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ENTRETENIMIENTO

Luego de confirmar que tuvo un romance con Marcos Ginocchio tras su paso por "Gran Hermano", Julieta Poggio compartió nuevos detalles íntimos sobre su relación con el último ganador del reality de Telefe. Después de meses de especulaciones, Julieta decidió hablar sin tapujos sobre su romance con Marcos Ginocchio, despejando las dudas y explicando cómo vivió esa etapa de su vida. "Para mí ya está todo súper superado, ya se cerró. Con Marcos hablamos siempre y hay buena onda. Todo se dio como se tuvo que dar, pero no quiero hablar más del tema". Sin embargo, cuando fue confrontada con la pregunta directa sobre si Marcos estaba enamorado de ella, Juli fue sincera: "No, no, no, me parece mucho. La verdad es que fue una historia muy fuerte para los dos. Fue algo re loco que nos pasó a los dos. Salir de la casa, ver un país, todo lo que se había armado alrededor nuestro, y fue algo súper especial y único. La verdad, tengo los mejores recuerdos". La confesión más impactante llegó cuando Julieta reveló que ella sí se enamoró durante ese tiempo. "Sí, sí, pero ya está. Es que yo no puedo mentir, te juro. Lo puedo decir ahora que ya lo sané y lo superé, pero sí, bueno, me costó mucho". La confesión de Julieta Poggio sobre Marcos Ginocchio en Caras TV En una entrevista previa para Caras TV, Julieta compartió más detalles sobre su relación con Marcos, destacando la amistad que los une actualmente. "Nosotros estuvimos juntos, eso fue real, ahora lo puedo decir. Fue súper lindo y quedó una amistad, nosotros siempre fuimos amigos, siempre nos llevamos súper bien, de verdad". Además, reveló qué fue lo que la atrajo de Marcos durante su tiempo juntos: "Tenemos energías diferentes, pero bueno, creo que eso también como que a mí me atraía de él, y a él le atraía eso de mí, que yo estoy re loca, que soy re desinhibida". VO También te puede interesar
Gonzalo Valenzuela protagonizó un emocionante capítulo en su vida al contraer matrimonio con la destacada presentadora de televisión Kika Silva en una ceremonia que ha dado mucho de qué hablar. El evento ocurrió el pasado fin de semana en Chile y recién esta semana se conocieron imágenes de la unión. En “Socios del Espectáculo” compartieron los detalles de la boda, desde la llegada de la novia acompañada de su padre hasta los momentos de diversión compartidos entre los invitados. "Eternamente agradecida, no tengo palabras para expresar lo feliz que estoy. Ya me daré el tiempo para mostrarles y contarles cada detalle. Gracias a todos por sus mensajes, a nuestros amigos por querernos tanto y a mi marido por ser el mejor. Empieza un nuevo viaje…… gracias Gon", le dedicó Kika a su flamante esposo. La boda de Gonzalo Valenzuela y Kika Silva Sin embargo, entre los detalles que más han llamado la atención se encuentra la ausencia de algunas figuras importantes, como Juana Viale y La China Suárez. En especial, la falta de La China Suárez ha suscitado diversas especulaciones, considerando su estrecha amistad con la novia. Pero la boda de Gonzalo Valenzuela también ha estado marcada por un trasfondo más serio. El actor se enfrenta actualmente a una denuncia por abuso sexual en Chile, un tema delicado que no ha dejado indiferente a nadie. A pesar de las controversias que rodean su vida personal, Gonzalo Valenzuela y Kika Silva celebraron su amor en una ceremonia inolvidable, rodeados de familiares y amigos. A través de las imágenes y testimonios compartidos, nos han permitido adentrarnos en este momento único en la vida de la pareja. VO También te puede interesar
El sábado 27 de abril marcó un hito memorable en la vida de la reconocida periodista y conductora Carolina Amoroso, quien celebró su unión con el músico Guido Covini en una deslumbrante ceremonia con más de 300 invitados. El escenario elegido para esta ocasión tan especial fue un exclusivo salón en Pilar, rodeado de exuberantes jardines que brindaron el ambiente perfecto para la emotiva ceremonia. La novia, radiante y elegante, lució un deslumbrante diseño de Gabriel Lage con un velo de 5 metros, adornado con bordados artesanales. Los looks más llamativos de la boda de Carolina Amoroso El momento más emocionante llegó cuando Carolina, acompañada por su padre y escoltada por un cortejo de sobrinos y 15 damas de honor, muchas de ellas amigas de toda la vida, caminó hacia el altar para encontrarse con Guido Covini. El novio, impecable en un smoking negro, irradiaba felicidad y emoción ante el momento que estaban a punto de vivir juntos. La lista de invitados estuvo repleta de personalidades destacadas del ámbito del periodismo, la música y el entretenimiento, entre ellos Maxi Trusso, Nelson Castro, Andrea Frigerio, y otros reconocidos nombres que se unieron a esta celebración única. Cabe destacar que una de las presencias más llamativas de la noche fue la aparición de Licha Navarro, el exconcursante de "Gran Hermano". El joven asistió al soñado evento y en sus redes sociales documentó el elegante look que eligió. Los looks que más resaltaron fueron los de las damas, que vistieron un riguroso verde elegido por la novia, pero en distintos tipos de formato de vestido, lo que hizo que todas resaltaran a su manera, sin opacar el glam de Amoroso. La música y la alegría inundaron el salón cuando los integrantes de la banda "Parientes", liderada por Guido Covini, brindaron un show inolvidable.  VO También te puede interesar
