvieron a
tope
con "Vivamos
el
momento"
y "Noches
de
insomnio"; aunque
después
se
armonizó
otra
vez con "Pensamientos",
también
precedida
por
un
solo
de
guitarra
de
Pato
y
el
canto
de
los
fanáticos,
quienes
comenzaron
a
entonar
el
estribillo
antes
de
que
el
músico
empezara
a
cantar
y
los
invitara
a
seguir
coreando.
Con "Bajos
instintos",
una
de
las
más
pedidas
por
el
público,
la
energía
alcanzó
uno
de
sus
puntos
máximos
y
en
la
pantalla
se
podía
ver
un
leopardo
correr,
alternado
la
imagen
por
relámpagos. A
lo
largo
de
la
noche,
fue
habitual
ese
contraste
entre
las
canciones
más
rockeras
(donde
las
luces
solían
ser
rojas)
para
continuar
con
temas
más
tranquilos
(con
iluminación
azul),
siempre
unidos
al
entusiasmo
de
los
fanáticos.
La
alternancia
entre
el
rock
y
lo
acústico
Casi
a
mitad
de
la
noche
y
con
un
whisky
en
mano,
Pato
dejó
la
guitarra
para
tocar
el
piano.
Antes
de
continuar
con
el
setlist,
el
músico
interpretó
los
soundtracks
icónicos
de
las
películas
Volver
al
futuro
y
Halloween,
así
como
el
mítico
tango "La
cumparsita",
de Gerardo
Matos
Rodríguez.
Tras
ese
breve
interludio,
fue
el
turno
de "Otoño
del
82",
que
estuvo
acompañada por
las
palmas
de
los
espectadores.
Para "Apocalipsis
confort",
Pato
volvió
a
la
guitarra
eléctrica.
Acorde
a
la
letra
de
la
canción,
en
la
pantalla
se
podían
ver
aviones
y
buques
de
guerra,
mientras
que
columnas
de
humo
aparecían
en
los
versos
más
sonados.
En
tanto,
con "Huracán",
para
la
cual
los
hermanos
Sardelli
portaron
máscaras
de
esqueletos, se
vivió
un
verdadero
torbellino
en
el
público,
con
gritos,
pogos
y
distintos
círculos
de
baile
entre
la
multitud.
Luego
llegó "Nunca
lo
olvides",
donde
la
intensidad
volvió
a
bajar
y
los
presentes
movían
los
brazos
al
ritmo
de
la
canción,
a
la
par
que
acompañaban
con
las
linternas
de
sus
celulares.
No
obstante,
bastó
con
que
pato
dijera "Tengo
un
presentimiento",
primer
verso
del
siguiente
tema, para
que
el
público
estallara
al
ritmo
de "Cuchillos
guantanamera".
En "Diez
después",
fue
el
turno
de
Guido
de
ir
al
piano,
en
otro
de
los
instantes de
mayor
intimidad
con
la
audiencia.
"Esta
es
una
historia
de
una
vieja
amiga.
Pero,
en
este
caso,
se
la
quiero
dedicar
a
todos
esos
que
a
veces
porque
tienen
plata
cambian
su
forma
de
ser.
Ese
amigo
del
barrio
que
la
pegó
y
ahora
no
te
contesta
más,
no
te
habla
más,
se
hace
el
estrella.
Todos
tenemos
algún
amigo,
pero
hay
que
perdonarlo
porque
es
golpe
es
duro.
Y
acá
somos
siempre
los
mismos",
fue
la
introducción
que
Pato
le
dio
a "La
moda
del
montón",
una
de
las
más
ovacionadas
y
acompañada con
pogos
y
círculos
de
baile.
Cuando
fue
el
turno
de "Cae
el
sol",
uno
de
los
himnos
de
Airbag,
el
público
estalló. "Por
un
tiempo
no
nos
vamos
a
ver
más
acá
en
Capital,
así
que
quiero
que
me
acompañen
en
el
ritual
de
siempre",
exclamó
Pato
y
dio
pie
a
uno
de los
momentos
de
mayor
conexión
con
los
fanáticos.
De
esa
manera,
invitó
a
los
presentes
a
entonar
junto
a
él
el
último
estribillo,
a
la
par
que
pidió
que
apaguen
todas
las
luces
así
los
flashes
de
los
celulares
iluminaban
la
escena.
El
cierre
de
una
velada "bailando
en
el
Luna
Park"
El
último
tramo
del
recital
fue
el
más
movido
del
show.
Durante "Motor
enfermo
(Frankenstein)"
apareció
el "amigo
Franki",
un
inflable
gigante
del
monstruo
de
la
novela
de
Mary
Shelley.
La
multitud
estaba
enloquecida,
flameando
banderas,
saltando,
cantando
a
los
gritos
y
subiéndose
a
los
hombros
de
sus
amigos
para
poder
ver
mejor.
En
tanto,
los
hermanos
Sardelli
tocaban
apasionadamente
mientras columnas
de
humo
aparecían
al
inicio
de
las
estrofas
más
aclamadas.
Tomando
un
sorbo
de
whisky,
Pato
anunció
que
la
siguiente
pista
se
trataba
de "una
historia".
Ese
fue
la
antesala
de "Por
mil
noches",
otra de
las
canciones
icónicas
de
Airbag,
con
la
particularidad de
que
en
las
últimas
estrofas el
guitarrista
dejó
su
instrumento
para
tocar
una
armónica.
Hacia
el
final,
al
igual
que
con "Cae
el
sol",
se
vivió
una
de
las
interacciones
más
profundas
con
los
fanáticos:
se
apagaron
las
luces
y
la
gente
comenzó
a
cantar
bajo
la
luz
de
las
linternas
de los
celulares.
Asimismo,
el
vocalista
cambió
el
último
verso
y
dijo
"desde
el
día
en
que
los
conocí"
(en
lugar
de "que
te
conocí"),
dedicándosela
a
sus
fanáticos.
Luego,
en
su
clásico
solo
de
guitarra,
Pato
utilizó
un
casco
medieval
y,
tras
alternar
entre
distintas
pistas,
finalizó
con
el
Himno
Nacional
Argentino,
que
fue
coreado
por
la
audiencia
que
saltaba
enérgicamente.
Ese
fue
el
enganche
para "Colombiana",
donde
los
otros
integrantes
de
la
banda
aparecieron
en
escena.
La
canción
fue
una
de
las
más
aclamadas
por
el
público,
especialmente
el
femenino,
siendo
que
muchas
jóvenes
estaban
subidas
a
los
hombros
de
algunos
de
los
presentes
mientras
ondeaban
banderas
o
sus
remeras.
Después
fue
el
turno
de "Kalashnikov",
interpretada
por
el
menor
de
los
Sardelli,
y
la
luz
se
tiñó
de
verde.
Al
igual
que
en
las
otras
funciones,
antes
de
entonar
el
estribillo,
mencionó
su
muletilla
de "disco,
disco,
disco,
champagne",
uno
de
los
momentos
más
esperados
por
el
público.
Sumado
a
esto,
modificó
uno
de
los
versos
y
cantó: "Moverse,
moverse/Cuestión
de
vida
o
muerte/Bailando
en
el
Luna
Park"
(en
reemplazo
de "en
esta
ciudad").
"A
la
cuenta
de
tres
explota
el
Luna
Park",
indicó,
instando
a
los
presentes
a
saltar
y
cantar
aún
más.
Le
siguió "Cicatrices",
el
último
de
los
momentos
más
acústicos
de
la
noche,
pero
no
por
eso
menos
vigorizado.
Con "Solo
aquí",
uno
de
los
temas
clásicos
de
Airbag,
la
multitud
explotó
nuevamente.
Acto
seguido,
el show
finalizó
con "Mi
sensación",
siendo
que
los
fanáticos
corearon
a
los
gritos
todos
los
versos.
En
medio de
la
interpretación,
hubo
una
lluvia
de
papeles
y
cintas
plateadas,
que
motivó
a
los
espectadores
a
cantar
todavía
con
más
pasión.