Netflix acaba de estrenar una miniserie española de seis episodios que es espectacular. El caso Asunta revive un hecho policial ocurrido en Galicia en 2013 que conmocionó a la sociedad, y está tan bien llevada que engancha y no se puede dejar de mirar. Protagonizada de manera maravillosa por Candela Peña y Tristán Ulloa. Ellos son Rosario y Alfonso, los padres adoptivos de una chica china que tiene 13 años al momento de comenzar la historia. Están en una muy buena posición económica (especialmente ella), y los vemos ir a denunciar la desaparición de la adolescente, Asunta. A las pocas horas aparece muerta. Con el avance de la investigación iremos descubriendo las vicisitudes de esta pareja que, al momento de desaparecer la chica, ya estaban divorciados. La inteligente trama se presenta siguiendo la pesquisa de la policía de Santiago de Compostela y del juez de instrucción. Así que nos vamos enterando de las cosas al mismo tiempo que ellos y, como habrá sido en su momento, igual que la prensa. La serie se filmó es de los mismos sitios  en los que ocurrió todo, salvo en las casas reales de esta pareja. Esas cosas maravillosas que ocurren a veces, especialmente al tratarse de un caso que conmocionó a la sociedad española, pues se acusó a los padres de adormecer a la joven con barbitúricos y de matarla.  Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. Así iremos viendo el escaso entorno de estas personas, las historias personales de los que hacen la pesquisa (para aligerar el dramatismo o enfatizarlo) y las hipótesis que imaginan sobre cómo ocurrieron los hechos. También los abogados defensores y cómo tratan de sacar adelante a los acusados. Está llevada de manera atrapante y vale la pena mirarla, sobre todo si te gustan los true crimes o un buen policial. Incluso las instancias del juicio no se hacen pesadas como ocurre siempre.  Además esta serie va por lo más alto porque tiene un elencazo de actores españoles conocidos, algunos convertidos en las personas reales que casi no los reconocés. Está Javier Gutiérrez, protagonista de una serie clásica española como Estoy vivo y Bajo cero; Alicia Borrachero, mega actriz que la viste desde Bajo sospecha a The Spanish Princess y Tiempos de guerra; y Francesc Orella, el de Merlí, a quien no vas a reconocer porque está con peluca. Cada uno cumple un rol en esta trama tan particular que, probablemente, te deje impactado.   En esta Nota
El film protagonizado por Libertad Lamarque y Tita Merello es considerado uno de los grandes clásicos del cine nacional. Fue dirigido por Luis José Moglia Barth, señalado como el inventor del cine sonoro argentino. Nacido en Buenos Aires, se relacionó con el mundo de la imagen en movimiento colaborando con el célebre dibujante Quirino Cristiani, cuyos diseños fueron fundacionales para el cine argentino. Moglia Barth tomó contacto con los distribuidores de películas europeas que empezaban a llegar al país y adquirió una notable habilidad como adaptador y montajista. Así editaba las cintas que se consideraban demasiado largas para el gusto del público argentino e incluía los textos explicativos de las películas mudas en idioma castellano. Con el conocimiento obtenido filmó sus dos primeros largometrajes y propuso al reconocido productor y comerciante de películas Ángel Mentasti la creación de un estudio cinematográfico. Así nació “Argentina Sono Film”, junto al proyecto para la realización de un largometraje sonoro con tangos en la trama. La primera película del nuevo estudio llevaría por título “¡Tango!” y se presentaría como una “cabalgata musical”, con pocos diálogos y muchos números musicales interpretados por artistas conocidos por el público. Moglia Barth estuvo a cargo de la dirección y escribió el guion junto al poeta Carlos de la Púa. Los protagonistas principales del film fueron Libertad Lamarque, Tita Merello y Alberto Gómez, quienes encabezaron un elenco cargado con figuras muy populares de la época. La película contó con la orquesta de tango de Juan de Dios Filiberto, Osvaldo Fresado y Pedro Maffia. Marcó un hito para la época al utilizar la técnica del sonido óptico, un proceso de grabación de sonido cinematográfico en el que se graba directamente sobre la película fotográfica. Tango se estrenó en cines en abril de 1933 convirtiéndose en el primer largometraje con grabación óptica en el cine nacional. Tuvo un presupuesto de $20.000 y significó un éxito tanto comercial como popular, abriendo un nuevo mundo para la industria cinematográfica del país. El 27 de abril de 1933 se estrenó “¡Tango!”, primera película sonora del cine argentino La historia también es noticia en Radio Perfil. Locución de Pita Fortín y guion de Nicolás Ziccardi. por Radio Perfil Galería de imágenes
La historia se inició cuando la Comedia Nacional Uruguaya estrenó “Esperando la carroza” de Jacobo Langsner en 1962. Recién en 1975 se presentó en Buenos Aires, pero fue su versión cinematográfica (1985) con la firma del mismo Langsner y Alejandro Doria la que resultó exitosa. Muchas frases que aún se repiten provienen de aquellos actores que encarnaron a estos personajes. Ahora en el teatro Broadway y con puesta en escena de Ciro Zorzoli otro elenco tomó el desafío de hacer reír en estos tiempos y rendir homenaje a esos intérpretes que ya no están: China Zorrilla, Juan Manuel Tenuta, Julio de Grazia o Enrique Pinti. Hoy son Campi, Paola Barrientos, Pablo Rago, Ana Katz, Sebastián Presta, Valeria Lois, Mariano Torre, Andrés Granier, Milva Leonardi, Marina Castillo y Mayra Homar quienes asumen el riesgo. Entre los papeles más difíciles están los de Elvira, que se asocia con China Zorrilla, Mamá Cora con Antonio Gasalla y Nora con Betiana Blum. Por eso se conversó con quienes enfrentan el desafío y salen más que airosos. Hay que subrayar que Campi encarna otros papeles secundarios como la profesora de francés, el pibe y una vecina, realizando una carrera interpretativa.  —Cada uno debe luchar con la imagen que se tiene del actor que quedó fijado, así China Zorrilla, Antonio Gasalla y Betiana Blum. ¿Cómo hicieron? Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. PAOLA BARRIENTOS: Son actuaciones reconocibles, cualquier persona que hace referencia a una frase de China Zorrilla lo dice con su tono. El propio contexto, el espacio y también los compañeros te arman el personaje, porque tengo otra Susana (Ana Katz) y otra Nora (Valeria Lois) que las que tuvo China. Arranqué sin prejuicio, con el recuerdo que tenía, sin imitarla, sino para tomarla de trampolín. Creo que hay bastante de la Elvira de China y también hay una propia, me parece que logramos un encuentro.  CAMPI: Cuando me dieron la propuesta dije: “voy a hacer mi versión de mamá Cora”. Busqué una peluca, una forma de caminar, pero al mismo tiempo dudé. Hice el ejercicio de imaginarme que iba al teatro a ver esta obra, donde aparece una Mamá Cora que no es como la imaginaba y me desilusionó. Por eso me convencí de hacerla lo más cercana a la creación de Antonio, aunque desde mí. Traté de arrimar, si no llego a Caballito estoy en Flores. Quiero colaborar para que estos actores sigan vigentes, estén vivos y las nuevas generaciones los puedan disfrutar. Agarré justamente por eso, porque se los está dejando olvidados en un cajón. Esperando la carroza forma parte de la argentinidad, como el Polaco Goyeneche, Mercedes Sosa o qué gusto tiene la sal.  VALERIA LOIS: Nunca tratamos de imitarlos, para nada. Nos dedicamos mucho a trabajar con el texto de la obra teatral. Esa fue la sorpresa, algunas de esas frases icónicas están en la película pero no en el texto. Siento que el dramaturgo volcó por completo la idiosincrasia de la familia argentina. Hay algo de estos diálogos de cómo están escritos que te invitan a actuar de una manera determinada. Nuestra búsqueda fue hacer un enorme homenaje a todo lo que es Esperando la carroza desde su autor, el director de la película y a su elenco.  Nunca quisimos caer en una imitación. Empezamos a ensayar el 15 de enero con Ciro (Zorzoli, el director), fueron meses muy intensos. Conformarnos en equipo, más que un elenco que llega y que cada uno hace lo suyo. Aquí se armó esa familia que era necesario contar entre once actores. —¿Por qué sienten que es un clásico del Río de la Plata? P.B: Porque nos reconocemos. En esas relaciones, en esos colores y en esos personajes, porque ahí está mi abuela y mi profesora de geografía. C: Creo que es como Gardel, la voz del Río de la Plata. Tenemos tanto en común con los uruguayos que es un amor compartido. V.L: Todo el tiempo durante los ensayos sentíamos que contábamos parte de nuestra familia. No todas las situaciones pero muchas las hemos vivido. Los personajes están delineados, uno los encuentra en todo momento y en todo lugar. Me parece que en ese sentido Esperando la carroza es como una foto de lo que somos, aquí y del otro lado del charco. —Aparece el tema de la vejez: ¿cambió en algo? P.B: Es que se extendió, ahora el ser humano es productivo económicamente por más tiempo. Pero en este momento en nuestro país, el anciano es un gasto, porque se tiene la mirada del que no produce, porque el único valor es el dinero y no existen otros valores, pareciera que la única variable es la producción y el dinero. En el Excel no entraron cómo cuidar a alguien, que fue muy querido, son otros valores, más inconmensurables. Lo que siento es que el viejo estorba. Te podría decir que hoy el planteo está más vivo que nunca. Para mí este tema resignifica el sentido de la pieza, que está vivito y coleando. V.L: Cuando escucho la primera escena entre bambalinas me digo es tremenda, y dolorosísima. Después todo se pone gracioso y ocurrente. Pero está latente el tema de la tercera edad, la vejez, el paso del tiempo y de qué hacer con nuestros mayores. Siento que hay un poco más de lucidez, pero mucho de lo que se dice en la obra en tono de gracia es muy fuerte y real. Volverse un estorbo para los demás, que nadie quiera asumir el papel del que cuida o tener que repartir las responsabilidades son temas que siguen siendo vigentes, porque no los resolvimos. C: El amor, el respeto y el cuidado de los argentinos hacia nuestros viejos no creo que se haya modificado tanto desde lo que cuenta Esperando la carroza. En ese aspecto desgraciadamente sigue representando que no somos una sociedad como la oriental que tiene un respeto por sus ancianos. Nosotros en mi familia disfrutamos de nuestros viejos. Básicamente se tiene que sentir útil, querido y necesario si esas tres cosas suceden se extiende la vida de cualquier ser humano. —¿Qué significa hacer comedia en la Argentina del 2024? P.B: Es una sensación de que nos volviéramos niños de nuevo. Hay algo muy primario, como un lugar de juego, ingenuo y suelto. Uno de adulto va perdiendo esos espacios y el teatro es el único ámbito que te permite recontrarte con esta risa. Aunque esté la preocupación por los destinos del INCAA, porque es realmente inconmensurable el valor del acervo cultural de un pueblo. En la película Esperando la carroza ves esos actores que van quedando como capas geológicas y que los necesitamos porque son los que nos cuentan. En otros momentos, otras personas necesitarán de mi generación para que les contemos. C: Me formé en el drama pero hace treinta años que me convertí en un especialista en la comedia y lo disfruto mucho. La gente es muy agradecida con el comediante. Creo que los argentinos siempre necesitamos el humor, nunca estuvimos en Disneylandia, todos tuvimos altibajos. Se transformó en un espectáculo como de culto. Forma parte de nuestro ADN, frases como “yo hago ravioles, ella hace ravioles”, no hay que explicarla porque forma parte de nosotros. V.L: Decimos que estamos en una situación privilegiada por tener un trabajo casi estable, por lo menos por algunos meses. Hacer reír y compartir escenario con compañeros que lo hacen tan bien es una alegría permanente. El elenco es una fuente de inspiración total para hacer lo que hago en el escenario, porque las miradas que tenemos con Milva (Leonardi) quien hace de mi sobrina me sirven muchísimo. Ilumina mi personaje, la de esa tía tan particular. La gente se ríe y se emociona y es lo que siempre quiero que pase cuando hago teatro. En esta Nota