Al
cierre
del
recital,
comenzó
a
sonar
el
tango "Por
una
cabeza",
de
Carlos
Gardel,
y
los
hermanos
Sardelli
hicieron
una
reverencia.
"Nos
vemos
donde
sea,
cuando
sea.
El
paraíso
es
ustedes.
Gracias",
expresó
Guido
emocionado.
De
esa
manera,
se
coronó
la
última
noche
de
una
serie
de
conciertos
en
el
Luna
Park
que
explotaron con
el
rock
auténtico
de Airbag.
Gi...
La
llegada
de
Bellas
artes
a
Star
+
implica
una
nueva
colaboración
entre
el
actor
Oscar
Martínez
y
el
equipo
de
Gastón
Duprat
y
Mariano
Cohn.
Un
combo
que
ha
generado
visiones,
como
bien
dice
Martínez,
“caústicas”
de
los
universos
que
se
pisan.
Hay
en
ese
cine
no
solo
una
desacralización
(como
podría
leerse
en
El
encargado),
hay
una
forma
de
exponer
maldades
cotidianas,
exageradas
o
no,
de
tamaños
y
responsabilidades
diferentes,
y una
forma
de
observar
el
sinsentido,
justamente
cuando
se
fundamenta,
como
siempre,
en
sistemas
de
clases,
en
palacios
de
naipes
que
en
cada
rincón
muestran
sus
dobleces.
No
son
justicieros,
son,
más
que
nada,
agentes
corrosivos,
que
muestran
las
posibilidades
que
dan
los
sistemas
para
que
lo
cínico
respire,
tenga
un
lugar,
tenga
una
vida,
para
que
maldad
crezca,
sabiendo
que
es
natural
y
no
excepción.
La
maldad
de
ignorar
al
otro,
de
justificar
todo,
de
carecer
de
plena
conciencia
de
entelequias
que
podrían
ser
amables
y
son
circuitos
cerrados.
Martínez
cuenta
a
la
hora
de
hablar
del
arte,
de
sus
primeros
pasos,
casi
de
enamoramiento:
“Yo
tenía
dos
tías,
hermanas
de
mi
madre,
solteras,
ya
grandes,
que
eran
muy
teatreras.
Me
llevaron
cuando
yo
tenía
entre
10
y
12
años
al
teatro
Caminito,
uno
de
esos
mega
espectáculos
que
hacía
Cecilio
Madanes.
Quizás
el
primer
impacto.
Pero
mientras
te
lo
digo,
recuerdo
todo
el
cine
por
televisión
que
veía.
El
cine
de
la
década
del
40,
Niní
Marshall,
Sandrini,
todo
eso.
Era
muy
atrayente
todo
eso
para
mí.
Podía
dejar
de
jugar
a
lo
que
sea
por
ver
películas,
incluso
alguna
la
ví
más
de
una
vez,
y
ahí
sentí
una
gran
empatía
con
los
actores,
con
las
actrices,
con
los
cineastas.
Pero
aquel
primer
impacto
en
Caminito
me
quedó
grabado
de
manera
imborrable,
indeleble”.
—¿Qué
sentís
que
puede
hacer
el
arte
por
nosotros,
sobre
todo
en
este
momento?
—Lo
primero
que
viene
a
la
mente
es
una
frase
muy
famosa
que
dice
que
el
arte
viene
a
la
mente
para
que
la
realidad
no
nos
mate.
Uno
podría
imaginar,
es
difícil,
pero
es
un
ejercicio
de
imaginación
creadora,
un
mundo
sin
música.
¿Para
qué
sirve
esta
práctica?
No
es
sencillo,
pero
indudablemente
es
indispensable.
Es
una
necesidad
humana,
espiritual,
y
entre
otras
cosas.
Cultura
es
todo
lo
que
el
hombre
hace.
El
hombre
es
un
producto
cultural.
Pero
hablamos
ahora
de
la
cultura
como
lo
artístico.
La
cultura
el
cine,
el
ballet,
la
pintura,
y
más.
La
consagración
de
lo
imaginario.
Yo
creo,
insistó,
que
imaginar
un
mundo
sin
expresiones
artísticas
es
un
mundo
inhumano,
inconcebible.
Nos
acompaña,
nos
enriquece,
nos
sensibiliza.
Nos
vuelve
más
humanos.
Nos
permite
pensarnos
y
soñarnos
a
nosotros
mismos.
Nos
entretiene.
Nos
lleva
a
la
reflexión.
Todo
eso
es
el
arte.
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
—¿Qué
te
gusta
de
que
tu
oficio
sea
contar?
—En
mi
caso
en
un
modo
de
vida,
no
es
un
medio
de
vida.
Es
la
manera
de
relacionarme
con
el
mundo.
De
hacer
lo
que
estoy
convencido
es
aquello
a
lo
que
vine
a
este
plano.
Y
afortunadamente,
yo
tuve
una
vocación
muy
temprana.
¿Qué
hizo
que
fuéramos
con
mi
hermana
cuando
teníamos
9
años
a
ver
una
obra
teatral?
No
lo
sé
todavía,
no
sé
que
me
llevó
a
eso.
Yo
no
venía
de
una
familia
con
gustos
culturales,
ni
leían.
Y
fui
a
ver
un
espectáculo
con
Ernesto
Blanco
y
Osvaldo
Miranda.
Tuve
una
epifanía.
Sentí
el
impulso
de
subir
al
escenario
con
ellos.
Con
el
cuerpo,
sentía
ganas
de
subir
a hacer
lo
que
hacían
esos
señores.
Me
gustaba
como
se
divertían,
y
como
divertían
a
la
gente.
Fue
una
revelación,
y
ahí
me
puse
a
hacer
esto.
Afortunadamente
eso
lo
pude
después
ir
ejerciendo
y
tomando
más
conciencia
de
esto
que
te
acabo
de
decir:
es
a
lo
que
vine.
—¿Qué
es
lo
que
te
gusta
contar
con
Mariano
Cohn
y
Gastón
Duprat?
—Me
representa
mucho.
Tengo
un
vínculo
fuerte,
ya
somos
una
especie
de
equipo
de
trabajo.
El
ciudadano
ilustre:
te
voy
a
contar
una
cosa.
Volviendo
de
un
viaje,
ví
El
hombre
de
al
lado
y
me
fascinó.
A
los
tres
o
cuatro
días
me
cuenta
el
teléfono,
y
era
Gastín
Duprat.
Me
dije
que
habían
escrito
un
guión
para
mí,
que
yo
era
el
único
actor
que
podía
hacer
eso,
que
estaba
escrito
pensando
en
mí,
que
me
conocías
muchísimo.
Y
yo
pensé
“que
presuntuoso
este
pibe,
no
me
conoce,
nunca
tomamos
un
café”.
Me
mandó
el
guión
y
a
la
página
6
dije
“la
puta,
es
verdad…es
un
traje
a
medida”.
Me
tiré
de
palomita.
Me
encantó
el
guión,
me
pareció
una
gran
metáfora
de
Argentina.
Y
es
más
que
eso,
porque
Italia
me
decían
es
una
película
italiana,
y
en
España
que
era
una
película
española.
Dos
veces,
con
bastante
tiempo
en
el
medio,
se
malogró
el
rodaje,
no
se
llevó
a
cabo.
Fue
muy
frustrante,
porque
nos
llevó
tres
o
cuatro
años.
Ellos
me
incorporaron
al
trabajo
del
guión,
en
varias
versiones.
Hay
secuencias
de
las
películas
que
son
cosas
que
yo
les
conté.La
última
etapa
del
trabajo
era diálogo
por
diálogo,
si
las
palabras
me
gustaban,
si
el
tono
o
la
palabra
funcionaban.
Cuando
finalmente
llegamos
al
rodaje,
nos
dimos
cuenta
que
esos
disgustos
que
habíamos
tenido
servían:
sabíamos
perfectamente
que
teníamos
que
hacer.