Se lo podría definir como un cordobés sin tonada. Explicará Franco Verdoia que se debe por haber nacido en Las Varillas, ciudad alejada de la capital. Otro rasgo infrecuente en estos tiempos es que tiene dos espectáculos suyos en la actual cartelera teatral. Estrenó en la sala Luisa Vehil del Nacional Cervantes su última creación Matar a un elefante que se puede ver de jueves a domingos a las 17.30. El elenco es íntegramente cordobés: Gabriel Carasso, Berenice Gandullo, Julieta Lastra, Gerardo Serre y Sebastián Suñé. Mientras que los miércoles a las 20.30 se sigue representando desde el 2019 Late el corazón de un perro, en el Espacio Callejón. —¿Teatro o cine?¿Dramaturgo o director? —Mi primera formación es la de actor. Me fui del pueblo a los diecisiete años, con la ilusión de formarme como intérprete y vivir de la actuación. En ese momento –1995– el único lugar donde sentí que podía recibir una formación Buenos Aires. Casualmente nos vinimos con Gerardo Serre y empezamos a estudiar con Agustín Alezzo. También sentí inquietud por lo que el cine ofrecía, como espacio de experimentación, e hice mi formación en la Escuela de Eliseo Subiela.  Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. —¿Trabaste como actor? —No por mucho tiempo, porque recibí una frustración muy grande. Formé parte de “Las Variaciones Goldberg” (2003), con dirección de Roberto Villanueva. Integré el elenco nada más, ni nada menos que con Alfredo Alcón, fue como haber llegado a La Meca. Sentí que de ahí en más no me iba a faltar trabajo. Nada de eso sucedió, vinieron meses sin audiciones, ni trabajos. Me di cuenta que como actor no podía resistir a esos embates de la profesión y que como director me sentía un poco más cómodo. Me costó mucho, pero al mismo tiempo esa frustración me dio un impulso para dedicarme a la dirección, a la escritura y a la autogestión, tanto en el cine como en el teatro.  —Desde el 2019 se representa “Late el corazón de un perro”… —Fue una bendición poder materializar ese proyecto, ya que hacía bastante tiempo que no ensayaba teatro, porque estaba capturado por el cine. Venía de La vida después junto a Pablo Bardauil y estaba preproduciendo La chancha.  Una amiga me pidió un texto para que estrenara Mónica Antonópulos y así se conformó el primer elenco del espectáculo junto a Diego Gentile y Silvina Sabater, quien se mantiene hasta el día de hoy.  —¿Cómo elegiste a los actores que están en el Teatro Cervantes? —Cuando la escribí sentí que la oralidad de la obra iba a ser fundamental y que si en algún momento la dirigía lo iba a hacer con actores cordobeses nativos. Ya conocía a Gerardo (Serre) que también está ahora en “Late el corazón…” porque es de un pueblito al lado de Las Varillas, donde nací y llegamos juntos a Buenos Aires. También conocía a Berenice Gandullo, pero el resto salió de una audición abierta. Así sumé a Gabriel Carasso, Julieta Lastra y Sebastián Suñé. Fue hermoso porque sentí que no traicionaba la génesis del material. Es muy complejo cuando uno se mete con la partitura de los acentos de la región y se vuelve una dificultad extra. —¿Por qué hay una crítica a las bienales y al arte postmoderno?  —Me parece que ahí hay mucho de la mirada de los que hemos estado en los confines del país sintiendo que quedábamos afuera de todo. Mostrar ese mundo que no nos es permitido acceder, porque no pertenecemos ya que tenés que ser de determinada estirpe y si no te sentís como un paria. No fui a un colegio bilingüe, vengo de un pueblo rural y me costó mucho encontrar un lugar.  Quiero humildemente contar historias y escribir desde mi curiosidad. También me río un poco de mí mismo.   Los recorridos del artista Franco Verdoia subrayará: “En el Cervantes contamos con un espacio, un sueldo y la disponibilidad de ensayar seis horas todos los días. Uno puede gestionar algún subsidio, pero hay muchísimas diferencias cuando accedés a los espacios oficiales, a mí nunca antes me había pasado como director. Todos los que formamos parte de Matar un elefante estamos haciendo nuestra primera experiencia en el Cervantes. El poder contar desde la vestuarista hasta toda la parte técnica, con gente maravillosa que ama lo que hace. Son artesanos que están permanentemente produciendo materiales para las obras que se estrenan en el teatro”. También Franco Verdoia trabajó para Brasil. Recuerda: “Me gané una beca en la Fundación Carolina y estuve en Madrid, ahí conocí a Andréia Kaláboa y Guto Pasko, con una productora en Curitiba. Me llamaron para que codirigiera Contracapa, fueron trece episodios de una hora cada uno. Fue una experiencia arrolladora y enriquecedora dirigir una serie, por primera vez y en otro país”.  Ganó el Cóndor de Plata por “La chancha”, su ópera prima. “La filmamos íntegramente en Córdoba y ese era otro de mis sueños, volver a mi provincia, poder trabajar ahí y generar un equipo. Estamos en un momento muy crítico y siento que nuestra respuesta como artistas es hacer lo que más entrenados estamos, que es poner el cuerpo. El Incaa se está desmantelando, más allá de las auditorías, no por eso hay que hacer un desguace de las instituciones”, finaliza. En esta Nota
Airbag brilló en el Luna Park. Tal como prometen en su canción "Como un diamante", la banda conformada por los hermanos Sardelli (Patricio -Pato-, Guido y Gastón) cerró este viernes su sexto show en el estadio, en una serie de noches interminables de rock donde reunieron a más de 60 mil fanáticos e hicieron un repaso por su carrera musical con distintos setlists, improvisaciones, reversiones e invitados de lujo. “Venimos a Vélez y tenemos ganas de volver al Luna Park, fuimos hace poco a un evento, nos miramos y decidimos volver tocar acá. Hemos pasado grandes noches ahí y tenemos ganas de tocar y encontrarnos de nuevo con la gente”, anunció el grupo luego de cerrar el 2023 con un show bisagra en su carrera, llenando el Estadio Vélez y sacudiendo Buenos Aires con su música. De esa manera, se oficializó una noticia que los seguidores estaban esperando hacía tiempo: volver a ver a Airbag en el Luna Park, lo cual fue posible el 29 de febrero; 1, 9, 10 y 22 de marzo y 26 de abril, todos con entradas agotadas. Los Pericos cumplieron un capricho de sus seguidores: repasaron "Big Yuyo" y no dejaron afuera “El ritual de la banana” Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. Si bien no volverán a tocar el Luna Park, el conjunto continuará su gira durante mayo y junio en distintos puntos del país. En ese sentido, sus próximos destinos son Tandil, Mar del Plata, Córdoba, Santa Fe, Rosario, La Plata, Mendoza y San Juan. "No sabemos cuándo volvemos acá al Luna, así que vamos a pasarla bien, a disfrutarlo. Hoy es histórico, así que quiero que esta noche sea memorable para todos", expresó Pato junto a sus hermanos momentos antes de que inicie el show. Ese fue el pie a un espectáculo de dos horas y media donde la escenografía estuvo compuesta por pantallas gigantes, un juego de luces que variaban de acuerdo a la intensidad o emotividad de las canciones, columnas de humo y una lluvia de papeles; además de los típicos pogos y cánticos del público como "El que no salta es un inglés". Un show cargado de saltos y pogos al ritmo de la música Como no podía ser de otra manera, a las 21 se apagaron todas las luces del lugar y comenzó a sonar "Cabalgata de las valquirias", de Richard Wagner. En medio de los vitoreos y ovaciones de los presentes, uno a uno aparecieron los integrantes y comenzó a sonar el primer tema de la noche: "Como un diamante", motivado por el grito de Pato de "Dale que es el último, wacho". El tema reza en su primera estrofa "Hoy brillás en el Luna Park/Las luces están esperando por vos/No podés fallar, no pueden parar/Ese fuego en vos que nos incendia hoy", un resumen de la energía de la noche. Con la misma intensidad tanto de la banda como del público, le siguieron "Un día diferente" y "Tu locura", ambos temas acompañados por aplausos, gritos y pogos en sus estribillos. "Me chupa un huevo estar perdido. Lo que importa es esto, estar acá con música", manifestó Pato, dando así inicio a "Perdido". Todas esas pistas estuvieron complementadas por luces azules y columnas de humo en los estribillos, mientras los integrantes de la banda recorrían el escenario de una punta a la otra para interactuar con el público. Al finalizar, las luces se apagaron y un único foco se centró en Guido, que comenzó a entonar de manera solista las primeras estrofas de "Multitud", que funcionó como acople para la próxima pista. Luego, aparecieron sus hermanos y el color de la iluminación cambió a rojo para reflejar la intensidad de "Intoxicarme", que, fiel a su letra, hizo mover el suelo que iban pisando los presentes. En contraste con esa energía, las luces se volvieron azules y se vivió uno de los momentos más emotivos de la noche. Tras una previa donde Pato se lució con la guitarra criolla, fue el turno de "Va a ser difícil olvidar", en lo que pareció ser una versión más acústica de la canción, acompañada por las linternas de los celulares que iluminaban el estadio. Sin embargo, la intensidad y los pogos volvieron a tope con "Vivamos el momento" y "Noches de insomnio"; aunque después se armonizó otra vez con "Pensamientos", también precedida por un solo de guitarra de Pato y el canto de los fanáticos, quienes comenzaron a entonar el estribillo antes de que el músico empezara a cantar y los invitara a seguir coreando. Con "Bajos instintos", una de las más pedidas por el público, la energía alcanzó uno de sus puntos máximos y en la pantalla se podía ver un leopardo correr, alternado la imagen por relámpagos. A lo largo de la noche, fue habitual ese contraste entre las canciones más rockeras (donde las luces solían ser rojas) para continuar con temas más tranquilos (con iluminación azul), siempre unidos al entusiasmo de los fanáticos. La alternancia entre el rock y lo acústico Casi a mitad de la noche y con un whisky en mano, Pato dejó la guitarra para tocar el piano. Antes de continuar con el setlist, el músico interpretó los soundtracks icónicos de las películas Volver al futuro y Halloween, así como el mítico tango "La cumparsita", de Gerardo Matos Rodríguez. Tras ese breve interludio, fue el turno de "Otoño del 82", que estuvo acompañada por las palmas de los espectadores. Para "Apocalipsis confort", Pato volvió a la guitarra eléctrica. Acorde a la letra de la canción, en la pantalla se podían ver aviones y buques de guerra, mientras que columnas de humo aparecían en los versos más sonados. En tanto, con "Huracán", para la cual los hermanos Sardelli portaron máscaras de esqueletos, se vivió un verdadero torbellino en el público, con gritos, pogos y distintos círculos de baile entre la multitud. Luego llegó "Nunca lo olvides", donde la intensidad volvió a bajar y los presentes movían los brazos al ritmo de la canción, a la par que acompañaban con las linternas de sus celulares. No obstante, bastó con que pato dijera "Tengo un presentimiento", primer verso del siguiente tema, para que el público estallara al ritmo de "Cuchillos