Todo
entendíamos,
el
universo,
el
personaje,
todo.
Lo
mismo
pasó
con
Competencia
oficial,
y
acá
en
Bellas
artes,
hicieron
lo
mismo,
me
suman
desde
que
es
un
embrión.
—¿Qué
te
fue
entusiasmado
en
el
camino
de
los
guiones
de
Andrés
Duprat?
—Las
cosas
que
ocurren
aún
las
más
insólitas
son
todas
verdaderas,
o
que
le
pasaron
a
Andrés
(que
le
pongan
un
sepelio
a
los
dos
días
que
asumió,
o
lo
de
la
beluga,
es
decir,
un
historia
real,
un
animal
que
se
se
estaba
pudriendo
y
a
los
dos
días
entró
en
estado
de
descomposición).
Así
aparece
todo,
los
planteos
gremiales,
la
burocracia;
todas
son
cosas
que
él
conoce,
y
Mariano
y
Gastón
que
generan
una
devolución
permanente.
Y
ahí
me
suman
a
mí.
Llegamos
con
mucha
sólidez,
con
un
entendimiento
profundo
a
hacer,
lo
que
hacemos.
—¿Cómo
ves
la
política
argentina?
—Se
creó
una
cultura
salvaje
de
la
descalificación
política,
de
la
descalificación
absoluta
del
otro,
del
que
piensa
distinto
es
un
enemigo
acérrimo.
Y
va
in
crescendo.
Hay
de
los
dos
lagos
negacionismo
y
fanatismo,
de
distinto
signo
ideológico,
pero
que
finalmente
redunda
en
lo
mismo.
Yo
me
crié
en
un
país
donde
el
índice
de
pobreza
era
de
un
dígito,
2
o
3
%.
Una
pobreza
digna,
ni
que
hablar
de
la
movilidad
social
ascendente,
la
educación
pública
modelo
mundial,
la
distribución
de
la
riqueza
de
manera
diametralmente
distinta
y
mejor,
en
la
clase
media
nadie
era
rico
pero
a
nadie
le
faltaba
nada,
un
país
que
hasta
los
años
70
estuvo
entre
los
países
de
mayores
ingresos
per
cápita
del
mundo,
riquezas
naturales
envidiables.
Asume
Alfonsón
con
el
5%
de
pobreza,
y
después
de
40
años
de
democracia,
tenemos
el
60%
de
pobreza.
El
nivel
cultural
medio
bajó
de
una
manera
penosa.
Hay
descomposición
social,
hay
marginalidad,
hay
narcotráfico.
¿Cómo
es
posible
que
sigamos
en
este
folklore
de
la
clase
política,
que
no
se
hace
cargo?
Como
si
hubieran
bajado
de
una
nave
espacial
ayer.
Cuando
miran
las
cámara
de
diputados,
de
senadores
y
hasta
el
propio
poder
ejecutivo,
hay
nombres
que
estuvieron
seriamente
comprometidos
con
gestiones
de
diferentes
signos
y
nadie
se
hace
cargo.
Y
por
otro
lado
nosotros
no
terminamos
de
hacernos
cargo
como
sociedad,
porque
algo
habremos
tenido
que
ver
para
que
el
fracaso
sea
tan
alto
y
el
costo
tan
grande,
y
el
país
se
haya
ido
a
la
mierda.
Hay
niños
con
hambre,
es
insólito,
es
vergonzoso.
Y
más
vergonzoso
es
que
la
clase
política
no
tome
conciencia,
y
en
lugar
de
buscar
la
razonabilidad,
la
moderación,
acuerdos
sobre
cuestiones
básicas,
como el
hambre,
cuatro
o
cinco
ítems
donde
digamos
estamos
todos
de
acuerdo
(después
vemos
los
detalles).
No
solo
no
hacen
eso,
echan
leña
al
fuego,
uno
más
violento
que
otro,
uno
más
belicoso
que
otro.