guantanamera". En "Diez después", fue el turno de Guido de ir al piano, en otro de los instantes de mayor intimidad con la audiencia. "Esta es una historia de una vieja amiga. Pero, en este caso, se la quiero dedicar a todos esos que a veces porque tienen plata cambian su forma de ser. Ese amigo del barrio que la pegó y ahora no te contesta más, no te habla más, se hace el estrella. Todos tenemos algún amigo, pero hay que perdonarlo porque es golpe es duro. Y acá somos siempre los mismos", fue la introducción que Pato le dio a "La moda del montón", una de las más ovacionadas y acompañada con pogos y círculos de baile. Cuando fue el turno de "Cae el sol", uno de los himnos de Airbag, el público estalló. "Por un tiempo no nos vamos a ver más acá en Capital, así que quiero que me acompañen en el ritual de siempre", exclamó Pato y dio pie a uno de los momentos de mayor conexión con los fanáticos. De esa manera, invitó a los presentes a entonar junto a él el último estribillo, a la par que pidió que apaguen todas las luces así los flashes de los celulares iluminaban la escena. El cierre de una velada "bailando en el Luna Park" El último tramo del recital fue el más movido del show. Durante "Motor enfermo (Frankenstein)" apareció el "amigo Franki", un inflable gigante del monstruo de la novela de Mary Shelley. La multitud estaba enloquecida, flameando banderas, saltando, cantando a los gritos y subiéndose a los hombros de sus amigos para poder ver mejor. En tanto, los hermanos Sardelli tocaban apasionadamente mientras columnas de humo aparecían al inicio de las estrofas más aclamadas. Tomando un sorbo de whisky, Pato anunció que la siguiente pista se trataba de "una historia". Ese fue la antesala de "Por mil noches", otra de las canciones icónicas de Airbag, con la particularidad de que en las últimas estrofas el guitarrista dejó su instrumento para tocar una armónica. Hacia el final, al igual que con "Cae el sol", se vivió una de las interacciones más profundas con los fanáticos: se apagaron las luces y la gente comenzó a cantar bajo la luz de las linternas de los celulares. Asimismo, el vocalista cambió el último verso y dijo "desde el día en que los conocí" (en lugar de "que te conocí"), dedicándosela a sus fanáticos. Luego, en su clásico solo de guitarra, Pato utilizó un casco medieval y, tras alternar entre distintas pistas, finalizó con el Himno Nacional Argentino, que fue coreado por la audiencia que saltaba enérgicamente. Ese fue el enganche para "Colombiana", donde los otros integrantes de la banda aparecieron en escena. La canción fue una de las más aclamadas por el público, especialmente el femenino, siendo que muchas jóvenes estaban subidas a los hombros de algunos de los presentes mientras ondeaban banderas o sus remeras. Después fue el turno de "Kalashnikov", interpretada por el menor de los Sardelli, y la luz se tiñó de verde. Al igual que en las otras funciones, antes de entonar el estribillo, mencionó su muletilla de "disco, disco, disco, champagne", uno de los momentos más esperados por el público. Sumado a esto, modificó uno de los versos y cantó: "Moverse, moverse/Cuestión de vida o muerte/Bailando en el Luna Park" (en reemplazo de "en esta ciudad"). "A la cuenta de tres explota el Luna Park", indicó, instando a los presentes a saltar y cantar aún más. Le siguió "Cicatrices", el último de los momentos más acústicos de la noche, pero no por eso menos vigorizado. Con "Solo aquí", uno de los temas clásicos de Airbag, la multitud explotó nuevamente. Acto seguido, el show finalizó con "Mi sensación", siendo que los fanáticos corearon a los gritos todos los versos. En medio de la interpretación, hubo una lluvia de papeles y cintas plateadas, que motivó a los espectadores a cantar todavía con más pasión. Al cierre del recital, comenzó a sonar el tango "Por una cabeza", de Carlos Gardel, y los hermanos Sardelli hicieron una reverencia. "Nos vemos donde sea, cuando sea. El paraíso es ustedes. Gracias", expresó Guido emocionado. De esa manera, se coronó la última noche de una serie de conciertos en el Luna Park que explotaron con el rock auténtico de Airbag.   Gi...
La llegada de Bellas artes a Star + implica una nueva colaboración entre el actor Oscar Martínez y el equipo de Gastón Duprat y Mariano Cohn. Un combo que ha generado visiones, como bien dice Martínez, “caústicas” de los universos que se pisan. Hay en ese cine no solo una desacralización (como podría leerse en El encargado), hay una forma de exponer maldades cotidianas, exageradas o no, de tamaños y responsabilidades diferentes, y una forma de observar el sinsentido, justamente cuando se fundamenta, como siempre, en sistemas de clases, en palacios de naipes que en cada rincón muestran sus dobleces. No son justicieros, son, más que nada, agentes corrosivos, que muestran las posibilidades que dan los sistemas para que lo cínico respire, tenga un lugar, tenga una vida, para que maldad crezca, sabiendo que es natural y no excepción. La maldad de ignorar al otro, de justificar todo, de carecer de plena conciencia de entelequias que podrían ser amables y son circuitos cerrados. Martínez cuenta a la hora de hablar del arte, de sus primeros pasos, casi de enamoramiento: “Yo tenía dos tías, hermanas de mi madre, solteras, ya grandes, que eran muy teatreras. Me llevaron cuando yo tenía entre 10 y 12 años al teatro Caminito, uno de esos mega espectáculos que hacía Cecilio Madanes. Quizás el primer impacto. Pero mientras te lo digo, recuerdo todo el cine por televisión que veía. El cine de la década del 40, Niní Marshall, Sandrini, todo eso. Era muy atrayente todo eso para mí. Podía dejar de jugar a lo que sea por ver películas, incluso alguna la ví más de una vez, y ahí sentí una gran empatía con los actores, con las actrices, con los cineastas. Pero aquel primer impacto en Caminito me quedó grabado de manera imborrable, indeleble”. —¿Qué sentís que puede hacer el arte por nosotros, sobre todo en este momento? —Lo primero que viene a la mente es una frase muy famosa que dice que el arte viene a la mente para que la realidad no nos mate. Uno podría imaginar, es difícil, pero es un ejercicio de imaginación creadora, un mundo sin música. ¿Para qué sirve esta práctica? No es sencillo, pero indudablemente es indispensable. Es una necesidad humana, espiritual, y entre otras cosas. Cultura es todo lo que el hombre hace. El hombre es un producto cultural. Pero hablamos ahora de la cultura como lo artístico. La cultura el cine, el ballet, la pintura, y más. La consagración de lo imaginario. Yo creo, insistó, que imaginar un mundo sin expresiones artísticas es un mundo inhumano, inconcebible. Nos acompaña, nos enriquece, nos sensibiliza. Nos vuelve más humanos. Nos permite pensarnos y soñarnos a nosotros mismos. Nos entretiene. Nos lleva a la reflexión. Todo eso es el arte. Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. —¿Qué te gusta de que tu oficio sea contar? —En mi caso en un modo de vida, no es un medio de vida. Es la manera de relacionarme con el mundo. De hacer lo que estoy convencido es aquello a lo que vine a este plano. Y afortunadamente, yo tuve una vocación muy temprana. ¿Qué hizo que fuéramos con mi hermana cuando teníamos 9 años a ver una obra teatral? No lo sé todavía, no sé que me llevó a eso. Yo no venía de una familia con gustos culturales, ni leían. Y fui a ver un espectáculo con Ernesto Blanco y Osvaldo Miranda. Tuve una epifanía. Sentí el impulso de subir al escenario con ellos. Con el cuerpo, sentía ganas de subir a hacer lo que hacían esos señores. Me gustaba como se divertían, y como divertían a la gente. Fue una revelación, y ahí me puse a hacer esto. Afortunadamente eso lo pude después ir ejerciendo y tomando más conciencia de esto que te acabo de decir: es a lo que vine. —¿Qué es lo que te gusta contar con Mariano Cohn y Gastón Duprat? —Me representa mucho. Tengo un vínculo fuerte, ya somos una especie de equipo de trabajo. El ciudadano ilustre: te voy a contar una cosa. Volviendo de un viaje, ví El hombre de al lado y me fascinó. A los tres o cuatro días me cuenta el teléfono, y era Gastín Duprat. Me dije que habían escrito un guión para mí, que yo era el único actor que podía hacer eso, que estaba escrito pensando en mí, que me conocías muchísimo. Y yo pensé “que presuntuoso este pibe, no me conoce, nunca tomamos un café”. Me mandó el guión y a la página 6 dije “la puta, es verdad…es un traje a medida”. Me tiré de palomita. Me encantó el guión, me pareció una gran metáfora de Argentina. Y es más que eso, porque Italia me decían es una película italiana, y en España que era una película española. Dos veces, con bastante tiempo en el medio, se malogró el rodaje, no se llevó a cabo. Fue muy frustrante, porque nos llevó tres o cuatro años. Ellos me incorporaron al trabajo del guión, en varias versiones. Hay secuencias de las películas que son cosas que yo les conté.La última etapa del trabajo era diálogo por diálogo, si las palabras me gustaban, si el tono o la palabra funcionaban. Cuando finalmente llegamos al rodaje, nos dimos cuenta que esos disgustos que habíamos tenido servían: sabíamos perfectamente que teníamos que hacer. Todo entendíamos, el universo, el personaje, todo. Lo mismo pasó con Competencia oficial, y acá en Bellas artes, hicieron lo mismo, me suman desde que es un embrión.    —¿Qué te fue entusiasmado en el camino de los guiones de Andrés Duprat? —Las cosas que ocurren aún las más insólitas son todas verdaderas, o que le pasaron a Andrés (que le pongan un sepelio a los dos días que asumió, o lo de la beluga, es decir, un historia real, un animal que se se estaba pudriendo y a los dos días entró en estado de descomposición). Así aparece todo, los planteos gremiales, la burocracia; todas son cosas que él conoce, y Mariano y Gastón que generan una devolución permanente. Y ahí me suman a mí.  Llegamos con mucha sólidez, con un entendimiento profundo a hacer, lo que hacemos. —¿Cómo ves la política argentina? —Se creó una cultura salvaje de la descalificación política, de la descalificación absoluta del otro, del que piensa distinto es un enemigo acérrimo. Y va in crescendo. Hay de los dos lagos negacionismo y fanatismo, de distinto signo ideológico, pero que finalmente redunda en lo mismo. Yo me crié en un país donde el índice de pobreza era de un dígito, 2 o 3 %. Una pobreza digna, ni que hablar de la movilidad social ascendente, la educación pública modelo mundial, la distribución de la riqueza de manera diametralmente distinta y mejor, en la clase media nadie era rico pero a nadie le faltaba nada, un país que hasta los años 70 estuvo entre los países de mayores ingresos per cápita del mundo, riquezas naturales envidiables. Asume Alfonsón con el 5% de pobreza, y después de 40 años de democracia, tenemos el 60% de pobreza. El nivel cultural medio bajó de una manera penosa. Hay descomposición social, hay marginalidad, hay narcotráfico. ¿Cómo es posible que sigamos en este folklore de la clase política, que no se hace cargo? Como si hubieran bajado de una nave espacial ayer. Cuando miran las cámara de diputados, de senadores y hasta el propio poder ejecutivo, hay nombres que estuvieron seriamente comprometidos con gestiones de diferentes signos y nadie se hace cargo. Y por otro lado nosotros no terminamos de hacernos cargo como sociedad, porque algo habremos tenido que ver para que el fracaso sea tan alto y el costo tan grande, y el país se haya ido a la mierda. Hay niños con hambre, es insólito, es vergonzoso. Y más vergonzoso es que la clase política no tome conciencia, y en lugar de buscar la razonabilidad, la moderación, acuerdos sobre cuestiones básicas, como el hambre, cuatro o cinco ítems donde digamos estamos todos de acuerdo (después vemos los detalles). No solo no hacen eso, echan leña al fuego, uno más violento que otro, uno más belicoso que otro. Creo que realmente es peligrosísimo, que hay que tomar conciencia de esto y para, porque da miedo, porque podemos, sin acuerdo, ir a una tiranía de un signo o del otro. En esta Nota