Creo
que
realmente
es
peligrosísimo,
que
hay
que
tomar
conciencia
de
esto
y
para,
porque
da
miedo,
porque
podemos,
sin
acuerdo,
ir
a
una
tiranía
de
un
signo
o
del
otro.
En
esta
Nota
Es
infrecuente
encontrar
un
unipersonal
con
tanta
historia
previa.
Es
el
caso
de
“El
Bululú.
Antología
endiablada”
de
Leticia
González
de
Lellis
y
Osqui
Guzmán.
Vuelve
al
escenario
por
pocas
semanas
y
serán
los
martes
a
las
20.30
la
cita
en
el
Met
Sura.
La
historia
la
inicia
en
1975
el
actor
español
José
María
Vilches
(1935-1984)
que
lo
presenta
en
Buenos
Aires
y
con
el
que
estará
nueve
años
en
cartel.
Mucho
tiempo
después
un
joven
y
atrevido
intérprete
argentino
decide
revisionar
aquella
propuesta
aportándole
su
propia
historia.
—¿Cómo
se
gestó
“El
Bululú.
Antología
endiablada”?
—Lo
estrenamos
en
el
Cervantes,
en
el
2010,
cuando
Julio
Baccaro
era
su
director.
Él
había
sido
mi
docente
en
el
Conservatorio
Nacional
de
Arte
Dramático.
No
confiaban
mucho,
ya
que
todos
tenían
el
recuerdo
de
José
María
Vilches
haciéndolo.
Pero
la
gente
de
mi
generación
dejó
atrás
esa
situación
de
comparación
y
empezamos
a
hablar
de
la
convivencia
y
de
los
híbridos
teatrales.
Cuando
estudiaba,
como
tenía
poco
dinero
para
el
viaje,
me
iba
desde
La
Boca
hasta
Palermo
caminando
y
recitando
esos
textos,
era
como
mi
alfombra
mágica.
Lo
guardé
durante
veinte
años
hasta
que
un
día
lo
presentamos
como
proyecto
y
salió
a
la
luz,
así
surgió
esta
versión
que
escribimos
con
Leticia.
Los
poemas
del
Siglo
de
Oro
nos
trasladaron
a
ese
oro
que
se
llevaron
de
Bolivia,
donde
nacieron
mis
padres.
Cuando
nos
pusimos
a
investigar
sobre
Vilches
descubrimos
un
reportaje
donde
él
decía:
“El
Bululú
es
un
homenaje
a
mis
dos
patrias,
la
española,
a
la
que
pertenezco
y
a
la
Argentina,
la
que
adopté
y
que
me
adoptó”.
Esto
no
les
gusta
a
los
autoritarios
El
ejercicio
del
periodismo
profesional
y
crítico
es
un
pilar
fundamental
de
la
democracia.
Por
eso
molesta
a
quienes
creen
ser
los
dueños
de
la
verdad.
—¿Eso
te
decidió
incluir
a
Bolivia
en
tu
espectáculo?
—Fue
volver
a
mis
raíces,
ya
que
mis
padres
son
bolivianos.
Aquí
son
tres
las
patrias,
la
española,
de
donde
heredamos
textos
maravillosos
de
Lope
de
Vega
o
de
Cervantes,
que
me
hicieron
encontrar
con
el
teatro
argentino,
al
que
pertenezco
como
actor
formado
en
la
universidad
pública
y
como
boliviano
que
son
las
raíces
de
mis
padres.
Tengo
de
mi
familia
sus
costumbres,
como
sus
comidas
y
rituales.
—¿Te
sentiste
discriminado?
¿Alguna
vez
te
dijeron
“bolita”?
—Esta
palabra
en
mi
casa
se
escuchaba
mucho.
Tal
vez
por
eso
mismo,
siempre
sentí
orgullo
de
mis
orígenes
bolivianos.
Mi
madre
nos
decía
que
hablamos
el
mejor
español,
el
verdadero
y
que
nunca
nos
sintiéramos
menos.
Sí,
sabía
de
la
discriminación
y
veía
el
daño
que
hacía,
por
ejemplo,
en
mis
primos,
pero
a
mí
nunca
me
pasó.