Es infrecuente encontrar un unipersonal con tanta historia previa. Es el caso de “El Bululú. Antología endiablada” de Leticia González de Lellis y Osqui Guzmán. Vuelve al escenario por pocas semanas y serán los martes a las 20.30 la cita en el Met Sura. La historia la inicia en 1975 el actor español José María Vilches (1935-1984) que lo presenta en Buenos Aires y con el que estará nueve años en cartel. Mucho tiempo después un joven y atrevido intérprete argentino decide revisionar aquella propuesta aportándole su propia historia. —¿Cómo se gestó “El Bululú. Antología endiablada”? —Lo estrenamos en el Cervantes, en el 2010, cuando Julio Baccaro era su director. Él había sido mi docente en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático. No confiaban mucho, ya que todos tenían el recuerdo de José María Vilches haciéndolo. Pero la gente de mi generación dejó atrás esa situación de comparación y empezamos a hablar de la convivencia y de los híbridos teatrales. Cuando estudiaba, como tenía poco dinero para el viaje, me iba desde La Boca hasta Palermo caminando y recitando esos textos, era como mi alfombra mágica. Lo guardé durante veinte años hasta que un día lo presentamos como proyecto y salió a la luz, así surgió esta versión que escribimos con Leticia. Los poemas del Siglo de Oro nos trasladaron a ese oro que se llevaron de Bolivia, donde nacieron mis padres. Cuando nos pusimos a investigar sobre Vilches descubrimos un reportaje donde él decía: “El Bululú es un homenaje a mis dos patrias, la española, a la que pertenezco y a la Argentina, la que adopté y que me adoptó”.  Esto no les gusta a los autoritarios El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad. —¿Eso te decidió incluir a Bolivia en tu espectáculo? —Fue volver a mis raíces, ya que mis padres son bolivianos. Aquí son tres las patrias, la española, de donde heredamos textos maravillosos de Lope de Vega o de Cervantes, que me hicieron encontrar con el teatro argentino, al que pertenezco como actor formado en la universidad pública y como boliviano que son las raíces de mis padres. Tengo de mi familia sus costumbres, como sus comidas y rituales. —¿Te sentiste discriminado? ¿Alguna vez te dijeron “bolita”? —Esta palabra en mi casa se escuchaba mucho. Tal vez por eso mismo, siempre sentí orgullo de mis orígenes bolivianos. Mi madre nos decía que hablamos el mejor español, el verdadero y que nunca nos sintiéramos menos. Sí, sabía de la discriminación y veía el daño que hacía, por ejemplo, en mis primos, pero a mí nunca me pasó. Las diferencias son tan claras y contundentes que queda siempre mucho peor parado el que te agrede. —¿Por qué decidiste volver con este unipersonal? —Empecé a sentir que lo necesitaba. Volvió a aparecer la historia con mi viejo, esos años sin dinero, que eran muy parecidos a estos. La palabra “plata” tener o no tenerla era muy frecuente en mi casa, como también está muy presente en “El Bululú”. Me da miedo la cantidad de butacas en un escenario comercial, pero creo que la humanidad es la que va dejando huellas. —Integraste los elencos de “Toc Toc” y “Los Bonobos”. ¿Cómo se viven los éxitos? —Hice “Toc Toc” durante dos años en giras. No sólo es un éxito de público a nivel teatral, también eran maravillosos los compañeros de elenco y los productores, detrás hay mucho trabajo. Imagínate hoy aún con la crisis, “Los Bonobos” en el Lola Membrives casi siempre se llenaba. Me encantó descubrir a Lizy Tagliani, es un animal escénico, estás con ella y te ponés nervioso porque puede pasar de todo. Había que ser muy preciso y contundente ya que fue una comedia planteada de manera física.   Las ganas de contar Entre la extensa lista de espectáculos estrenados por Osqui Guzmán figuran dos con el sello de Mauricio Kartun: “El niño argentino” y “Salomé de Chacra”. Afirma: “Es tan lindo trabajar con Mauricio, es un ser muy creativo, contundente en su investigación sobre el material que tiene, para aportarte las imágenes. Las conversaciones se vuelven un viaje, te permite jugar a nivel metafórico con el cuerpo, la palabra y la expresión. Cada ensayo evidencia el amor profundo que tiene por el teatro y por el espectador. Es en un sentido profundo, nunca lo trivializa”. Las pantallas no le fueron esquivas, por eso se lo pudo ver en “Apache”, la vida de Carlos Tévez, por Netflix y más cercano “Maradona, sueño bendito” para Amazon Primer Video. Refle-xiona: “La plataforma es la plataforma. Hay un momento en que lo que queda es parte de ellos, vos no podés ni opinar y entonces ves lo que quedó. Creo que lo que tiene es el beneficio que en te ven todo el mundo. Con la de Maradona fui a filmar a Nápoles, México y Barcelona.” Fue en el 2011 que estrenó “El centésimo mono”, donde Osqui Guzmán asumió la dramaturgia y la dirección. Recuerda: “Los actores son también magos y me dijeron que en un congreso afirmaban que era imposible mezclar magia y teatro. Eso me resultó un desafío, ya que decían que es imposible. La magia lleva al espectador a pensar cómo lo hizo y el teatro le propone que piense qué va a pasar”. La conclusión fue un éxito de la escena independiente durante nueve temporadas. En esta Nota

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