Las
diferencias
son
tan
claras
y
contundentes
que
queda
siempre
mucho
peor
parado
el
que
te
agrede.
—¿Por
qué
decidiste
volver
con
este
unipersonal?
—Empecé
a
sentir
que
lo
necesitaba.
Volvió
a
aparecer
la
historia
con
mi
viejo,
esos
años
sin
dinero,
que
eran
muy
parecidos
a
estos.
La
palabra
“plata”
tener
o
no
tenerla
era
muy
frecuente
en
mi
casa,
como
también
está
muy
presente
en
“El
Bululú”.
Me
da
miedo
la
cantidad
de
butacas
en
un
escenario
comercial,
pero
creo
que
la
humanidad
es
la
que
va
dejando
huellas.
—Integraste
los
elencos
de
“Toc
Toc”
y
“Los
Bonobos”.
¿Cómo
se
viven
los
éxitos?
—Hice
“Toc
Toc”
durante
dos
años
en
giras.
No
sólo
es
un
éxito
de
público
a
nivel
teatral,
también
eran
maravillosos
los
compañeros
de
elenco
y
los
productores,
detrás
hay
mucho
trabajo.
Imagínate
hoy
aún
con
la
crisis,
“Los
Bonobos”
en
el
Lola
Membrives
casi
siempre
se
llenaba.
Me
encantó
descubrir
a
Lizy
Tagliani,
es
un
animal
escénico,
estás
con
ella
y
te
ponés
nervioso
porque
puede
pasar
de
todo.
Había
que
ser
muy
preciso
y
contundente
ya
que
fue
una
comedia
planteada
de
manera
física.
Las
ganas
de
contar
Entre
la
extensa
lista
de
espectáculos
estrenados
por
Osqui
Guzmán
figuran
dos
con
el
sello
de
Mauricio
Kartun:
“El
niño
argentino”
y
“Salomé
de
Chacra”.
Afirma:
“Es
tan
lindo
trabajar
con
Mauricio,
es
un
ser
muy
creativo,
contundente
en
su
investigación
sobre
el
material
que
tiene,
para
aportarte
las
imágenes.
Las
conversaciones
se
vuelven
un
viaje,
te
permite
jugar
a
nivel
metafórico
con
el
cuerpo,
la
palabra
y
la
expresión.
Cada
ensayo
evidencia
el
amor
profundo
que
tiene
por
el
teatro
y
por
el
espectador.
Es
en
un
sentido
profundo,
nunca
lo
trivializa”.
Las
pantallas
no
le
fueron
esquivas,
por
eso
se
lo
pudo
ver
en
“Apache”,
la
vida
de
Carlos
Tévez,
por
Netflix
y
más
cercano
“Maradona,
sueño
bendito”
para
Amazon
Primer
Video.
Refle-xiona:
“La
plataforma
es
la
plataforma.
Hay
un
momento
en
que
lo
que
queda
es
parte
de
ellos,
vos
no
podés
ni
opinar
y
entonces
ves
lo
que
quedó.
Creo
que
lo
que
tiene
es
el
beneficio
que
en
te
ven
todo
el
mundo.
Con
la
de
Maradona
fui
a
filmar
a
Nápoles,
México
y
Barcelona.”
Fue
en
el
2011
que
estrenó
“El
centésimo
mono”,
donde
Osqui
Guzmán
asumió
la
dramaturgia
y
la
dirección.
Recuerda:
“Los
actores
son
también
magos
y
me
dijeron
que
en
un
congreso
afirmaban
que
era
imposible
mezclar
magia
y
teatro.
Eso
me
resultó
un
desafío,
ya
que
decían
que
es
imposible.
La
magia
lleva
al
espectador
a
pensar
cómo
lo
hizo
y
el
teatro
le
propone
que
piense
qué
va
a
pasar”.
La
conclusión
fue
un
éxito
de
la
escena
independiente
durante
nueve
temporadas.
En
esta
Nota





























